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EL RESEÑAS

De profesión, andalú

Lorca: Sueño de vida
Leslie Stainton
trad. Mariano García
Adriana Hidalgo
Buenos Aires, 2001
570 págs. $ 26

Por Sergio Di Nucci
Si para rescatar a la verdadera España, la propaganda franquista insistió en combatir el comunismo, los separatismos, el ateísmo y la conspiración judeo-masónica, el asesinato de Federico García Lorca parece haber sido gratuito. Porque García Lorca no fue ateo, masón ni judío, no le interesó o no comprendió el marxismo, y nunca apoyó a los movimientos separatistas vascos y de Cataluña. El poeta más famoso de España pudo haber sido también, políticamente, el más ingenuo de su generación. Y sin embargo fue para el franquismo una amenaza más real que la que ofrecían muchos intelectuales, y no sólo marxistas.
La biografía de Leslie Stainton, Lorca: Sueño de vida, es fruto de catorce años de investigación. Y aunque no deja de cosechar errores de hecho ni clichés turísticos (los de una norteamericana en España), abunda en información, en detalles de los itinerarios del poeta, descriptos en estricta cronología. Cada época tiene, seguramente, sus amplitudes y estrecheces. Pero la que le tocó vivir a García Lorca se reduce, en manos de Stainton, a un compendio de episodios descomprimidos, en que los opuestos nunca se alimentan entre sí.
García Lorca nace en Fuente Vaqueros, en 1898, y es fusilado 38 años después en Víznar, rematado “con dos tiros en el culo por puto”. En nueve libros de poesía y trece obras teatrales había renovado el romance, el soneto, la tragedia y la farsa, el teatro de títeres y la canción. Y un elemento filosófico recorrió gran parte de su obra: la doctrina de la superior virtud de la vida sencilla, que aparece ya en el Sermón de la Montaña (“bienaventurados los pobres de espíritu”). Hay que decir que la fascinación póstuma por García Lorca es difícil de explicar en términos puramente literarios. Lorca: Sueño de vida no deja de contribuir a esta mitologización que ha alcanzado proporciones épicas.
A diferencia del irlandés Ian Gibson, que escribió dos tomos, también for export, en 1985 y 1987, Stainton no parece dispuesta a darle importancia a la homosexualidad de García Lorca, sin cuyo trasfondo no se entienden sus mejores obras. O sus mejores personajes, mujeres mayormente, que muestran con sus propias tragedias las letanías y delaciones rurales. No cabe duda: el pecado tiene sus atractivos. Y las obsesiones de García Lorca por la muerte, el poder inhibitorio de la religión, la ubicuidad de los delitos teológicos o los sacudimientos teatrales del sentimiento de culpa van unidos, casi estrictamente, a la homosexualidad, tal y como por él fue vivida. Tres años antes de morir había dicho que “el día que dejemos de resistirnos a nuestros instintos, habremos aprendido a vivir”. No se usaba todavía la palabra gay, que ahora es prestigiosa por internacional.

Este país de nadie nadie

ESE GENERAL BELGRANO
Y OTROS POEMAS
Aldo Oliva
Bajo La Luna Nueva
Buenos Aires, 2001
136 págs. $ 9

POR DELFINA MUSCHIETTI
Aldo Oliva llega finalmente a Buenos Aires en esta edición de su última y ya póstuma obra. Con publicaciones en Rosario, su ciudad natal (César en Dyrrachium, 1987), y en México (De fascinatione, 1998), este original e importante poeta permanece prácticamente desconocido para buena parte del público lector argentino. Sin embargo, con ese circuito semiclandestino al que están obligados la mayoría de los poetas, aquí y allá circularon sus textos y se sabía (siempre se sabe como en un murmullo) que en su obra teníamos un tesoro escondido. Pues bien, aquí podemos apreciarlo, ahora al alcance de la mano y de nuestros ojos lectores.
Uno podría decir que Aldo Oliva desobedece, como el general Belgrano en el poema que da título al libro, fiel a su propio orden, lejos de cualquier moda y del canto de sirena de cualquier forma de poder: mercado redituable de libros, mercado museificador del discurso crítico. El general Belgrano pelea, a pesar de la derrota anunciada por la historia; Oliva escribe el inevitable fracaso de toda buena poesía. Este libro tiene olor a viejo, se dirá, como todo gesto heroico en estos días. Oliva narra la saga del inclaudicable Belgrano con conmovedora –y también inclaudicable– grandeza poética. Nos habla reflexivamente sobre la trama de su forma mientras nos habla del país de hoy y de su historia de ayer, con reveladores cruces entre uno y otra. Se podría decir al mismo tiempo que sus textos son una rica muestra de la mezcla heterogénea que predomina en la poesía argentina de hoy y que, al exaltar esa mezcla, se vuelve irónica parodia de sí misma. Los poemas de Oliva se exhiben con una extensa y erudita biblioteca de citas que va desde los clásicos grecolatinos hasta los románticos alemanes o los simbolistas franceses, y a la vez incrustan (procedimiento esencial de Oliva) frases de la jerga coloquial, tanguera, regional o barrial. De la retórica que exalta la lírica y el “ser” hasta un paroxismo barrocamente ilegible, se salta al “cenicerío” y “al voleo”, por ejemplo. Así, la “hondidad”, el “temblor albo” convive con el “piantao” y “la pavada”, y ya nada ni nadie está en su sitio de jerarquías preestablecidas. Sólo queda la risa o el dolor, sin frenos.
Nítido el dolor que campea en toda la sección dedicada a Belgrano, como un homenaje al fracaso y a los inclaudicables del margen: “...Marchó la gente/ y volví a desobedecer”, dice Belgrano-Oliva, y se dispone a escribir el siguiente texto: “Movimiento/La desobediencia debida”. Es el final del libro y es el final de una reflexión dolorosa sobre la pobreza ética y material de “este país de nadie nadie”. Así decía el verso de Oliverio Girondo en 1956, y Oliva parece continuar ese hálito hasta el fin, con el último verso de su obra, “Patria inexistente”, llevando al colmo los márgenes de este vacío que la realidad de hoy parece dictarnos: un país que sólo sabe olvidar y obedecer, disolviéndose en la nada. Por eso es tan conmovedora la arenga que lanza Belgrano, a pesar de la certidumbre del fracaso anunciado: “todo dice: ENARBOLAR:/ que se alce el trapo”.
En esos márgenes de la experimentación, Girondo y Oliva tuvieron un territorio en común, sin auspicios ni concesiones, y sufrieron el silenciode sus contemporáneos. Si Girondo fue re-leído veinte años después de su muerte con inclaudicable fruición por los nuevos poetas de fines del siglo XX, se hará justicia si la obra de Aldo Oliva llega a ese lugar que su escritura merece: ser re-leído, y re-escrito en la voz de los nuevos poetas que llegan al escenario de la poesía argentina contemporánea.

