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SALTA
Excursiones desde la capital de la provincia
Una travesía
en camión turístico por los sinuosos caminos de la Puna, siguiendo la
ruta del Tren de las Nubes. El poblado de San Antonio de los Cobres,
las ruinas de la ciudad indígena de Santa Rosa de Tastil, y las Salinas
Grandes, el inmenso valle de sal donde es posible imaginar el paisaje
de la nada absoluta.
Texto:
Julián Varsavsky
Fotos: Pablo Piovano
Además
del Tren de las Nubes, existe una forma alternativa de recorrer la Puna
salteña: un camión turístico remodelado especialmente
para ofrecer confort y una visibilidad óptima de los paisajes,
que también brinda la posibilidad de ir bajando en diversos lugares
a lo largo de la travesía. Una opción válida no
sólo para el verano la temporada del Tren de las Nubes
acaba de concluir y se reanudará el 15 de marzo sino también
para todo el año.
La excursión parte a las 6 de la mañana por las calles
desiertas de la capital salteña. Rápidamente recorremos
el Valle de Lerma, con sus grandiosas montañas, para desembocar
en la Quebrada del Toro. La primera parada es en la antigua estación
de trenes de Chorrillos, y cuando regresamos al Mercedes 1418 descubrimos
con asombro que su interior ha cambiado: aparecieron unas mesas donde
está servido un desayuno con café y medialunas.
Al costado de la Quebrada del Toro, el río parece un hilo de
agua quebrándose en varios brazos que se vuelven a unir. En medio
de la soledad aparece una escuelita con una ubicación a simple
vista inexplicable, ya que no se ven casas alrededor ni en las cercanías.
Pero ocurre que sus alumnos viven en las casas deperdigadas que se esconden
detrás de las laderas de los cerros, y llegan a clase caminando
por los senderos de la montaña todos los días.
Al llegar al poblado de Santa Rosa de Tastil donde hay una pequeña
iglesia rosada que parece dibujada al pie de la montaña
nos detenemos para visitar el Museo Arqueológico de la ciudad
indígena de Tastil, la cual recorreremos al regresar por la tarde.

El silencio
de la Puna De a poco vamos subiendo hacia la Puna, esa dura superficie
plana que no se quebró al surgir Los Andes, pero se elevó
junto con ellos hasta los 3500 metros conformando una árida llanura
con muy pocas ondulaciones. A la vera del camino aparecen esos pueblitos
extraviados en medio de la nada, sumidos en el absoluto silencio, que
acaso sean lo más representativo de la desolación de la
Puna. Son apenas unas casas de adobe con techo de paja, que a veces
están frente a una capilla. Unos llamativos corrales con paredes
de piedra sobre piedra (pircas al estilo incaico) forman cuadrículas
en medio de la inmensidad arenosa, donde cada tanto aparece algún
pastor de poncho rojo y sombrero ovejón arreando un tropel de
chivos. También se ven algunos pequeños cementerios cercados
por un murito de adobe, tras el cual sobresalen coloridas cruces decoradas
con flores que plantan en el paisaje una dolorosa belleza. Parecen señalar
la entrada al reino del viento y la soledad. La Puna parece casi despoblada,
y las únicas siluetas que conforman multitudes que se divisan
a la distancia son los cardones, esos dedos acusadores que apuntan al
cielo con insistencia.
Más adelante, las tropillas de llamas le otorgan un poco de movimiento
al paisaje de pastos ralos doblados por el viento. Ilse nuestra
guía, muy atareada traduciendo al inglés y al alemán
sus explicaciones a los turistas extranjeros, pasa abriendo el techo
corredizo que nos protege del sol. Entonces, parados en los asientos,
sacamos medio cuerpo fuera del camión en movimiento y disfrutamos
sin mediaciones de excelentes panoramas para la vista y para las fotos.
De repente, descubrimos que el pueblo de San Antonio de los Cobres está
muy cerca, en medio de un valle rodeado de cumbres que sobrepasan los
6500 metros. La mirada no lo había descubierto antes porque las
casas de adobe se mimetizan con el color de la tierra. Por sus calles
de tierra y arena prácticamente no transitan autos. El silencio
es absoluto, y como evitando profanarlo, sus habitantes hablan en susurros.
San Antonio de los Cobres está ubicado a 3775 metros sobre el
nivel del mar, y se supone que fue creado en el siglo XVII por indígenas
atacamas que huían de los españoles. La mayoría
de sus 5000 habitantes son claramente de origen indígena, y sobreviven
gracias a una economía de subsistencia basada en el pastoreo,una
trabajosa agricultura en andenes de cultivo, y la artesanía.
Aún rige la ley del trueque.
La travesía continúa hasta el viaducto La Polvorilla,
el famoso puente que cruza el Tren de las Nubes, fotografiado hasta
el infinito por quienes realizan la
Célebre excursión.
Allí nos detenemos para observar desde abajo a esa mole de
acero de 70 metros de altura, una verdadera proeza arquitectónica
para la época en que fue inaugurada (1930). Finalmente regresamos
a San Antonio de los Cobres para almorzar en un restaurante.

Un valle
de sal Transitamos el corazón de la Puna a través
de la Ruta 40, y a medida que subimos la aridez se vuelve más
extrema. En la lejanía aparece un resplandor blanco que irradia
una extraña luminosidad. Al acercarnos, la imagen se vislumbra
como una planicie desértica totalmente blanca que se pierde en
el infinito. Abandonamos el camino para entrar directamente sobre las
Salinas Grandes con el camión a baja velocidad. Allí no
hay un solo arbusto, ni una rama seca. Tampoco hay tierra, ni ninguna
otra cosa; solamente sal. Al bajar a caminar sobre la salina vemos que
la lisura del suelo es casi perfecta, salvo por los resquebrajamientos
en forma de pentágono de un metro por lado que se reproducen
con la exactitud matemática de una telaraña. El lugar
parece tierra arrasada, un paisaje desterrado con una inhóspita
aridez que se extiende por 2000 kilómetros cuadrados. Estamos
en el limbo blanco de un valle de sal. Difícilmente otro paisaje
pueda transmitir mejor la idea de la nada más absoluta.
