ENTREVISTA. Investigación del mundo de la autoayuda financiera y la configuración del "yo neoliberal"
El sueño de vivir sin trabajar
El cruce entre libertad financiera y realización personal. Los libros de autoayuda financiera tienen un abordaje meritocrático solo en la medida en que ese sujeto es reconocido por el mercado.
Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas.Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas.Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas.Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas.Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas.
Daniel Fridman, sociólogo, docente e investigador de la Universidad de Texas. 
Imagen: Sandra Cartasso

Sin prisa pero sin pausa nos adentramos en un mundo de inseguridad económica, sustentabilidad inestable y oportunidades laborales restringidas, donde ya nadie imagina mantener su fuente laboral en el tiempo, como lo han hecho sus padres o abuelos. A ese mal tiempo de creciente deslaboralización, flexiseguridad y antisindicalización, la autoayuda financiera le pone buena cara: despliega una batería de recursos prácticos y simbólicos —seminarios, reuniones, videos y audiolibros—, que enseñan cómo obtener libertad financiera y ser empresario de sí mismo. Desde una etnografía minuciosa, el sociólogo Daniel Fridman se sumergió en el mundo de la autoayuda financiera para desentrañar las formas de configuración de un “yo neoliberal”. Los rasgos de ese cruce entre libertad financiera y realización personal quedaron plasmados en su libro El sueño de vivir sin trabajar, editado por Siglo XXI.

¿Qué es la autoayuda financiera?

- Es un conjunto de recursos, fundamentalmente libros pero también seminarios, reuniones, videos y audiolibros, que les enseñan a los lectores cómo hacerse rico. Cuando la gente empieza a leer estos libros, “descubre” cómo obtener libertad financiera. Por eso lo entiendo como un proyecto moral del individuo, un deber ser relacionado con el porqué de esa libertad. De allí que no importe si una inversión fracasa, el resultado es que uno aprendió algo.

En su libro “El sueño de vivir sin trabajar”, hace referencia a la auto-transformación individual. ¿Qué efectos tiene la idea de libertad financiera en esa auto-transformación?

- Hay dos maneras de definir la libertad financiera. Una forma es matemática: cuando tus ingresos por inversiones —ingreso que no requiere de tu sudor— cubren todos tus gastos. Allí, uno supone que alcanzó la libertad financiera, asumiendo que el peor de los pecados es la dependencia. Incluso, el leve placer que genera la seguridad de un salario se convierte en una forma de dependencia, porque ahoga la iniciativa individual.

¿Cómo conviven esa transformación y las metas éticas planteadas en el libro, con esta singular noción de libertad?

- Solemos restringir nuestra comprensión de la economía como gente que maximiza y hace cálculos estratégicos, y es cierto que buena parte de la autoayuda financiera va en esa dirección. Pero hay una meta ética: hacerse como sujeto económico no es simplemente aprender de economía sino tratar de constituirse en lo que uno quiere ser. Los libros de autoayuda financiera tienen un abordaje meritocrático solo en la medida en que ese sujeto es reconocido por el mercado. Una de las críticas de la autoayuda financiera está dirigida a las instituciones educativas, al considerarlas instituciones que credencializan a la gente y le dicen qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Cuando en realidad al mercado no le importa las calificaciones de la escuela, solo le interesa el balance financiero del individuo. A eso me refiero cuando advierto que la meritocracia es entendida en términos de “el mercado lo reconoce” (al sujeto). Si te fue bien es porque lo hiciste bien.

Al desconocer las estructuras que te conducen y te amparan, todo pareciera depender del poder de agencia de cada individuo. ¿Qué pasa con los que quedan fuera de ese logro?

- En efecto, la autoayuda financiera descarta e ignora las estructuras. Se presenta como una mirada no social e individualista aunque, al mismo tiempo, pone el acento en la socialización. Como te socializaron mal y todo lo que te dieron en la familia o en la escuela te vuelve un sujeto fallido en lo económico, hay que resocializarte de alguna manera. Pero siempre el peso de los resultados recae en el individuo. Por eso es que incluso las cosas que no salen bien se pueden resignificar en términos del aprendizaje que eso supone para un yo en construcción.

Al estudiar el caso argentino, observa que la autoayuda financiera se inserta pese a la desconfianza que, estallido del 2001-2002 mediante, despertaron las entidades financieras. ¿Cómo se logra tal inserción en ese contexto?

