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EL EXTRANJERO

Catalina y Catalina
Sergio Ramírez
Alfaguara
México, 2001

En un océano de tinta, el que ha derramado el concepto de realismo mágico, flota la idea de que la realidad latinoamericana, por sí misma, contiene los elementos propios de la literatura. Al escritor latinoamericano le bastaría con narrar su experiencia cotidiana, sin más inventiva de la que le exige la gramática, para acceder a una lógica paralela, un mundo posible, extraño y familiar a la vez. Así, a Sergio Ramírez (ganador del Premio Internacional Alfaguara de Novela con Margarita, está linda la mar) le basta con leer crónicas policiales, los diarios más sensacionalistas del continente americano, para encontrar materia narrativa de calidad.
Un jugador de fútbol, “El pibe cabriola”, apuñalado por un gol en contra. Un director de documentales que, gracias a su mujer, fanática del viejo cine mexicano, encuentra a sus padres, alguna vez exiliados en México, trabajando de extras en una película de cabaret. “Perdón y olvido”, leyendo los sordos diálogos que mantienen entre sí los extras, descubre el oscuro secreto de su propio origen. Es que el exilio, el deporte y el cine, junto con el habla escondida de quienes no figuran en el reparto oficial, son los ejes fundamentales desde los que leer los relatos de este narrador latinoamericano.
Sergio Ramírez llegó a ser vicepresidente de Nicaragua, en 1985. No obstante, sus cuentos, lejos de enredarse con las tramas del gran escenario político gubernamental, se adentran en la realidad cotidiana de los personajes marginales a la historia. Antihéroes, incluso vapuleados por la historia, como el beisbolista nicaragüense que en “Aparición en la fábrica de ladrillos”, luego de darle a su patria el “jonrón” triunfal de la Serie mundial, frente a la imbatible Cuba, es arrasado por los avatares del terremoto, primero, y la Revolución, después.
Ni grandeza ni grandilocuencia, las historias que le interesan a Ramírez son narradas desde la más azorada sencillez, por personajes que sin entender del todo lo que les pasa son, por eso mismo, capaces de perdonar y olvidar. Incluso la descripción de un personaje entrañable, fuera de la vanidad y la envidia de los adultos, sólo puede estar a cargo de una voz infantil. Es el caso del cuento del que el libro toma su título, “Catalina y Catalina”, narrado por una niña que “estudiaba en voz alta las guerras púnicas, sentada en un banco al pie del planchador”. Catalina, la planchadora, es la madre de la niña, cruelmente expulsada de la casa por el marido, quien amargamente le dice “adúltera” sin que la narradora sepa muy bien de qué se trata.
Catalina y Catalina ofrece una mirada amorosa a una compleja variedad de historias, de apariciones, hombres y mujeres comunes, con enigmas a veces tan triviales como decisivos. Pequeños mundos personales, a veces amables a veces extremadamente crueles, oscilan entre la resignación y la lucha, siempre en busca de afecto, identidad y destino.
Jonathan Rovner

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