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 De hombre a hombre

Por Albertina Piterbarg, desde Londres

Julio, pleno verano londinense. Afuera, hordas de adolescentes europeos (italianos, españoles, alemanes) disfrutan de unas vacaciones pensadas para aprender inglés, invadiendo avenidas, museos, negocios y monumentos. Adentro, en el subsuelo de la enorme librería Waterstone de la Grower Street, un reducido número de personas espera al escritor norteamericano Chuck Palahniuk, quien se encuentra en Inglaterra promocionando su última novela, Choke.
El anuncio promete firmas de ejemplares y lectura de capítulos por parte del autor. Si bien el espectro de público reunido es amplio (desde teenagers luciendo piercings hasta señoras inglesas “caza-autógrafos”), asombra la cantidad de hombres jóvenes, entre los 25 y 40 años de edad. Esta preferencia del público masculino es tan notable que el autor ha reflexionado sobre ella en más de una oportunidad.
Finalmente, Chuck Palahniuk hace aparición. Es un hombre de 39 años, alto, muy atractivo, flaco y musculoso, de ojos verdes y pelo castaño por los hombros. Nada en su aspecto hace pensar en un rebelde, mucho menos en un terrorista o en un cínico. Al contrario, el denominado “abanderado de la generación nihilista” no podía ser más prolijo y agradable.
Desde su debut en 1996 con El club de la pelea en adelante –siguieron Survivor, Monstruos Invisibles (ver Radar del 13 de febrero de 2000) y la última, Choke–, Palahniuk se ha especializado en “personajes-problema” (cínicos insomnes, esquizofrénicos, transformistas pseudo revolucionarios, adictos a las drogas, compulsivos sexuales, perversos obsesionados con la violencia y el consumo materialista, etc.), algo que ya ha pasado a ser una marca distintiva de su producción literaria.

Señas de identidad
Sus argumentos, delirantes y provocativos, constituyen sátiras extremas, corrosivas, donde el lector muchas veces se encuentra riéndose de situaciones terribles. No en vano fue difícil para este nativo de Portland, Oregon, encontrar un editor que se animara a publicar sus libros. El más conocido de todos (aquel que lo catapultó como “escritor de culto”) fue su primer libro, El club de la pelea, adaptado al cine por David Fincher (con Brad Pitt y Edward Norton como protagonistas). Luego de esta película, Palahniuk se encontró de pronto transformado en un escritor conocido y “prestigioso”, lo que le permitió abandonar su trabajo y dedicarse de lleno a su carrera literaria.
Survivor, su segunda novela, tiene la particularidad de comenzar por el último capítulo y seguir así, de atrás para adelante. Se nos cuenta la historia de atrás al revés. El protagonista, ex miembro de una secta ocultista y gurú de la información, le habla a la caja negra de un avión que está a punto de estrellarse, con la esperanza de pasar a la posteridad.
Por su parte, Monstruos invisibles (la tercera de la serie) trata acerca de una bella y exitosa modelo que, luego de haber quedado desfigurada en un misterioso accidente, se hace adicta a los calmantes y se transforma en hombre.
Choke, finalmente, cuenta la historia de Victor Mancini, un pobre tipo que trabaja en un parque temático disfrazado de colono, asiduo participante de grupos de autoayuda para adictos al sexo, y que trata de pagar las enormes cuentas de hospital de su madre moribunda. Para sobrevivir, inventa una farsa que consiste en ir a restaurantes, fingir un ahogo y lograr que quienes lo salvan de la fingida muerte por asfixia lo sigan manteniendo con colaboraciones voluntarias.

Ping-pong
Después de firmar dedicatorias en su peculiar estilo (“Perdón mamá” o “¿Qué no serías capaz de hacer?”), Palahniuk se descalza y comienza a leer en voz alta. Su voz es profunda y serena y leepausadamente, casi recitando de memoria algunos fragmentos. Primero viene el capítulo VII, donde el protagonista, Victor Mancini describe el proceso de asfixia fingida en restaurantes. Luego el capítulo II, donde Mancini, en una escena memorable, mantiene relaciones sexuales compulsivas en el piso de un baño público con Nico, su compañera de grupo de autoayuda.
Después de la lectura, los organizadores del evento invitan a los presentes con un vino y galletitas saladas. Si bien Radarlibros ha marcado con él una entrevista para el día siguiente, imposible resistirse a un simulacro de conversación de cóctel, rápida y fragmentaria...
¿Usted vive cómo sus personajes?
–(Palahniuk sonríe) Sí, en algunos casos... (Duda un momento y prosigue) Debo reconocer que he participado en varias peleas y durante un tiempo fui dos veces por semana a grupos de ayuda para adictos al sexo.
¿Por qué su obra tiene más éxito en Inglaterra que en Estados Unidos?
–Entiendo que a mis libros les vaya mucho mejor en Europa que en América. En mis novelas se habla, antes que nada, del vacío de una cultura que cree que comprar objetos es sinónimo de comprar felicidad, y esto es algo que los ciudadanos norteamericanos no están listos para escuchar.
¿Cuáles son sus autores favoritos?
–Admiro la capacidad de algunos escritores de desarrollar una idea en siete páginas... la misma idea que a otros escritores les lleva volúmenes de cuatrocientas. Amy Hemple (“At the Gates of Animal Kingdom”, “Reasons to Live”, “Humble Home”), las historias cortas de Bret Easton Ellis, los compilados de Irvine Welsh, Mark Richard (“Ice at the Bottom of the World”), Denis Johnson y Scott Fitzgerald.

