Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH LAS12

Mexico
de los mariachis al buceo

Tierra linda y querida

Playa y cultura, naturaleza y ritmo urbano: en un mismo itinerario las playas de Ixtapa y la multiforme capital mexicana. De los mariachis al buceo, de las construcciones aztecas a los modernos hoteles, mundos que conviven.

Por Graciela Cutuli

México es uno de los países del continente que mejor puede combinar propuestas culturales con lugares de playa. Con excepción de ese mundo aparte que es Cancún, se puede aprovechar la escala obligatoria que se debe hacer en México DF para conocerla mejor y remontar varios siglos de historia antes o después de disfrutar de buenas playas. En la capital se puede recorrer el Museo Antropológico más impresionante del continente, visitar conjuntos arquitectónicos de varios siglos de antigüedad, o bien pasear por las calles céntricas antes de escaparse hasta Taxco para comprar artesanías de plata. En las costas, las propuestas también son muy variadas. Pero a la hora de elegir una playa, se puede apostar a Ixtapa, un elegante centro balneario al norte de Acapulco que combina la modernidad de sus hoteles con la autenticidad de un pueblito de pescadores.

Al borde del Pacífico En el contraste reside el encanto de Ixtapa-Zihuatanejo, nombre que hace referencia a dos pueblos que son al mismo tiempo dos mundos distintos. En Ixtapa, la gran playa está bordeada de hoteles internacionales que rivalizan en servicios y atracciones para turistas del mundo. En Zihuatanejo, la vida se repite con los mismos gestos de descarga de los pescados de las barcas bajo la mirada de glotones pelícanos. Parecen mundos que no están hechos para encontrarse, pero el trabajo y el ingreso de Zihuatanejo vienen de Ixtapa. A su vez, Ixtapa sería un resort más como tantos en el mundo, si no fuera por Zihuatanejo.
Ixtapa es un balneario creado de punta a punta en una playa que era un desierto hace un par de décadas. En esos tiempos se buscaban alternativas a la superpoblada Acapulco, 200 kilómetros al sur. Así se logró crear un balneario más íntimo que Cancún pero igualmente moderno, en una bahía que tiene la forma de un gran arco, vigilado por un lado por un pequeño cerro y por el otro por una isla (donde se pueden hacer actividades náuticas y snorkeling o buceo, por sus aguas más tranquilas y claras).
La llegada a Ixtapa, en aviones desde DF y varios puntos de América del Norte (la mayoría de los turistas proceden de Texas y Québec) ya anuncia el paisaje. Se aterriza muy cerca del mar, en medio de palmeras y recibidos por un clima caluroso aun en pleno invierno. La playa está bordeada por los altos edificios de los hoteles, que representan a todas las grandes cadenas del planeta.
Ixtapa es playa durante el día y a la noche la diversión se instala en las numerosas fiestas mexicanas que organizan los hoteles, con ferias artesanales, puestos de tacos y otras comidas y por supuesto infaltables mariachis. Del otro lado de la calle principal que permite el acceso a los hoteles desde el aeropuerto y Zihuatanejo, hay un pequeño centro comercial donde pululan los bares de cerveza de gran vida nocturna. Los más concurridos son Carlos’n Charly y Señor Frog’s. Generalmente, el ambiente es el que se vive en las señales de cable para adolescentes norteamericanos: baile al ritmo latino de Miami y cerveza mexicana hasta una hora y borrachera avanzadas.

