Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH LAS12

CHINA
Crónica de viaje a una ciudad de provincia

Budas en la roca

El crujiente monasterio de madera engarzado en las laderas de piedra.

La ciudad de Datong, ubicada en la provincia de Shanxi, a doce horas de tren desde Pekín, es el punto de partida de una excursión al asombroso Monasterio Colgante de Huayan y a las Grutas de Yungang, donde están los colosales Budas tallados en la roca hace 1500 años, similares a los que destruyeron recientemente los talibanes en Afganistán.

Texto y fotos:
Julián Varsavsky

En la noche, los laberintos de la gigantesca estación de trenes de Pekín son un desafío para el sentido de la orientación. No es nada fácil encontrar el tren que parte hacia Datong, pero a fuerza de señas y buena voluntad, ningún obstáculo es definitivo para un turista solitario en China.
El vagón con literas para cuatro personas es limpio y confortable y soy el único extranjero. Los otros lugares los ocupan una mujer con su pequeño hijo y dos hombres, quienes me miran con la misma curiosidad con que se observa un especimen exótico y comienzan a hablarme con un tono amigable. Por supuesto, hablaban en chino, así que después de un largo rato de escucharlos sin entender absolutamente nada, me di media vuelta y me recosté a dormir, lo cual desató las risas y carcajadas de los pasajeros.
Me despertó la campana del tren al arribar a Datong cuando estaba amaneciendo. Al llegar a una ciudad china, luego de instalarse en el hotel, el primer paso es alquilar una bicicleta y dedicarse a explorar cada barrio. Datong es una típica ciudad del interior, con un millón de habitantes, ventosa y polvorienta, y con pocas edificaciones elevadas. Millares de ciclistas recorren las calles y, cuando se cruzan con un extranjero en bicicleta, lanzan ruidosas exclamaciones de alegría.

El Monasterio Colgante Una combi nos conduce hacia las afueras de la ciudad en busca del legendario Monasterio de Huayan. Una caravana de peregrinos se dirige hacia allí debido a una celebración religiosa. Tras una curva aparece en la montaña, enclavado sobre una escarpada pared, el Monasterio Colgante, con sus pabellones de tres pisos con techos chinos. Al pie de la montaña se despliega una feria artesanal donde se venden perfumeros de madera labrada, alhajeros de metal con el perfil de una máscara china, dragoncitos de bronce, colgantes tibetanos en forma de mandala y Budas de piedra (los precios rara vez superan los cinco dólares).
Se asciende por unas escaleras talladas en la roca. Al llegar al monasterio se descubre que el edificio cruje con el viento, e incluso vibra con llamativa intensidad. Las vigas de madera están encajadas dentro de las paredes de piedra y cuesta entender que el monasterio permanezca allí, incólume, desde hace ya más de 860 años (el edificio original data del siglo XI y fue reconstruido en 1140). Las rojas paredes, el piso, las empinadas escaleras internas; todo está hecho de resistente madera. Asomarse sobre la baranda de los balconcitos que dan al precipicio -donde cuelgan largos estandartes blancos– es una experiencia no apta para quienes sufren de vértigo.
En los salones se descubren oscuros altares rojos con decenas de imágenes de Buda inmersas en una nube de incienso, con penetrante fragancia. Las ráfagas de viento son cada vez más violentas y el piso tiembla bajo nuestros pies. El sentido común sugiere la retirada, antes de que ocurra una tragedia postergada desde hace nueve siglos.

Farolitos y artesonado chino del Monasterio de Huayan.