Vida y obra
Al día siguiente de la presentación, Palahniuk espera a Radarlibros en un bar tradicional del Soho, el Café Boheme. Mientras bebe su té con total parsimonia, Chuck cuenta que tuvo una infancia complicada, marcada por las constantes peleas de sus padres, y una juventud algo anárquica, salpicada por episodios de vandalismo (una vez más, ver Radar del 13 de febrero de 2000). A pesar de las perspectivas poco alentadoras, logró graduarse como periodista en la Universidad de Oregon aunque durante varios años tuvo que trabajar de mecánico de automotores para poder sobrevivir.
¿Cómo es que a partir de estos datos biográficos llega a convertirse en escritor?
–Cuando era chiquito estaba seguro que de grande iba a dedicarme a escribir. Ya de más grande nunca pensé que ese sueño infantil fuera a convertirse en realidad. Sin embargo, hace algunos años compré una casa aislada en medio del bosque... una pequeña casa en el bosque (sonríe). Cuando me mudé me di cuenta de que no tenía televisión, ni radio, ni teléfono, nada excepto libros. Entonces me dediqué a leerlos. Pero cuantos más libros leía más desilusionado me sentía, y comencé a pensar que yo era capaz de escribir algo mejor. Comencé a jugar con la idea de que podía producir algo diferente. Así que comencé a escribir en lugar de leer.
¿Y qué clase de literatura leía en aquellos tiempos?
–Del tipo Amy Tan y John Gresham, entre muchos otros. Y todos me parecían horribles. Finalmente me encontré con un profesor de literatura que me dijo por qué no me ponía a escribir de la misma manera que hablaba. “Si comenzás a escribir historias de la misma manera que hablás”, me dijo, “entonces vas a tener una voz propia”. Y lo escuché, y entonces comencé a escribir y funcionó.
¿Entonces comenzó a escribir en contra de la “mala literatura”?
–(sonríe) Lo que leía era tan, pero tan aburrido que me resultaba insoportable. Llegué a leer las primeras páginas de cientos de libros y ninguno me dejaba conforme, todos me parecían iguales, lentos, tediosos, repetitivos, como si no hubiera diferencias entre ellos.
Parece estar muy preocupado por el “aburrimiento”... En Choke, el narrador se lamenta de lo aburrido que se ha vuelto el mundo civilizado...
–Lo que me preocupa es que se ha abandonado la “emoción” en nombre de la “seguridad” o, mejor dicho, por la ilusión de la seguridad... Estamos tan preocupados por evitar que nos sucedan cosas malas que no dejamos siquiera un resquicio para que sucedan cosas extraordinarias. Fundamos una suerte de “mundo feliz” que en lugar de satisfechos nos deja frustrados.
Justamente, sus libros giran en torno de la idea del aburrimiento que se desprende del “american way of life”, donde nada queda librado al azar...
–Mis libros están relacionados antes que nada con mi aburrimiento personal, porque escribir es mi manera especial de evadir y evitar el aburrimiento en mi propia vida. Escribir es mi forma de mantener la mente ocupada. No sólo escribir, sino también ocuparme del proceso completo, investigando, indagando en la vida de los demás, teniendo aventuras y viviendo experiencias acerca de las cuales después voy a escribir, enfrentando determinados riesgos, buscando material, recopilando información, datos, historias, anécdotas, hablando con gente... El verdadero sentido de mi vida está puesto en mi escritura y el proceso de escritura, en investigar y en conocer. Mi vida entera se vuelve mi trabajo, no al revés. Y además me da una buena excusa para salir y hacer cosas extraordinarias o inusuales, divertidas o extravagantes, porque todo ello me dará la oportunidad de escribir luego. Y aceptar desafíos, correr riesgos. En determinado nivel, escribir consiste básicamente en mantenerme alejado del aburrimiento, pero en otro nivel siento que la vida es tan increíblemente preciosa y tan singular que no quiero hacerle perder el tiempo a nadie leyendo algo aburrido, y es por eso que mi segunda preocupación es mantener al lector interesado, sin permitir que se aburra en ningún momento. No quiero hacerles perder el tiempo a los lectores. Ni su dinero. Quiero que, dentro de lo posible, los lectores se sientan satisfechos.

