Desayunando poesía 

Cómo se hace para iniciar el día y no sentirse inundado del líquido salado que embuchamos para que no nos crean débiles. (Envueltos en lágrimas y revueltos en mierda). Solo con encender la compu-ñera eterna y darse una pasadita por los diarios, los que hoy no manchan los dedos pero sí la psiquis, amanecen la rabia y la impotencia y se enseñorean de nuestra casa, de lo nuestro, de los nuestros.

Sólo desayunando poesía uno consigue modificarse y modificar el día. Y esta afirmación no es advenediza y menos, improvisada. Se informa que se han necesitado incontables horas de pruebas empíricas para su elaboración.

Leer por ejemplo:

Levantar el papel donde escribimos (*1)

Levantar el papel donde escribimos

y revisar mejor debajo

Levantar cada palabra que encontramos

y examinar mejor debajo

Levantar cada hombre

y observar mejor debajo

Levantar a la muerte

y escudriñar mejor debajo

Y si miramos bien

siempre hallaremos otra huella.

No servirá para poner el pie

ni para aposentar el pensamiento

pero ella nos probará

que alguien más ha pasado por aquí.

O tal vez:

El juego en que andamos (*2)

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta salud de saber que estamos muy enfermos,

esta dicha de andar tan infelices.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

esta inocencia de no ser un inocente,

esta pureza en que ando por impuro.

Si me dieran a elegir, yo elegiría

este amor con que odio,

esta esperanza que come panes desesperados.

Aquí pasa, señores,

que me juego la muerte.

Esta lectura generaría indudablemente una bienvenida blandura de las zonas inundadas de rabia (y a veces de odio, por qué no decirlo), destapando el caudal hídrico que espera derramarse desde el interior. Léase: comenzaría el llanto, o el lloro, que suena más duro, más quejumbroso, más apropiado al momento presente. Tal vez para toda la operación se debiera buscar un lugar solitario, en el caso de vivir en compañía, como por ejemplo el baño. Evitando así la preocupación de los congéneres que prestamente se ofrecieran a acercar un lustroso manual de autoayuda, de esos que abundan y que prometen felicidad inmediata, que tienen bien a mano el servicio de la negación de la realidad ofreciendo a cambio una nueva verdad reluciente, o una verdad después de la verdad. Al estilo: pare de sufrir, (vea solamente como sufren los otros).

Y ya en el baño, solo, y después de llorarse dos o tres poemas como mínimo, y luego de una buena ducha. Agua limpiando por dentro y agua limpiando por fuera. Y tal vez quién sabe, dependerá del tiempo de que se disponga o quizá de las ganas, una compensación autoerótica agregando un plus de eros para pelearle el día a tánatos, siempre presto al ataque en estos tiempos. Y entonces sí, ya listo para afrontar el día, ya lavado, ya limpio, inmunizado, aunque no bañado de indiferencia y alegría estúpida. No. Porque no se trata de eso, sino de revestirse de resistencia y calma. De fibra nueva para derrotar el engaño, para despejarse de la fuerza zombi que coopera para seguir adormilado detrás de las pantallitas que anestesian. Listo para ponerle la cara a la trompada cotidiana que busca voltear, listo para hacerle un juego de cintura y meterle polenta. Dispuesto a no dejarse torcer el brazo.

Sin duda desayunar poesía ayuda. Promueve la emoción. Emoción : palabra que nace del vocablo conmover, mover. Y ahora, hoy, más que nunca, se necesita el movimiento. Para ir de un lugar al otro.

*1 Poema de Roberto Juarroz.

 

*2 Poema de Juan Gelman.

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