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LITERATURA Y FIN DE ANALISIS A PARTIR DEL CREADOR DE “FERDYDURKE”
Gombrowicz mordería la mano del psiquiatra

En la obra, las anécdotas y la “divisa” del escritor Witold Gombrowicz, el autor de este ensayo traza relaciones entre la sublimación y el final de la cura psicoanalítica.

Hacerse: “Algunos descubren al final de un análisis el ‘hacerse ser’, por lo general mediante una obra que vuelva consistente el nombre propio”.

Foto de pasaporte de Witold Gombrowicz: Polonia-Argentina, 1939.

Por Germán García *

Estoy advertido, puesto que cito de Gombrowicz lo siguiente: “¡Psicoanálisis! ¡Diagnóstico! ¡Fórmula! Mordería la mano del psiquiatra que pretendiese destriparme privándome de mi vida interior; no se trata de que el artista no tenga complejos, sino de que sepa transformar el complejo en un valor de cultura.”
Pero también estoy advertido de que ésa es la definición de la sublimación, en los mismos términos en que la propone Freud (dicho sea de paso, el joven Gombrowicz comentó la traducción al polaco de La interpretación de los sueños).
Por otra parte, esa transformación del “complejo en valor cultural” es lo que Jacques Lacan llamó el hacerse ser, por lo general mediante una obra que vuelva consistente el nombre propio.
Algunos lo descubren al final de un análisis y pueden ubicar la causa de su deseo en cierto “árbol genealógico” –la metáfora es de Lacan– que sostendrá sus obras y/o amores.
James Joyce, sabemos, hace pasar la historia de la humanidad por las iniciales de un nombre: HCE.
Este no sería el camino del analista, pero es con seguridad la salida del artista: transformar lo que sea en un valor cultural.
Moi, Gombrowicz, un documental realizado por la televisión francesa, incluye esta declaración de Witold Gombrowicz: “Me resulta penoso saber que de esta época argentina quedará tan poco. ¿Dónde están los que podrían contarme, describirme, restituirme tal como fui? La gente que yo frecuentaba no eran, en general, literatos. No se puede esperar de ellos anécdotas pintorescas, detalles característicos, acertados, logrados. Hay que confesar, por otro lado, que era diferente con cada uno de ellos, así que nadie sabe cómo era realmente”.
En tanto es el deseo de uno lo que otorga sentido a las palabras del otro y viceversa, estamos de nuevo en un malentendido.
También quise valerme del malentendido cuando hable de Gombrowicz, el estilo y la heráldica.
La heráldica, como saben, es el conjunto de los conocimientos relacionados con los escudos nobiliarios, los blasones de los escudos de armas. Creo que Gombrowicz blasona y que su divisa, como lo recuerda su amiga Alicia Giangrande, es: por bueno que sea un ambiente, siempre se lo puede arruinar.
No soy el primero en apelar a estas metáforas para hablar de literatura. Lawrence Durrell usaba el término heráldico, incluso lo justificó en los siguientes términos: “Señalo también el uso del adjetivo ‘heráldico’, del que a menudo he tenido que responder ante los críticos. Significa simplemente el mandala del poeta o del poema. El alquímico sello o firma del individuo; lo que queda cuando extrae el ego. ¡Es la absoluta nulidad de la entidad que el poema representa como un ideograma!” (Una sonrisa en el ojo de la mente, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1980).
Este ideograma sin ego es la obra de Gombrowicz, es lo que queda de la absoluta nulidad de una genealogía perdida y sustituida por el mandala de un estilo.
Severo Sarduy cuenta, poco antes de su muerte, lo siguiente: “Le digo un día a Gombrowicz, creo que en Royaumont, en todo caso bajo un árbol: ‘Estoy perdido y solo, escribo en español, y más bien en cubano, en un país que no se interesa en nada que no sea su propia cultura, sus tradiciones y en el que, lo que no es ya notorio, se puede ser asimilado totalmente, sin dejar residuos de la pasada identidad del autor, es como si no existiera’. Con su habitual dejo de ironía, su sonrisa discreta pero burlona y ese jadeo asmático que entrecortaba sus frases, me respondecortante: ‘¿Y qué dirías, Nene, de un polaco en Buenos Aires?’” (Babelia, suplemento de El País, Madrid, 14/8/93).
