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AUSTRALIA
Desiertos rojos, selvas y pantanos tropicales

El gran norte

El Territorio del Norte australiano es una enorme extensión que va desde el desierto rojo central hasta las selvas tropicales del extremo septentrional. Un lugar sorprendente, la verdadera tierra de los aborígenes, un reino natural intacto.

Por Graciela Cutuli

Hay lugares, como Adelaida, donde Australia parece un retazo de la vieja Inglaterra. Otros, como el extremo oeste, que parecen salidos de una película del Far West. Algunas ciudades –Melbourne, Sydney– pueden disputarle el liderazgo de cosmopolitismo a la mismísima Nueva York. Y entre todos ellos, un territorio más grande que el estado norteamericano de Texas, donde viven apenas 200.000 personas, parece ser la verdadera esencia de esta isla gigantesca que exportó a todo el mundo la fama de los canguros, los arrecifes de coral y el boomerang. Es el Territorio del Norte, que va desde el centro geográfico australiano, allí donde se levanta el misterioso monolito de Uluru, hasta los pantanos tropicales del norte que inspiraron a Cocodrilo Dundee.

El Top End Pantanos y selvas exuberantes, lindantes con el Mar de Timor, son el paisaje que rodea a Darwin, la gran capital tropical de Australia y del Top End, como llaman los australianos al “norte del norte”. Sorprende, entonces, encontrarse con una ciudad de nivel internacional, conocida por sus museos y por su generosa vida nocturna. Su nombre fue elegido por John Lort Stokes en 1839 como homenaje al naturalista Charles Darwin, pero no fue realmente habitada hasta 1869, cuando se estableció un primer asentamiento llamado Palmerston (una ciudad vecina, fundada en 1980, lleva hoy ese nombre).
Un año más tarde, en 1870, la primitiva ciudad quedaría conectada con Gran Bretaña y el resto del mundo gracias a un cable telegráfico submarino. A medida que fue creciendo la industria del ganado, y en buena parte gracias al descubrimiento de oro un poco más al sur, Darwin fue ganando importancia. Y aunque sobrevivió a las bombas japonesas de la Segunda Guerra Mundial –para bien o para mal, es la ciudad australiana más cercana a Asia, una característica que se advierte fácilmente en la composición de la población–, en 1974 no resistió los embates del ciclón “Tracy”. El resultado fue que Darwin terminó convirtiéndose en la más moderna de las ciudades de Australia, el modelo ideal de una capital tropical: calles anchas y arboladas, espaciosos edificios públicos y grandes áreas verdes.
A sólo 257 kilómetros, el Parque Nacional Kakadu es famoso por la riqueza natural que encierran sus 19.000 kilómetros cuadrados: 275 variedades de aves, 75 especies de reptiles, 25 tipos de ranas, 10.000 clases de insectos y al menos 1600 especies de plantas distintas, más de un tercio de toda la vida vegetal del Top End. Grandes huecos en la roca han dado origen a espectaculares cataratas, y en muchos acantilados se encuentran algunas de las “galerías de arte” aborigen más antiguas de Australia. Aquí todavía se practica el arte de la pintura en madera propio de las poblaciones nativas, que casi ha desaparecido en el resto de la isla: sea en la roca, sea en la madera, es un arte distintivo por los motivos religiosos, el uso del ocre y los inconfundibles diseños geométricos y de puntos. Todas estas manifestaciones religiosas tienen un hilo conductor común: el “Dreaming”, un concepto vinculado con las actividades de los seres ancestrales y los mitos religiosos desarrollados en un tiempo virtualmente eterno.

