ENTREVISTA  
LA MAQUINARIA DEL SUEÑO
Formado en la UNQUI y en el CONICET, el joven investigador José Duhart continúa su estudio sobre el reloj circadiano en una universidad de Philadelphia. Intenta determinar cuáles son los mecanismos neuronales que llevan a que el sueño se vea afectado por interacciones sociales y por la alimentación.

José Duhart es un investigador argentino de 33 años formado en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQUI), donde sentó las bases de una carrera con proyección internacional. En el último año de la licenciatura en Biotecnología se especializó en el estudio del reloj circadiano, que es el que permite que nuestro cuerpo se adapte a los cambios ambientales que ocurren por la sucesión de los días y las noches. Duhart explica que “por este reloj dormimos –por lo general- de noche, rendimos mejor física o intelectualmente en algunos momentos del día y además es relevante en muchas funciones de nuestro cuerpo, como las defensas ante enfermedades o la capacidad de metabolizar nutrientes”.

En 2009 comenzó una beca en el CONICET para hacer su doctorado, a través del cual se dedicó a investigar cómo este reloj se relaciona con el sistema inmunológico, y también cómo es capaz de interactuar con el desarrollo de gliomas -un tipo de tumor cerebral- y de modular su respuesta a quimioterapéuticos.

Para 2014, y sabiendo que el doctorado terminaba al año siguiente, tuvo que decidir su futuro. Tenía la posibilidad de irse a Francia o Alemania a hacer un posdoctorado, pero se quedó en el país: “Quería seguir viviendo en Argentina, todo lo que quería hacer en lo laboral lo podía hacer acá, y no me imaginaba viviendo en otro lado”.

“En 2015, continúe trabajando en el mismo campo, ahora tratando de entender las bases neuronales de este reloj, en particular, y cómo se comunican distintos ‘relojes’ que existen en el cerebro”, agrega.

Al finalizar su posdoctorado se postuló para la carrera de investigador científico del CONICET. Sin embargo, a fines de 2017, por cuestiones presupuestarias, no consiguió el ingreso y se transformó en uno de los 1600 investigadores que se quedaron fuera del organismo.

“Me radiqué en Estados Unidos, donde hoy trabajo para la Universidad Thomas Jeffersón, en Philadelphia, gracias a una beca que me otorga la organización PEW y un subsidio que me da el Instituto Nacional de Salud (National Institutes of Health, NIH). Ahí continué con mis investigaciones en cronobiología, que son estos fenómenos biológicos que cambian con el correr del día y la noche”.

-¿En qué consiste la investigación que realizás en este momento?

- Trabajo en entender cómo se regula el sueño (el hecho de dormir), en particular, cuáles son los mecanismos neuronales que llevan a que el sueño se vea afectado por interacciones sociales, y por la dieta o la nutrición. Todos los organismos que tienen un sistema nervioso necesitan dormir; no obstante, hay otros comportamientos que también los organismos, incluidos los humanos, necesitamos. Entre ellos interactuar socialmente o buscar comida, y no podemos hacerlo si dormimos. Lo que estamos estudiando es cómo esto sucede a nivel del cerebro. Cuál es el mecanismo por el cual, si bien está presente la presión o la necesidad de dormir, eso es capaz de suprimirse para atender otras necesidades.

-¿Cuál es el objetivo de la investigación?

-Lo que tratamos es de entender por qué dormimos o por qué necesitamos dormir, y para entender eso hay que ver fenómenos en los cuales esa necesidad pueda ser modulada por otros tipos de estímulos y necesidades. Entender cuáles son los mecanismos a nivel cerebral que permiten que algún factor inhiba el sueño, podría ayudarnos a comprender de qué manera ocurre y deja de ocurrir el sueño. Incluso buscamos comprender cómo la nutrición o factores sociales influyen en el sueño, a través de qué mecanismos, y eso nos ayuda a pensar estrategias para mejorar desordenes del sueño y mejorar su calidad.

-¿Cómo es ser un investigador en Argentina?

-El hecho de que el desarrollo científico se dé predominantemente en instituciones públicas significa que se suele depender de becas y que en ningún momento se cuenta con derechos laborales, ya que lo que se percibe es un estipendio, y no un salario, no hay aportes jubilatorios, ni paritaria, pero sí la obligación de cumplir un mínimo de 40 horas semanales (que casi todos excedemos), y la restricción de no poder tener otro empleo o ingreso, con la excepción de un cargo simple de docencia, que muchas veces no es rentado. Pero si bien las condiciones de las becas fueron así por varias décadas, a partir de 2007 se consiguieron algunos logros, a fuerza de reclamos, como que se dé un extra para cobertura de salud o que haya licencias por embarazo.

-¿Creés que tu residencia profesional en el extranjero es algo temporario?

-La decisión de irme, al igual que la de quedarme, fue gracias a la conjunción de varios factores, pero, al menos desde lo laboral, no lo pienso como algo definitivo. Espero que las cosas mejoren en Argentina y también que mi formación acá me ayude a tener mejores posibilidades de investigar a mi regreso.

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