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AUSTRIA
De Viena a Salzburgo

Música, maestro

Quizá sea uno de los pocos países del mundo donde no es exagerado decir que hasta el paisaje se escucha. Viena, la muy musical e histórica capital de Austria, recibe a los visitantes muy despierta y con toda la luz que refleja su pasado imperial. Y entre lagos y montañas, la ciudad de Salzburgo no permite olvidar que allí nació Wolfgang Amadeus Mozart.

Por Jorge Dickerman

Austria debe a su privilegiada situación geográfica en el corazón de Europa no sólo una mezcla asombrosa de muchas culturas sino también su condición de ser uno de los destinos turísticos preferidos de la Europa contemporánea. Alrededor de veinte millones de personas al año visitan este país donde, casi inmediatamente después de llegar, el viajero ya empieza a imaginar una próxima visita.
La pequeña superficie de Austria con tan sólo 84.000 kilómetros cuadrados, en relación con algunos de sus vecinos europeos, ofrece una cantidad de alternativas para ver, descubrir y deleitarse. La variedad de paisajes –desde glaciares hasta llanuras– y los testimonios artísticos, musicales y arquitectónicos de épocas de gran creatividad permiten cumplir sobradamente la fantasía de combinar en un mismo viaje, historia, cultura, actualidad y aventura. Aquí el visitante puede escuchar una obra de Mozart en el mismo ámbito donde fue compuesta, hacer un crucero por el río Danubio, tan ligado a la imagen de Viena como invisible al turista que recorre la ciudad –que fue canalizado y reemplazado por el Dounakanal–, deleitarse con las piruetas de los caballos en la Escuela de Equitación Española, y ¿por qué no? esquiar en los Alpes.
En las cómodas butacas de un Boeing 747-400 de Lufthansa, el vuelo Buenos Aires-Viena permitió a este cronista anticipar el placer de lo que iba a suceder durante la visita a Austria, en cuyo transcurso convivieron el arte, los paisajes, la música que envuelve a este país como un pentagrama gigante y el asombro frente al respeto por sus tradiciones y raíces culturales.

Una ciudad imperial A mediados del siglo XIX el emperador Francisco José decidió transformar un antiguo pueblo medieval a orillas del río Danubio, en la sede de un imperio. Así nació Viena, imponente y majestuosa. A pesar del tiempo, el esplendor imperial sigue reflejando la sofisticación de una de las ciudades más elegantes del mundo, romántica por excelencia, que baila al compás de los valses y se deleita con la opereta.
La mayoría de los circuitos turísticos se desarrollan en el distrito central, que a cada paso proyecta el reflejo del viejo imperio en sus palacios, monumentos, catedrales, parques y museos. Aun así, se conservan pocos edificios de la ciudad medieval, entre los que sobresale la Catedral gótica de San Esteban, fundada en el siglo XII. Caminando desde San Esteban por la peatonal se llega a la legendaria Opera de Viena donde conseguir una entrada no es tarea fácil, ya que además de los turistas del mundo entero que lo intentan, para muchos vieneses es casi un rito cotidiano asistir al escenario donde brillaron, entre otras, las batutas de Richard Strauss y Gustav Malher.
La céntrica peatonal Kärntnerstrasse puede ser el comienzo de un recorrido por un área de dos kilómetros cuadrados que contiene gran parte de la esencia de la ciudad. Músicos jóvenes, en algunos casos vestidos con trajes de época, publicitan en las calles sus propios conciertos. Mujeres y hombres colman los típicos cafés a toda hora del día, haciendo un culto a la excelente gastronomía con la que compiten unos con otros. Es que el ritual de las tertulias de café es, en todo Austria, un estilo de vida social.
El paseo incluye obviamente una de las joyas del tesoro vienés: el Palacio Schönbrunn, que fuera residencia de verano de los Habsburgo. Por sus pasillos se paseaba la famosa emperatriz Sissi y allí se acuarteló Napoleón por los años 1800. Y en el Salón de los Espejos tocó Mozart cuando sólo tenía seis años frente a la emperatriz María Teresa. Rodeado de jardines con fuentes y estatuas de dioses de la mitología griega, están abiertos al público cuarenta de sus 1400 cuartos, decorados en estilo rococó. Estuvimos frente a la virtuosa escenificación de la pompa barroca. Es fascinante el contraste del esplendor y suntuosidad que exhiben los aposentos de las familias imperiales. Cada uno de los ambientes privados refleja el estilo de vida de una época de máximo esplendor. Imperdible estambién el Palacio Belvedere, un grandioso edificio barroco con un espectacular jardín de rosas, construido entre los años 1714-1725. Fue la residencia estival del príncipe Eugenio de Savoya y, en la época de los Habsburgo, del archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato en Sarajevo en 1914 desencadenó la Primera Guerra Mundial.
Pero la lista de lugares para fascinarse con Viena no se agota sólo en esos dos majestuosos palacios. Los clásicos museos hoy concentrados en el nuevo Museumsquartier (barrio de los Museos) son una obra de la actual ingeniería de reciclado que conserva la esencia de la arquitectura original. El valor histórico y fundamentalmente artístico que albergan las obras de esta nueva propuesta cultural refleja la vigencia de la creatividad austríaca.