Las Grutas de Yungang Finalmente alcanzamos el leit motiv de esta excursión. A la derecha de la ruta –al pie de la colina de Wuzhou– se divisa una serie de 53 grandes grutas que albergan a más de 51.000 Budas tallados en piedra, a lo largo de un kilómetro. Al recorrer a pie las grutas (el frente y su interior), descubrimos que el mayor Buda es un verdadero coloso de 17 metros de altura, mientras que los más pequeños apenas alcanzan los 15 centímetros y están instalados en millares de nichos que recubren techos y paredes de algunas grutas. Las estatuas datan de la dinastía Wei (siglo V) y desde hace 1500 años son un centro de peregrinación budista y aprendizaje de las etapas de la vida del “Iluminado” en su camino al nirvana.
Lyn, una amigable taiwanesa con la piel inusualmente oscura y sonrisa caribeña, entabla amistad en apenas media hora con todos los ocupantes de la combi que nos lleva a hacer las excursiones. Hace seis meses que estápaseando por Asia con su mochila y su compañía resulta de gran utilidad a la hora de oficiar de traductora. La excursión incluye un elegante almuerzo típico donde nueve personas nos sentamos alrededor de una mesa redonda que gira sobre su eje. Una veintena de platos con carne, diminutos choclos de 5 centímetros, langostinos, arroz y pato laqueado, va desfilando frente a nosotros, mientras debemos ingeniárnoslas para comer con palitos. Después de ese abundante almuerzo, el viaje siguió sin sobresaltos hasta que en el camino de regreso Lyn comentó, al pasar, que habíamos comido rata. Todos pensamos que se trataba de una broma, pero la insistencia de la muchacha nos hizo caer en un profundo estupor que se atenuó en parte cuando Lyn explicó que eran ratas “especiales”, nacidas en criaderos bajo exhaustivas medidas de higiene. Al fin y al cabo, hay que reconocerlo: las tiernas rodajas de rata con salsa agridulce –que todos saboreamos como si se tratara de peceto– eran un verdadero manjar.

Datos útiles

La excursión completa a Datong (con traslados y alojamiento) se contrata en las oficinas de CITS (China Travel Service), ubicada en la avenida Fuxingmennei 103 (Pekín). Tel.: 86-10-66011122 e-mail: webmaster@cits.net Sitio web: www.cits.net. El tren parte en la noche desde la estación de Pekín, se duerme en el vehículo y se pasa otra noche en un hotel de Datong, para volver al día siguiente. El precio total ronda los $ 200.
Para entrar a China se requiere visa, la cual se tramita en la embajada. Dirección: Crisólogo Larralde 5349, Capital Federal, Tel.: 4541-5085.

La sonrisa esculpida en la piedra de uno de los 51.000 Budas de las Grutas de Yungang.

El hombre de oro

El budismo fue introducido en China desde la India durante la Dinastía Han (siglo II). A largo de los siglos gozó del favor real, aunque por momentos fue duramente perseguido. En el año 65 d. C. el emperador Ming soñó con un hombre de oro cuyo cuerpo emitía un resplandor luminoso y parecía flotar entre las nubes. Sus ministros le aseguraron que se trataba de Buda, razón por la cual envió una delegación a la India con la misión de adquirir las enseñanzas del budismo. Cuarenta y dos capítulos de las Sagradas Escrituras y un retrato de Buda hicieron su entrada en el palacio imperial a lomo de un caballo blanco un año después. Un grupo de monjes custodió el precioso cargamento y, a su llegada, se instalaron en el palacio para emprender la tarea de traducir los textos al chino. En honor a estos monjes se fundó el Monasterio del Caballo Blanco, primer templo budista de China.
La milenaria tradición filosófica china introdujo modificaciones conceptuales que permiten hablar de la existencia de un “budismo chino”. Durante el reinado del emperador Fei (años 240 a 253 d. C.), la fe se propagó por toda China y varios emperadores se hicieron monjes. Sin embargo, los celos de algunos taoístas y de ciertos príncipes dieron lugar a las primeras persecuciones. La primera fue bajo el reinado del emperador Tai-Wu (424-451) quien publicó un decreto ordenando que las imágenes de todos “los dioses extranjeros” fueran destruidas. Cualquiera que osara adorar a estos dioses sería condenado a muerte junto con toda su familia. Igualmente debían ser quemados todos los textos budistas. Unos 50 años más tarde, al ser levantada la prohibición, los monjes budistas –que continuaron sus actividades en secreto– reaparecieron de un día para el otro. Un testimonio de la época refleja el acontecimiento: “una tercera parte de las viviendas particulares fueron convertidas en templos y no hubo calle que no tuviera el suyo. Los cantos sánscritos se escuchaban por doquier y los altares con la imagen sagrada estaban rodeados de olores de comidas e inciensos”. El número de monjes llegó a los dos millones y existían unos 30.000 templos.
Bajo el reinado de los Song (siglos X a XII), el budismo se mezcla con el taoísmo y la doctrina de Confucio. Con el transcurso de los siglos, el fervor budista empezó a decaer lentamente y ya nunca llegó a tener la influencia masiva de otras épocas. En los tiempos de Mao, muchos monasterios fueron convertidos en fábricas o cerrados. En las últimas dos décadas se reabrieron numerosos templos, pero el ya históricamente decaído budismo chino estaba reducido a su mínima expresión. En la actualidad posee un minoritario número de adeptos.