CORRIENTES
La reserva provincial del Iberá
Viaje al
mundo de los esteros
Una excursión
en bote por los esteros del Iberá, el mayor humedal del continente
después del pantanal brasileño, a través de selvas
subtropicales en galería, esteros y 60 espejos de agua en el
corazón de la provincia. Una reserva natural donde los anfitriones
son el carpincho, el amenazante yacaré y el pacífico osito
lavador.
Texto: Julian
Varsavsky
Fotos: Norberto D. Bolzón
Para
los correntinos más fanáticos, su provincia es un país
aparte. Se alega que sus habitantes son diferentes al resto de los argentinos,
y entre sus distintivos se cuentan una música propia como el
chamamé, y un santo milagrero llamado Gauchito Gil
en cuyo honor se levantan altares con decenas de estandartes rojos a
la vera de los caminos. También los identifica una forma particular
de acentuar las palabras. Pero quizás uno de los mayores orgullos
de los correntinos es contar dentro de su patrimonio natural con los
esteros del Iberá; una superficie anegada de 13.000 kilómetros
cuadrados que conforma el segundo humedal en importancia del continente,
después del pantanal brasileño.
Una
travesia sorprendente
Al avanzar por la Ruta 41, el mundo de los esteros anticipa su espectáculo:
desde una laguna que se extiende a los costados del camino, un grupo
de garzas blancas y moras levanta vuelo a nuestro paso, asustando a
su vez a otras especies menores como los cardenales, los teros y los
chimangos. Al llegar a la laguna de Iberá, la primera parada
es en el Centro de Interpretación de la Reserva, donde está
el cuerpo de guardaparques, cercano a Colonia Carlos Pellegrini. Esta
villa ecológica funciona como centro para realizar las excursiones
acuáticas.
La aventura comienza cuando nos embarcamos en una lancha conducida por
un baquiano de la zona. Navegamos a través de angostos canales
y el contacto con la fauna es inmediato: como si nos estuvieran esperando,
aparece sobre la orilla una familia completa de amigables carpinchos
el roedor más grande del planeta que nos permiten
acercarnos a 4 metros mientras ellos continúan alimentándose
con total confianza.
Un elenco de aves nos acompaña todo el viaje. Cada cual aparece
a su turno, como la majestuosa cigüeña americana, que levanta
vuelo con un pesado aleteo que de inmediato se convierte en un movimiento
grácil e imperceptible. El baquiano, un conocedor exhaustivo
de las guaridas de cada especie, nos avisa que estamos entrando en terreno
de yacarés; el negro de hocico angosto y el overo de hocico ancho.
El primer avistaje fueron unos ojitos brillantes e inocentes sobresaliendo
apenas en el agua, que espiaban el desplazamiento de la embarcación.
Al rato, listo para el ataque, dejó ver un poco la extensión
de su lomo, que parecía un palo de 80 centímetros flotando
sobre las aguas. A medida que profanábamos su territorio, los
yacarés iban apareciendo en gran número, hasta que por
fin divisamos el ejemplar que gobierna en estas tierras por su aventajado
tamaño: un soberbio yacaré overo que se asoleaba inmóvil
con la boca abierta sobre la orilla, igual a los que se ven embalsamados
en los museos de ciencias naturales. La embarcación se colocó
casi al lado, y si estirábamos el brazo podríamos haber
tocado la áspera cola del bicho, como dicen los lugareños.
Por fortuna, jamás se les ocurre atacar un bote. Su inmutabilidad
es en este caso un método de defensa para pasar desapercibido.
Si no lo molestamos permanecerá allí, posando para cuantas
fotos queramos tomarle. Ese es nuestro acuerdo, y cada parte lo cumple
a rajatabla.
Los embalsados
Ahora es momento de dejar la embarcación por un rato, y caminar
encima de esa extraña formación que son los embalsados.
Se trata de un complejo entretejido vegetal originado de una acumulación
de camalotes sobre los cuales el viento va depositando grandes cantidades
de polvo. Suelen formarse pegados a la costa, hasta que se desprenden
formando verdaderas islas flotantes que navegan a merced del viento
y la corriente. Allí crece toda clase de pastizales como la totora
y el pehuajó, e incluso árboles pequeños como el
ceibo y el laurel. La fauna también hace pie en estos particulares
ecosistemas flotantes, y es común ver al gallito de agua y numerosas
garzas blancas.
Al escuchar la explicación de que vamos a caminar sobre una capa
de camalotes y algo más que flota sobre las aguas, invitamos
al guía a bajar primero de la lancha. Convencidos de que no se
hunde en el suelo, seguimos sus pasos para comprobar que caminar sobre
los embalsados es como hacerlo sobre un gran colchón vegetal
muy esponjoso lleno de agua, que burbujea a cada paso mojándonos
las botas. La experiencia desconcierta un poco, y lo único que
queda claro es que estamos pisando un suelo muy distinto al que jamás
hayamos pisado.
