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ECONOMíA EN PAGINA/12 WEB
26 AGOSTO 2001








Capitales
crisis

- En el año se fueron 11.390 millones de dólares del sistema y el Banco Central perdió 14.325 millones de dólares de reservas.

- En la última semana, la sangría se detuvo, pero la tregua es precaria.

- El dinero de los argentinos en el exterior ya supera los 125 mil millones de dólares, según información reservada del Ministerio de Economía.

- Esta fuga es un 45 por ciento más elevada que el monto que abandonó el sistema en 1995, durante el efecto tequila.

- La ley de intangibilidad de los depósitos que se votó esta semana es sólo una señal para los pequeños ahorristas.

- Pero los especialistas coinciden en que no tendrá efecto práctico.

 

La fuga

Por Roberto Navarro El acuerdo del FMI y la prevista reprogramación de deuda trajeron calma al mercado financiero. El riesgo país cayó más de 300 puntos, síntoma de que el fantasma de la cesación de pagos abandonó, por el momento, el centro de la escena. El dato que siguen día a día inversores y funcionarios de Economía es el nivel de depósitos y de reservas del Banco Central. Ahora, la clave de la crisis es frenar la fuga. En el año se fueron 11.390 millones de dólares del sistema y el Banco Central perdió 14.325 millones de dólares de reservas. En la última semana, la sangría se detuvo, pero la tregua es precaria. El total de depósitos se estabilizó, pero no es suficiente. Para salir de la crisis es necesario que vuelva el dinero que se fue. Entre enero y agosto más de mil millones se refugiaron en Uruguay. Y otros 8 mil fueron hacia Miami, Nueva York o paraísos fiscales. Así, el dinero de los argentinos en el exterior ya supera los 125 mil millones de dólares, según información reservada del Ministerio de Economía a la que accedió Cash. Los banqueros que han pasado por la experiencia de varias crisis financieras afirman que nunca vieron una fuga de depósitos tan generalizada y persistente. Los casi 12 mil millones que huyeron de los bancos representan un 45 por ciento más que el monto que abandonó el sistema en 1995, durante el efecto tequila. El temor de los ahorristas se manifiesta también en el acortamiento en los plazos de los depósitos. En enero último los plazos fijos a 30 días, el mínimo permitido, representaban el 53 por ciento de las colocaciones. A fin de agosto ya acaparan casi el 60 por ciento de los certificados. Los plazos fijos a 180 días, en cambio, eran el 16 por ciento del total y ahora son sólo el 13. Los analistas de los principales bancos afirman que el sistema es sólido y que los ahorristas lo saben. Aseguran que el retiro de fondos se debió al temor de la gente a que el Gobierno decida congelar los depósitos. �Ya se quemaron una vez; no quieren que les vuelva a ocurrir�, reflexionan, recordando el Plan Bonex de 1989. Argumentan que el 60 por ciento de los depósitos está en manos de bancos extranjeros de primera línea y que el sistema en general es muy fuerte, por los elevados requerimientos de liquidez que exige el Banco Central. Pero los grandes inversores, los más sofisticados, saben que el sistema está altamente concentrado y que en los últimos dos años sólo las entidades más grandes obtuvieron ganancias; el resto viene perdiendo dinero y algunos bancos no soportarían muchos días más de corrida. Por otra parte, si el sistema colapsara tampoco hay garantía de que los grandes bancos internacionales irían a devolver los depósitos, porque la legislación no exige que sean asistidos por sus casas matrices. La ley de intangibilidad de los depósitos que se votó esta semana es sólo una señal para los pequeños ahorristas. Si el equipo económico no logra generar confianza y sobreviene una fuga de depósitos pronunciada, como el Banco Central no opera como prestamista de última instancia, el Gobierno terminará cerrando el grifo y canjeando certificados de plazo fijo por bonos para evitar la quiebra del sistema financiero. Uno de los consultores económicos más respetados de la city, que prefiere no ser mencionado, señaló a Cash que la nueva ley servirá para que �el Ejecutivo no pise los depósitos ni un minuto antes de que sea necesario�. Aunque la fuga es generalizada, no es pareja. Los bancos que tienen más sucursales, los que se nutren del dinero de los pequeños ahorristas, son los que menos depósitos perdieron. Las entidades que administran los fondos de los grandes inversores vienen sufriendo una sangría mayor, que incluso no se detuvo en los últimos días. Los que manejan las colocaciones de hasta 20 mil pesos, monto promedio del sistema, son los que menos posibilidades tienen de resguardar sus ahorros. Además, si deciden retirar sus fondos, se encuentran ante la disyuntiva de llevarlos a sus domicilios, arriesgándose a un robo, o guardarlos en una caja de seguridad en los bancos, que cuestan de 200 pesos para arriba. Se calcula que en elaño unos 2 mil millones de dólares fueron a parar a los cofres de seguridad. Según especialistas de las casas de cambio y financieras, los ahorristas medianos, de entre 50 mil y 100 mil dólares, prefieren tomarse un barco y llevar sus fondos a Uruguay. Entre enero y agosto los depósitos de no residentes del sistema financiero oriental crecieron 1212 millones de dólares, hasta totalizar unos 6 mil millones. Un alto funcionario del Banco Central uruguayo indicó a Cash que el 90 por ciento de ese incremento se debe a fondos de argentinos. Incluso hay muchos depósitos de residentes que son de argentinos que dieron su dirección de Punta del Este. Los grandes inversores, que operan con las oficinas de banca privada de los bancos, giran su dinero, principalmente, a Nueva York y Miami. Y, en menor medida, a Suiza y paraísos fiscales. Otra característica de esta fuga es la diferencia entre las renovaciones de las colocaciones en pesos y en dólares. De los casi 12 mil millones que perdió el sistema, 8 mil millones fueron depósitos en pesos y 4 mil millones en dólares. Aunque en el promedio anual las colocaciones fueron un 22 por ciento en pesos y un 78 por ciento en dólares, en los últimos 30 días sólo el 8 por ciento del monto de las renovaciones se mantuvo en moneda nacional. La demanda de dólares no fue sólo para realizar colocaciones financieras: también para sacar capitales del país. Las reservas del Banco Central cayeron 14.325 millones desde enero. Sólo entre el 2 de julio y el 6 de agosto fugaron 5616 millones, una cifra mayor que el refuerzo que envió el FMI. La consecuencia fue el deterioro de la calidad de la convertibilidad, dejando el terreno fértil para los especuladores que apuestan a derribar la paridad cambiaria. Para mantener el esquema monetario, el Banco Central tiene que disponer de tantos dólares como pesos circulen en la calle. Esa relación se mantuvo hasta hace unos meses. En la actualidad, la autoridad monetaria sólo cuenta con 85 centavos de dólar por cada peso. El resto lo completa con bonos y otros activos. La clave es frenar la fuga. Para lograrlo, el Gobierno tiene que operar en un terreno intangible, pero fundamental para escapar de cualquier crisis: la confianza. Debe convencer a los inversores de que tendrá éxito. Si lo consigue, volverá parte del capital que se fue, la baja de tasas de estos días se consolidará y volverá el crédito. Entonces podrá recuperar recaudación y contar con mayores posibilidades de acercarse al déficit cero. Luego vendrá la renegociación de la deuda y por fin la reactivación. Un camino arduo. En cambio, si no logra la anhelada confianza, el circuito inverso es ese infierno tan temido: la fuga descontrolada para terminar en la devaluación y el default.