Mujeres y puestas de sol Muchos más tranquilas son las noches en Zihuatanejo. Cuando cae el sol, se enciende la bahía en cuyo fondo se refugió el pueblo. No conservó nada de los tiempos prehispánicos, aunque es mencionado por primera vez en tiempos de la Conquista como un puerto de pescadores. Su nombre provendría del nahuatl y quiere decir “lugar de mujeres”. Se debe a una creencia de la civilización mexica, que pensaba que las mujeres muertas durante lospartos revivían en la Costa Grande, al oeste, es decir la costa pacífica, cerca de Zihuatanejo.
El pueblito creció vertiginosamente en los años 70, cuando se creó Ixtapa. Pero su vida cotidiana, marcada por el ritmo de la mareas y la pesca artesanal, no resultó afectada y parece que Ixtapa y Zihuatanejo son hermanas de caracteres demasiado fuertes y diferentes como para que una pueda influir en la otra. No hay muelle en la playa pública, donde los barcos se arrastran a mano. Cada regreso de la pesca está acompañado por los pelícanos, que esperan la cena. El pescado se vende en la calle que bordea la playa, donde se levantan muchos puestitos de ventas de recuerdos. Hay también una pequeña plaza, y los fines de semana no es raro que se organicen fiestas populares o que vayan a cantar conjuntos de mariachis o grupos locales. A principios de diciembre, la fiesta de la Guadalupe vuelve a animar el ritmo de Zihuatanejo. La mayoría de los empleados de Ixtapa vive en el pueblo, por lo cual organizan procesiones desde los distintos hoteles hasta la iglesia de Zihuatanejo, siguiendo representaciones de la Virgen de Guadalupe y acompañados una vez más por formaciones de mariachis.
La otra atracción mayor que ofrece el pueblo es la salida de barcos que zarpan por las tardes y recorren la playas para ver las magníficas puestas del sol. Con un poco de suerte, un grupo de delfines acompaña el catamarán. De regreso en tierra, se pueden visitar los puestos de artesanías y platería de Zihuatanejo, generalmente con mejores precios que los de Ixtapa (aunque en México en general los objetos en plata tienen precios muy convenientes).

