TIERRA
DEL FUEGO
En la ciudad de Ushuaia
Ultima parada
Aunque para
los locales es el “principio del mundo” y para los foráneos el punto
final, lo cierto es que Ushuaia sigue siendo la ciudad más austral del
planeta. En la mitad del otoño, antes de que la nieve cubra de blanco
los rojos y dorados de los bosques, una visita y muchas excursiones
por la tierra fueguina.

Por Soledad
Calomeni
A ellos les
gusta decir que viven en el principio del mundo. Ellos no
son otros que los habitantes de Ushuaia, la ciudad que el resto de los
mortales no duda en ubicar al final del planeta. La única manera
de saldar tamaña discusión es quizás decir que
la capital de Tierra del Fuego queda bien al sur de todo, y advertir
eso sí que desde allí el cielo está
más cerca que nunca.
Ushuaia hubiese sido sólo un despoblado bosque de lengas rodeado
por las últimas colinas de la Cordillera de los Andes si no fuera
porque en 1896, 9 mujeres y 14 hombres con sentencia firme fueron trasladados
a un sitio por entonces inhóspito. Ellos, y los otros presos
que llegaron con el tiempo, levantaron cinco pabellones de piedra que
los separarían del mundo y que luego se llamó la Cárcel
del Fin del Mundo. Al principio eran 23 presos pero, en la década
del 20, llegaron a 600, entre los que se encontraban delincuentes comunes,
anarquistas, estafadores y bandoleros de todo tipo. Todos tienen su
rincón en la memoria de la cárcel.
Afuera, el frío congela la nariz y el viento no para de soplar.
Adentro, no es muy distinto. Basta traspasar el umbral para que un gélido
aire estremezca. La cárcel está helada y se mantiene intacta.
Los presos, por el contrario, ya no están. Las celdas están
empapeladas por recortes periodísticos de los personajes que
allí vivieron y, en algunas hay escalofriantes réplicas
de los presos famosos en tamaño natural. Por supuesto, con estrictas
rayas en sus uniformes. Sin dudas la estrella es el loco asesino Cayetano
Santos Godino, más conocido como El Petiso Orejudo, quien hizo
lo que quiso en la cárcel hasta que los mismos internos lo asesinaron
por haber matado al gato-mascota del lugar. Un crimen imperdonable dentro
de estas fuertes paredes.
Además de su particular situación geográfica, la
cárcel tenía otra característica singular: se trataba
de un presidio con puertas abiertas. Los presos no salían para
pasear libremente sino para trabajar en el crecimiento de Ushuaia. Así
fue como se construyeron edificios públicos y se trazó
la red cloacal.

Un camino
de rieles Un tren de trocha angosta recuerda la época en
que los presos talaban los bosques cercanos para llevar leña,
y así combustible, a la ciudad. También tendieron los
rieles de lo que se conocería luego como el Tren del Fin del
Mundo. Hoy, casi 100 años después, el tren sigue funcionando.
Y subirse a bordo para conocer el camino que hicieron los presos es
uno de los ineludibles paseos fueguinos.
Con su locomotora a vapor echando humo, varios coches calefaccionados,
con convenientes ventanales, pasan por 12 km de puentes entre cascadas
y bosques de lengas. En uno de los tramos se puede ver una recreación
de las chozas que construían los indios onas. El recorrido termina
en el Parque Nacional Lapataia, donde se puede tomar un buen café
para combatir el frío antes de continuar el paseo a pie.
El Parque Nacional de Tierra del Fuego fue el paraíso de las
tribus onas y yámanas. Se trata de un bosque increíblemente
verde, considerando las latitudes en las que se encuentra. Alberga cientos
de especies vegetales y animales, sobre todo aves terrestres y marítimas.
Golondrinas, cauquenes, petreles, gaviotas y tijeretas pueblan el aire
con sus vuelos y trinos, mientras que el zorro colorado, el guanaco
y el castor se refugian en troncos caídos de notros, guindos
y lengas de hojas pequeñas y follaje tupido.
Campos, bosques y nieve A 76 kilómetros de Ushuaia está
la Estancia Harberton, un ejemplo de la voluntad de poblar. Un final
de otoño de 1887, el evangelista misionero Thomas Bridges, su
familia y 50 indígenas mezclaron sus habilidades y se establecieron
a orillas del Canal Beagle, en un lugar que hoy sigue siendo el asentamiento
más austral del país. Sus hijos, y hoy sus nietos, continúan
con la tarea y los visitantes quellegan hasta allí, además
de conversar con ellos, pueden tomar una sabrosa tasa de té con
tortas y dulces inolvidables.
Además de Harberton, otras estancias cercanas a la ciudad ofrecen
cómodo y cálido alojamiento con vista al mar y a los bosques,
comida casera y tranquilidad garantizada en absoluto contacto con la
naturaleza. Se organizan cabalgatas, tal vez la mejor manera de apreciar
el paisaje por senderos que cruzan bosques y colinas.
En invierno, la mejor opción es acercarse hasta alguno de los
centros de esquí fueguinos, como el Valle de los Huskies, el
Valle Tierra Mayor con esquí de fondo o Las Cotorras.
Se alquilan caballos, esquíes, trineos y motos para nieve. Además,
cuentan con refugios de montaña donde el espíritu se mantiene
alto gracias a un sabroso asado de cordero o a tentadoras tortas.

