Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH LAS12

YEMEN
Un viaje a Medio Oriente

Los rascacielos de adobe del desierto de piedra de Shibam.

El desierto de la reina de Saba


Al sur de Arabia Saudita, en la costa del bíblico Mar Rojo, Yemen sigue siendo un país al margen de la globalización, con una arquitectura única en el mundo. Ciudades históricas detenidas en la Edad Media, laberínticos mercados de especias, camellos y modernas 4x4, y legendarios rascacielos de adobe en el desierto.

Por Julian Varsavsky

Al retirar las valijas y salir al hall del aeropuerto de Sanaa, capital de Yemen, una decisión terminante se acantona en el cerebro: “Yo me vuelvo”. Al frente de una pequeña multitud donde todos hablan a los gritos (por costumbre) espera un grupo de hombres con pañuelo a cuadros en la cabeza, vistiendo una túnica blanca que lleva encima un saco “sport” de corte occidental. Calzan sandalias como las de los antiguos romanos y portan soberbios cinturones de cuero con incrustaciones de plata, de los cuales cuelga enfundada una temible daga curva. Uno podría pensar que un clan de beduinos nos espera para degollarnos, pero en Yemen –como en la Argentina o en la China– lo que se ve a simple vista es a veces la contracara de la realidad.
En realidad, son guías que esperan en el aeropuerto a los grupos de viajeros que llegan en su mayoría mediante paquetes turísticos previamente contratados e intentan apaciguar los temores aclarando que no hay peligro. Un taxi medio destartalado no atenúa demasiado el shock inicial, acentuado por la oscuridad de la noche. Pero, justamente, dentro del vehículo la imagen inicial de Yemen comienza a disiparse. El taxista yemenita ofrece unas sinceras palabras de bienvenida que balbucea en un inglés elemental mientras se recorren oscuras calles, algunas de tierra y la mayoría asfaltadas, entre antiquísimas construcciones. Al llegar al hotel, el panorama termina de aclararse cuando le explican al viajero que los puñales son reliquias heredadas de los antepasados, y que la ley prohíbe terminantemente desenfundarlos bajo cualquier circunstancia (y aquí la ley se cumple, o al menos ésta). En los hechos, las calles de Yemen, un país prácticamente al margen de la globalización, son mucho más seguras que las de Buenos Aires o Nueva York.
Sanaa fue la antigua capital de Yemen del Norte, hasta la unificación nacional en 1984. Tiene su sector “moderno”, pero carece de autopistas o de una “city” con edificios espejados (hay sólo uno, perteneciente a la línea aérea nacional); los verdaderos rascacielos que hay en este país son de barro.
Ingresar en el casco antiguo de Sanaa, semiamurallado, es sumergirse en un cuento de Las mil y una noches (fue justamente en Yemen donde Pier Paolo Pasolini filmó su famosa película inspirada en los legendarios relatos). Al trasponer el gran arco de Bab Al Yemen, la Edad Media cobra vida entre casas color ocre, construidas con ladrillos y adobe (la antigüedad de los cimientos de algunas ronda los mil años). Las ventanas tienen forma de arco islámico, decoradas con una moldura blanca que luce diseños geométricos (muchas poseen como agregado superior un colorido vitral con forma de arco de medio punto). Algunas tienen hasta ocho pisos; los primeros son de piedra, y los tres siguientes de adobe. La planta baja se usa como almacén, y los dos o tres pisos siguientes están destinados al entretenimiento. Uno de los pisos es para la mujer y los niños, y el último es dominio del hombre; una espaciosa habitación desde donde se tiene un amplio panorama de los alrededores de la casa.
En Sanaa hay más de 50 mezquitas que erizan de minaretes el horizonte. La más importante es la Gran Mezquita, mandada a construir por el mismo Mahoma en el siglo VIII de la Hégira.