La pregunta, verdadero koan (esa frase del maestro zen, cuyo enigma obliga al otro a buscar una respuesta) que sitúa la queja del otro en la infancia al calificarlo de “Nene”, convierte a Gombrowicz en el ideograma encarnado de su obra.
Ferdydurke, palabra de la que el lector puede elegir decir el, la, un, una; es una verdadera divisa. Me informé de que en la Edad Media las divisas se dividían en cuatro clases: las figuradas, a imitación de los arabescos moros, por colores o mezcla de colores, y en las cuales tenían su origen los cordones o lazos de amor que rodeaban el escudo de los reyes de Cárdena; las divisas consistentes en sólo palabras, llamadas por eso almas sin cuerpo; las que, por el contrario, estaban constituidas por las figuras mudas, o cuerpos sin alma, y, por último, las que tenían a la vez cuerpo, es decir, la representación material de la idea, el dibujo de la imagen, y alma, el mote, la leyenda o exergo que animaba el objeto.
El término mote viene del francés mot (palabra), frase breve, sentencia que tenía un sentido oculto. El mote, la empresa, el lema.
El mote era para la familia la divisa para el individuo. Y podía ser una sola palabra. Por ejemplo, San Carlos Borromeo tenía como divisa la palabra Humildad.
La divisa no podía sacarse de objetos desconocidos, no tenía que ser demasiado enigmática, pero tampoco del todo clara.
En lo que hace al cuerpo, a la imagen, no se admitían figuras humanas; por que hubiese sido comparar al hombre consigo mismo.
En el siglo XVI y XVII unas divisas llamadas cabezas de mote eran pasatiempos en los salones y consistían en frases que debían ser glosadas. El mote, sabemos, es también el sobrenombre.
Creo que Gombrowicz conocía la literatura heráldica al menos desde los catorce años, cuando intenta escribir la historia de su familia. Este conocimiento es manifiesto en su teatro y en su primera novela, Los hechizados.
Una divisa es también algo monetario. La divisa del escritor, su economía verbal y social, su modo de circulación.
La operación de divisar es añadir blasones a las armas familiares para diferenciarlas: es lo que hace Gombrowicz con sus obras.
En Moi, Gombrowicz, dice: “Soy originario de una familia noble que durante cuatrocientos años tuvo propiedades en Lituania. La familia, en lo que concierne a sus bienes, sus cargos y sus alianzas era un poco superior a la media de la nobleza polaca, pero no pertenecía a la aristocracia. Sin ser conde, tuve un cierto número de tías condesas, pero esas condesas no eran del mejor rango. Era más o menos”.
Su abuelo había sido confiscado por el zar y al comenzar el siglo –dice Gombrowicz– “... éramos una familia desarraigada, nuestra situación social no era totalmente clara entre Lituania y la Polonia del Congreso, entre la tierra y la industria, entre lo que se llama una buena sociedad y la otra más bien mediana (...) tenía ya en ese momento una doble vida, había en mí algo oscuro que por nada del mundo aceptaba aparecer a la luz del día, era totalmente incapaz de amar...”.
Ya esta aquí el entre, también la doblez. Divisar, agregar la obra a la familia equívoca.
Vuelvo al título Ferdydurke, como divisa. Algunas divisas son cifradas. Por ejemplo, repetidas veces aparece en la corona de Aragón la cifra SYRA, cuyo significado se desconoce.
La cifra, la divisa cifrada de los duques de Saboya es FERT (y algunos la descifraron como “Frappez, Entrez, Rompez Tout”).
Aparte de la indicación del prólogo de la edición argentina de la editorial Argos, donde Gombrowicz dice que puede decirse Ferdydurke encualquier género (femenino, neutro, masculino), ignoro si este título fue alguna vez descifrado.
Tampoco es seguro que pueda divisarse lo mismo que puede circular -hablado, escrito– del final de análisis, cuya cifra suele pasar en silencio como un cuerpo sin alma, reverso de esa alma sin cuerpo que consume a un escritor como James Joyce (más dit/famado que leído).

* Escritor y psicoanalista. Director de enseñanza de la Fundación Descartes.