La gran capital Desde Buenos Aires, la escala para llegar a Ixtapa es México DF. Bien vale la pena partir la visita en dos, y guardarse unos días para conocer o recordar la capital mexicana. Como en las ciudades europeas, donde se conservan siglos de historia, México DF muestra en sus calles y monumentos una que se remonta al apogeo de su civilización, cuando era una de las ciudades más grandes y pobladas con 200.000 habitantes. Tenochtitlán, como la llamaban los Aztecas, era la capital de una civilización que levantó una ciudad entera sobre islas artificiales en medio de un lago, con perspectivas dignas de Versailles y una red de canales veneciana. A pesar de su poder y su magnificencia, se derrumbó frente a la llegada sorpresiva de un grupo de hombres atraídos por el oro. Tanto, que hoy cuesta imaginar lo que pudo haber sido la ciudad. En un borde del Zócalo, la plaza principal, quedan las bases de un templo: un par de mapas y croquis ayudan a situarlo en las perspectivas de lo que hubiera podido ser una de las urbes más lindas del mundo si no hubiera sido destruida sistemáticamente por el nuevo orden impuesto por los españoles.
Será una maldición más de la Malinche o una revancha de los Aztecas: la cuestión es que al construir aún más sobre las islas artificiales, y extraer el agua del ya invisible lago, los edificios empezaron a hundirse en el blando suelo. El ejemplo más conocido es el de la Catedral, sobre el Zócalo, que se mantiene gracias a un refuerzo de andamios e inyecciones de hormigón en la base.
El Zócalo no es sólo el centro histórico. Aunque tenga miles de bellezas y centros de interés, es realmente allí donde tiene que empezar cualquier visita a la capital: éste es a la vez el corazón de la ciudad y del país, uno de los más íntegros conjuntos arquitectónicos que puedan imaginarse. En sus cuatro costados, los edificios tienen las mismas fachadas, el mismo color y una altura que respeta las flechas de la Catedral. Tal vez sea por eso que tiene también un pequeño aire provinciano, muy diferente de la Plaza de Mayo porteña, que ganó en dinamismo lo que sacrificó en armonía arquitectónica. En medio de la plaza flamea una gran bandera que es izadavarias veces al día, con un ritual militar que hace las delicias de los turistas presentes. Frente a ellos, bailan y posan para las fotos conjuntos de artistas vestidos como los Aztecas. Repiten gestos que habían quedado en el olvido, ahora resucitados por el turismo. Sus trajes de plumas con colores vivos contrastan con el austero estilo de la plaza, que tiene otra curiosidad en los puestitos de recuerdos que venden simpatizantes del EZLN y el subcomandante Marcos.
Frente a la Catedral, que esconde sus riquezas en una selva de piquetes de soporte y andamios, el Palacio Nacional encierra una de las joyas del México contemporáneo: una colección sin igual de los murales de Diego Rivera. Por las calles que desembocan en el Zócalo (una de ellas la famosa Calle Tacuba, donde está el café homónimo, que desemboca en la Alameda, paseo dominical favorito de los mexicanos) se llega a todo el centro de la ciudad. Los atractivos son numerosos. La Zona Rosa es el centro más moderno, donde se concentran los hoteles y las boutiques de moda, los restaurantes y las cadenas de música y libros. En un México bastante inseguro es todavía posible pasear de noche en este barrio y tomar un café en uno de los tantos bares con mesas en la calle, sin problema alguno.
Muy distinto es el clima en la Plaza Garibaldi y sus alrededores. Sin embargo, debe de ser uno de los lugares más sorprendentes de la ciudad. Es la plaza de los mariachis. Es decir, donde los conjuntos de mariachis (aunque ahora hay cada vez más conjuntos de corridos o rancheras también) vienen a ofrecer sus servicios. La música se “consume” en el lugar o “se lleva” a casa: en otras palabras, las familias vienen a la plaza y pagan a un conjunto para que cante y agasaje a una persona (muchas veces para un cumpleaños) o se llevan el conjunto a su casa para alegrar una fiesta familiar, o un casamiento.
Otro lugar infaltable de México son los parques y bosques de Chapultepec, en donde se encuentra el Museo Nacional de Antropología, que los científicos no dudan en calificar como uno de los mejores del mundo por la riqueza de sus colecciones y el cuidado con que se armaron. Cada sala está dedicada a una de las culturas prehispánicas de esta franja de América: en el primer piso, hay también interesantes colecciones sobre los grupos étnicos indígenas que hoy todavía representan una parte muy importantes de las provincias mexicanas (sobre todo en las mesetas del norte y las selvas del sur; el ejemplo más conocido es Chiapas).
El viaje no puede concluir sin pasar el día en Teotihuacán. El conjunto de pirámides y avenidas anchas es tan imponente que los mismos Aztecas pensaron que los dioses lo habían construido. Procede en realidad de una cultura anterior a ellos, que tuvo su apogeo entre el siglo I y el siglo VI de nuestra era: era entonces la urbe más importante del hemisferio occidental, con 25.000 habitantes. La disposición de los edificios seguía la carrera del sol y su posición en los solsticios. Es así que, encima de la Pirámide del Sol o la de la Luna, de una punta a otra de la Avenida de los Muertos, dos milenios de historia se reflejan en sus piedras grises y encuentran eco en el viento que corre llevando el grandioso pasado mexicano a las generaciones del futuro.

Datos útiles

Ixtapa y Zihuatanejo: se llega por avión desde Acapulco o desde México. La mejor temporada es desde fines de diciembre hasta marzo, más seca y por lo tanto con un calor menos sofocante. Para alojarse, se puede elegir entre hoteles de todas las cadenas principales del mundo. En temporada baja los precios bajan hasta un 50 por ciento (de abril a mediados de diciembre).
Más datos en la Secretaría de Turismo de Ixtapa-Zihuatanejo, teléfono (755) 31570.
México DF: Se llega por Aerolíneas o LanChile, con vuelos diarios.
Informaciones: Casa de México en Buenos Aires, 3293-7070.