Nunca ningún gobierno provocó tanto daño económico en tan poco tiempo. El des-desarrollo estructural del macrismo
Cuando el neoliberalismo bate récords
Los resultados de la experiencia macrista-radical y su herencia de megadeuda. Los equilibrios de poderes “republicanos” y la necesidad de revisión de los sistemas de control institucional.
Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.
Los tres principales referentes políticos de la alianza Cambiemos: Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. 
Imagen: Bernardino Avila

La tercera experiencia neoliberal de la historia local tras la dictadura y los ’90 batió todos los récords. La Alianza macrista-radical recibió una economía desendeudada y entró en default de facto en sólo dos años, cuando debió acudir de apuro al auxilio del FMI para evitar una crisis cambiaria y externa de proporciones. El vértigo de los acontecimientos suele limitar la perspectiva, pero fueron apenas 28 meses. Luego, en sólo un poco más de un año adicional, se consumió prácticamente la totalidad del crédito más grande de la historia del Fondo y se entró en default abierto, sumando incluso la singularidad de una cesación de pagos en moneda propia más los denostados controles cambiarios.

El balance muestra que la gigantesca montaña de miles y miles de millones de dólares no quedó en ninguna parte más que en las ganancias del capital financiero y sus subsidiarios. Por más que Macri se agache tocando el asfalto, la contrapartida de la deuda "no se puede tocar". No financió ningún proceso de desarrollo, ningún plan de infraestructura. Ni siquiera una “bonanza ficticia”, apenas el respiro preelectoral de 2017. Nunca ningún gobierno provocó tanto daño económico en tan poco tiempo. Se suele hablar de la primera Alianza radical como uno de los peores gobiernos de la historia. Es injusto, Fernando de la Rúa solamente fue incapaz de resolver la herencia menemista. En perspectiva histórica fue apenas un mal final de una mala época.

A las generaciones que deberán pagar la fiesta financiera de la segunda Alianza no les quedará nada más que la cuenta. La historia es trágica porque además, para las mayorías, ni siquiera fue una fiesta, como esas de dispendio y consumo que se le atribuyen a los gobiernos nacional-populares. El ajuste fue puro y duro, constante. El éxito del capital en la lucha de clases fue arrasador, ya antes de la última devaluación los salarios medidos en divisas se habían reducido a la mitad. Además de económico y productico el des-desarrollo también alcanzó a todos los indicadores sociales básicos. El que sería el gobierno de la pobreza cero terminará su mandato con millones de pobres adicionales y, para coronar, con una declarada emergencia alimentaria. En el país que se llamaba a ser el “supermercado del mundo” se agravó el hambre. Una economía que en teoría produce alimentos para alrededor de 500 millones de personas no puede alimentar a su población, a la que debería destinar apenas el 10 por ciento de lo que produce. En semejante contexto, un presidente zombi aplaudido por zombis sigue discurseando con los mismos lugares comunes del primer día de gestión y con el único agregado del pedido de “no volver al pasado”. Otra singularidad macrista, el pasado pidiendo no volver al pasado.

Es una historia triste y en tanto repetida, desesperante. Es la tercera vez que se repite una experiencia de neoliberalismo extremista y los resultados volvieron a ser los mismos: endeudamiento, pobreza y destrucción de las funciones del Estado. La peor parte es que este final, la insustentabilidad social y financiera externa del modelo, no estaba sólo en la cabeza de una minoría esclarecida, sino que era conocida por la mayoría de quienes entienden medianamente los procesos sociales y económicos. El punto es que algo falla en la organización de la sociedad argentina para que se reproduzcan estas recaídas cíclicas y cada vez más virulentas.

El discurso de la derecha política suele destacar la importancia de cuestiones como la república y las instituciones. Lo que está por detrás de estas palabras, huecas en boca del cambiemismo, es sin embargo inherente al funcionamiento de las democracias modernas. La idea de república remite al equilibrio de poderes, el que a su vez demanda el adecuado funcionamiento de las instituciones y los mecanismos de control. El sistema político local necesita replantearse seriamente estos conceptos porque la experiencia de los últimos ya casi cuatro años puso en evidencia que los presidentes reciben prácticamente la suma del poder público. Cuando la sociedad elige democráticamente un gobierno le entrega al titular del Poder Ejecutivo el poder de decisión sobre su período de mandato, pero también sobre el pasado y el futuro. Un Presidente puede disponer del patrimonio público acumulado en períodos anteriores y además tomar deuda que comprometerá el futuro por generaciones. Es ocioso aclarar que estas prerrogativas son excesivas y que deberían ser atemperadas por “mecanismos de control republicanos”.

El mejor ejemplo es el de los recientes acuerdos con el FMI. Fue apenas la decisión de un puñado de personas, pero sus consecuencias afectarán el futuro de millones, quizá por generaciones. No hubo mecanismos de control. Tampoco, vale reconocer, la suficiente resistencia política o social. En las últimas semanas se asistió a un debate jurídico sobre la posible violación de normas en la gestión de los empréstitos, incluso con responsabilidades penales. Quizá sea un debate irrelevante. El crédito no podrá desconocerse y marcará un futuro de condicionalidades, la imposibilidad de apartarse del mainstream económico que se demanda de países periféricos proveedores de commodities. Pocos lo dice taxativamente, pero la principal tarea de los primeros meses del próximo gobierno será evitar el desmadre disciplinador de una hiperinflación. La piedra basal de las hiperinflaciones en países como Argentina nace con la imposibilidad de sostener el nivel del tipo de cambio, que es lo que podría desencadenarse frente al completo cierre de los mercados externos. La contrapartida sería convertirse en parias para los mercados globales e iniciar un sendero de restricciones monetarias y cambiarias crecientes que siempre se imaginan transitorias, pero de las que es muy difícil salir. No será fácil estar en la piel del próximo ministro de Economía, aunque de la crisis sólo se saldrá con política.

Para el mediano plazo el debate insoslayable es cómo hacer para que no vuelva a suceder, cómo crear mecanismos de control social para que unas pocas decisiones individuales no vuelvan a condicionar el futuro del conjunto de la sociedad. Será necesario una suerte de “Nunca más” al neoliberalismo que incluya la indispensable “batalla cultural”. Los fundamentos de la política económica macrista siguen constituyendo el núcleo de lo se enseña como presunta ciencia en las carreras de Economía de las principales universidades. Los economistas ortodoxos que crearon, sostuvieron y legitimaron el régimen actual no son la excepción, son la regla.

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