EN EL EXTERIOR, U$S 125 MIL MILLONES
En playas tranquilas

Por R.N
El drenaje de divisas del país no es nuevo, pero se acentuó en la última década. Según estimaciones del Ministerio de Economía, en 1990 había 48 mil millones de dólares de argentinos en el exterior y en marzo último la fuga ya totalizaba 115 mil millones de dólares. Desde ese mes, se fueron 10 mil millones más. En consecuencia, tomando las cifras oficiales, hay 125 mil millones de dólares de argentinos fuera del país, un monto muy similar a la deuda pública. Algunos analistas independientes amplían esa cifra hasta 150 mil millones.
El 70 por ciento de los capitales fugados está colocado en inversiones financieras. Un ejemplo de ellas es la inversión de 700 mil dólares del ministro de Economía, Domingo Cavallo, en las islas Caimán. En marzo pasado, los argentinos tenían invertidos 32 mil millones de dólares en títulos de deuda pública de otros países, la mayor parte en bonos del Tesoro americano. Otros 21 mil millones se destinaron a la compra de acciones de empresas extranjeras. También en este caso la mayoría recaló en compañías norteamericanas. Más de 24 mil millones de dólares están depositados a plazo fijo en bancos extranjeros. Seis mil están en bancos uruguayos y el resto se divide, principalmente, en entidades norteamericanas y suizas. La caída en picada de la competitividad de la economía nacional derivó en que muchas empresas se mudaran a países con menores costos de producción. La mayor parte se fue a Brasil. Así, la salida de divisas que fue a parar a inversión directa en empresas en el exterior alcanzó en marzo pasado los 19 mil millones de dólares. El cálculo de Economía estima que los argentinos tienen en el exterior inversiones inmobiliarias por valor de 4300 millones de dólares. Pero especialistas aseguran que sólo las propiedades en Miami superan ese valor. Y hay que apuntar que en Punta del Este hay más de 11 mil propiedades de argentinos de un precio promedio de 250 mil dólares, lo que da un total, sólo en la playa esteña, de 2750 millones de dólares. Cada dólar que se va al exterior resta potencial de crecimiento a la actividad económica local. La legislación argentina no impone ningún impedimento a la salida de divisas, incluso el sistema financiero auspicia la fuga invitando a sus grandes inversores a operar en lo que los especialistas llaman banca offshore. Las casas matrices de los bancos internacionales premian a las filiales que consiguen un mayor flujo de divisas hacia sus países de origen. Los empleados de banca privada de las entidades extranjeras más importantes con sede local son promovidos a importantes puestos en Nueva York y Miami como premio por conseguir más clientes dispuestos a abrir cuentas externas. Todo el sistema local está armado para que la fuga continúe.

