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MEXICO
El Valle Histórico

Cinco soles mexicanos

El Teatro Juárez, de Guanajato, construido a todo lujo en la década del treinta. Muestra de la otra prosperidad mexicana.

Querétaro, San Miguel de Allende, Aguascalientes, Zacatecas, Guanajato son los puntos de un collar de viejos pueblos coloniales en el Valle de México. Fueron opulentos en tiempos de las minas de plata y guardan palacios y tesoros históricos.

Por Laura Isola

En la ladera de la Sierra Madre Occidental reposan, antiguas y casi eternas, las ciudades coloniales conocidas como “las ciudades de la plata”: Querétaro, San Miguel de Allende, Guanajuato, Aguascalientes y Zacatecas. En ese orden se van alejando al norte de la ciudad de México para irse acomodando en el hoy llamado Valle de México, otrora Anahuac, centro de la civilización mexicana precolombina.
Una vez que los españoles dieron por terminada la Conquista de Tenochtitlán, mandaron a sus ejércitos y colonizadores a buscar “algo” que justificara semejante viaje y tremenda matanza. Dicho de esta manera suena un tanto simplista, pero cuando dieron con las poderosas minas de plata que en la zona los estaban esperando, seguramente la idea del nuevo continente ganó otro impulso. Si bien los conquistadores habían sido afortunados en la pesquisa y, antes del hallazgo mayor habían encontrado zinc, antimonio, hierro y hasta oro, lo que verdaderamente hizo ricos a los gobernadores españoles y a la corona fueron las minas de este mineral que durante siglos proveyeron lujosamente a un lado y otro del Atlántico. Tal vez resulte exagerado enunciar que si uno no conoce esta zona, realmente no conoce México. Sin embargo, para mitigar esta frase grandilocuente y volverla creíble, lo mejor es dar argumentos. Aquí van, por lo menos, cinco.

QUERETARO Tomando el Distrito Federal como punto de referencia, la primera localidad está a apenas tres horas de tren (salen 7 AM y llegan a las 10). Otra opción son los micros que salen desde la terminal Norte cada 10 minutos, las 24 horas. Es un paseo que se puede pensar como una salida por un día y contrarrestar el vértigo de la capital mexicana, pero también es el primer punto para hilvanar un recorrido por el fantástico valle.
Es indudable que la historia de la conquista fue importante en la zona, pero no menos importante fue la de la Independencia y el futuro libre del país. Aquí comenzó la lucha por la Independencia en 1810, cuando Miguel Hidalgo recibió el mensaje de La Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez, que lo alertaba de que la conspiración había sido descubierta por los españoles. También en Querétaro el valiente Hidalgo selló el acuerdo de paz luego de la guerra y posteriormente el emperador Maximiliano fue ejecutado en 1866. Finalmente, la ciudad fue el lugar elegido para borronear y pasar en limpio la Constitución de 1916. Cada parte de esta historia tiene su lugar de visita: La Casa de La Corregidora, Cerro de las Campanas, Plaza de la Constitución, Plaza Obregón y el Museo Regional.

Uno de los famosos patios solariegos de Querétaro.

SAN MIGUEL DE ALLENDE Entre Querétaro y Guanajuato se emplaza este delicioso pueblo declarado monumento nacional. Nada mejor que caminar y caminar sus calles zigzagueantes para descubrir que todo es extremadamente bello. Fundado en 1542, su arquitectura data de esos tiempos y no se ha construido sino imitando el estilo. Es más, tanto hoteles, bares y tiendas han sido montados en las viejas mansiones de la buena época de la plata.
Además del Museo de la Casa de Allende, lugar de nacimiento de Ignacio Allende, otro de los líderes de la Independencia y Centro Cultural Ignacio Ramírez, está La Parroquia. Una rareza del siglo XIX, que combina el estilo gótico con la piedra local y da como resultado una iglesia digna de visitarse. Como si la misma ciudad lo propiciara, San Miguel de Allende es famosa por sus escuelas de arte y de enseñanza del español. En su mayoría norteamericanos vienen a tomar las clases que se ofrecen en numerosas y bien organizadas instituciones.

GUANAJUATO Aunque son sólo noventa minutos de micro los que separan a la pequeña y soñada San Miguel de Allende de Guanajuato, la ciudad tiene un inexplicable aire de aislamiento. Será por sus callecitas angostas y el original sistema de túneles que permitieron ganarles la batalla a las inundaciones provocadas por el río de su mismo nombre. Colina de sapos, quiere decir Guanajuato en su verdadera grafía tarascana (guanaxuato) y durante tres siglos fue la tercera productora de plata del mundo. Una suerte de silver-rush fue su pasado y como consecuencia están las imponentes mansiones y elaboradas iglesias. Además es el lugar de nacimiento de Diego Rivera, uno de los tres grandes del muralismo mexicano y se puede visitar su casa-museo en la calle Pocitos. En la lucha por la Independencia, Guanajuato también tiene su sitio. Subiendo al punto más alto de la ciudad está el monumento a José de los Reyes Martínez, más conocido como El Pípila. Fue este corajudo minero el que, bajo las órdenes de Miguel Hidalgo, incendió la Alhóndiga de las Granaditas, granero donde se escondían los realistas. En su estatua vigilante se puede leer la siguiente proclama: “Aún hay otras alhóndigas por incendiar”, casi como una advertencia para las futuras generaciones. Por último, el porfiriato brilla en el Teatro Juárez, construido en 1930, que exhibe la contradictoria opulencia de una época en sus bronces, frescos y lámparas.

AGUASCALIENTES Obviamente, con este nombre es fácil adivinar que en este pueblo hay aguas termales y por lo tanto disfrutarlas es una buena opción antes de emprender camino a Zacatecas, el último punto del itinerario. La ciudad fue fundada en 1575 para servir de lugar de protección y descanso para los viajeros de la ruta de la plata, entre México y Zacatecas. También fue el centro de cultivos y aprovisionamiento de la región. Esta posición dentro del esquema de la Conquista y la fiebre de la plata no desfavoreció el decorado y la ornamentación de la ciudad y el Palacio de Estado es un buen ejemplo de ello.

ZACATECAS Es el punto más alto de la región, con 2700 metros sobre el nivel del mar. Una ciudad que se hizo muy rica a partir de la explotación de las minas de plata, y conserva gran parte de esos buenos tiempos. Para visitas están la Plaza de Armas, el Teatro Calderón, el Templo de San Agustín y la fachada churrigueresca de la catedral, entre otras. Fuera de la ciudad se puede recorrer la mina El Edén, abierta en 1586, para conocer en sus excavaciones una de las historias de explotación más alucinantes del pueblo indígena y saber que su nombre fue, efectivamente, puesto por los españoles.
Por último, el fin del viaje se cierra con una cita de Octavio Paz, tomada a modo de recomendación de “viajero experto” por los avatares de la identidad mexicana: “En nuestro territorio, más fuerte que las pirámides y los sacrificios, que las iglesias, los motines y los cantos populares, vuelve a imperar el silencio, anterior a la Historia”.

DATOS UTILES

- Además de los viajes en ómnibus (terminal norte del Distrito Federal, empresa Flecha Amarilla) y trenes indicados, todas las ciudades tienen aeropuerto con vuelos regulares por AeroMéxico.
- En cada localidad se podrá encontrar hospedaje para cada presupuesto, siendo el más bajo de menos de $20 hasta habitaciones dobles por $150.
- Una comida para dos personas cuesta aproximadamente $15 y conviene disfrutar de los típicos platos mexicanos.
- Para informes por Internet www.visitemexico.com.mx