El mono gramático

Telecomedia y otras teatreces
Leo Maslíah
Ediciones de La Flor
Buenos Aires, 2001
240 págs. $ 12

Por Jonathan Rovner
Algo de la mirada socarrona y desafiante de los niños, en esta lúdica y lúcida mise en abîme de los protocolos conversacionales. En efecto, Maslíah es el niño que ante un dispositivo que se autoproclama como el rey de los intercambios, gritará: “¡El lenguaje está desnudo!”.
Exasperar al lenguaje. Hacer que el lenguaje vacile, incómodo, ante ciertos deslices semánticos combinados con la más salvaje univocidad, parece ser la naturaleza del humor en Leo Maslíah. Como si de esta manera quisiera ver al lenguaje tropezando, o pisándose la cola. A ello se suma, o mejor dicho, por esa misma lógica se desarticula, se fastidia hasta desesperarse, el entramado ideológico de cierta sociedad, de cierto imaginario que nos remite a los ya estereotipados prejuicios, estupideces y malentendidos de la clase media rioplatense.
Maslíah, con sus procedimientos de desarticulación, logrará reírse, como nadie, de las estructuras y sistemas de ideas y creencias más arcaicos aún hoy vigentes en nuestra ideología, tales como la familia, el sexo y el poder.
Pues bien, si su lógica es la de la exasperación, no es de extrañar que “Telecomedia” –la primera de las piezas teatrales recopiladas en este libro– se desarrolle a lo largo (aunque para ser más precisos deberíamos decir “a lo corto”) de sesenta actos con diez personajes y tres ambientes distribuidos con minuciosa simetría. Toda una complicada pieza de relojería escénica, nada más ni nada menos que al servicio del absurdo. Dos familias, la del Doctor Felizardo y la de Julio Roberto Lagos, paciente del primero, que gracias a la ciencia descubre su verdadera condición femenina, mientras que su hijos apuestan por quién conquista primero el corazón de los vástagos del médico. La historia intenta agotar las posibilidades de ese deporte que es la inversión de roles. Se suceden unas tras otras, a través de los diálogos, mientras el sentido se sostiene al amparo de las hijas mujeres, ambas estudiantes de gramática, prestas a corregir cuanto galicismo, imprecisión o vulgaridad se pronuncie.
De la misma manera funciona “Bulimia”, pieza teatral en un acto, estrenada en Montevideo el 23 de septiembre de 2000, con el propio Maslíah en el papel de Dios, cuya voz aparece entre los mortales para ayudar a Arón, el bulímico, a combatir a los enemigos de la buena alimentación. “Pero es difícil, Señor. El enemigo está dentro de mí. Por favor, dame tu venia para detener el proceso digestivo que asimile a mi ser toda esa escoria”. Finalmente Dios accede y lo induce al vómito. De hecho, Bulimia es la versión “maslihana” de A puerta cerrada de Jean-Paul Sartre: en este caso, siete personajes, otra vez, simétricos hasta en los nombres, cuyos circuitos de acción se dividen entre comer y vomitar, encargar pizzas y cancelar pedidos.
“Chanel Nº 5”, estrenada en El Galpón de Montevideo, es una obra que avanza por la vía de la interpretación literal del lenguaje, hasta generar cierto efecto Alicia en el país de las maravillas.
Juegos semánticos que rondan lo filosófico, sin por ello intentar apartarse de lo escatológico, las gramatiquerías de Maslíah van siempre más allá, de la risa al asco y del espanto a la ternura.

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