 


 

DENUNCIA DE LA PRESIDENTA DE LA ASOCIACION DE PSICODIAGNOSTICO
“La difusión de los tests debe restringirse”

Por Silvia Viviana Pugliese *

En los últimos tiempos hemos asistido atónitos, a través de medios masivos de comunicación, a la difusión de “maestrías en recursos humanos” dirigidas a estudiantes, profesionales y personas “con experiencia en el tema”, que incluyen la materia “Evaluaciones psicotécnicas”: o sea, les enseñarán a aplicar tests. Además, se han difundido las preguntas y respuestas de un riquísimo test psicométrico, que lleva más de 60 años de vigencia; y se han mostrado láminas de un valiosísimo test de personalidad. Detrás de estas publicaciones –sin perjuicio de la responsabilidad de los editores– hay psicólogos que alegremente ofrecieron esa información, de estricto manejo profesional, cuya difusión debiera estar restringida, como en todos los países en los que ciencia y ética van de la mano.
La Asociación Argentina de Estudio e Investigación en Psicodiagnóstico (ADEIP) asumió la responsabilidad de la adaptación argentina de las “Pautas internacionales para el uso de los test”, precisamente porque la mayoría de las fallas provienen del mal uso de los tests, más que de una deficiente calidad técnica. El punto 2.9.5 de las “Pautas internacionales” dice: “Cuidar para que el circuito comercial de los productos no contraríe los principios establecidos en estas pautas”.
En el uso de los tests, si la persona evaluada conoce las preguntas y respuestas del test que le van a aplicar; si quien lo aplica e interpreta no es un psicólogo con formación específica; si las pruebas se muestran a través de medios no científicos; entonces, la práctica psicodiagnóstica no reúne las condiciones de asepsia que requiere como condición sine qua non y se atenta contra la seguridad de los tests.
A la competencia y ética del psicólogo, se debe sumar la restricción de acceso al material de los tests. Allí reside la garantía de calidad de los instrumentos. Las “Pautas internacionales” en el punto 1.4.4, dicen: “Asegurarse que la tecnología del test no se expone públicamente de tal modo que su utilidad quede deteriorada”. Esta norma está basada en que la seguridad de los tests depende de que el evaluado tome contacto con el material de una determinada manera. En el caso de los tests psicométricos, es condición que no haya tenido acceso a las preguntas ni a las respuestas. De lo contrario, los resultados serán engañosos. Cuando se requiere una respuesta ante un estímulo –lámina, dibujo, etcétera–, si los conoce en un contexto distinto de una evaluación las conclusiones se verán distorsionadas.
Quien vulnera la integridad de los tests ocasiona un triple daño: científico, profesional y económico. Daño científico porque echa en el cesto de papeles el trabajo de años de un equipo de científicos que rigurosamente diseñaron una técnica para ser usada durante mucho tiempo. Daño profesional porque el profesional se verá privado del uso de un valioso instrumento, para el que se preparó especialmente. Y el evaluado queda afectado porque no reunirá las condiciones de asepsia que dan confiabilidad a los resultados obtenidos. También daño económico porque la erogación que implica la construcción de un test, que generalmente proviene de universidades, fundaciones o instituciones científicas, se ve pulverizada.
No todas las profesiones plantean problemas éticos en la misma cantidad, ni con la misma intensidad. Los psicólogos rara vez pueden evitar luchar con áreas grises de la ética o enfrentar un sinnúmero de conflictos éticos. Por eso, las implicancias éticas de la actividad del psicólogo no son eventos esporádicos, sino un compromiso que constituye una parte fundamental de su accionar. El psicodiagnóstico es un área específica, exclusiva e indiscutible de la psicología, y tiene como objetivo dar cuenta de la organización y el funcionamiento del psiquismo humano. De lasconclusiones de un psicodiagnóstico dependen decisiones como: ir a escuela especial, declarar la discapacidad mental o la inimputabilidad de una persona, acceder o no a un puesto de trabajo, iniciar una psicoterapia.
El psicodiagnóstico es un proceso que incluye la utilización de instrumentos llamados tests. Es precisamente en el uso y aplicación de los tests donde se registran la mayor cantidad de prácticas inadecuadas. Por ello decimos que el psicodiagnóstico debe conllevar dos garantías: la científica y la ética.
La garantía científica comienza con la construcción del test, que implica un largo proceso donde intervienen equipos de profesionales hasta que alcanza la confiabilidad y validez requeridos. Finalizada la misma, es puesta a disposición del conjunto de profesionales que lo usarán por décadas, de ese momento en adelante.
Esta compleja elaboración tiene también un alto costo. En Estados Unidos se estima que cada ítem, desde su concepción hasta la incorporación al test, cuesta unos mil dólares. Para dar una idea, el WAIS, uno de los tests que evalúa el funcionamiento intelectual, posee 475 ítems. Al costo inicial se le deben agregar las erogaciones que implican las posteriores adaptaciones y actualizaciones.
Las garantías de la integridad de los tests se asegura con la edición de los materiales de alta calidad y fidelidad al original. Y aquí la responsabilidad es de la editorial. Las “Pautas internacionales para el uso de los tests, versión argentina” lo señalan claramente en el punto 2.9.4: “Los editores deberían: cuidar la calidad científica del material y la información contenida...”.
Es claro que para maximizar la excelencia se requiere, no sólo tests de alta validez y fiabilidad, sino una formación específica en su manejo. Su uso responsable requiere algo más que un manual de instrucciones.
El psicólogo, en su currícula universitaria, recibe los cimientos teórico-prácticos del psicodiagnóstico. Pero toda formación de grado, provee al profesional de los conocimientos básicos, y cada área de aplicación requiere una formación de posgrado, especializada. De ahí que el psicodiagnóstico requiera una formación específica. Lo contrario daña a los tests por el uso incorrecto y perjudica la imagen profesional del psicodiagnosticador. Más aun cuando lo aplican personas sin título de grado o con títulos afines y no tan afines.
Los avances tecnológicos de los últimos tiempos han beneficiado a la tarea clínica y la investigación. Así ha sucedido con la incorporación de la computadora, a través de los tests computarizados y programas para el procesamiento e interpretación de datos. Gracias a la informática, el psicodiagnosticador cuenta con un excelente auxiliar, pero no son su sustituto. Del mismo modo, los tests son sus instrumentos, pero el procesamiento de sus resultados, junto con otras informaciones de la persona evaluada, expresados en una relación interpersonal específica, requieren del juicio clínico del psicodiagnosticador. Es más, si una evaluación se basa sólo en los resultados de los tests, deviene parcial y quizá poco confiable. Ni la computadora, ni un manual de instrucciones en manos de no psicólogos pueden dar garantías de cientificidad en la tarea del psicodiagnosticador.