Salzburgo: Entre Mozart y las montañas Hay tres motivos entre muchos otros, por los cuales el viajero visita esta barroca ciudad cercana a la frontera con Alemania: la belleza del paisaje, el tour que lleva a los escenarios del rodaje de la película La novicia rebelde y los lugares que evocan a Mozart.
Con una arquitectura de los siglos XVII y XVIII en tonos pastel, angostas calles medievales y rodeada por lagos y montañas, Salzburgo es una de las ciudades más pintorescas de Austria. Sin embargo, su perfil no es típicamente austríaco, porque aquí no dominaron los Habsburgo. Las influencias romanas en cambio la impregnaron bastante de un estilo italiano. El segundo motivo, o sea el tour para visitar los lugares donde se rodó La novicia rebelde, lo acercan al Palacio Leopoldskron, los jardines Mirabell, el convento benedictino de Nonnberg y el cementerio St. Peter.
Así como en Viena se pueden visitar las casas de Schubert y Beethoven, además de aquellas donde Haydn compuso Las Estaciones y La Creación, y Johann Strauss el famoso Danubio Azul, en una peatonal de Salzburgo está la casa en la que el 27 de enero de 1756 nació Mozart, hoy convertida en museo. Posiblemente sea esta visita otro de los principales motivos para conocer Salzburgo. En el edificio de tres pisos se conservan piezas que, como el pequeño violín que tocaba Mozart en su infancia, llegan a emocionar a muchos amantes de la música.

Un país “delicioso”

París tiene sus bistrós; Madrid, sus bodegas y tabernas; Londres, sus pubs... y Viena seduce con muy típicas instituciones gastronómicas. La cocina vienesa –una mezcla incomparable de platos provenientes de los antiguos países de la corona, desde Bohemia pasando por Hungría hasta los Balcanes– es la única entre las cocinas famosas que no recibe su nombre de un país sino de una ciudad.
El “schnitzel” –una milanesa que sobresale del plato–, las mil variedades de salchichas con chucrut y los aditamentos que se quieran imaginar nunca desencantan al buen gourmet.
El suburbio de Grinzing, que en las noches se llena de turistas, es uno de los mejores lugares para una picada con tablas de fiambre y pan negro, acompañados de la rubia cerveza y los frutados vinos de la estación. Es que Viena también es la única ciudad del mundo con plantación de viñedos en el casco urbano. Y algo más para conocer sobre las tabernas vienesas: Heurigen no es sólo el lugar donde se sirven vinos sino también es el nombre que se le da al vino de la última cosecha.
Pero los lugares vieneses de encuentro por excelencia son los muchos cafés de la ciudad, algo así como el living comedor de quien quiere estar solo, pero no sin compañía. En esas mesas supieron sentarse parroquianos tan célebres como Hegel, Freud y también Einstein, quizá pretendiendo descifrar la fórmula de la Sachertorte. Una delicia emblemática para quien pase por Viena. En el Café Schottenring (Schottenring 19, 1010, Viena) y en el Café Residenz en Schonbrunn (en el Palacio Schonbrunn), por ejemplo, se puede aprender a estirar, rellenar y enrollar la masa del Apfelstrudel.
Es que Austria, a pesar de sus muchos contrastes, es como una obra clásica escuchada en un moderno CD. El elegante equilibrio de la Viena imperial y la magia de los valses de Strauss siguen armonizando en alta fidelidad.