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TUNEZ Entre el Mediterráneo y el Sahara
El
mundo antiguo y la modernidad se conjugan en este país del norte de
Africa. Una visita a la Medina de la ciudad de Túnez, a los sorprendentes
pueblos del desierto, y a la milenaria y mítica Cartago, con sus terrazas
sobre el mar azul, abigarradas hoy de cafés, restaurantes... y turistas.
A
dos pasos de Europa, en el corazón del Mediterráneo, se
encuentra un rincón de la tierra donde el aire es tan suave,
el mar tan azul y la amistad tan espontánea, que conforma una
imagen gratamente inolvidable. Y más inolvidable es aún
por su historia, sus ciudades milenarias y sus pueblos del Sahara, el
gran desierto de dunas y espejismos del norte de Africa. Así
es Túnez, un país donde el ayer y el mañana se
funden íntimamente.
De
la Medina a Cartago Sinfonía en cúpulas y terrazas,
inteligencia y armonía del urbanismo, sombras frescas y olores
del pasado, así se presenta la cuna de Túnez, la Medina.
Mundo de piedras vivas, de ruidos múltiples, de tesoros ocultos,
la Medina, en sus mil colores, cautiva al turista que la descubre. Es
el corazón histórico de la ciudad de Túnez, y representa
un modelo de la civilización urbana árabe, en tierras
del Magreb. Así lo entendió la Unesco al declararla Patrimonio
Cultural de la Humanidad. Rodeada de murallas que se comunican con el
exterior mediante grandes puertas, alberga viviendas, palacios, cementerios,
almacenes, plazas y jardines. Artísticas terrazas y esbeltos
minaretes. A través de un tramado de calles, callejuelas y callejones
ensamblados como en una inmensa red, la Medina, todo un cuerpo con vida,
conserva los misterios y el encanto indefinible del paso de la historia.
En
el Sahara Todo espacio vacío e inmenso no se llama necesariamente
desierto. En el sur tunecino, no hace falta viajar mucho para sumergirse
en pleno Sahara. En ciudades como Douz, el Sahara está a la puerta
de su hotel. El exotismo es total. Imagine usted, turista occidental,
tres desiertos entremezclados al alcance de su vista. El de arena fina
donde el viento esculpe dunas rizadas por la marea sahariana. El desierto
de sal donde no se percibe signo alguno de vida, solo el espejismo de
castillos moviéndose sobre los cristales de sal. Y finalmente,
el desierto de estepagrisáceo donde crece una extraña
vegetación que va de la retama al tamarisco. El Sahara es sin
duda un sitio sin fin.
¿Y
a la hora de comer? Como en todo recorrido turístico, la
gastronomía forma parte de la cultura del país que se
visita. En Túnez, el plato nacional es el cuscús, de cuya
preparación se conocen más de sesenta variedades. Una
composición sobre la base de harinas y sémola donde intervienen
los garbanzos y las alubias. La mayoría de las veces lleva también
carne, pollo o cordero, y suele acompañarse con dos salsas, una
de ellas -.aquí mucho cuidado roja y muy picante. Con su
paladar acostumbrado, los tunecinos la usan para untar como si fuera
una manteca. De todas formas, aunque la condimentación de la
comida nacional es muy especiada, no toda es picante.
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