* Presidenta de la Asociación Argentina de Estudio e Investigación en Psicodiagnóstico (ADEIP). Rama Miembro de la International Rorschach Society. [email protected]

 
POSDATA
Vulnerables. “Los vínculos en la ficción: un análisis de Vulnerables”, con Ona Sujoy y S. Guerchicoff en Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo, el 16 de 13.30 a 15. Gratuito. 4774-6465.
Familia. II Congreso de Familia y Pareja: “Dinámica inconsciente vincular y clínica vincular”. Del 3 al 5 de mayo. Convocan AAPPG, AEAPG, APA y APdeBA. 4855-4023.
Autismo. Seminario “Bases neurobiológicas del autismo”, con N. Waisburg en la Liga Israelita Argentina, desde el 30. 4582-0421.
50. “Mujeres de 50. Cambios biológicos y sus implicancias psicológicas”. Talleres, desde el 13 a las 20.30. 4431-2807.
Trabajo. Foro de psicoanálisis y trabajo: www.psiconet.com/foros/trabajo.
Filosofía. Grupos de lectura: “De Nietzsche a Badiou: la crisis de la filosofía tradicional”, con Rubén Ríos. 4863-0193.
Psicopedagogía. Curso anual para graduados en psicopedagogía y carreras afines “¿Cuándo nace un sujeto? Construcción del lenguaje y comunicación”, viernes de 8.30 a 10 desde el 16 en el Hospital Alvarez. 4567-9362, 46311702.
Counseling. Carreras de grado de counseling y resolución de conflictos organizacionales en Convenir, Asociación Civil. 4815-7002.
Grupos. Reunión sobre el programa de especialización en el Instituto de Investigaciones Grupales que dirige Graciela Jasiner, el 13 a las 20.30. 4833-7808.
Sexo. “La sexualidad femenina, desde Freud a Lacan”, curso anual por Jorge Linietsky en Servicio de Psicopatología del Hospital Rivadavia. Viernes a las 13.15 desde el 30. Gratuito. Inscripción directa en el curso, Las Heras 2670, aula magna. 4809-2000 int. 2189.
Acompañamiento. Curso anual de acompañamiento psicoterapéutico en acompañar. Incluye prácticas de asistencia gratuita a pacientes de bajos recursos por convenios con instituciones públicas. 4374-6966.
Género. Programa de actualización en psicoanálisis y género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Directoras Irene Meler e Irene Fridman. Para psicólogos, médicos y egresados de ciencias sociales. 43457359/7422.

 

Mail de estas páginas: [email protected] . Fax: 4334-2330.

 

 

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