¿CEO o deseo? La Argentina elige  

Deudólares, testigos desprotegidos del neoliberalismo, malvacunados con la vacuna anticarriólica; sudorosas voluntaries de la Campaña “Salvemos a los gorilas: adoptemos uno y logremos de cambie su voto”, macristas anónimos, deudores originarios y sus deudodescendientes, ninguneadas y marginados por la falsa meritocracia; despechados por Lagarde, autoridades del Centro Cultural Mauricio Miente, desafortunadas en cuotas, pobres aspiracionales, víctimas del MAX (Movimiento a la Xenofobia), inquilinos de su propio sueldo, juburlados y juburladas… ¡A todas , todos y todes ustedos y ustedas, les hablo!

Queridos conciudadanoides, estamos un momento crucial de la historia de la patria. ¡El sumo Maurífice ya está perdido, pero todavía no quiere enterarse! Y es nuestro deber avisarle, por su propia salud mental, pero sobre todo por la nuestra, para evitar que haga cosas de las que luego quizá él no se arrepienta, pero nosotres, seguro que sí.

Hace varios meses, dijo que teníamos que tener cuidado porque si se pone loco, nos puede hacer mucho daño, ¡y parece que se puso loco, nomás!

O, en todo caso, tiene una manera muy especial de elaborar la realidad. Desde aquí, nos solidarizamos con su analista, que debe estar pasando momentos muy duros, mientras el resto del país debería –y lo proponemos aquí mismo– tomar el 11 de agosto como el “Día Nacional de la Salud Mental”, ya que ese día, que no existía, ocurrió; y lo que casi todos creímos que estaba pasando, estaba pasando.

La noche de ese día, el Sumo Maurífice recibió dos noticias: una; muy buena; la otra, muy mala. La muy buena era que había recibido muchos millones de votos; la muy mala era que la mayoría de esos millones de votos eran en su contra. Tanta contradicción vuelve loco a cualquiera, y entonces él hizo lo que hace cada vez que algo o alguien lo supera: irse a dormir. Pero además, en ejercicio de su condición de primer autoritario, nos mandó a dormir a todos.

Y ahí, se puso a soñar, y como los sueños son –ya lo explicó Freud– deseos reprimidos que se manifiestan, él deseó, y reprimió, no sus deseos, sino los nuestros. Y así, al día siguiente, él se despertó más triste, y nosotros, más pobres.

Porque de esto se trata esto, Hermanos y Hermanas en Deuda: del deseo, que, como su origen língüístico lo indica, es lo contrario del CEO (de-ceo): “Donde hay Ceo, no hay deseo”.

O seo –quise decir "o sea"–: él, desde sus sueños o desde sus realidades, intentó imponernos sus deseos, hacer que su deseo fuera el nuestro, o que creyéramos que lo era. Y así, cuando peor estábamos, más nos gustaba, porque estábamos satisfaciendo su deseo creyendo que era el nuestro. Y entonces lo volvíamos a votar una y otra vez.

Por eso “nos echó la culpa” el 12: ¿Qué pasó, se habrá preguntado en su fuero íntimo, que en vez de votar lo que quería él, hicimos otra cosa? ¿Por qué no le mandamos las caricias significativas desde Hurlingham, que tanto y tan bien habían circulado por Internet pocos días antes?

Sin duda, se puso mal. Es que para alguien acostumbrado a hacer lo que quiere y que encima se lo agradezcan, debe ser muy difícil gobernar a 45 millones de argentinos que de pronto hicieron terapia todos juntos y decidieron hacerse escuchar en las urnas.

Y entonces todo se le puso más confuso. Tuvo que pedir disculpas y nos dijo que nos había escuchado: pero eso nadie lo puso en duda, él siempre escucha la voluntad popular, para hacer otra cosa. “El pueblo no gobierna sino a través de sus representantes”, dice la Constitución; y la Mauritución agrega: “También come, opina y desea a través de sus representantes”.

Por eso cree que puede llegar al balotaje: ¡porque es lo que él quiere que pase!

Por eso dice que la elección no sucedió; que estamos todos bien, que cumplió sus promesas; que Trescomacatorcechetto es un adalid de la democracia; Lilitazepam, un ejemplo de cordura; Lapatriciaeselotro, la esencia misma de la paz; y el balotaje, un juego de pelota.

Todo se trata de su deseo. “Si yo quiero, entonces ocurre”, piensa nuestro Auténtico Decayente. Mientras, a pocos metros, la gente en la calle canta a ritmo de cumbia: “Si vos querééés...”.

Hasta la que viene…

@humoristarudy

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