Alice Springs En el otro extremo del Territorio del Norte, en el corazón de Australia, Alice Springs es como un oasis en medio del desierto. Es sin duda una ciudad curiosa, cuyos 25.000 habitantes son ampliamente superados cada año por los miles de turistas que parten de aquí rumbo a Uluru (Ayers Rock), el misterioso monolito de sólida roca roja que se ha convertido en gran símbolo del desierto australiano. Lo que originalmente fue una simple estación repetidora de telégrafo creada para funcionar como vínculo entre Adelaida, en el extremo sur, y Darwin, en el extremo norte, se convirtió en una colorida ciudad de frontera conectada con el resto de Australia gracias a caravanas de camellos. Todavía hoy existen en Alice Springs granjas que crían camellos, y también algunos ejemplares salvajes pueden avistarse bien temprano desde las ventanillas del Ghan, el mítico tren que reemplazó a las caravanas y que une en una noche Adelaida y Alice Springs (está prevista, además, su extensión a Darwin en un futuro próximo).
Aquí tienen su sede dos instituciones nacidas de la gran extensión australiana, y reveladoras de los resultados que se consiguen con planificación y voluntad. Son la “School of the Air”, un sistema escolar vía radio que abarca 1,3 millón de kilómetros cuadrados y permite que los niños de las regiones más apartadas del país puedan cursar todos los grados de la primaria sin separarse de sus familias, recibiendo equipamiento técnico estatal y un programa de apoyo continuo, y los “Royal Flying Doctors”, un servicio de asistencia médica que se desplaza en avión o helicóptero hacia los lugares más recónditos, y que se pone a disposición de los australianos o los turistas que sufran algún problema estando en lo más lejano del “outback”.
Desde Alice Springs, los atractivos naturales para visitar en esta porción del Territorio del Norte parecen no tener fin. Uno de ellos es el Ruby Gap Nature Park, cuyas impresionantes flores rojas crearon una curiosa confusión a mediados del siglo XIX: en plena fiebre del oro y las minas, alguien creyó haber encontrado un yacimiento de rubíes desperdigados entre las rocas. Doscientos optimistas mineros acudieron en masa, esperando hacer fortuna: pero no había un solo rubí, sino las espléndidas flores del desierto.

Arenas rojas Otro de los lugares que se visitan partiendo de Alice Springs es Kata Tjuta (The Olgas), cerca también de Uluru, un conjunto de erosionadas salientes rocosas que llegan en algunos casos a los 500 metros de altura. Sería difícil contar cuántos otros cañones, gargantas y parajes exóticos se encuentran en esta región de Australia, pero hay uno particularmente sorprendente que puede ser el broche de oro a la recorrida por esta región: es el Simpson Desert, que cubre una vasta zona desde el sudeste del Territorio del Norte hasta el sudoeste de Queensland. Explorado por primera vez por la expedición de Charles Sturt en 1845, este desierto al que se accede por caminos sin pavimentar es una vasta extensión de arenas intensamente rojas, un gran Sahara que parece teñido por la persistencia del sol y moldeado en capas movedizas por un viento cálido y suave. Para los propios australianos, en general concentrados sobre las cosmopolitas ciudades de la costa, llegar hasta aquí es un auténtico viaje iniciático hacia sus raíces y hacia los secretos de uno de los territorios más vírgenes del mundo.

Frutas y comidas norteñas

Los australianos consideran un honor la riqueza de los alimentos nativos que les brinda su suelo. En los últimos años, creció la tendencia a revalorizar la comida aborigen, un fenómeno que el Territorio del Norte impulsa con fuerza. La características del suelo y del clima hacen que esta región sea ideal para el cultivo de frutas tropicales: por eso, un grupo de agricultores se unieron hace dos décadas para formar Tropiculture Australia, un emprendimiento que importó semillas y se dedicó a sembrar plantas cuyos frutos hoy se comercializan en toda la isla. Se consiguen papayas, manzanas de las Filipinas, higos de Malta, carambola de Malasia, pitaya de Centroamérica, pomelos gigantes, mangos y ananás rojos, entre muchos otros.
Otro emprendimiento famoso es Parap Fine Foods, una compañía fundada por descendientes de griegos que se especializa en productos nativos refinados para consumidores de exclusivo paladar. Sus primeros éxitos fueron la pimienta de Tasmania y el mirto-limón, seguidas por la lechuga hidropónica de Alice Springs y la ciruela de Kakadu, que contiene la mayorconcentración natural existente de vitamina C. Así se fue consolidando un nuevo estilo en el comer, que se complementó a la perfección con iniciativas como los restaurantes Red Ochre, una red que se encuentra en toda Australia y ofrece una cocina basada en productos australianos.