- Observo un par de mecanismos. El más importante es separar las recomendaciones técnicas que aparecen en los libros de autoayuda financiera extranjeros. Pese a que a veces son bastante vagas las recomendaciones, están pensadas para el mercado de Estados Unidos. Entonces la idea subyacente es que si alguien que lee esos libros se desanima frente a la coyuntura es porque no ha entendido que allí hay una filosofía, y que esa filosofía lo tendría que llevar a entender mejor cómo llevar a cabo ese proyecto bajo esas condiciones. El segundo mecanismo apunta a la vida social que se genera alrededor de la autoayuda financiera. No hay gente leyendo sola estos libros. Esa socialización que se genera alrededor vuelve los productos de la autoayuda financiera más aplicables al contexto, ya que no son productos intrínsecamente globalizables. Otro de los preceptos de esta filosofía es que si uno le echa la culpa a cuestiones externas, es uno el que falla. Entonces cuando una persona dice: “che, pero en la Argentina… ups! Estoy haciendo precisamente lo que estos libros me dicen que no debo hacer, que es echarle la culpa a otro”.

Tal como lo presenta, la recuperación de lo global desde lo local se da de forma adaptativa, nunca como resistencia.

- La literatura sobre el imperialismo cultural ha sido criticada precisamente por ignorar que esa recuperación y esa aplicación a lo local no es necesariamente tan acrítica. Esa recepción puede ser también un momento de resistencia.

¿Cómo se da esa resistencia?

- Mediante una adaptación activa, un intento por pensar qué funciona en cada lugar sin desanimarse. El cash flow es un juego de mesa pero es, al mismo tiempo, una herramienta central en la medida en que lleva a la gente al mismo lugar, genera conversaciones, provoca esta chispa social de la que hablo. Y aunque sea un juego extranjero hay estrategias lúdicas de adaptación al contexto local; es decir, la transición entre encontrarse con herramientas hechas en otro país y darle un uso local demanda mucha actividad.

¿Usted observa algún efecto de tipo sociocultural que venga de la mano de la autoayuda financiera? Pienso, como parámetro, en las transformaciones socio-culturales de la “uberización del trabajo”.

- Aunque es difícil establecer relaciones de causa y efecto, admito que esta literatura y otras afines ofrecen recursos culturales y subjetivos para lidiar con situaciones estructurales en las que el trabajo no es lo que era para nuestros padres o abuelos. Varias de las cosas que expresa esta literatura resuenan con una experiencia real y brindan recursos para lidiar con esa experiencia. A mí me gustaría que se lidie con la experiencia de otra manera, pero admito que sí brindan recursos culturales para entender la experiencia. La uberización del trabajo va hacia una menor seguridad y una mayor precarización. Estos libros ayudan a entender una experiencia y, por supuesto, proponen un proyecto alineado a esa filosofía.

Usted analiza la formación de actores económicos desde la noción de “gubernamentalidad” y de “performatividad”. ¿Podría desarrollar esas ideas?

- Tomo a Max Weber por sus conceptos de “gubernamentalidad” y la “performatividad” que están en relación con la noción de Foucault “tecnologías del yo”. Toda esta filosofía recae en recursos para que la gente se cambie a sí misma. La libertad financiera que se propone aquí son tecnologías del yo neoliberales. No se trata de un proyecto del yo desenganchado de la realidad económica, porque las personas que leen estos libros deben adquirir herramientas técnicas de la economía o entender cómo funcionan las inversiones; y yo no minimizo eso. En este sentido, la performatividad es la idea de que la ciencia económica no solo estudia la economía sino que provee una serie de recursos para que la economía exista como tal y, con ello, configure actores con los rasgos que las teorías económicas tradicionales imaginan. Lo interesante de la autoayuda financiera es esta combinación de tres cosas: la motivación, la noción del yo que viene de noción de gubernamentalidad y las formas de calcular. Esas tres dimensiones no están separadas. En otras palabras, el cómo uno está viendo el mundo lo lleva a formas de cálculo en particular. Un elemento importante es que estos libros ofrecen a la gente formas de entender el mundo.

En base al uso acrítico de la noción de neoliberalismo que usted advierte, ¿cómo se da la internalización de ese “yo neoliberal”?

 

- El problema de la palabra neoliberalismo es que se la suele usar sin definirla. Pocos dicen “yo soy neoliberal”. Entonces, cuando uno quiere usar el término neoliberalismo se encuentra con el problema de que tiene una carga muy fuerte, muchas veces despectiva, pero con una baja especificidad conceptual. Mi búsqueda apunta al aspecto específico de la autoayuda financiera que tiene que ver con el neoliberalismo como la construcción del yo neoliberal, de esta atención permanente en la libertad financiera y esa realización personal de hacer de uno mismo la propia inversión. 

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