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NOTICIAS
DEL MUNDO
Cuesta
abaixo
Por
Daniel Link
Hace unas semanas señalábamos, desde este suplemento,
el cono de sombra que atravesaban, más allá de las limitaciones
presupuestarias que la fobia maniática al déficit fiscal
impone, las políticas estatales en materia de cultura. El caso
expuesto demostraba ejemplarmente la desidia del Estado argentino en relación
con nuestro patrimonio cultural, al permitir que las ediciones críticas
de autores argentinos desaparezcan de la colección Archivos, uno
de los proyectos editoriales de mayor aliento en los últimos tiempos.
La denuncia tuvo repercusiones internacionales. En su suplemento Mais!
número 499 del pasado domingo 2 de setiembre, el influyente periódico
Folha de Sao Paulo, por ejemplo, incluyó la siguiente noticia,
bajo el título Cultura ladeira abaixo: La penúltima
edición de Radarlibros, el suplemento literario del diario de izquierda
argentino Página/12 ocasionó una seria polémica al
referirse a la situación de desamparo de la política cultural
del país. En una edición más reciente, el tema fue
debatido por los críticos literarios Beatriz Sarlo y Raúl
Antelo. Por supuesto, la realidad es infinitamente más perversa
que las más pesimistas previsiones y más que de desamparo
podría hablarse ya de agresión.
Como muestra, basta reproducir parte del editorial de la última
edición de la revista ramona (Buenos Aires: setiembre de 2001),
donde se denuncian los mecanismos por los cuales un hipotético
patrocinio estatal a la edición de libros y revistas culturales
argentinos se convierte más bien en una condena a trabajos forzados.
Dice ramona: Ya en el número anterior les conté de
esta cosa que comenzó como `subsidio y terminó como
`premio y en verdad era una `compra mayorista eventual de
la Secretaría de Cultura de la Nación a 40 o 50 editoriales
y revistas independientes. El proyecto no podía ser más
lindo: la Secretaría de Cultura de la Nación compraba la
producción de una serie de editoriales y revistas, elegidas por
jurados calificados y reconocidos. Cada grupo editorial se beneficiaría
aproximadamente con ocho mil pesos, cifra que, en ningún caso,
puede considerarse un dispendio suntuoso. La secretaría luego distribuiría
los textos comprados entre bibliotecas populares en todo el país.
Este mes de agosto ha quedado confirmado el efecto real de estas hermosas
intenciones sobre la cultura independiente. Por ejemplo, si un grupo antes
editaba doscientos ejemplares ahora debe producir mil que el Estado les
pagará en el mejor de los casos dentro de muchos meses.
Probablemente esto llevará a varios a la ruina.
Pero además, ahora está claro que buena parte de quienes
recibieron la promesa de compra no pueden ni siquiera tramitar los requisitos
de `proveedor del Estado que el `premio exige. Estos requisitos
son tan disparatados como la intimación `en 48 horas a declarar
el idioma en el cual está publicada la edición. El
castellano o español, hay que contestar, en una carta a la Secretaría
de Cultura de la Nación.
Las condiciones de inscripción abarcan los tópicos y ministerios
más diversos, juramentos, libres deuda, inscripción en registros,
estatutos, cuentas bancarias, firmas, certificados varios. Sus costos
y horas y capacidad de gestión pocas empresas culturales independientes
los podrán asumir. Por lo demás, es imposible cumplirlas
en los diez días que otorgan para no `archivar el expediente.
Lo pérfido del asunto es que se presenta todo esto como un gran
aporte al ecosistema cultural que probablemente acabe por hundirse gracias
a este aplastante apoyo estatal.
Hasta aquí el editorial de ramona, revista publicada por la Fundación
Start, que alertaba sobre el destino incierto de los quinientos mil pesos
del presupuesto de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares
destinados por la Secretaría de Cultura de la Nación al
proyecto de fomento a la edición de libros y revistas culturales.
Lo pérfido del asunto conservemos esta nota de ironía
para los amigos del mundo que siguen el desarrollo de la cultura argentina
a través de Radarlibros esque la Administración General
de Ingresos Públicos (AFIP) determinó, mediante una inspección
realizada en la Fundación Start al día siguiente de que
la revista ramona se distribuyera, una hipotética deuda impositiva
en favor del Estado argentino que impediría a la Fundación
Start constituirse en proveedor del Estado y a la revista
ramona beneficiarse del premio o subsidio ganado
en un concurso público. Seguiremos con la debida atención
este nuevo episodio de histeria gubernamental.
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