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PUERTO VALLARTA
Una costa a todo lujo

Placeres mexicanos

El atardecer tiñe de rojo la corona que remata la torre de la iglesia de Guadalupe.

En la costa del Pacífico, la bahía de Banderas alberga 40 kilómetros de playas y deslumbrantes hoteles donde casi nada está negado en materia de placeres. Un destino costero de México con un trasfondo de selva tropical que lo convierte además en un paraíso para el ecoturismo.

Por Julian Varsavsky

En Puerto Vallarta uno puede recibir el don de una langosta asada, en cuyo blanco caparazón se refleje la forma esbelta de la palmera y el resplandor azul del Pacífico. Las palapas –sombrillas de hoja de palma– conceden su sombra fresca con aroma a mar y resguardan nuestros placeres; un lugar para pasarse el día entre daikiris y batidos de coco, sobre arenas pintadas de puro sol.
¿Se puede pedir algo más que dejarse flotar boca arriba en un mar de tranquilas aguas desbordándose sobre nuestro cuerpo?. “El hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada”, escribió el cubano Alejo Carpentier, y entregado al reposo y al deleite en el eterno verano de México, el turista comprueba que en Puerto Vallarta casi nada está negado en materia de placeres. Y, por fortuna, la variedad de diversiones parece tan inagotable como la búsqueda misma del placer.
Si pretende segregar un poco de adrenalina, unas vertiginosas aceleradas en jet-ski frente a la playa serán suficientes. Los silenciosos tienen la opción del windsurf. Un viaje en una réplica de la nave Santa María de Colón hasta una isla virginal donde el mar parece una pacífica laguna, es ideal para quien deseen practicar snorkel. Una lancha nos arrima hasta una zona rocosa muy segura, pero resulta difícil resistir la tentación de tirarse a las cristalinas aguas antes de llegar. Es momento de hacerlo porque comienza el espectáculo: la atracción estelar es un pez de siete colores –el arco iris– que se ondula despreocupado en un escenario de gigantescas rocas sumergidas. Sorpresivamente, el bañista se encuentra en el centro de un cardumen de cientos de peces negro-amarillos (el pez ángel) que se acercan curiosos al vidrio de la máscara, como dilucidando qué se esconde detrás. Sólo resta sumergirse apenas un metro para nadar a toda velocidad entre edificios de coral. Sus habitantes son: un extraño pez, largo y angosto como un palo, que permanece estático en su lugar, como una estatua flotante; aparecen también el colorido pez perico, una morena con los colores de la cebra, simpáticos caballitos de mar y la mantarraya, que no se sabe si vuela o nada. También los buceadores expertos nadan en su salsa, y con un poco de suerte, gozarán de la compañía de un delfín. Pero si no está en sus planes el esfuerzo físico, la mejor forma de ver el mundo subacuático es mediante un paseo en un submarino amarillo que desciende 25 metros... Tendrá frente a usted una explosión de colores intermitentes, donde pasarán nadando tortugas gigantes, delfines, peces espada y millares de coloridos peces. La sensación es la de estar curioseando por las entrañas de un fantástico universo –con su cotidianidad, sus habitantes y sus informes moradas–, cuyo sigiloso destino transcurre a escasos metros de nuestro agitado mundo.

No es una isla griega. Son los techos de Puerto Vallarta sobre el Pacífico.

Delfines y ballenas Si su morada fuesen las aguas, probablemente el mejor amigo del hombre sería el delfín. La firma Vallarta Adventures organiza los llamados “encuentros con los delfines”, donde el turista se sumerge hasta la cintura en una piscina de agua salada con delfines nariz de botella. Estas amigables criaturas saltan a toda velocidad sobre la cabeza del bañista, se dejan acariciar igual que un gato, ofrecen la mano en señal de “mucho gusto”, y hasta dan piquitos en la boca. Da la impresión de que se divierten tanto como las personas, y no paran de retozar mientras asombran a todos con sus gráciles movimientos. La experiencia lúdica con los delfines cuesta $ 60, y si además se quiere nadar tomado de las aletas al impulso del animal, el precio es de $ 130.
Avistar ballenas en la Reserva Ecológica de las islas Marietas es una de las actividades que más entretiene a los turistas entre diciembre y abril. Cada año, centenares de ballenas jorobadas tienen una cita en la parte norte de la bahía de Banderas, adonde llegan desde Alaska para reproducirse. Desde la comodidad de un barco se observa a estos colosales mamíferos dando saltos de cuerpo entero fuera del agua –como parte del ritual del cortejo–, produciendo al caer verdaderas explosiones marinas.La navegación continúa hasta las paradisíacas playas de las islas Marietas, ideales para prácticar snorkel y navegar en kayac. La excursión, incluyendo desayuno, almuerzo, bebida libre y equipos de snork y kayac, cuesta $ 50.

