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UNA PROPUESTA DE LOS ECONOMISTAS DE LA UIA PARA REACTIVAR
Cavallo tiene el “salariazo” a mano

Si el Gobierno fijara una tasa de interés máxima para los préstamos bancarios ya otorgados, como lo hizo con la tasa que se paga a los depositantes, los endeudados en créditos hipotecarios, personales y tarjetas podrían ahorrarse 2400 millones.

Por Maximiliano Montenegro

Si se lo propusiera, Domingo Cavallo tendría el “salariazo” al alcance de la mano. Sólo haría falta voluntad política para fijar la tasa de interés máxima que pueden cobrar los bancos por los préstamos otorgados así como el Gobierno ya fijó la tasa máxima que pagan los bancos a depositantes cautivos. Según un estudio de los economistas de la UIA, estableciendo un techo a la tasa que cobran los bancos por distinta clase de créditos, en línea con el congelamiento de tasas para depositantes, se podría beneficiar a empresas y familias endeudadas por 7500 millones de dólares. Sino esa suma pasaría a engrosar las ganancias de la entidades financieras. Sólo alineando las tasas de créditos hipotecarios, personales y por descubierto en tarjetas de crédito a valores razonables se podría aliviar la carga anual de intereses de las familias endeudadas en 2400 millones de dólares. Para tener una idea de la magnitud de un estímulo semejante para salir de la recesión, el único instrumento reactivador que mantiene con vida el Gobierno –el descuento del 5 por ciento para las compras con tarjeta de débito– representará, en el mejor de los casos, una transferencia a los consumidores de apenas 150 millones anuales, pagado obviamente por el Estado.
Cómo funciona el negocio de un banco es bien conocido, pero vale la pena recordarlo. Toma depósitos del público, por los que paga una tasa de interés, la llamada “tasa pasiva”. Mientras mantiene en reserva una porción menor de esos depósitos, para devolverlos al público en caso necesario, el grueso de esos ahorros son prestados a empresas y familias, por lo que el banco cobra una tasa de interés, la llamada “tasa activa”. En la diferencia entre la tasa activa y la tasa pasiva están los ingresos del banco, que así remunera sus costos administrativos, salariales y ganancias para los accionistas.
Desde el 3 de diciembre pasado, con los ahorristas como rehenes, el Banco Central viene fijando una tasa de referencia máxima para remunerar los depósitos. La semana que se inicia esa tasa es del 8,5 por ciento en dólares, pero en la práctica los bancos están pagando bastante menos para los depósitos medianos y chicos, porque igualmente los clientes están cautivos. En noviembre, para colocaciones de mas de un 1 millón los bancos llegaron a pagar con tal de retener a sus clientes más del 20 por ciento en dólares y más del 35 por ciento en pesos. Para depósitos de menos de 50.000 que hoy remuneran entre el 5 y 7 por ciento, en tanto, abonaron en noviembre hasta el 16 por ciento en dólares.
Los economistas de la Unión Industrial Argentina, Federico Poli y Miguel Peirano, hicieron un cálculo de las ganancias extraordinarias que embolsarán los bancos en los próximos meses, a menos que el gobierno les fije también un tope a las tasas activas que cobran a empresas y familias endeudadas. De hecho, el comité ejecutivo de la UIA, que presidente Ignacio de Mendiguren, analizará esta semana formalizar el pedido al Gobierno, para que, a través del Banco Central, establezca una tasa de máxima para préstamos a empresas, personales, hipotecarios y hasta descubiertos en tarjeta de crédito.
EL estudio de Poli y Peirano revela que, de adoptarse una medida así, más allá de justificarse por una noción elemental de equidad distributiva, el Gobierno podría contar con un valioso estímulo para salir de la recesión. No sólo porque abarataría el costo del financiamiento de las empresas, sino también porque aligeraría también la carga sobre familias endeudadas con mayor propensión a consumir que ahorrar. Los números son los siguientes:
* En la última semana, sólo la tasa de interés activa para empresas de primera línea disminuyó muy levemente, pero se mantuvo inalterada para pymes, deudores hipotecarios, personales y en tarjeta de crédito. Para colmo, en este último caso, las tarjetas dolarizaron unilateralmente suscréditos, que hasta el 3 de diciembre eran en una proporción de 2 a 1 en pesos.
* Considerando el nuevo costo que deben pagar desde ahora los bancos por los depósitos y 5 puntos extra en concepto de costos administrativos, por previsión de incobrabilidad y ganancias para los accionistas –el doble del spread con que se manejan los bancos en el primer mundo–, el Gobierno podría fijar en el 12 por ciento la tasa de interés activa.
* Del lado de las empresas, dicha tasa podría ser aplicada tanto a empresas de primera línea como pymes, que hoy pagan el 25 por ciento y más de 40 por ciento respectivamente (ver cuadros)
* También podría aplicarse como tasa máxima para préstamos personales y en tarjetas de crédito, que hoy pagan tasas exorbitantes. En créditos hipotecarios, en cambio, la tasa podría ser sustancialmente menor –del 7 por ciento– debido a que cuentan con una garantía real.
* Con las nuevas tasas, sobre un stock de préstamos al sector privado de 51.000 millones de dólares, podría transferirse a empresas y familias unos 7500 millones anuales en ahorro de intereses. Pero, sin regulación, dichos fondos irían a parar a las arcas de los bancos.
* Las familias endeudadas se verían beneficiadas en 2400 millones anuales. Así, los deudores hipotecarios verían reducida la carga de intereses en 978 millones; los deudores de tarjetas de crédito dejarían de transferir a los bancos 1033 millones; y los deudores de préstamos personales podrían ahorrar casi 400 millones.
Como referencia del estímulo al consumo que significaría una medida así, basta mencionar que la reducción de 5 puntos del IVA por compras con tarjetas de débito representará –según la estimación más optimista– poner “apenas” 150 millones anuales en el bolsillo de los usuarios de esos plásticos. Claro que quien pagará en este caso no serán los bancos sino el Estado.

 

 

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