Las riquezas
del mar En todas las zonas costeras lo mejor es probar los frutos
del mar o de los ríos de montaña. Pocos como los fueguinos
conocen la perfecta preparación de la brótola, el besugo,
la merluza negra o las vieyras marinas. Pero el plato especial de la
zona es la delicada y sabrosa carne de centolla, un enorme cangrejo
marino que combina perfectamente bien con diversas salsas y es una delicia.
Los amantes del mar podrán sentir en carne propia el empuje de
las olas del océano austral tal como lo hicieron Magallanes,
Wedell y Fitz Roy, navegando por las aguas del canal en cualquiera de
las excursiones que parten de los embarcaderos de Ushuaia. Algunas se
acercan a la Isla de los Cormoranes, donde es tal la cantidad de aves
anidando que casi no se ve un centímetro de piedra libre. La
Isla de los Lobos es la versión mamífera de lo anterior:
cientos de ellos se levantan sobre una colina rocosa, indiferentes a
las espumosas olas que provoca la embarcación cuando pasa casi
rozando la isla.
Los barcos también llegan hasta el famoso Faro del Fin del Mundo,
todo un símbolo de Ushuaia, la ciudad que sigue siendo la más
austral del planeta aunque, a 3063 kilómetros de Buenos Aires,
parezca el principio de un mundo distinto.

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Datos
útiles
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Cómo
llegar: Hay vuelos todos los días y pasaje cuesta entre
350 y 380 pesos ida y vuelta, con impuestos incluidos.
Dónde alojarse: Hotel del Glaciar (4 estrellas). Habitación
doble con vista al Canal Beagle: $135. Camino del Glaciar Martial
km 3,5. Tel. (02901) 43-0640. Hotel Tolkeyén (3 estrellas).
La habitación single cuesta $ 65 y la doble, $ 75. Del
Tolkeyén 2145. Tel. (09201) 44-5315.
Dónde comer: En Ushuaia existen muchos y buenos
restaurantes para probar platos típico. El más tradicional
es Chez Manú, que está a 7 km de la ciudad, sobre
el Camino del Glaciar. Tel. (09201) 43-2253. En el centro, se
puede ir a Volver y comer con vista al Canal Beagle. Está
en Maipú 37. Tel. (09201) 42-3977. En la cárcel,
está el Restaurant del Presidio, que hasta los mozos tienen
el tradicional uniforme a rayas. Tel. (09201) 436918.
Excursiones: La navegación más tradicional
es la que recorre la Isla de los Cormoranes, de los Lobos y el
Faro del Fin del Mundo. Tiene una duración de dos horas
y media y cuesta $ 34. Salen del Muelle Turístico. Otra
opción es la llamada Circuito Ensenada, que navega el Canal
Beagle y la costa del Parque Nacional. Parte de Bahía Ensenada
y cuesta $ 20.
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