La corrida de depósitos que hace temblar a los bancos

Javier Gonzalez Fraga
ex presidente del Banco Central
“Somos anormales”

¿Cómo se frena la fuga de depósitos?
–Estamos en un círculo vicioso. Tantos años de recesión y errores en las decisiones económicas minaron la confianza de los inversores. Ahora la salida de depósitos deteriora aún más la caída del nivel de actividad y así cae la recaudación y la situación vuelve a empeorar. Si no se presenta un plan integral que regenere la confianza, la plata no va a volver. El déficit cero sólo puede ser negativo porque va a generar más incertidumbre política, más problemas sociales y más caída de demanda.
¿Cuál es la alternativa?
–El Gobierno se toma demasiado tiempo para hacer un pequeño gesto como la consulta popular. El sector político no está al nivel de las decisiones económicas. Deben mandar una ley al Congreso que permita reducir el gasto político, y listo.
¿Qué otras medidas son necesarias?
–Hace falta un plan que apunte al crecimiento. Pero para salir de la coyuntura y evitar que la gente saque su dinero de los bancos es necesario que el Banco Central vuelva a operar como prestamista de última instancia. No puede ser que se presente como única opción congelar los depósitos ante cada corrida. Eso no pasa en ningún lugar del mundo. Cuando la gente vea que la autoridad monetaria responde, se frenará la fuga. Esa es una de las funciones indelegables de cualquier banco central: cubrir los baches del sistema.
¿Es útil la ley que sancionó la intangibilidad de los depósitos?
–No sirve para nada. La clave está en el mismo sistema. El Banco Central tiene que tener las reservas líquidas, no atadas por la convertibilidad. Es necesaria la flotación cambiaria para tener liquidez de reservas. Una vez hecho esto, la gente va a sacar el dinero un día, dos, tres, pero al final se va a dar cuenta de que el Banco Central pone la plata y la corrida para sola. Hay quienes piensan que eso es un pecado, pero es lo que pasa en todo el mundo. Los anormales somos nosotros.

Ricardo Fuente
Ecolatina
“Cultura cortoplacista”

¿Por qué, a pesar de la fortaleza del sistema financiero, la gente saca su dinero de los bancos?
–La rapidez con que el sistema pierde depósitos tiene que ver con una cultura cortoplacista de los argentinos. La mayoría de las colocaciones se concentra entre 30 y 60 días. Y esta situación se mantiene aun en períodos de bonanza económica. Hay que entender que la mayoría de los ahorristas ha sufrido pérdidas en el pasado. Por congelamiento de depósitos, devaluaciones, cierres de bancos y otros problemas. Tendrán que pasar un par de generaciones para que pierdan el miedo.
¿Se frenó la fuga o es una tranquilidad pasajera la de esta semana?
–Es difícil opinar en medio de una situación tan compleja. Hay un par de elementos imprescindibles que deben cumplirse para consolidar esta calma. Una es que la implementación del déficit cero sea sustentable, es decir que no provoque incendios en el sector público. El recorte, tal como fue concebido, es altamente pernicioso para el Estado. No le están renovando contratos a empleados muy valiosos, que son necesarios. La AFIP no va a mejorar la recaudación si pierde a sus mejores especialistas. La gente de Relaciones Exteriores, que tiene que ir a negociar al exterior, no cuenta con fondos para viáticos. Es imprescindible rever el ajuste y hacerlo de manera eficiente.
¿Qué más debe hacer el Gobierno para generar confianza?
–En manos del Gobierno sólo está eficientizar su gestión. Como aun haciendo las cosas bien el déficit cero es imposible, la clave es saber cuál va a ser el nivel de desfasaje permitido por los mercados. Hasta septiembre pueden cerrar los números, después, con el aguinaldo y una suma mayor de vencimientos de intereses, no van a llegar. No veo que el nivel de actividad se recupere. Se tendrán que utilizar reservas para cancelar parte de los intereses. Hay que ver cuánto soportará el mercado. Se prometió mucho y no se cumplió, por eso se perdió credibilidad.