Elogio del taller
Tanto el protagonista de Choke como el de El club de la pelea participan activamente en diferentes tipos de “support groups”. ¿De dónde proviene el interés por esta clase de grupos de autoayuda?
–Dentro de nuestra cultura, uno de los pocos lugares en los que la gente puede ser realmente honesta, sin preocuparse por lucir bien o parecer “positiva”, son estos support groups. Allí se puede hablar con franqueza, descarnadamente, se puede ser vulnerable, se puede quebrar frente a otros a los que tampoco les preocupa cuidar las formas. Antes la gente tenía esta clase de refugio en la religión, básicamente en la iglesia o el templo, pero en la actualidad los templos y las iglesias se suman simplemente a la larga lista de lugares en los que uno debe lucir bien, parecer un triunfador o, al menos, ocultar cualquier tipo de defecto o comportamiento fuera de lugar, lo cual es ridículo.
¿Quiénes son los primeros en leer sus manuscritos?
–¡La pobre señora que hace la limpieza en casa! (Risas) Cuando escribo, o incluso antes de escribir, me la paso como loco, caminando por la casa, leyendo en voz alta y preguntándole qué le parece un libro sobre tal o cual tema. Y este proceso puede durar, digamos... ¡semanas! Me gusta ver la reacción de la gente cuando leo. Ver si mis textos hacen reír, si logro capturar la atención, sostener el interés... Es decir que leer en voz alta es la primera lectura que dejo que hagan otros. Luego, una vez que el material está organizado en la forma de capítulos o historias cortas, lo llevo al grupo de taller de escritura al que voy cada martes por la noche. Somos un grupo de amigos que nos reunimos en un café desde hace, no sé, ¿nueve años? ¿diez años?... Criticamos el trabajo de cada uno y nos ayudamos más allá de nuestra obra, recomendándonos agentes y editores,intercambiando chismes y datos. No escribimos parecido, pero el trabajo que hacemos en conjunto nos ayuda y potencia. Y además somos buenos amigos, lo que lo hace todavía mejor. El tercer lector es mi agente (en quien confío plenamente) y el último lector, mi editor.
Luego del éxito de El club de la pelea, directores y actores se pelean por participar en algún proyecto basado en sus libros. Incluso Madonna mandó un asistente a decirle que era su admiradora y que quería actuar en alguna de sus películas... También se sabe que ha canjeado entrevistas con Brad Pitt por la oportunidad de diseccionar cadáveres... (Chuck se ríe) ¿No cree que todo esto lo condiciona a la hora de escribir?
–Una de las cosas buenas de vivir en Portland es que una vez que estoy allí estoy tan solo y tan alejado de todo y de todos como para poder escribir sin sentir presiones, sin pensar que lo que escribo va a ser leído jamás por nadie excepto yo mismo. Si uno comienza a pensar en que lo que escribe va a ser leído por tal o cual persona, su abuelita o su tía, o filmado de tal o cual manera, lo más seguro es que finalmente se eche atrás y no escriba nada. Una vez que esta gira promocional termine, voy a estar de nuevo encaminado, sin presiones y lejos de todo esto.
¿Cómo surgió la idea de Choke?
–Quería escribir una suerte de libro complementario de El club de la pelea, una comedia oscura acerca de la violencia. Entonces me volqué a escribir una comedia oscura acerca del sexo. Y empecé a escribir sobre compulsivos sexuales. El tema de los ahogos vino por otro lado. Un día estaba en un restaurante, esperando que llegaran unos amigos, pero estos nunca llegaban y yo no tenía plata y ya me había tomado varias cervezas. Comencé a pensar cómo me iba a ir de ahí, cómo podía generar una situación de empatía involuntaria que me librara del problema de tener que pagar. Y entonces comencé a pensar que si me ahogaba con algo... Y me puse a mirar arriba de la mesa y a mi alrededor buscando con qué cosa atragantarme. Tenía que ser algo como un corcho, algo que pudiera mantener en mi boca, fingiendo estar ahogado. El mozo vendría hacia mí, desesperado por salvarme, y yo me arrastraría, gemiría y finalmente lloraría y quizás, en el medio de todo el escándalo pudiera largarme sin pagar. Y justo ahí, gracias a Dios, llegaron mis amigos.
El club de la pelea y Choke tienen ideas en común, como la del sabotaje y la deconstrucción de lo cotidiano.
–La idea del sabotaje aparece más claramente en El club de la pelea, no tanto en Choke. Pero en el Club, antes de la idea de atacar cualquier cosa está la idea de desarrollar la confianza en sí mismos de los hombres que forman parte del club, asignándoles tareas riesgosas, que les exigen valentía y coraje. Poco a poco. Antes que atacar el mundo se trata de “construir” un mundo para estos hombres, moviéndolos más allá de sus límites, dándoles la oportunidad de cumplir consignas creativas y riesgosas. Y Choke es como la segunda parte, donde se rearma lo que antes se desarmó. No se puede desarmar la realidad sin tener en algún momento que rearmarla. Y esta es la finalidad de Choke, darle el poder a la gente de darse cuenta que ellos pueden controlar su mundo, que el mundo no los controla a ellos, que pueden armarlo como más les guste.