El gran bazar El zoco (mercado árabe) del casco antiguo de Sanaa es el centro de atracción de este laberinto de callejuelas peatonales. Durante el día está poblado por una muchedumbre que transita por calles muy angostas que no permiten el tráfico de vehículos (suelen verse burros cargados con bolsas, algunas bicicletas y, cada tanto, un reluciente Mercedes-Benz avanzando a paso de tortuga). No se trata de un zoco ruidoso y lleno de tensión como los de Marruecos; los vendedores están muy tranquilos en sus puestos, mascando qat (una hoja similar a la coca), y no acosan al comprador, como a veces ocurre en esta parte del mundo.
En el zoco se puede descubrir con los ojos cerrados el sector que se está recorriendo. Al pasar por el mercado de las especias flotan losaromas del azafrán, la menta, y el café moka, cuyo sabor es para muchos el mejor del mundo. Los productos están acumulados en centenares de bolsas de arpillera abiertas, colocadas en el piso, similares a las que cargaban los camellos de la legendaria Ruta de las Especias.
Un repetitivo golpeteo anticipa que el mercado de la madera está cerca. Allí los fabricantes de ventanas hacen su trabajo totalmente a mano, con martillo y cincel, e incluso se ve a los herreros calentar el hierro en el fuego para moldearlo a martillazos. Más adelante están el mercado del qat y el de piezas de plata (pulseras, anillos y grandes medallones islámicos). En el zoco de Sanaa se venden desde dientes postizos hasta deslumbrantes dagas artesanales (mediante un arduo regateo se puede comprar una buena por diez dólares).
Aproximadamente el 20 por ciento de las mujeres están cubiertas de los pies a la cabeza, con oscuras túnicas y un velo que oculta la totalidad del rostro. Un 40 por ciento viste igual, pero dejando ver los ojos (el chador les cubre la frente y la nariz), y el otro 40 por ciento lleva el rostro descubierto (generalmente son mujeres mayores).
Un árido camino de montañas a través del Valle de Wadi Dhahr, que se encuentra a 14 kilómetros de Sanaa, conduce al Palacio de Dar Al-Hajar, construido en lo alto de una gran roca de 20 metros de altura. Data de 1786, y hasta hace pocos lustros era la residencia de verano de los imanes que gobernaban el país (hoy en día se visitan sus lujosos salones).

El interior Luego de 5 días en Sanaa, el itinerario continúa por tierra hacia la ciudad de Hodeidah, en la costa del Mar Rojo. Es un tour clásico que dura aproximadamente 11 días durante los cuales se visitan las playas vírgenes de Khoka, el mercado de pescados de Hodeidah y la ciudad de Zabid, que alberga los restos de piedra y adobe de una de las universidades más antiguas del mundo; allí se habría inventado el álgebra. La gira también comprende la visita a la ciudad de Taiz, rodeada de montañas donde se erigen palacios de ensueño, cuya imagen urbana es un poco más moderna en relación con el resto del país. Aquí, la discreción en la vestimenta femenina no es tan estricta, y los hombres suelen usar largas polleras bordadas con colores vivos.

Antiguas casas de adobe de varios pisos trepan una colina en At-Tawila.

Rascacielos de barro De regreso a Sanaa, sólo resta visitar Shibam, la excursión más sorprendente de este viaje. Se puede elegir entre volar hasta allí (volviendo también en avión), o realizar alguno de los dos tramos por tierra (la opción más recomendable). La primera noche se duerme en la antiquísima ciudad de Marib –a las puertas del desierto–, rodeada de ruinas arqueológicas de la época de la reina de Saba. La expedición de un día completo hacia los rascacielos parte por el desierto en vehículo 4x4 (los caminos son asfaltados). Un beduino armado (esta vez con arma de fuego, un rifle) hace las veces de acompañante para agilizar el paso ante los puestos policiales. El desierto de Hadhramout no es de arena sino de un relieve pedregoso que alterna llanuras y montañas. Prácticamente no se ve gente en todo el trayecto, salvo los habitantes de pequeños caseríos cercanos a algún oasis.
Luego de ocho horas de viaje se arriba a Shibam. De lejos, los legendarios edificios de adobe parecen una fortaleza amurallada sobre una colina. Hay alrededor de 500 de estos centenarios edificios de ocho pisos, amontonados a tal punto que semejan una compacta mole individual. De hecho, los pocos habitantes que aún viven en ellos suelen pasar de un edificio a otro por la terraza para ahorrar tiempo y esfuerzo. Las ventanas de estos rascacielos no tienen vidrios (las tapan unas cortinas exteriores de bambú). Al amanecer, las fachadas toman un tinte amarillento, mientras que el sol oblicuo del atardecer los vuelve anaranjados.
A los ojos de un occidental, Yemen es un mundo laberíntico regido por una lógica incomprensible y sorprendente. Para los yemenitas, éste es eluniverso irrefutable al que fueron destinados, donde el futuro –tan irrevocable como el pasado– ya ha sido prefijado por Alá.

Datos útiles

Cómo llegar: la agencia de viajes Arab Tour ofrece un paquete de 11 días recorriendo todo el país, con todo incluido, por $ 2200. El viaje a Yemen suele combinarse con algún otro país como Dubai (un emirato petrolero con modernísimos edificios y el hotel más caro del mundo), u Omán (el precio ronda los 4100 dólares en total). Dirección: calle Florida 556, piso 2 - Of. 201 - Tel.: 4322-0017/4059.
Sitio Web: www.arabtour.com.ar e-mail: info@arabtour.com.ar
Vestimenta: en Yemen nadie molesta al turista por su vestimenta. Por respeto a las costumbres locales, es conveniente que las mujeres vistan ropa poco ajustada, cubran sus piernas y eviten usar musculosas o escotes.