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EE.UU.
En la Florida, el parque Busch Gardens Tampa Bay

La diversión asegurada

Distintos niveles de adrenalina en todas las variantes de montaña rusa.

Un parque de atracciones donde se puede recorrer el continente africano sin necesidad de correr riesgo alguno; donde se fotografían animales desde telesillas y el mundo puede darse vuelta, aunque sea desde una montaña rusa. Se trata del Busch Gardens ubicado en Tampa Bay, que pertenece a los creadores de la cerveza Budweiser, y que acaba de inaugurar una nueva atracción: el Rhino Rally.

Por Mariano Blejman

Un grupo de norteamericanos hace la cola, sin quejarse. Una mujer blanca con unos cuantos kilos de más come unas patatas fritas, mientras comenta con sus hijos lo wonderful de la tarde que están pasando. Detrás de ella, se elevan, en conjunto, una serie de montañas rusas de alto riesgo muy seguro. En la fila, más adelante, dos chicas negras de cuidadas trencitas, como sólo los negros pueden tener, se divierten observando la llegada de las Land Rover, recién estrenadas por el parque. Kate y Lili, dos blancas y no tan esbeltas figuras, están listas para subir, luego de media hora de cola. El destino es el “Rhino Rally”, el último de los atractivos inaugurados por el parque Busch Gardens, en Tampa, en el estado de Florida, dentro del gran país del norte.
Curioso. Toneladas y toneladas de comida descartable no dejan un solo papel en el piso. Cientos y cientos de personas en movimiento no provocan un solo herido. Miles y miles de paseantes no reparan en gastos a la hora de invertir en su diversión. Una empresa, Busch –la creadora de la cerveza Budweiser, entre otras empresas de facturación voluminosa–, tiene un parque de diversiones donde la gente consume con alegría los productos que ella misma produce, aunque la intención real de la empresa no es ganar dinero, que lo hace, sino mejorar su imagen pública. No hay Coca-Cola en el jardín.
Pepsi sí.
El nuevo atractivo nació con la idea de unir confortablemente la posibilidad de observar a los animales en el escenario más parecido posible –olores incluso– al continente africano, con la seguridad que, dicen, Africa no ofrece. Y en cierto modo, en una excursión de ocho minutos el objetivo es logrado ampliamente, incluso con una cuota de peligrosidad: cocodrilos al alcance de la mano, senderos luminosos, cascadas que irrumpen la armonía y hasta un paseo por el río subidos en la Land Rover. Para hacer este parque han gastado algo más de 30 millones de dólares.
Pero no sólo de animales y rinocerontes vive el Busch Gardens. Desde que fue inaugurado en marzo de 1959, ha sido pionero en la conservación y preservación de la naturaleza. Decenas de especies exóticas en peligro de extinción se conservan hoy en el parque, que siempre ha mantenido una orientación educativa. Es la mejor oportunidad para el americano medio de ver un poco de Sudáfrica cada fin de semana.

Un escenario africano en el sur de La Florida.

Vértigo americano Lili and Kate toman un helado que por arriba ha sido rociado con un montón de elementos comestibles de dudosa traducción al español. “Oh!, wonderful isnt’it?”, le dice Kate a Lili, que también se devora otro ice-cream. Antes de subirse a la telesilla en la Skyride Station, preparan su cámara de fotos y pasan por encima del Costado de Africa, donde se pueden ver, desde el aire y saboreando un rico helado, antílopes, jirafas, flamencos, leones, elefantes, hipopótamos, rinocerontes y los muy conocidos impalas. Mundo globalizado. En Sudáfrica, los impalas –especie de ciervos– son denominados irónicamente por los pobladores como los animales “McDonald”, por la especie de M que forma su cola y porque son tantos que se los puede encontrar en cada esquina de los parques nacionales. En Busch Gardens, el chiste pierde todo sentido.
Largos caminos de agua hacia la diversión.Lo que no se pierde es la disposición de las montañas rusas por todo el parque. Lili and Kate han elegido seguir algo así como un orden de shock emocional en ascenso. La primera, la iniciática, es el “Python”, una pequeña montaña con un par de rulos, emoción que puede ser mejorada si se sube a “Scorpion”, cerquita del Oasis Juice Bar.
“I really like it”, dice otra vez Lili cuando desciende del “Python”.
Pero si de emociones fuertes se trata, hay tres montañas rusas que merecen la visita: una es “Kumba”, ubicada en el extremo izquierdo del parque, un cúmulo de paseos que dura aproximadamente un minuto y medio, aunque sobre los carros se hace eterno. El otro es “Gwazi”, que tiene una construcción de madera, y sus crujidos se escuchan en cada vuelta, como sifuera a romperse. Lili, que vive en la ciudad de Tampa, centro financiero del oeste de Florida, ha decidido no subir a “Gwazi” porque le da miedo. Pero Kate sí sube. Y vuelve dos minutos después con un wonderful de oreja a oreja, y cuenta cómo casi choca con otro carro que venía frente a ella... por otro carril.
“Now is time to the biggest”, dice Kate emocionada y anuncia que es tiempo de ir a la más grande. The biggest, para Kate, es la atracción más grande y se llama “Montu”. Como si se tratara de un tren japonés, los carros de esta montaña están sujetados por arriba y dan vueltas a una velocidad que, si se soltara, la inercia no podría detener cuerpo alguno. Pero esa opción es impensable, y en eso ha pensado Lili ahora, que decide hacerle caso a su amiga y se sube a “Montu”.
La secuencia de imágenes que les suceden a Lili y a Kate, sentadas en “Montu”, es más o menos así: primero se ve la tierra, después los árboles. Otra vez tierra, y ahora cielo y más cielo. Luego casi contra el piso, justo por un cañón, pero ahora se ve aire por unos cuantos, infinitamente grandiosos segundos. Se detiene y vuelve a arrancar con un par de combinaciones aire-tierra hasta que el recorrido termina. El cuerpo –a pesar de haberse detenido el carrito– sigue dando vueltas.
El día ha terminado para Lili y Kate.
“Tomorrow to Adventure Island”, le pide Lili a Kate. Lili quiere ir mañana al parque de enfrente, también perteneciente a la empresa Busch. Es que allí, frente al Busch Gardens, estarán John y Dany, sus boyfriends, disfrutando de los juegos de agua para todas las edades, con ríos, cascadas y toboganes también muy seguros, pero riesgosos.
Es extraño, pero el mundo puede darse vuelta desde una montaña rusa. Como sea, la diversión está asegurada en Busch Gardens, en el más amplio sentido de la palabra. La adrenalina todavía no se encuentra en los gifts shops, pero todo es cuestión de buscarle la vuelta.

Datos útiles

Sitios de Internet. Tampa Bay: www.visittampabay.com Busch Gardens: www.buschgardens.com o www.rhinorally.com. Tel: 0011-813987-5090 / Fax: 5443.

Diversión acuática entre ríos y cascadas.

Datos útiles

La excursión completa a Datong (con traslados y alojamiento) se contrata en las oficinas de CITS (China Travel Service), ubicada en la avenida Fuxingmennei 103 (Pekín). Tel.: 86-10-66011122 e-mail: webmaster@cits.net Sitio web: www.cits.net. El tren parte en la noche desde la estación de Pekín, se duerme en el vehículo y se pasa otra noche en un hotel de Datong, para volver al día siguiente. El precio total ronda los $ 200.
Para entrar a China se requiere visa, la cual se tramita en la embajada. Dirección: Crisólogo Larralde 5349, Capital Federal, Tel.: 4541-5085.