Homenaje
Gombrowicz: la desubicación como manera de pensar
Desde el lunes, en diversas sedes porteñas se realizará un congreso internacional, con más de 200 escritores, críticos y periodistas, enfocado en la obra del escritor polaco. En julio se cumplieron 50 años de su muerte. 
Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad. Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad. Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad. Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad. Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad. 
Gombrowicz, un escritor que esquivó toda solemnidad.  

La solemnidad se combate con el pecado de la ironía, el sarcasmo o la carcajada. El falso conde polaco Witold Gombrowicz (1905-1969) fue el escritor que metió las patas en la fuente de la literatura argentina para despeinarla y desacomodarla. “No se puede escribir como Gombrowicz. Se corre el peligro de enmudecer, de idiotizarse en el fuego de la risa”, decía Germán García (1944-2018), tal vez el escritor argentino más gombrowicziano, que reconoció tempranamente la influencia del autor de Ferdydurke. A 50 años de su muerte –que se cumplió el pasado 24 de julio-, se realizará el Segundo Congreso Internacional Witold Gombrowicz en 10 sedes diferentes, con más de 200 escritores, críticos y periodistas, en más de 30 actividades. La apertura será el lunes a las 18 en la Biblioteca Nacional con una conferencia de Fabián Casas, luego de la lectura de fragmentos de la obra del autor polaco que llegó a Argentina en 1939; una visita que imaginó que sería breve, pero que se prolongó durante 24 años, hasta que finalmente regresó a Europa en 1963. Guillermo Martínez, Tomás Abraham, Alicia Borinsky, María Rosa Lojo, Martín Kohan, Juan José Becerra y Anna Spólnova (del Museo Gombrowicz de Polonia), entre otros, participarán de las actividades. También habrá un ciclo de cine en el Malba y la Radio UNDAV (la emisora de la Universidad Nacional de Avellaneda) se transformará en Radio Gombro y emitirá una programación especial con entrevistas exclusivas a Enrique Vila-Matas y Rita Labrosse, la viuda de Gombrowicz, y la participación de Alejandro Dolina y Víctor Hugo Morales (ver aparte).

Habitar el futuro

El Segundo Congreso –que homenajeará a Germán García en una de las charlas- cerrará el sábado 17, también en la Biblioteca Nacional, con la lectura de fragmentos de Kronos, el diario inédito del escritor polaco en español, que publicará El cuenco de Plata, traducido por Pau Freixa y Bozena Zaboklicka. Se entregará el Premio Gombrowicz de Novela, dotado de 100 mil pesos, a la obra ganadora, y habrá música a cargo del dúo Pensé que era viernes, integrado por el escritor Pedro Mairal y el periodista Rafael Otegui. “Gombrowicz es un contemporáneo”, subraya Fabián Casas a Página/12. “Un contemporáneo es alguien que está corrido, que tiene en cuenta también el pasado; no es una persona actual. El contemporáneo está presente de una manera como no está presente nadie, es decir ve el futuro, pero sabe que no lo va a poder habitar; es como esos amigos terribles que conocemos en la infancia y nuestros padres nos desaconsejan que tratemos, pero sabemos que son esenciales para nuestra supervivencia”. El escritor polaco, acaso condenado a ser forastero en todas partes, “un mentiroso difícil de encasillar”, irreverente e inmaduro, jaqueaba el sistema desestimando ser categorizado bajo el yugo de identidades de las que rehuía. “Yo no idolatro la poesía, yo no soy excesivamente progresista ni moderno, yo no soy un intelectual típico, yo no soy nacionalista ni católico, ni comunista ni hombre de derecha, yo no venero ni a la ciencia ni al arte ni a Marx. ¿Qué soy, entonces? La mayoría de las veces soy simplemente la negación de todo lo que afirma mi interlocutor”, planteaba Gombrowicz, que consiguió ser adorado por los jóvenes y ninguneado especialmente por el grupo Sur, con la honrosa excepción de Carlos Mastronardi.

