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RUBINSTEIN Y SU RECETA: LA OFFSHOREIZACION
Cómo demoler el Muro de Berlín que
aprisiona a los depósitos

La crisis extrema del modelo siempre genera propuestas de removerlo o de profundizarlo. La
del economista Gabriel Rubinstein para retirar el “corralito convertible” pertenece a las últimas. El la explica así.

Por Julio Nudler

”La del corralito bancario es una solución de patas cortas. Con él no hay más remedio que la actividad económica siga cayendo y permanezcamos en un círculo vicioso que en algún momento estallará. No habrá día 91 ni nada porque se provocó tal desconfianza en el público que de este atolladero es imposible salir”, afirma Gabriel Rubinstein, mentor de la consultora Econline. Según él, “para ser viable, cualquier política necesita tener un horizonte de reactivación y crecimiento, y esto no se logrará mientras estén amenazados los depósitos, exista incertidumbre sobre el peso y esté todo maniatado con controles financieros y cambiarios. No sólo no hay inversión, sino que todos quieren desinvertir y hasta temen consumir”.
–¿Entonces?
–Es necesario terminar con todo esto, salir del “corralito convertible”. No sé si podrá hacerlo este Gobierno, por la ineptitud que mostró, aunque tal vez lo consiga si arma ciertos consensos. Pero debe tomar una decisión. O se inclina por los esquemas de pesificación, devaluación, licuación de activos y pasivos, masacre de depositantes, que tienen su lógica pero también graves consecuencias a corto y largo plazo, porque sería una gran estafa a todos los ahorristas y a todos los tenedores de circulante, o hace otra cosa.
–¿Por ejemplo?
–Una vez que nos han metido en el corralito, para salir de él sería aconsejable facilitar la offshoreización de la actividad bancaria, hacer a gran escala lo que ya existe a escala menor.
–O sea, convertir a los bancos en extraterritoriales, como si fueran embajadas. Uno hasta podría pedir asilo en un banco...
–¿Los bancos por qué no abren? Porque tienen miedo de que les quieran retirar los depósitos, y ellos no tienen con qué pagar porque no pueden recuperar los créditos. El problema más importante de toda fuga de capitales es la desfinanciación de la economía.
–¿Usted qué propone?
–Dejar que los depositantes, obrando con libertad, coloquen sus depósitos afuera. Que en vez de depositar en el Citibank Buenos Aires lo hagan si quieren en el Citi New York, y que a su vez el Citi le preste a Molinos, Telefónica, una pyme o un particular desde Nueva York, saliendo de la ley argentina. De esa manera se acabaría el miedo del depositante a que le confisquen el depósito, quitándole la amenaza del Estado argentino, que se convirtió en una pesadilla para todos. Al mismo tiempo, esto permitiría que las empresas siguieran financiándose, sólo que en vez de deberle a Citibank Argentina le deberán a Citibank New York.
–¿Pero éste por qué va a prestarle a una empresa de la Argentina? Probablemente prefiera financiar a compañías belgas o irlandesas...
–Porque ya le dio el préstamo. No es que se lo obligue a dar nuevos créditos. Ese banco ya tiene en su balance al deudor argentino. Pero en lugar de tenerlo anotado en el activo de su sucursal argentina, pasará a tenerlo en Estados Unidos. Esto es también más seguro para Citibank, porque ya no deberá temer que el Gobierno argentino le desdolarice la deuda de su cliente. Y la empresa argentina pasará a deber en dólares verdaderos, y en Nueva York, bajo ley estadounidense.
–¿No hablaba de reactivar y crecer? Eso implica nuevos créditos, no simplemente desterritorializar el stock de préstamos vigentes.
–Lo que propongo es una condición para eliminar las restricciones bancarias. Así como la dolarización es necesaria para eliminar el riesgo de devaluación y tranquilizar a la gente, habiendo hecho la gran macana de impedir el retiro de depósitos ya no es posible levantar las restricciones porque la gente querrá llevarse toda la plata. La conducta más normal de un rehén es salir corriendo si le abren la puerta. Por eso dolarizar ya no basta para calmar a la gente.
–De hecho, ya antes de esto caían los depósitos en dólares.–Ahora eliminar el corralito provocaría el cierre de los bancos, porque no tendrían con qué responder. Que el secuestrador guarde el revólver no le quita al rehén las ganas de huir.
–La secuencia que usted propone es dolarizar y offshoreizar.
–Si bien suena a extranjerización, en la práctica le permitiría a los argentinos sentirse más seguros.
–¿Cuáles serían las tasas de interés?
