NORTE
DE ITALIA
La ciudad de Milán
Bajo el
signo de la estética

Desde que
era Midiolanum, el centro del comercio entre la Antigua Roma y el Norte
europeo, a la moderna Milán, la ciudad italiana mantuvo siempre un espíritu
de permanente innovación y vanguardia. Cuna del Futurismo, uno de los
movimientos estéticos del siglo XX más significativos de la península,
la vida milanesa lleva la impronta del arte del diseño. El Duomo, la
galería Vittorio Emanuele y el Teatro de La Scala. Pero también la moda
y sus creadores, y el placer de la buena comida.
Texto y
fotos:
Florencia Podestá
Milán
es Italia y sin embargo no lo es; geográficamente está
más cerca de Londres que de Palermo, y conceptualmente también.
Si la imagen arquetípica de las ciudades italianas tiene que
ver con un espíritu localista, con cierto conservadurismo que
prefiere siempre lo tradicional a lo nuevo, lo propio a lo extranjero,
en Milán esta imagen se ve traicionada por un espíritu
de permanente innovación y vanguardia, por una apertura de fronteras
culturales que la definen mejor como ciudad del mundo que
como ciudad mediterránea. Todo esto, claro y
esto sí es muy italiano bajo el sigo de la estética.
No es casual que Milán haya sido la cuna de uno de los movimientos
estéticos modernos más significativos en Italia, el Futurismo:
bajo las arengas poéticas de Marinetti, el Futurismo celebraba
las maravillas de la técnica, deviniendo la cara intelectual
y estetizante de la Segunda Revolución Industrial y, dicen algunos
críticos, de la guerra moderna. Futurismo, nombre
elocuente: Milán tiene la cara vuelta hacia el futuro; selectiva,
refinada hasta un punto casi decadente en un sentido, con esa decadencia
europea fin de imperio, pero sin miedo.

El Duomo
en la noche La Piazza del Duomo, el corazón monumental de
Milán, donde conviven muchos de sus edificios más bellos
y representativos. Está anocheciendo, la gente llega de todas
partes, confluyen como ríos en este gran espacio abierto. Son
sobre todo jóvenes los que se acercan como en procesión
por los callejones estrechos que rodean al gigantesco Duomo, esa mole
de agujas góticas que fugan hacia el cielo en racimos. Algunos
son los típicos milaneses, vestidos excluyentemente con ropa
de marca, nueva, según una moda con códigos muy precisos,
con cortes de pelo que, a fuerza de seguir el modelo, corren el riesgo
de ser todos iguales. Otros son jóvenes desprolijos, pelo rasta,
pantalones coloridos, morral tejido en algún país sudamericano,
camisa india o marroquí, piercings (aritos y lunares de metal)
en la cara, un código de moda casi tan estricto como el otro.
Y turistas, identificables también por no vestirse en ningún
modo particular, o por ser japoneses. ¿Qué pasa esta noche,
quién convoca a toda esta gente al centro de Milán? Es
Manu Chao, que va a dar un recital gratuito para esta folla
tan heterogénea (les gusta puro vestirse, comenta
un chileno, viendo a los milaneses).
La visión del Duomo, ahora bajo los reflectores nocturnos, es
siempre impresionante. Esta maravilla del gótico tardío
estilo alemán comenzó a construirse en 1385. En su fachada
de mármol y sobre el techo se dispusieron 3200 estatuas, cada
una de ellas una obra maestra, y 135 agujas o torres afiladas, que dan
al Duomo un aire de castillo de hielo o nave espacial. La torre más
alta está coronada por una imagen en cobre de la Madonna; de
noche los reflectores la hacen brillar como bajo la luz de un eterno
sol poniente. La selva de torres, agujas y estatuas generalmente distraen
al observador de una omisión interesante: el Duomo de Milán
no tiene campanario.
El interior del Duomo tiene una luz particular: las cinco naves de la
catedral demarcan un espacio enorme, lleno de una semioscuridad permanente,
quebrada localmente por rayos de luz coloreada que se filtra por los
estilizados vitrales góticos. Es la quinta iglesia más
grande del mundo. Las puertas de bronce todavía muestran signos
de los bombardeos de la Segunda Guerra.
Il salotto
di Milano Sobre otro frente de la piazza, la Galleria Vittorio Emanuele,
con su fachada neoclásica casi parisina, alberga en su interior
un espacio muy diferente, aunque tan colosal como la catedral. La espectacular
galería comercial (una de las más antiguas en Europa)
fue construida en 1865 por el arquitecto Giuseppe Mengoni, quien murió
al caer del techo poco antes de la inauguración. Fue uno de los
primeros edificios en Europa que empleó principalmente hierro
y cristal como elementos estructurales, dando inicio a la arquitectura
moderna en Italia. Dentro de este espacio en forma de cruz que ocupa
una manzana, la luz del sol entra a raudales por los techos de cristal
en forma de cúpula, dando a los paseantes una extraña
impresión interior/exterior. De varios pisos de altura, la fachada
interna es una bellísima expresión del art nouveau, especialmente
las ventanas y balcones suavizados por estatuas de mujeres desnudas
y seres mitológicos. En el techo del octógono central
hay cuatro mosaicos coloridos también en el estilo art nouveau;
son escenas con hombres y mujeres, alegorías de los cuatro
continentes (faltan Sudamérica y Australia). A la galería
se la conoce como il salotto di Milano, el salón
de reuniones sociales, gracias a sus cafés tradicionales que
pueblan con sus mesitas el interior de la galería. Los subsuelos
laberínticos están ocupados por la librería Feltrinelli,
donde podremos perdernos toda la tarde.

