Opinión
El miedo al saber

Si la docencia tiene que ver con el amor a la enseñanza y al aprendizaje es como la ejerció Félix Shuster. Daba la materia Introducción a la Filosofía en la Carrera de Sociología en 1984. Algo en él irradiaba una energía que superaba al gran profesor que explica el objeto de estudio. Sus gestos, su pasión al hablar junto a la explicación básica de los fundamentos de la materia a su cargo hizo que los jóvenes de ese entonces que tenían entre 18 y 20 años quedáramos ávidos de sus palabras, expectantes y sorprendidos. La clase era en un aula en el subsuelo de la facultad de Derecho pues la carrera en esa época no tenía edificio propio. Sus clases fueron un antes y un después de la conquista del Ingreso Irrestricto dado que en 1985 comenzó a entrar en vigencia el CBC. Félix comprendió la movida y luego daba lo suyo, intentar explicar qué es la Filosofía, amor a la sabiduría tal vez la definición más ajustada. Su materia de pronto se transformó en amor al conocimiento, a las preguntas y a los debates. De a poco nos animábamos a hablar en clase, él nos daba la envión y nos hacía sentir jóvenes dispuestos a pensar luego de años de silencio y censura que por supuesto no impidieron que muchas actividades se realizaran en contra de ese estado de cosas. Entonces la facultad pública, laica y gratuita para el pueblo era habitada por esta calidad de docentes irrepetibles, sabios, sencillos y marcados por la excelencia del saber y su modo de trasmitirlo. Era la UBA que hoy el gobierno intenta desarticular, desfinanciarla en pro de negocios y así obturar para siempre el pensamiento crítico del alumnado, así se intenta sentar las bases de una era neocolonial, con clientes, súbditos, vasallos y más tarde con la mayoría de la población con el rango de esclavos; nada colectivo, nada que se asome a luchar por una sociedad que de oportunidades para las nuevas generaciones que quieran incluirse en un futuro de producción material e intelectual. Esta idea de resetear la idea de lo público es también ir en contra de la memoria de hombres y mujeres que como Félix Shuster dieron todo su conocimiento por construir un país distinto, que no se guardaron nada para ellos, el tesoro lo abrían en clase y la clase era algo más que aprobar la materia. Pasó el tiempo, hubo otros exámenes en la vida pero es bueno recordar que mucho antes, en esta misma tradición de crear y dejar huella, hubo trabajadores de la educación como Alfredo Bravo, Juan Carlos Comínguez, Isauro Arancibia que en 1973 fundaron CTERA en la Escuela N 4 Distrito Escolar 16 “Álvarez Thomas” mi querida escuela primaria más conocida como la escuela de Sacco- Abregú por los apellidos de su director y su vice director respectivamente, el primer establecimiento educativo de jornada completa en la Capital Federal que tuvo una pileta olímpica para el disfrute de sus alumnos (que hoy el gobierno porteño intenta limitar la entrada a la pileta de los chicos de jardín de infantes). Directivos que disentían con algunas propuestas políticas y gremiales pero que no obstaculizaron bajo ningún pretexto para que allí se realice el acto fundacional del primer gremio nacional de trabajadores de la educación. Fue la creación de un gremio en un bello y espacioso edificio de la calle Terrada en el barrio de Villa Pueyrredón. Esta amplitud de mira la tuvieron muchos profesores como la Profesora Ratto en el Nacional N 19 “Luis Pasteur” que en sus clases de Historia entre los años 1972 y 1975, abrían el aula para la reflexión, el debate e incluso la discusión sobre nuestra vapuleada historia nacional. O la profesora Ortega rectora del colegio que en aquellos años escuchaba a los dirigentes estudiantiles cuando reclamaban un edificio propio y más amplio dado que fue la primera escuela mixta, cada vez más poblada luego del Pellegrini y el Buenos Aires. Luego de la elección de delegados por división y la actividad en el Centro de Estudiantes algunos nos íbamos a las confiterías de Av. San Martín y Salvador María del Carril y Av. San Martín y Nueva York a charlar sobre los nuevos pasos a dar para futuras conquistas gremiales y también para escuchar los temas imbatibles del disco La Biblia de Vox Dei, en ese entonces un himno musical y poético que muchos compartían. Fueron drásticos los cambios políticos y económicos de aquellos años pero el legado de estos educadores sigue allí como los maestrxs Rubio, Carrizo, la señorita Martínez de cuarto grado y la inalcanzable señorita Olga. Como también Miss Mary, la profesora de inglés que inspiró más de un poema entre sus alumnos y la visita de un pequeño grupo de amigos a su casa de Coghlan sin que ella lo supiera jamás. Cuando un ministro de Educación ataca a un gremio como CTERA está cercenando la historia, los valores y los contenidos que llevaron a las aulas argentinas a estar integradas por pensadores lúcidos, luchadores por la justicia social e integrantes de la penosa lista de detenidos-desaparecidos como Isauro Arancibia, Alfredo Bravo, Juan Carlos Comínguez y el propio Félix Shuster represaliados por la tortura, la cárcel y la desaparición clandestina que sólo por la movida de los organismos de derechos humanos se los pudo rescatar de las mazmorras de la represión y la muerte. Donde cientos de estudiantes y educadores lucharon por una sociedad en que se pueda avanzar en la igualdad de oportunidades o como explicó Karl Marx luego de construir una obra imperecedera donde estudió el mundo para transformarlo y construir así el reino de la felicidad en la Tierra, donde los el género humano se realice en plenitud en lo moral y en lo material. O para decirlo con sus palabras del libro Crítica al Programa de Ghotta: “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”.

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