–Las tasas libres de mercado. Cuando se le da a la gente total libertad, hace lo que le resulta más práctico. En 1991, cuando empezó la Convertibilidad, pudo haber cambiado todos los pesos por dólares, pero no lo hizo. Ahora, en el primer momento muchos transferirán sus plazos fijos a Uruguay u otro lado. Pero luego, cuando vean que todo se normaliza, querrán ahorrarse comisiones y molestias, y en vez de dejar su plata en Galicia o Bánex Uruguay la retornarán a Buenos Aires, si total en cualquier momento pueden volver a mandarla afuera. Así que lo más probable es una offshoreización sólo parcial.
–¿Esto no favorecería a los bancos internacionales que operan en la Argentina, y terminaría de hundir a la banca nacional, privada y pública?
–La extranjerización con concentración ya ha venido dándose. No sería algo nuevo. Pero en realidad cualquier banco argentino puede tener su offshore, y muchos la tienen, incluidos los oficiales. En todo caso, tendrá que haber mecanismos, como ocurrió durante el Tequila, para que un banco extranjero pueda comprar –temporaria o definitivamente– la cartera de una entidad argentina que pierda depósitos. Este pasaje de fondos hacia los extranjeros ya ocurría y ha seguido ocurriendo con la transferencia electrónica. Pero cuando la gente perciba que el sistema bancario ya no peligra, volverá a operar como antes con sus bancos locales.
–¿Existirán éstos para cuando llegue ese momento?
–¿Por qué no? Será cuestión de que los bancos argentinos que todavía no tienen una offshore la abran en Montevideo o Caimán, o hagan algún acuerdo con un banco del exterior.
–Se supone que, colocado afuera, el plazo fijo no rendirá lo que acá sino 1,5 o 2 por ciento anual, con suerte.
–No le quepa ninguna duda de que si a los que tienen su dinero atrapado en los bancos se les abrieran hoy las compuertas, se sentirían felices de depositarla en Caimán y recibir 1 por ciento al año con tal de salvarse. ¡Si pagan 10, 15 o 20 por ciento con tal de tener dólares billete!
–Legalmente, la Argentina dejaría de tener un sistema bancario...
–La offshoreización sería voluntaria, y puede suponerse que el sistema quedaría reducido a la mitad. La alternativa a eso es abrir los bancos como estamos y que no quede nada, o seguir con el congelamiento y sus terribles consecuencias. El costo para el país será tener cien bancarios menos, contra cien bancarios más en el resto del mundo, o doscientos o mil. No es un tema macroeconómicamente relevante.
–¿La offshoreización no destruiría la poca ligazón que aún existe entre la banca y el sistema productivo argentino?
–No, porque si al HSBC se le dan los depósitos en Londres pero su cartera crediticia está otorgada en la Argentina, tendrá un descalce que no va a aceptar. Adeudaría plazos fijos en dólares verdaderos, pero le deberían en argendólares, que en cualquier momento se los licuan. Por ende, el HSBC exigirá que le deban dólares estadounidenses. En tal caso, el banco no se descalza y no tendrá por qué exigir que las empresas argentinas le cancelen los créditos.
–Pero esas empresas, deban en la moneda que sea, seguirán siendo riesgo argentino.
–Por supuesto, pero es un riesgo que el banco ya asumió.
–Volvemos a lo mismo. La pregunta es por nuevos créditos, los que se necesitan para crecer.
–Para el futuro lo único que cabe es esperar que suban los depósitos por el regreso de capitales fugados. No hay otra magia.
–¿Pero adónde volverían, a las offshore?
–Eso será en el momento cero, pero después, pasado el pánico, los dólares del colchón, la caja de seguridad o de afuera volverán a los bancos locales y habrá financiación fresca. Y si no retorna nada, por lo menos no fugará más. Este Muro de Berlín tiene los días contados. Hay que derribarlo para que la economía vuelva a funcionar. De todos modos, que la gente confíe en la moneda y en los bancos es condición necesaria pero no suficiente, porque hay que hacer más cosas. Pero sin confianza no volverán los depósitos.
–Si bancos extranjeros estuvieron sembrando rumores inquietantes sobre bancos argentinos para tumbarlos, puede inferirse que aprovecharían la offshoreización para darles el golpe de gracia.
–Es posible que la gente quiera salir totalmente del corral argentino, y que no confíe en los bancos locales porque compraron muchos títulos públicos nacionales o les prestaron mucho a las provincias. Si es así no hay forma de evitarlo. A lo sumo se puede paliar por un tiempo con asistencia del Banco Central, o vía Banco Nación con call.

 

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