Ensayos sobre el trabajo, una colectiva en el CCPE
Visiones críticas de un mundo capitalista
Señalizada como el kilómetro 304,5 de la segunda edición de BIENALSUR, la muestra reúne obra reciente de artistas contemporáneos de 5 países.
Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón.Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón.Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón.Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón.Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón.
Proyectos fallidos de emprendedores individuales, instalación de Viviana Zargón. 
Imagen: Andres Macera

Nacida hace dos años en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Untref (Provincia de Buenos Aires), la bienal Bienalsur inauguró a comienzos de este mes el tramo de su segunda edición correspondiente a Rosario. Este inmenso proyecto internacional de democratización del arte surgido de una universidad pública argentina se extiende este año por más de 110 sedes en 44 ciudades de 20 países, con artistas de todo el mundo.

El 6 de junio se abrieron 7 muestras en esta ciudad, en 5 locaciones distintas señalizadas como "kilómetros" respecto del epicentro original. El km304,5 corresponde al Centro Cultural Parque España; el km304,8, al Museo de Arte Contemporáneo (MACRO), donde se expone Dos museos y un río, con obras de Graciela Sacco, León Ferrari y otros; en el km305, el Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC), se exhiben una instalación de Noemí Escandell y una exposición colectiva con Ana Gallardo y otras artistas. Eduardo Basualdo presenta una instalación en el Parque Independencia (km305,7). El Museo de la Memoria es el km306, con sendas instalaciones por Eduardo Álvarez y Leo Núñez.

La bienal BIENALSUR, de la UNTREF, inauguró a comienzos de junio el tramo de su edición 2019 correspondiente a Rosario.

Esta reseña está dedicada al primer mojón del recorrido: la muestra colectiva Ensayos sobre el trabajo, que puede visitarse hasta el 10 de agosto en las Galerías del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río). Allí, siguiendo el eje curatorial "Memorias y olvidos",  los artistas Tnani Ali (Túnez), Chen Chieh-Jen (China), Duygu Nazli Akova (Turquía), Yohnattan Mignot y Diego Masi (Uruguay) y los artistas argentinos Federico Mattioli, Antonella Aparicio, Karla Buzó, Catalina Sosa y Viviana Zargón exploran el mundo del trabajo a través de videos, fotografías, grabados, esculturas y todo tipo de instalaciones, tanto estáticas como interactivas y dinámicas.

Un sensible e inteligente diseño de montaje permite leer un relato curatorial que va del presente al pasado, y donde la obra de arte expresa variados discursos críticos sobre las condiciones materiales y simbólicas de la existencia de las personas en el Tercer Mundo en función de las de la producción de bienes en el contexto de diversas fases del capitalismo: colonial, postcolonial, globalizado.

Fantasmas del presente y de la crisis del 2001 en Argentina sobrevuelan Proyectos fallidos de emprendedores individuales (2019), de Viviana Zargón (Buenos Aires, 1958). Sus estructuras soldadas en hierro, cada cual con su plano sobre papel, parecen resumir una doble vertiente de la Modernidad: lo primero que salta a la vista es la faz racionalista, industrial, de sólidos ángulos rectos, pero bien mirados esos mismos ángulos parecen el alfabeto de algún lenguaje oculto de bizarros signos mágicos que sólo tienen o tuvieron sentido para un individuo en particular. Zargón ha explorado en otros medios plásticos aquellas ruinas intersticiales entre el capitalismo fabril y el financiero que Buenos Aires produjo a fines del siglo veinte.

Andres Macera
Detalle de una obra sonora de Diego Masi

La experiencia estética que sigue resulta aún más conmovedora. Un pathos melancólico se expresa en las ruinas de fábricas fotografiadas con medios tecnológicos anacrónicos por el montevideano Yohnattan Mignot. El sonido "industrial" que se hace audible desde las salas más lejanas añade a esas visiones desoladas un factor espectral. El tunecino Ali Tnani (n. 1982) trabaja documentalmente un "contralugar" y sus rastros en Even The Sun Has Rumors (2017), video de 18 minutos en 2 canales donde la voz de Taïb, hijo de un empleado jubilado de la compañía minera francesa que se estableció en Gafsa y funcionó durante la época colonial, va narrando sus memorias de la antigua cooperativa de empleados en la localidad minera de Redeyef, cuyo presente de abandono se muestra en las imágenes surcadas por el sol.

Este proyecto mundial de democratización del arte se extiende en más de 110 sedes en 44 ciudades de todo el mundo.

En el muro cubierto por las 6x4 estampas serigráficas manuales en esmalte sintético sobre chapa negra decapada que componen Políticas de calidad (2017), de Federico Mattioli (Buenos Aires, 1980), se deja leer la voz patronal con sus mensajes encubiertamente amenazantes para los operarios, en "lemas" tales como "Producir calidad ayuda a mantener su puesto de trabajo". Con su video experimental Kovan ("Colmena"), la videasta turca Duygu Nazli Akova (Estambul, 1981) retrata las infrahumanas condiciones actuales de la vivienda popular en su ciudad. El videasta chino Chen Chieh-jen (Taiwan, 1960) revisa la tradición barroca pictórica occidental de las representaciones de martirios al ofrecer una mirada ralentizada sobre la deshumanización laboral de los cuerpos en Pushing people, obra cuyo título puede traducirse como "Gente que empuja" (imagen que constituye su contenido manifiesto) o como "Empujando (oprimiendo) a la gente".

Diego Masi (Montevideo, 1965) reproduce el ruido insalubre de la fábrica en una potente instalación electromecánica y sonora de 2016, que combina una hormigonera adaptada, poleas y seis martillos que machacan rítmicamente una pared. La instalación interactiva con video Operar fantasma, de Catalina Sosa (Mar del Plata, 1987) se enciende accionada por dos espectadores. En su instalación Silencio, rectitud, el trabajo liberado (2019), Antonella Aparicio y Karla Buzó conjugan una plomada de barro y un huso de telar en una escena cálidamente iluminada que alude con fresco optimismo tanto al pasado como al posible futuro del trabajo, más acá o más allá de la locura colectiva industrial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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