La literatura como enfermedad
¿Podría adelantarnos algo acerca de su nuevo libro, Lullaby (rima o canción infantil), que saldrá a la venta el verano próximo?
–Mi intención era crear una metáfora con la cual poder identificar nuestros tiempos. Cada época tiene su propia metáfora, su propio “monstruo” que funciona como metáfora de todo lo que da miedo o despierta terror. Por ejemplo, Frankenstein representaba el monstruo de la Revolución Industrial. Y funcionó: el público de aquellos años verdaderamente se asustaba frente a la idea de Frankenstein. Lo que yobuscaba era una metáfora que reflejara nuestra era, y por eso Lullaby trata acerca de un libro para niños, una antología muy barata que incluye poemas y rimas infantiles antiguos. Ese libro es distribuido mundialmente. Uno de los más antiguos poemas de esta antología (sacado a su vez de un libro antiquísimo) es en verdad un hechizo para provocar la muerte. El personaje principal es un hombre que se dedica a investigar un síndrome de muerte súbita infantil. Investiga y descubre que en cada uno de los lugares donde había muerto algún niño, víctima de este síndrome, había un tomo de esta antología. El personaje continúa con la investigación y descubre que a cada uno de los niños muertos le habían leído el poema maléfico la noche anterior para hacerlos dormir. Y logra identificar la situación porque años atrás él mismo había leído ese poema a su mujer y a su hijo y los había encontrado muertos al día siguiente.
Los adultos leen el poema para que lo pequeños concilien el sueño y lo que resulta es que el poema los hace dormir, literalmente, para siempre. Pero el personaje se encuentra con que él no puede contárselo a nadie, porque no sabe realmente la cantidad de antologías que hay esparcidas por el mundo y si la gente se diera cuenta del verdadero poder del poema comenzarían a matar con sólo leer... Una rima infantil podría volverse una amenaza más temible que la bomba atómica. Una historia de horror acerca de la era de la información en la cual la información se disemina tan rápido y tan fácilmente que pierde totalmente el control.
Cinco obras en cinco años (Lullaby ya está en pleno proceso editorial). Eso implica mucha disciplina a la hora de escribir...
–Antes de escribir viene siempre mucho trabajo de investigación. Me encuentro con gente, hago grandes cantidades de entrevistas, leo montones de libros acerca de los temas que me interesan, clasifico los apuntes que tengo y organizo lo que me falta conseguir. Y es solamente cuando siento que este proceso de investigación está cerrado y que ya tengo toda la información que necesitaba cuando comienzo a escribir. Recién ahí. Al mismo tiempo que preparo el material trato de hacer tareas físicas complementarias. Trato de no estar inactivo: construyo paredes, transporto rocas, cuido el jardín. Diría que por lo general intento posponer el momento de comenzar a escribir porque ese momento invade de tal manera mi vida, el dedicarme a la escritura se transforma en una tarea tan absolutamente dominante que me olvido de comer, de dormir, de cambiarme de ropa... No puedo dejar de escribir ni por un momento... Tengo que escribir y escribir y seguir, y esto se transforma en una actividad tan obsesionante que no paro hasta no tener el libro terminado. Y si bien me encanta hacerlo, debo reconocer que no es muy sano para mi vida personal, sobre todo porque se transforma en algo tan terriblemente compulsivo que nada a mi alrededor está bien: todo está desordenado, sucio, fuera de control. A veces llego a escribir hasta 16 o más horas por día y mis brazos y muñecas me duelen, se acalambran de tanto teclear. Termino tomando pastillas para aliviar los dolores de las articulaciones y las contracturas musculares. Y quizás esa sea la razón por la cual ni duermo ni como. Tomo tantos analgésicos que no siento nada, sólo deseos de seguir escribiendo.
O sea que cuando Ud. escribe es feliz...
–Cuando mis amigos me ven de mal humor suelen decirme “No estás escribiendo, ¿no?”, y en general tienen razón. Sí, verdaderamente creo que escribir es el momento más feliz de mi vida.

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