El reto opositor porteño es descontar ahora y el 27 de octubre seguir participando
Capital Federal: el sueño del ballottage
Con Lammens y Marziotta, el Frente de Todos estrena fórmula mientras confía en una ola nacional antimacrista y en la construcción local amplia.

Con el 7,65 por ciento del padrón total de la Argentina, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires abre dos preguntas para las PASO. Una es por cuánto gana hoy Juntos por el Cambio, el favorito. La otra, si Horacio Rodríguez Larreta y Horacio Santilli se perfilan para definir en primera vuelta el 27 de octubre o pintan para afrontar un ballottage con Matías Lammens y Gisela Marziotta.

Igual que en Córdoba, la provincia de Buenos Aires no conurbana y dentro de ella ciudades grandes como Bahía Blanca, el desafío del Frente de Todos para estas PASO no es la victoria. Ningún estudio de opinión pública da un triunfo de la fórmula Fernández-Fernández si las elecciones fueran hoy. El gran desafío para sumarles sufragios a Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner es cuántos votos logran descontar los opositores porteños. Cómo hacen para achicar lo más posible la diferencia en contra. De qué modo revierten la tendencia de 2015 y 2017.

Córdoba representa el 8,71 por ciento del padrón. La Buenos Aires no conurbana, el 14 por ciento. Santa Fe es el 8,18 por ciento, aunque ahí el Frente de Todos es optimista. Viene de un triunfo a gobernador del peronista Omar Perotti con el kirchnerismo y las diferentes variantes del justicialismo adentro e incluso triunfó en Rosario. Con que una parte de los votantes socialistas marquen en las urnas su aversión por Mauricio Macri y Miguel Pichetto, el Frente de Todos podría llegar incluso al triunfo.

La novedad porteña es que las elecciones son simultáneas con las nacionales. No ocurrió en el 2015, cuando el duelo entre Daniel Scioli y Mauricio Macri quedó separado de la pelea en la CABA. En la disputa por la jefatura de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta no pudo ganar en primera vuelta. Sacó el 44,7 por ciento frente a Martín Lousteau, con el 25, y Mariano Recalde con el 21 por ciento. El ballotage de julio de 2015 fue parejo. Rodríguez Larreta ganó por 51,64 contra el 48,36 de Lousteau. Claramente Lousteau concentró el voto antimacrista. En las nacionales, Scioli perdió en territorio porteño en primera vuelta por un 24 por ciento frente al 50,61 de Macri y en segunda vuelta por un 35,20 frente al 64,80 del macrismo.

Dirigentes del Frente de Todos dijeron a este diario que confían en lograr en las PASO un resultado superior a la marca habitual del 21 por ciento, lo que los dejaría bien parados para la primera vuelta.

--¿Y para la segunda vuelta, si hubiera?

--Para un ballottage Matías y Gisela se tienen fe --fue la respuesta--. Y si Axel gana en la provincia, ni hablar.

Aunque muchísmo más corta, la campaña de Lammens y Marziotta se pareció a la de Axel Kicillof y Verónica Magario. El plan a cumplir era “tu barrio, tu trabajo, tu casa”. Una serie permanente de contactos personales en plazas, barrios, pymes y casas, con o sin mate de por medio. El candidato del 2015, Mariano Recalde, va por una senaduría porteña que hoy el peronismo no tiene.

Parte de la confianza que se tiene la fórmula surge del resultado de los contactos. “No hay rechazo, y eso permite imaginar un crecimiento”, señaló un dirigente porteño.

Otra parte responde al armado porteño que impulsó de entrada el presidente del Partido Justicialista Víctor Santa María. Por un lado no hubo una interna encarnizada. Por otro lado, el peronismo y el kirchnerismo se abrieron a otros espacios y otras figuras, lo cual se nota en el armado de las listas legislativas. En las postulaciones para la Cámara de Diputados los primeros lugares son para Fernando Pino Solanas (una figura taquillera para el Senado o para Diputados), Paula Penacca (La Cámpora) Itaí Hagman (tiene como referente a Juan Grabois), la diputada nacional Victoria Donda y el ex embajador en el Vaticano Eduardo Valdés.

El tercer motivo de confianza en el descuento de ventajas que alega la principal oposición porteña es lo que describen como una pérdida relativa de votos del macrismo en barrios como Almagro, Caballito y Villa Crespo. Son las típicas zonas de clase media azotadas por la caída del consumo, la incertidumbre de los que aún tienen empleo y el regreso de las conversaciones de sobremesa con millenials y centennials fantaseando sobre si se van de la Argentina o se quedan aquí.

La aparición de Lammens y Marziotta en el primer plano de las candidaturas --él presidente de San Lorenzo, ella periodista que venía investigando los temas de salud, educación y tierras públicas en la ciudad—significa una apuesta fuerte para este 2019 pero también por la generación de nuevos dirigentes hacia el futuro. Lammens, un pyme y abogado porteño que se jacta de sus ancestros republicanos y a los 39 años cada tanto juega al fútbol con sus compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires, luce satisfecho con la novedad del roce político y el reto de ser todavía más conocido. Marziotta tiene obvia experiencia en los medios. Lammens no pareció traumado por el ajetreo. Habló de producción y de ciencia y en todo momento repitió una frase: “Si Macri gana otra vez, es posible que la Argentina corra el peligro de sufrir un daño irreparable”.

Para blindar su propia imagen ante un posible deterioro de la imagen presidencial, Rodríguez Larreta eligió compensar por el ensanchamiento de su alianza. Incorporó a su antiguo desafiante, el creador de la 125 Martín Lousteau, que se apoya en la estructura del radicalismo porteño para ser senador nacional, y a candidatos menores como el socialista Roy Cortina.

Cambiemos tiene hoy amplia mayoría en la legislatura. La esperanza de la oposición es achicar el número gracias a más legisladores y a la tendencia a la unificación de las fuerzas antimacristas de todo el país.

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