El excéntrico polaco vivió en minúsculas pensiones de la ciudad y se negó a compartir su habitación “por miedo a ser estrangulado mientras dormía”, como recordaba Alejandro Rússovich, mientras escribía Transatlántico (1951). La historia de cómo se tradujo su novela Ferdydurke, publicada en Polonia en 1937, en el café Rex, sobre la calle Corrientes, es digna de ser evocada una y otra vez. Por el vértigo, la impertinencia, la frescura de no rendirle cuentas a nadie y responder solo a los imperativos del deseo. En ese emblemático café, un comité de aventureros, encabezado por el escritor cubano Virgilio Piñera, tradujo la novela en 1946; una tarea descomunal y compleja porque no fue fácil trasponer al español el texto de un escritor polaco que sabía un par de palabras en español –“mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar”, admitió- con la ayuda de un puñado de entusiastas latinoamericanos que apenas balbucean algunos torpes vocablos en polaco.

“A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental”, reflexionó Gombrowicz en la conferencia “Contra la poesía”, pronunciada el 28 de agosto de 1947 en el centro cultural Fray Mocho. “¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar ‘puro’. El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico”, explicaba el escritor polaco.

A 50 años de su muerte, la obra de Gombrowicz parece tan actual, que le “habla” a nuestro presente. “Tengo la sospecha de que Gombrowicz vivió, pensó y actuó a destiempo siempre, y que en ese sentido, de algún modo, es más fácil encontrar lectores para su obra hoy que hace cincuenta años”, advierte el escritor Nicolás Hochman, uno de los organizadores del Congreso, autor de Incomodar con estilo. El exilio de Gombrowicz en Argentina. “No quiero decir que fuera un adelantado a su época -no sé qué es eso-, pero sí que sus ideas iban por otros carriles, con los que hoy nos podemos sentir particularmente interpelados. Creo que la manera en la que Gombrowicz piensa cuestiones como el nacionalismo, la identidad sexual, la juventud y la ruptura de las formas es algo absolutamente actual, que pone en cuestionamiento lo que sabemos, lo que queremos, lo que creemos”.

No conozco a ningún autor más irreverente, siempre fuera de lugar, que Gombrowicz”, afirma Hochman. “Pablo Gasparini, un investigador rosarino que vive en Brasil hace tiempo, dice algo que me parece muy atinado, y es que Gombrowicz era desubicado en un doble sentido: en el de ser un maleducado cada vez que podía, y en el de estar literalmente sin ubicación geográfica en el mapa. Esto se puede pensar en cualquier momento de su vida: en Polonia, acá, cuando volvió a Europa. Lo interesante es que de esa desubicación, de esa provocación sistemática y sin respiro, hizo un estilo, una obra y un modo de vida. La desubicación, para Gombrowicz, es una manera de pensar, de actuar, de sentir, de interpelar, de movilizar al otro. Es desagradable, desde luego, pero muchas veces necesario”.

La programación del Segundo Congreso incluye “Gombrowicz versus Borges”, un juego por equipos en el que jugarán Verónica Boix, Santiago Craig, Patricia Funes, Ezequiel Mandelbaum, Pablo Martínez Burkett, Marcos Mayer, Juan Olcese y Marcos Urdapilleta. “El objetivo es determinar cuál de los dos es el mejor escritor de la Argentina –agrega Hochman-. Es un chiste, claramente, porque sabemos que el mejor era Gombrowicz, pero nos parece que de ese chiste pueden salir muchísimas reflexiones y preguntas mucho más profundas, que sirvan para repensar algunas cuestiones sobre cómo miramos y pensamos la construcción del campo literario en Argentina. En el equipo de los borgianos –que se enojan por esa i, pero así son las reglas- están Funes, Mandelbaum, Mayer y Martínez Burkett, y en el de los gombrowiczianos Boix, Craig, Olcese y Urdapilleta. Nos divierte mucho que el juego sea en el Espacio Borges de la biblioteca Miguel Cané, porque tenemos la intención de que los locales se sientan incómodos y fuera de la zona de confort”. El escritor polaco –que nunca dejó de escribir y de declararle la guerra, sin subterfugios, al ambiente literario oficial y a sus más encumbrados representantes- dijo que Borges hacía una literatura abstracta, como corresponde a la condición de un ciego. Es curiosa la reacción de Borges que, alejado de su refinada ironía y más próximo al exabrupto, menospreció a Gombrowicz: “Es un invento de Mastronardi”.

