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PESADILLAS ELVIS CLINTON Por Rodrigo Fresán UNO Elvis El Rey Presley el Elvis Flaco y Rocker, el Elvis Gordo y Reaccionario, el Elvis Zombie e Inmortal, todos los Elvis es una obsesión reconocida por miles de personas pero, especialmente, es una obsesión del ensayista cultural y norteamericano Greil Marcus. En la obra de Marcus, Elvis ya era presencia importante en su legendaria historia-pop Mistery Train (para muchos, el libro a la hora de entender la relación entre música y patria, ese territorio que bien podría llamarse mUSAca); reaparecía todavía con más fuerza en Dead Elvis (un bizarro análisis del Elvis post mortem y su poderío de muerto que camina y canta en el imaginario de su país) y ahora reincide -.más fuerte que nunca en Double Trouble subtitulado Bill Clinton y Elvis Presley en una tierra sin alternativas para que Marcus vuelva a decir lo mismo de siempre con la mirada alternativa del talento que lo caracteriza: Elvis nunca va a dejar el edificio. Y, ya que estamos, Bill tampoco. DOS
Lo mejor de Greil Marcus -.a la hora de presentarse y ser aceptado sin
demoras como el más interesante e impredecible de los cronistas
de la Gran Nación Rock-. son las teorías-cimiento que sostienen
al edificio de sus libros. Si los ensayos pudieran ser películas,
Marcus sería el guionista favorito de los players de Hollywood
porque sus libros pueden venderse con menos de veinticinco palabras y
siempre prometen lo que acaban dando. Así -.del mismo modo que
Rastros de Carmín ofrecía una historia punk y subterránea
de todo el siglo XX e Invisible Republic exploraba el pasado folk y secreto
en la obra de Bob Dylan-., Double Trouble parte de una premisa y arriba
a una conclusión igualmente revolucionarias: Elvis Presley y Bill
Clinton sureños apocalípticos y desintegrados
son lo mismo y comparten un mismo signo de mesías caídos
en desgracia y, al mismo tiempo, inmortales. TRES La idea de considerar a Clinton como el auténtico heredero de Presley me resultaba irresistible, comenta Marcus en la introducción de Double Trouble. Doscientas diecisiete páginas y cuarenta y un ensayos después, la idea resulta igualmente irresistible para el lector. Y poderosamente lógica a medida que se avanza en un libro que arranca con una sonrisa y termina con una mueca al explicarnos por qué Clinton -.del mismo modo que Presley-. nos resulta irresistible por más que no nos guste en absoluto. Clinton y Presley se alzaron con todos los premios menosuno: la ciudadanía moral. Y ambos permanecen y permanecerán como figuras que pueden ser definidas a partir de esa excepción... Nuestra atracción por ambos es inseperable de nuestra necesidad de probarnos a nosotros mismos que somos diferentes a ellos, probar que si bien nunca llegaremos tan alto, tampoco caeremos tan bajo. Así Clinton y Presley funcionan .para Marcus y por extensión para nosotros-. como virtuales retratos de Dorian Gray a los que, finalmente, se les atribuye toda la gloria y todo el espanto para nuestra gloria y espanto de testigos más o menos privilegiados. Elvis Presley .-en el magnífico ensayo-coda The Last Laugh es el símbolo de todo lo corrupto incluyendo, sí, a Bill Clinton. A la hora del crepúsculo final -.cuando Las Vegas o la Casa Blanca han sido evacuadas-. Marcus propone un héroe intermedio. Menos infalible, más ético y moral pero afortunadamente impredecible: Bob Dylan, un tipo golpeado, que tocó para Clinton y casi se nos va con Elvis durante su enfermedad del 97 y que, por suerte, no se parece a nadie salvo a él mismo. |