Todo el teatro de pie, antes de que suene música. Todos y todas en un grito: “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”. Es que está entrando, a paso de diva militante, Nora Cortiñas. Cuando a un concierto, entonces, se le pliega una emotividad tal, el factor colectivo-subjetivo --ese que fuerza al imaginario a seguir-- corre otros factores a un fugaz segundo plano. Más aún cuando sobreviene el Himno Nacional cantado por ella, por la homenajeada --por Mercedes Sosa-- y se consolida la sensación. De izquierda a derecha enfilan Piero, Lito Vitale, Alejandro Lerner, Liliana Herrero, Pedro Aznar, Víctor Heredia, León Gieco, Julia Zenko, Franco Luciani, Soledad, Araceli, Beatriz Muñoz, Tilín Orozco, Bruno Arias y Fernando Barrientos. El coro de voces y almas, o sea, que traerá a la Negra otra vez, ante un Opera colmado. Detrás, como una guardia de hierro, está esa especie de banda eterna que la acompañó durante buena parte de su trayectoria: Popi Spatocco + Carlos Genoni + Colacho Brizuela + Rubén Lobo.

Sí. Pura emoción. Conmueve. Aflora ese factor por minutos congelado (la música, los músicos) que empieza a mixturarse con los rostros. Con las nostalgias. Con la sensación de estar haciendo patria. Con aplausos y lágrimas. Con la certeza de estar sustentando el mejor de los festejos posibles para este gélido 9 de julio, distante del terror azul. De ese que se cree patria mientras la vende al FMI por un peso. “Mercedes es una de las mejores versiones de la patria”, dirá el historiador Felipe Pigna en uno de los tantos spots que acompañan todo el concierto desde la pantalla gigante. Una frase certera, filosa y contundente que hila perfecto con lo que Herrero dice en vivo: “El año que viene vamos a volver a tener nuestro 9 de julio, como tiene que ser”. O la más sutil de Gieco que, en medio de su versión de “Al jardín de la república”, se mandó con un “Viva Tandil, menos uno”.

Entre spots y canciones en vivo va trascendiendo la tarde. Un concierto interactivo en el que un inédito trío (Herrero + Lerner + Orozco) y su sentida versión de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, dan paso a otra que aúna a la cantora con Brizuela a favor de esa íntima corazonada de nombre “Guitarra dímelo tú”. U otra llamada “Zamba del que anda solo”, excelentemente interpretada por Araceli. Todas versiones que, claro, ya pasaron por la voz de Mercedes. Y que obligan a bancar la parada, intercaladas por más mensajes. “¿Qué significa Mercedes?”, se la escucha decir a Hebe de Bonafini, mirando fijo a la pantalla. “Una mujer muy comprometida con sus canciones”, se contesta. “Siempre estará presente, Mercedes. Te quiero mucho”, dice la Madre, y le tiende la alfombra necesaria para que una vieja yunta de amigos (Gieco + Piero + Lerner) visiten “Como la cigarra”, y luego Lerner se siente solo al piano para hacer “Indulto”, con historia incluida. “Cuando la dictadura se quiso olvidar a través de una ley, me tocó escribir esta canción, y la primera que dijo ´yo te la canto´, fue la Negra”.

Tras ella, y la subsiguiente aparición reproducida de Estela de Carlotto, el bullicio no deja escuchar lo que dice. Dice algo como “a los argentinos nos conocieron a través de ella”. Y algo como “Las Abuelas la hemos tratado, hemos asistido a sus recitales, hemos compartido interesantes momentos de su vida… era una patriota única”, se le alcanza escuchar a la Abuela, cuya voz se deja acompañar por la suave sábana de teclas que ofrece Spatocco. Elsiguiente spot muestra al Chango Spasiuk: “Mercedes tenía un magnetismo inmenso. Yo solamente tenía ganas de estar sentado al lado de ella, y abrazarla, y no moverme. Tan generosa, Mercedes… imposible de reemplazar”, fue el testimonio del misionero, mientras el péndulo testimonios-canciones, recaía sobre estas últimas, ahora a través de Piero.

Mano en el bolsillo izquierdo, manso y tranquilo, el tipo se ríe de un “gracias Piero” que le llega de la platea baja, y encara una hermosa versión de “Soy pan, soy paz, soy más”, que tanto le gustaba a la Negra. Luego, mientras se acoplan Luciani y Arias, aparece la homenajeada hablando del tema que hará otro de los tríos sorpresa. “´Todo cambia´ ha sido una canción muy importante para mí, porque habla de lo que pensaba, y lo que sigo pensando”. El tema, junto al testimonio, terminan en un “vamos a volver” con los dedos en V alzados, y el termómetro emotivo nuevamente a punto de estallar. Vuelta la calma, falta Peteco Carabajal (al que le tocaba hacer la bella “Estrella azul”) pero no la tercera tríada sorpresa: Aznar + Luciani + Soledad recreando “Zamba para olvidarte”, y Aznar solo, haciéndose cargo de una finísima versión de “Romance de la luna”. Y el Negro Dolina, que aparece en la pantalla. “Ella eligió no conformarse con el fervor de un mensaje justiciero, sino que envolvió ese mensaje con un contenido artístico fuertísimo… la ética implica también la estética y viceversa. He elaborado estas palabras solamente para hacer saber que la extraño”.

Otro negro (Heredia), en cambio está ahí. En vivo. Sentado. “Cuando Mercedes me conoció no me conocía nadie”, evoca “Yo recién había ganado el festival de Cosquín y le dijo a su empresario: ´quiero que este chico venga conmigo´. Pocho --su empresario-- le dijo que yo no estaba previsto en la gira, y Mercedes contestó ´no importa, yo le pago´. Y me llevó. En cada concierto, terminaba un tema, dejaba el bombo, y decía ´ahora quiero que escuchen a un chico que acaba de cantar en Cosquín, para que lo conozcan´. Esa era Mercedes”, cuenta, mientras enciende uno de los momentos álgidos de la jornada (“Ojos de cielo”), invita a Soledad y a Zenko para “Razón de vivir”, y le deja la escena caliente a la que revoleaba el poncho para que cante una de las piezas más maravillosas que haya hecho Sosa: “Zamba para no morir”. Sale airosa la Sole. También Vitale quien, junto a su trío, climatiza mediante una visita instrumental a “Alfonsina y el mar”, en el que será el último momento introspectivo del concierto.

 

Ya cerca del crepúsculo, Zenko se las arregla solita para hacer “Oh, qué será”. Otro tridente compuesto por ella, Bruno y Herrero, se encarga de hacer renacer a Violeta Parra (“Gracias a la vida”); Bruno solo se carga “Volver a los 17”, y la cosa se empieza a ir de madre cuando Orozco y Barrientos, dos personajones de la música cuyana, regalan una cueca a todo trapo (“Calle angosta”), se quedan para acompañar a León con “Solo le pido a Dios”, y lo dejan solo a éste para seguir encendiendo cuerpos “Al jardín de la república” mediante. Se escucha a Víctor Hugo Morales en pantalla recordar el recital de Mercedes en el Uruguay, tras el retorno a la democracia. Y de los tres temas del final (“Inconsciente colectivo”, “Cuando tenga la tierra” y “María María”) nada más que hablar de almas ígneas y una frase que busca prevalecer. Por volver a ser: “Mama la libertad, siempre la llevarás dentro del corazón”. “¿Diez años sin ella?, ¿en serio?