Matar a Borges

Más allá del juego, ¿qué consecuencia tuvo ese enfrentamiento entre Gombrowicz y Borges? ¿Quizá impidió que se lo leyera más al escritor polaco? Para Hochman ese enfrentamiento no existió. “El grupo Sur se ocupó de ningunear a Gombrowicz de la manera más elegante: ignorándolo. Gombrowicz quería hacer de Borges un enemigo, y del otro lado estaba (Adolfo) Bioy Casares diciendo que leer a Gombrowicz no ameritaba el esfuerzo de estirar el brazo hacia la biblioteca para buscar un libro suyo –recuerda uno de los organizadores del Congreso-. Más allá de las chicanas, nosotros, que somos hijos de Borges, que nos formamos con él, que lo admiramos y lo resistimos al mismo tiempo, estamos convencidos de que es necesario atravesar las discusiones que surgen en la literatura desde diferentes ejes. Hay una anécdota, probablemente apócrifa, que dice que cuando Gombrowicz se estaba yendo de Buenos Aires, mientras saludaba desde el barco, que se alejaba, les gritó a sus amigos ‘¡Maten a Borges!’, y que esas fueron sus últimas palabras en Argentina. Más allá de si eso es cierto o no, es muy gombrowcziano, y las lecturas que se pueden hacer de eso son muchas y muy productivas, parricidio mediante”.

Aire fresco de la cuarta vanguardia

Casas afirma que hay una cuarta vanguardia en la literatura argentina: la inicia Gombrowicz, pasa también por Hebe Uhart, y la culmina César Aira. “El escritor norteamericano Richard Piglia –ironiza Casas- en su estudio sobre las tres vanguardias no la tuvo en cuenta porque precisamente Aira es un escritor que viene a confrontar su literatura; entonces es difícil que un escritor analice o ubique determinadas vanguardias que vayan en contra de su propia estética. Sería genial que algún día surja un escritor que incluya en sus estudios de vanguardia a las vanguardias que no le convienen. Gombrowicz inicia una vanguardia que culmina, por ahora, en Aira”. Los ecos de su conferencia “Contra la poesía” regresan a la manera de un fantasma impertinente que habla la lengua indómita de nuestro tiempo. “Que me disculpen los poetas. Yo no los ataco para molestarlos y gustoso tributaré homenaje a los altos valores personales de muchos de ellos; sin embargo ya se ha colmado el cáliz de sus pecados. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma (…) Mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho y, por lo tanto, libres para elegir”.

 

El cine y la radio

Radio UNDAV, la emisora de la Universidad Nacional de Avellaneda, se transformará en Radio Gombro, en el marco del Segundo Congreso Internacional Witold Gombrowicz, desde las 14 horas del martes 13 hasta las 14 del miércoles 14. Participarán columnistas como Lalo Mir, Diego Golombek, Jorge Halperin, Ariel Scher y Alfredo Zaiat, entre otros. También habrá entrevistas exclusivas a Rita Gombrowicz, Enrique Vila-Matas y Adrián Rússovich. A las 22 horas del día 13 se emitirá un programa especial de La Venganza Será Terrible, con Alejandro Dolina, Patricio Barton, Gillespi y el Trío sin nombre. En el Malba se realizará un ciclo de cine con cuatro películas sobre el autor de Ferdydurke: Gombrowicz, o la seducción (Representado por sus discípulos) (1986, Alberto Fischerman); Gombrowicz, la Argentina y yo (2000, Alberto Yaccelini), W, el polaco, película secreta del Congreso Gombrowicz (2019) y Cosmos (2015, Andrzej Żuławski).

 

*El detalle de la programación en congresogombrowicz.com

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