Chango Spasiuk 30 años, en Auditorio Fundación
"La vida me ha devuelto mucho más" 
La celebración de la vida, en palabras de quien se siente agradecido a un horizonte de música. "La manera de buscar la respuesta a mis preguntas es hacer lo que hago", dice Spasiuk.
"Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo"."Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo"."Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo"."Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo"."Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo".
"Necesito hacer lo mío para entender cuál es mi lugar en el mundo". 
Imagen: Andres Macera

"Me encanta ver cómo descansa el obrero en la calle, descansa como un rey. Siempre les presto atención. Hay un momento cuando paran, y ves a uno sentado debajo de un árbol, a otro con un cigarro, hay otro que está acostado con el casco tapado; es un descanso total. No es un 'stop' burgués, en el cual uno está distraído con el celular, la tele, disperso. No. Tengo una gran empatía con eso. Lo miro y lo veo bello, aunque son oficios duros, trabajos de mucho desgaste, y muchos sean en condiciones posiblemente bastante precarias", conversa Chango Spasiuk con Rosario/12. El diálogo cobra, así, derivas imprevistas. Se trata de 30 años de música -en verdad, de muchos más-, y el músico decide celebrarlos con un concierto el sábado próximo, a las 21.30 en Auditorio Fundación Astengo (Mitre 754). Y continúa: "A ese pequeño momento lo veo con mucha belleza, porque es un momento por fuera de la demanda del mundo, y me gusta darme cuenta de que estoy viendo belleza ahí. Hay mucha enseñanza en esas pequeñas circunstancias".

-Inequívocamente, eso habla de tu música.

-Cuanto más mirás y ponés tu atención y dejás que eso te enriquezca, es sumamente inspirador, aunque lo que yo haga no signifique absolutamente nada para ese otro que observo. Para mí es un bello ejercicio ver que hay belleza en un montón de circunstancias, de situaciones, de rostros, de oficios, en un montón de gestos; eso es inspirador para mí y me ayuda a refinar mi sensibilidad, porque componer, de alguna manera, es estar trabajando con sonoridades y para la sonoridad hace falta refinamiento. Hay que poder ver con otro ojo, encontrar las texturas, oír con un oído que no es el oído físico, hay otros aspectos más sutiles en nosotros que escuchan, que ven, que perciben, y que están atentos al proceso de reflexionar sobre lo que posiblemente sea música, construir un lenguaje, desarrollar un proyecto en una cierta dirección, con determinadas composiciones y elementos, que después de mucho tiempo y elaboración terminan siendo un concierto o un disco.

-La música, por eso, debió abrirte un mundo inimaginable.

-Jamás hubiese tenido la perspectiva de que el camino iba a ser tan generoso conmigo. Obvio que uno tiene cierta expectativa y querés salir a la cancha a jugar, correr esos primeros 50 metros, pero nunca tuve esa visión. La vida me ha devuelto mucho más de lo que yo esperaba, pero también el horizonte se ha corrido y quiero un poco más, si se puede. Porque a mí me gusta caminar y hacer lo que hago. Yo no estoy de vuelta de nada, estoy de ida, me siento un aprendiz, con algunas herramientas pero un aprendiz. La vida ha sido demasiado generosa, me ha cruzado con personas increíbles, conocidas y totalmente desconocidas, que me han nutrido, enseñado, movilizado, conmovido, y estoy agradecido porque estoy acá y me doy cuenta de que ha pasado todo esto, me doy cuenta de lo que he visto y de lo que he aprendido. No es que ha pasado y no pude percibir lo que encontré en el camino, me he dado cuenta muchas veces del regalo que he tenido, al cruzarme con artistas o haciendo pequeños universos con niños, situaciones, culturas, historias. La experiencia personal, la de los libros que aparecieron, de los maestros, de las personas que he conocido, de los paisajes que he visto, de los lugares donde he tocado, de los acordeones que puedo tener ahora, con los cuales componer música, la verdad que he recibido mucho más en el camino de lo que esperaba, pero en el fondo todo esto que he recibido no es lo que me ha sostenido. El mundo puede vivir absolutamente sin mi música, hasta inclusive la comunidad más pequeña a la que pertenezco puede prescindir de lo que yo hago, y seguramente pronto me va a olvidar. Pero yo necesito hacer lo que hago para entender cuál es mi lugar en el mundo, en esta manifestación, dentro de este contexto comunitario, la mejor manera de buscar la respuesta a mis preguntas es hacer lo que hago.

-En este sentido, el disco Pino europeo me resulta ejemplar, porque apela a las raíces (contenidas en el disco Polcas de mi tierra) y se proyecta al mañana.

-Parece que no hay glamour en el mundo de campesinos que cosechan yerba mate. Con esta cosa de 'galopeador contra el viento' que decía Atahualpa, me dije ¿por qué no probar a ver cómo suena con música electrónica? Por suerte encontré a alguien con sensibilidad para hacerlo, que es Pedro Canale (Chancha Vía Circuito), y el producto es este Pino europeo que me dio mucha felicidad. Está en todas las plataformas, como buen proyecto de música electrónica. Y me pasó algo muy loco al hacerlo, porque nos propusimos un disco que la gente baile, y terminó siendo tremendamente melancólico (risas). No había manera: esas personas, esos gestos, esas voces, esas texturas sonoras, se las arreglaban dentro de esas texturas electrónicas para agregar algo profundamente melancólico. Además de ser poderoso y que ten den ganas de bailar hay un sustrato que aparece, y me encantó descubrir y darme cuenta de esa fuerza, de que esos sentimientos están vivos.

 

Spasiuk agrega que "Rosario ha sido una caja de resonancia para todos mis proyectos. Rosario y Buenos Aires, donde vivo hace 30 años, son dos capitales a las cuales no podía faltar hacer este concierto. Y el concierto no es más que una excusa para agradecer. Tampoco soy una persona de éxito, no tengo ninguno, pero la música que toco ahora es el producto de 30 años de caminar, y ésa es la música que voy a compartir". 

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