Los embalsados son apenas una de las particularidades de los esteros
del Iberá. Debido a la densa vegetación que cubre los
suelos, la zona tiene una notable capacidad para retener agua. De modo
que sólo una cuarta parte del agua de lluvia deriva hacia el
río Paraná a través del único desagüe
que poseen los esteros: el río Corrientes. El resto del agua
queda acumulada en lagunas poco profundas que desarrollan una compleja
trama de biodiversidad y distintos ambientes. Lo más sorprendente
es la convivencia de extensas sabanas con frondosos palmares pindó
y yatay típicos de Entre Ríos, y oscuras selvas subtropicales
en galería, comunes en Misiones. Además el Chaco húmedo
roza los esteros desde el oeste, con sus quebrachales y algarrobales.
Las especies vegetales que flotan en las aguas son de lo más
variadas, entre ellas verdaderas muchedumbres de camalotes, repollitos,
irupés o nenúfares, lirios, jacintos de agua, orquídeas
acuáticas y pequeños helechos. En la costa se levantan
frondosos jacarandáes, lapachos y sauces. Para las aves, este
contexto debe semejarse bastante al paraíso; hay más de
350 especies como el federal, con el cuerpo negro azabache y la cabeza
roja, el ruidoso chajá, el gavilán planeador y el águila
negra, que con sus alas extendidas mide un metro y medio.
Festival
de animales
Atracamos la lancha y desde el puesto de guardaparques nos dirigimos
hacia uno de esos bosques en galería que abundan en la zona,
siempre bordeando un curso de agua. Tenemos un objetivo muy concreto:
avistar algún grupo de monos Carayá (o aullador negro).
Ubicarlos no fue tarea difícil ya que su grito inconsolable los
delata donde sea que se escondan, y casi podría decirse que también
posaron para la foto.
Por la noche, mientras saboreábamos unas chipás, los guías
nos comentaron que el premio mayor de un avistaje en los esteros del
Iberá es el ciervo de los pantanos, un animal muy esquivo que,
con suerte, sólo se puede ver con prismáticos. Nosotros
pudimos ver dos, y a escasa distancia. Antes nos habíamos topado
con un juguetón lobito de río que se asomaba por unos
instantes en la superficie del agua y se sumergía rápidamente
para reaparecer en el lugar más inesperado. En algún recodo
entre los árboles había salido a recibirnos una tímida
corzuela parda (un pequeño cérvido) que nos observaba
sin atinar a huir o quedarse, hasta que optó por lo primero,
aunque haciendo cortas paradas para volver la cabeza atrás y
observarnos con interés. También hubo que agregar a la
lista al osito lavador (o aguará popé), con lo cual se
completó una jornada excepcional, tan fructífera que hasta
resultó sospechosa... Y no faltó quien dijera que todo
parecía haber sido preparado de común acuerdo con
los animales, para recibir a la prensa.
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Datos
útiles
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-Cómo
llegar: Un pasaje de avión a Corrientes cuesta alrededor
de $ 160. Hasta los esteros del Iberá hay 450 kilómetros
(150 kilómetros son de tierra). También se puede
llegar en ómnibus desde Retiro. Flecha Bus sale a las 21
horas y llega a las 6.15 de la mañana a la ciudad correntina
de Mercedes ($ 30). Desde allí una combi cobra $ 8 hasta
Colonia Pellegrini. Dos días completos alcanzan para hacer
las excursiones. Una opción es llegar desde Posadas, capital
de Misiones (200 kilómetros, la mayor parte camino de ripio).
La agencia Guayra Turismo Alternativo ofrece paquetes por $ 100
(traslados ida y vuelta a Posadas, comida y excursión),
$ 170 (igual que el anterior, pero con una noche de alojamiento
en Colonia Pellegrini) y $ 315. Este último paquete incluye
3 días y dos noches (sin aéreo) con pensión
completa, incluyendo la visita a las Ruinas Jesuíticas
de Misiones y la casa de Horacio Quiroga, y el alojamiento en
una estancia y una posada típica. Tel.: 03752-433415 En
Buenos Aires: 4313-8456 e-mail: info@guayra.com.ar Sitio web:
www.guayra.com.ar
Dónde alojarse: Hostería Ñanderetá:
Tel.:03773-499411 03773-15629109. Cobran $ 72 por persona con
pensión completa y excursión.
Ypa Sapukai: Tel.: 03773-15629536 03773-420155. Cobran $ 50 por
persona, incluyendo pensión completa y excursión
en lancha de 4 horas. Un safari nocturno cuesta $ 10 y una cabalgata
por los esteros cuesta $ 10 la hora.
Informes: Casa de Corrientes. Calle San Martín 333 Piso
4. Tel.: 4394-7418 E-mail: dgctes@ssdnet.com.ar Sitios web: www.corrientes.com
www.corrientesvirtual.com.ar
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