Cultura,
arte y diseño Milán está llena de monumentos
arquitectónicos bellísimos de la era romana, del Medioevo,
del Renacimiento, de los años art nouveau, pero la cosa que atrapa
verdaderamente al viajero es esa cualidad de ser uno de los centros
más activos de la vida cultural europea.
Perla, una milanesa que encontramos en el recital de Manu Chao, nos
cuenta que en el último año estuvieron aquí Madredeus,
U2, Sting, Beck, Caetano Veloso, el africano Touré Koundá
y un festival latinoamericano con músicos de Centro y Sudamérica.
Además, en noviembre llega el Milano Jazz Festival, siempre con
grandes nombres, sin olvidarnos de la temporada operística de
La Scala. El teatro, abierto por primera vez en 1778, merece un párrafo
aparte por sus peculiaridades. Es, se dice, un teatro muy pequeño
que parece muy grande, y con una acústica extraordinaria. La
sala da un efecto de imponencia notable a pesar de lo reducido de sus
dimensiones: 24 metros de largo, 21 de ancho, y 20 de altura; esto gracias
a ciertos artificios arquitectónicos, truquitos ingeniosamente
realizados por su arquitecto Piermarini. Por ejemplo, perspectivas falsas,
diseño particular de la sala en forma de herradura, tamaño
reducido de los palcos en relación con el tamaño de la
sala, cosa que da la sensación de una sala más espaciosa;
en cuanto a la acústica, una bóveda de madera sin decoraciones
propaga excepcionalmente los sonidos. También sobre el escenario
juegan las leyes de las perspectivas: un piso que es un plano inclinado
en fuga lo hace aparecer mucho más profundo.
Perla nos aleja de La Scala y entra en su tema predilecto: Ir
de compras es casi una actividad religiosa en Milán, dice.
En cuanto a ropa, todo lo que siempre hayamos querido comprarnos y nunca
pudimos permitirnos se encuentra en Milán. Para gastar, o para
curiosear modas y estilos codiciados y carísimos, apuntamos hacia
Via della Spiga, meca de boutiques, Via Monte Napoleone y Via Borgospesso,
área conocida informalmente como el cuadrilátero
de oro, o Monte Napo para los adeptos. En pocos metros encontraremos
Versace, Krizia, Gianfranco Ferré, Prada, Fendi, Kenzo, Valentino,
Gucci, Ungaro, Luis Vuitton, Armani. El prestigio mundial de Milán
en cuanto al diseño de ropa nos permite sospechar una fuerte
inclinación estetizante en la vida cotidiana, probablemente favorecida
por la visible prosperidad económica. Sobre la misma base se
asienta la genialidad de los creadores milaneses en el ámbitos
del diseño moderno de muebles y objetos para interiores. En esta
rama industrial del arte, Milán puede considerarse la capital
mundial del Design; en la revista Interni encontraremos
nombre y dirección de negocios y galerías de diseño,
y programa de ferias y exhibiciones.
El goce culinario Como en el resto de Italia, la comida es aquí
también motivo de alegría, discusiones y grandes inversiones
de tiempo y dinero, aunque según el sofisticado modo milanés.
Es una de las pocas ciudades en Italia donde pueden encontrarse especialidades
coreanas, africanas y malayas junto a los platos sicilianos, toscanos
y lombardos. Un interesante tour gastronómico que nos permitirá
comprender en qué proporción y hasta qué punto
la comida es un hito fundamental en la vida de todo italiano: un paseo
por Peck, la tienda gourmet de tres pisos (Via Spadari 9). Desde 1883
es uno de los locales gastronómicos de elite más famosos
de Europa. Una exploración de Peck nos abrirá los ojos
a impensados goces culinarios, precisión insospechada de ingredientes,
abundancia apabullante, sutilización de las diferencias y variedades
hasta un punto difícil de concebir, casi obsceno; existen, por
ejemplo, 3500 variedades solamente de queso parmesano.
|
Datos
útiles
Cómo llegar:
Milán es un nudo de comunicaciones. La mayoría de
las aerolíneas llega a Roma y a Milán. Está
unida al resto de Europa por varias líneas de trenes internacionales
(por ejemplo, a 4 hs. de París).
Dónde dormir: Los precios en general son altos.
Entre las posibilidades más económicas existe el
Albergue de la Juventud Ostello Piero Rotta (tel. 0239267095).
Hoteles en el centro y en Navigli que cuestan entre 40 y 80 U$S
la habitación: Albergo Commercio (tel. 0286463880), Hotel
Speronari (tel. 0286461125), Albergo Cantore (tel. 028357565),
Albergo Vecchia Milano (tel. 02875042), Hotel London (tel. 0272020166).
Guías: Para tener información sobre espectáculos,
conciertos y muestras, la revista Milano Mese y la guía
Milano pueden conseguirse en la oficina de turismo APT en la Piazza
Duomo, tel. 0272524250.
|
