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Un comando se derrumba y otro sale a contraatacar

Un juez de la Audiencia de Vizcaya, José María Lidón Corbi, se volvio ayer la nueva víctima de la ETA después del fallido atentado del martes en Madrid, en que dos militantes fueron capturados.

El juez catalán
asesinado ayer en Bilbao.
Nunca pensó que estuviera
en la lista de la ETA.

Por Carolina Bilder
Desde Madrid

La ETA decidió no esperar para salir a vengar el duro golpe policial que recibió el martes con la desarticulación del “Comando Madrid” y la detención de dos de sus integrantes tras el frustrado atentado con coche bomba contra un funcionario del gobierno español. Un día después de esos hechos, reapareció en acción el reconstituido “Comando Vizcaya” y asesinó a balazos a un juez de la Audiencia Provincial de Vizcaya, José María Lidón Corbi. Si bien los integrantes de la Justicia son uno de los blancos confesados de la ETA, hacía 23 años que la organización no mataba a ninguno de ellos en el País Vasco.
Faltaban, además, pocas horas para que los nuevos vocales del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional asumieran sus cargos en presencia del Rey Juan Carlos. El asesinato de ayer elevó a nueve el número de víctimas relacionadas con la familia judicial, aunque es el primero en esa región desde que ETA reanudó su ofensiva terrorista. Según los investigadores, las informaciones sobre todo relativas a jueces y fiscales son las mejor elaboradas por los comandos de la ETA en los últimos años.
Eran las 7.30 de la mañana en Gexto, un pueblo cercano a Bilbao en el que la ETA atentó tres veces con coches bomba desde que dio por finalizada la tregua. Como todas las mañanas a esa hora, el juez salía del garage de su casa e iba al volante de su coche, acompañado de su mujer y a muy pocos metros del coche conducido por uno de sus hijos, de 20 años. Delante de ellos, dos etarras no dudaron en vaciar sus cargadores disparándole a quemarropa. Lo alcanzaron al menos dos impactos de bala en la nuca y murió casi inmediatamente. “El hijo no paraba de gritar ‘que venga alguien, que venga alguien’, porque todavía respiraba”, relató un testigo.
Respetado y reconocido por su trabajo profesional en el País Vasco, José María Lidón Corbi, de 50 años, era profesor de Derecho Penal en la Universidad de Deusto y juez de la Audiencia Provincial de Vizcaya. En 1997 dictó una polémica sentencia contra uno de los cabecillas de la kale borroka (violencia callejera) en el País Vasco, Dani Ortiz, al condenarlo a 10 años de cárcel por atacar con cócteles molotov a unos agentes de la Ertzaintza (policía vasca) durante unos incidentes. A pesar de contar con estos antecedentes, el juez no llevaba escolta porque no había aparecido en ningún tipo de lista de objetivos de la ETA. Es más, alguna vez le había comentado a un familiar: “Fijate lo poco importante que soy que no aparezco en los papeles de ETA”.
El asesinato ocurrió mientras seguían en Madrid las operaciones policiales que 24 horas antes permitieron la detención de Aitor García Aliaga y Ana Belén Egués Gurruchaga, los dos etarras que hicieron explotar el coche bomba al paso del secretario general de Política Científica del gobierno español, Juan Junquera, quien salvó su vida de milagro. Se supo ayer que al final fueron tres los etarras que lograron escapar tras la detención de sus compañeros y que dos de ellos, no fichados por la policía, vivían solos en distintos departamentos de la ciudad, donde ayer se encontraron armas y equipos para interceptar las comunicaciones de la Policía. Fuentes de la investigación confirmaron también que Gurruchaga vivía en Madrid desde hacía dos años y que era en realidad la jefa del denominado “Comando Madrid”, un cargo al que habría llegado luego de ser concejal de Euskal Herritarrok, en Guipúzcoa. A este comando se le atribuyen los últimos atentados con cocha bomba realizados en la capital española. Al mediodía, luego del repudio de todos los partidos políticos (excepto Batasuna), las banderas ondeaban a media asta en el Palacio de Justicia. A esa hora, el consejero de Interior del gobierno vasco, Javier Balza, atribuía el asesinato a un reconstituido “Comando Vizcaya” de la ETA.

 

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