Esculturas, grabados, serigrafías y litografías de Salvador Dalí se encuentran exhibidos en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525) hasta el 11 de agosto. La muestra se llama El surrealismo de Dalí y comprende una muy variada producción en cuanto a técnicas y materiales, que recorre desde la década del ’50 hasta la del ’80. “Hay un Dalí que está en el inconsciente colectivo, uno global. Pero hay otro muchísimo más profundo, rico, vasto, desconocido por el gran público. Es un artista polifacético”, dice Ignacio Shanahan, curador de la exposición, en diálogo con Página/12.

Y continúa: “Todos tenemos grabadas en la memoria algunas de sus grandes obras. Relojes blandos, algún caballo… son sus óleos, pero hay otros Dalí. Con la obra gráfica encontró una forma de comunicación diferente y novedosa, pudo explayarse muchísimo más, hacer una enorme cantidad de obras de forma mucho más sencilla y acceder a otro público”. El curador enumera las otras inclinaciones del pintor: era escenógrafo, hacía música, diseñó objetos industriales, joyas y muebles, escribió libros. “Y su interés más profundo venía por la ciencia; estaba al tanto de los últimos avances de todos los popes del siglo XX de las distintas ciencias”, destaca.
Las más de 100 obras pertenecen a una colección privada. Fueron cedidas por Enrique Sabater, secretario y administrador de Dalí durante el período 1968-1980, para ser exhibidas en forma itinerante en América latina, como forma de divulgación de la obra daliniana y su aporte a las artes plásticas. Hace dos décadas, Santiago Shanahan, padre del curador, vinculó a Sabater con coleccionistas argentinos y las obras fueron expuestas por primera vez. La intención era inaugurar una muestra “didáctica, pedagógica, lúdica, completa en cuanto a técnicas, materiales y temáticas”. Es la misma que atraviesa a la propuesta ahora.
Las series que la componen son la del Tarot, la Conquista del cosmos, Objetos imaginarios del futuro, Daliniana y Casanova. Un guión curatorial hecho de textos que pueden atraer tanto al público más conocedor como al menos informado acompaña el recorrido. Son palabras que giran alrededor de técnicas y materiales, métodos creativos, asociaciones libres, declaraciones. Completan el escenario efectos visuales en tercera dimensión, miniaturismo y formación de imágenes dobles a larga distancia, trabajos que contribuyen al espíritu lúdico buscado desde la curaduría. Y, además, hay siete esculturas de bronce.


La serie que da inicio a la exposición es la del Tarot, que no cubre todas las cartas del célebre mazo sino solamente los arcanos que interesaron al artista. También imágenes inspiradas en él que no necesariamente se corresponden con las cartas. “Es una selección caprichosa y una interpretación muy personal. Renombra y deforma las cartas, agregando elementos de su propia vida y experiencia. Agrega relojes blandos, a Alicia en el país de las maravillas, cipreses, rosas, ojos, toda la iconografía daliniana”, detalla Shanahan. La primera carta de esta serie es la emperatriz, encarnada en la figura de Gala, la mujer de Dalí. La última es la muerte, obsesión del pintor durante toda su carrera.
Con grabados, litografías y collages, la Daliniana es “la serie más heterogénea”. Conjuga “obras unitarias y otras que vienen en pares y tríadas”. Abarca temáticas variadas, entre ellas los deportes y asuntos metafísicos y religiosos. En este sector también hay obras realizadas en papel de cáscara de arroz, que tiene la particularidad de ser perecedero. “Tienen los días contados desde el momento mismo en el cual se crean. Suman una línea más de diálogo a este hablar sobre la vida, la muerte, la trascendencia, lo perecedero e imperecedero”. Luego, en la serie erótica, llamada Casanova, se ven paisajes y ensoñaciones vinculadas a la vida sexual. “Dalí tenía una relación única con la sexualidad. Un detalle poco conocido de su biografía es que, por un defecto congénito, era impotente. Jamás en su vida logró tener una erección. Toda su relación con la sexualidad era diferente. Se empiezan a desarrollar un montón de cosas en su psiquis y en su obra que reflejan costados muy profundos sobre su propia relación con el mundo de la sexualidad”, explica el curador. “Permitía a su mujer estar con otros hombres y mujeres y era testigo de esos encuentros”, agrega.
El eje de la muestra “avanza desde una Edad Media temprana hacia el futuro”. La serie del Cosmos está compuesta por diez litografías de gran tamaño, a todo color, donde Dalí plantea un potencial encuentro futuro con civilizaciones alienígenas. Y retrata distintas facetas de ese contacto. “Se encuentran predominantemente elementos de paz, equilibrio y concordia. No lo ve como un proceso hostil como pasa en la ciencia ficción”, compara Shanahan. Los Objetos imaginarios del futuro muestran los frutos de su conocimiento acerca de los avances de la ciencia y la tecnología. Las obras de esta serie, que tiene mucho humor y una cuota de presagio, muestran el posible impacto de estos avances en la vida cotidiana. Y la última serie es la del Tiempo: cinco litografías recrean algunas de las joyas que diseñó, dándoles una forma artística y vinculándolas con el tiempo, otra de sus conocidas obsesiones. El epílogo lo constituye una serie de siete fotografías de Sabater.