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A
salta por 40 pesos
A partir
del pasado 1º de diciembre, el pasaje de avión ida
y vuelta a Salta cuesta 40 pesos. La única salvedad para
aprovechar esta promoción es que los viajeros se hospeden
en algún hotel de la provincia por un mínimo de
7 noches en base doble (excluyendo albergues juveniles). Teniendo
en cuenta que un hotel dos estrellas cuesta $ 44 la habitación
doble, por un precio de $ 350 ya se tiene incluido el transporte
desde Buenos Aires y el alojamiento. La promoción, válida
hasta el 15 de marzo de 2002, es fruto de un acuerdo entre la
Secretaría de Turismo provincial, los hoteleros salteños,
las agencias de turismo, las aerolíneas Dinar y ARG, y
el Ministerio de Turismo, Cultura y Deportes de la Nación.
La comercialización se realiza a través de numerosas
agencias de viajes, y se debe tener en cuenta que algunas agencias
salteñas de turismo receptivo ofrecen paquetes de actividades
para una semana completa por $ 99 (incluye varios de los destinos
principales de la provincia).
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Datos
útiles
Cómo
llegar: La excursión en ómnibus por la Puna la realiza
la firma Movitrack e incluye una visita al pintoresco poblado
jujeño de Purmamarca durante al camino de regreso. El precio,
con las comidas y bebidas incluidas, es de $ 99 durante el verano.
Parte a las 6 de la mañana y culmina alrededor de las 21
(miércoles y sábados). También ofrecen una
excursión de dos días con alojamiento en la localidad
jujeña de Tilcara y una visita a Humahuaca ($ 160 la excursión
más $ 150 el alojamiento). Las oficinas de la empresa quedan
en la calle Buenos Aires 28 (a dos cuadras de la plaza principal
de la ciudad de Salta). Tel.: 0387-4316749 E-mail: movitrackarrobamovitrack.com.ar
Sitio web: www.movitrack.com.ar
Dónde alojarse: El Hostel Backpackers de la ciudad
de Salta es un albergue juvenil asociado al Hostelling International,
y es reconocido por estar al nivel de los mejores de Europa. Ofrece
alojamiento desde $ 8 por día, y una habitación
doble con baño privado cuesta $ 23. Calle Buenos Aires
930 Tel.: 0387-4235910 (en Buenos Aires: 4511-8712) E-mail: hostelsalta@backpackerssalta.com
Sitio web: www.backpackerssalta.com
Hotel Marilian: $ 80 la habitación doble y $ 95 la triple.
Calle Buenos Aires 176 Tel.: 0387-421-6700 E-mail: hotelmarilian@arnet.com.ar
Dónde informarse: Casa de Salta en Buenos Aires xxxxxx.
Secretaría de Turismo de Salta: Calle Buenos Aires 93 www.turismosalta.com
Dónde comer: La Vieja Estación ofrece buena gastronomía
local y espectáculos de folclore moderno en vivo. Calle
Balcarce 885. Tel.: 03874217.
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Las
ruinas de Tasil
En el borde sudoriental
de la puna, sobre la margen derecha del río Las Cuevas,
están los restos arqueológicos de uno de los mayores
núcleos poblacionales del período tardío
preincaico del noroeste argentino (10001450 d.C). Para llegar
al sitio, el camión sale de la carretera y se interna por
un angosto sendero que asciende con dificultad la empinada ladera
de la montaña. Llegado cierto punto se debe continuar a
pie entre una gran proliferación de cardones que miden
hasta cuatro metros de alto. La caminata no es exigente, pero
los efectos de la altura se hacen sentir. Al llegar a la parte
más alta de la montaña aparecen los primeros rectángulos
de pircas reconstruidas de este poblado diaguita que llegó
a tener más de 2000 habitantes. En total son 12 hectáreas
excavadas en un 30 por ciento, donde se ha podido identificar
un trazado urbano bien definido, conformado por unidades de viviendas,
calles principales y secundarias, plazas, mercados, un centro
político y otro religioso.
La estratificación social se reflejaba en las viviendas:
en lo alto del cerro estaba el barrio de casas más complejas,
con varios recintos, mientras que en la parte baja de la montaña
se encontraron viviendas más sencillas de un solo cuarto.
Los muertos eran enterrados dentro del pueblo, junto a la pared
exterior de las casas (lejos de la puerta). En los barrios altos
la riqueza del ajuar funerario era un indicador de nivel social.
En cambio, en las tumbas de los barrios inferiores las pertenencias
que el muerto se llevaba al otro mundo eran muy pobres. En la
cima del orden social se hallaban el cacique y el chamán.
En los faldeos de los cerros vecinos se ven los cuadros de cultivo
donde las pircas de piedra servían para proteger del viento
y la lluvia a las plantaciones de poroto, calabaza y maíz.
El sitio fue ocupado a mediados del siglo XIV y no se encontraron
evidencias del dominio incaico, ya que cuando el reino del Cuzco
avanzó sobre la región, los pobladores de Tastil
habían abandonado la ciudad. Se cree que lo hicieron por
decisión propia. Tastil había crecido tanto que
se hizo imposible alimentar a una población numerosa en
un medio tan inhóspito.
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