De luna de miel Vallarta es el destino ideal para una luna de miel. El lugar elegido por muchos recién casados es la parte sur de la bahía –Conchas Chinas–, donde las montañas color jade se desploman hacia el mar. Aquí, acurrucados entre idílicas ensenadas, afloran algunos de los mejores hoteles, rodeados de una particular aura romántica, la misma que en los 60 enamoró a Richard Burton y Liz Taylor.
La lista de actividades que dispone el turista es interminable, pero quienes van en son de no hacer absolutamente nada transcurren sus días de la siguiente manera: un rato en la playa –recostado en una hamaca entre dos palmeras–, otro en la piscina; para variar un poco, se sumergen en el jacuzzi (a la sombra de otra palmera) con el agua tibia y burbujeante hasta el cuello; preferentemente con una buena compañía y una piña colada entre los dedos. Para evitar agotadores sacrificios, escasos dos metros separan el jacuzzi de la piscina.

Todos los dias, fiesta mexicana frente a la plaza principal.

COLONIAL Y MODERNA

A principios de los ‘60, Puerto Vallarta era un idílico pueblito de pescadores que en épocas de lluvia quedaba aislado del mundo. Ubicada al pie de la cadena montañosa de la Sierra Madre –cubierta por una espesa selva tropical que muere en la arena de la costa–, Puerto Vallarta ha cambiado mucho en las últimas décadas, a tal punto que una estela de 25 hoteles cinco estrellas se despliega a lo largo de los 40 kilómetros de playa de la bahía de Banderas. Pero a pesar de la modernidad, los vallartenses han sido cuidadosos de su estilo, y el centro de la ciudad mantiene su aspecto de aldea de casas con tejas rojas a dos aguas, que suben desde el mar a la montaña por calles empedradas. Las fachadas de adobe encalado brillan bajo el sol de Jalisco, y las rejas y balcones de hierro forjado configuran un estilo colonial costero poco común en México. La torre de la Catedral Nuestra Señora de Guadalupe domina el malecón, decorado con las esculturas contemporáneas de Alejandro Coluga.

Todo es cuestión de entregarse al sol y a la hospitalidad mexicana.

UNA ALDEA DE HUICHOLE

Una de las excursiones más originales de Puerto Vallarta comienza con un corto vuelo en avioneta “Cessna Caravan” a turbohélice. Durante el viaje a baja altura se observa la impenetrable vegetación selvática de la Sierra Madre, y luego se desciende en una aldea de indios huicholes, una de las etnias más antiguas de América. Gracias al aislamiento geográfico, los huicholes pudieron mantener sus costumbres y creencias, a tal punto que nunca fueron evangelizados y mantienen el lenguaje de sus ancestros (se considera que son descendientes directos de los aztecas). La excursión se realiza por Vallarta Adventures los miércoles y viernes, y cuesta $ 195.

 

DATOS UTILES

Líneas aéreas: Vuelos desde Buenos Aires: Mexicana de Aviación, Aeroméxico y LanChile. Alojamiento y comidas: Con una sólida infraestructura turística, Puerto Vallarta cuenta con hoteles en todas las categorías, desde Gran Turismo a posadas, y unos 400 restaurantes con platos típicos y cocina internacional. Informes: site: www.puertovallarta.net. E-mail de consultas en Argentina: puertovallartarep@ciudad.com.ar