Peripecias electorales en primavera  
Elecciones en Mendoza, dos campañas bien diferentes. Fuga de capitales en la UCR. Despegarse de Macri, consigna de sus aliados, los intendentes se cortan solos. Macri mendiga sin suerte en el FMI. El Banco Central, a la caza del chiquitaje. Los accidentes de trabajo, causas y responsabilidades.
Imagen: EFE

Con pronóstico (meteorológico) de alta temperatura y alerta de viento Zonda, los mendocinos eligen hoy a su próximo gobernador o gobernadora. La votación se dirimirá entre el radical Rodolfo Suárez (intendente de la capital) y la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti. Suárez aspira a suceder a Alfredo Cornejo, actual mandatario. Como en casi todas las provincias la disputa se define en una vuelta, por simple pluralidad de sufragios. Se prevé un escenario polarizado en detrimento del partido Protectora del diputado José Luis Ramón que supo salir tercero en varias ocasiones y que esta vez, se presupone, no llegará a los dos dígitos. También se intuye menguante la cosecha del Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FIT) representado por Noelia Barbeito.

A diferencia de lo sucedido a nivel nacional, las dos listas más taquilleras disputaron internas abiertas en las Primarias Abiertas (PASO) locales. Suárez y Sagasti superaron a sus rivales. La sumatoria de Cambio Mendoza (encabezada por los radicales) le sacó siete puntos porcentuales de ventaja al peronismo. Ese dato y la ventaja clásica de los oficialismos en elecciones distritales colocan como favorito a Suárez. Las encuestas, dicen los correligionarios, lo favorecen. En tiendas peronistas se comenta que “Anabel” viene creciendo y se recuerda que en las PASO nacionales disputadas en Mendoza Alberto Fernández aventajó al presidente Mauricio Macri por tres puntos.

Ambas referencias determinaron dos campañas bien distintas con dos contendientes que también lo son. Desde el mismo 11 de agosto, Cornejo se puso la campaña al hombro, abjuró de Macri, “provincializó” el discurso y alambró la provincia para que no llegaran funcionarios nacionales, percibidos como piantavotos.

En lógica simetría, el peronismo nacionalizó su propuesta, recibió la visita de Alberto Fernández, no se privó de señalar la eventual conveniencia de que la futura administración tuviera el mismo signo político. Anabel se preparó para los debates, se esmeró en mostrar buenos equipos técnicos para refutar a quienes señalan su falta de experiencia en gestión. Una candidata de menos de cuarenta años que podría ser la primera gobernadora mendocina forma parte de la oferta, desde luego abierta a valoraciones diferentes frente al perfil bajo, tradicional y conservador de Suárez.

En el contexto actual favorece a los radicales que Macri no figure en sus boletas. Su despliegue territorial es otra ventaja: todas las municipalidades que renuevan autoridades hoy, incluyendo la ciudad de Mendoza, tienen intendentes radicales. Los alcaldes peronistas escogieron adelantar sus comicios tiempo atrás, cuando no se atisbaba la goleada del 11 de agosto.

Los radicales se leen favoritos, los peronistas creen posible un batacazo acaso más asombroso que el logrado por Omar Perotti en Santa Fe.

Es vano hacer especulaciones a pocas horas de que el pueblo se exprese. Solo corresponde esperar que, como en toda la maratón de comicios adelantados, haya alta participación en un clima (político) sereno y sin incidentes.

La Unión Cívica Radical (UCR) la viene pasando mal en las elecciones distritales, perdiendo territorios. Mendoza es la provincia más grande que conserva. Bipartidista a carta cabal, con el máximo nivel de alternancia posible desde la recuperación democrática: hubo cinco gobernadores peronistas y cuatro radicales. Conservarla es determinante para el futuro del radicalismo, que pinta difícil si, como preanunciaron las PASO; la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner llega a la Casa Rosada.

Conservar, no seguir perdiendo terreno, es la consigna. Otras eran las aspiraciones en 2015, cuando los boinas blancas recuperaron Mendoza y les arrebataron a los peronistas la gobernación de Jujuy por primera vez desde 1983. En 2017 tras las elecciones de medio término, los radicales imaginaban un 2019 muy distinto al actual, ratificando sus distritos e imponiéndose en otras provincias, por ejemplo Santa Fe, Córdoba y Neuquén. Con los escrutinios a la vista, formando parte de la ascendente coalición Cambiemos, esa versión del TEG no parecía alocada. Pero, es sabido, el macrismo hizo que pasaran cosas que diluyeron las fantasías de crecimiento en lo económico, lo social, lo político por no aludir sino algunas variables evidentes.

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La otra fuga de capitales: El radicalismo resignó capitales de variadas provincias. Algunas, como Paraná o Santa Rosa, las había ganado en medio de la oleada amarilla de 2015. Otras como Santa Fe y Córdoba eran reductos firmes desde largo tiempo atrás. Sucedía lo mismo con Neuquén que renovó intendente el domingo pasado: el correligionario Horacio “Pechi” Quiroga acollaraba cuatro mandatos sucesivos superando al Movimiento Popular Neuquino (MPN) que conserva la gobernación desde 1983. Pero no podía desbancar a Quiroga, que había intentado (sin éxito) llegar al Ejecutivo provincial. “Pechi” apadrinó a Marcelo Bermúdez a quien propios y ajenos apuntaban como favorito. Pero el candidato del MPN, Mariano Gaudio, lo batió por nueve puntos de diferencia privando de otro bastión al radicalismo. El desplazamiento se produce en una provincia convulsionada por un femicidio atroz sucedido en la localidad de Plottier y los ramalazos de la crisis petrolera autóctona y mundial.

Las idas y vueltas sobre aumentos de precios de los combustibles líquidos, mestizada con el atentado terrorista cometido en Arabia Saudita, determinaron que muchos trabajadores de Vaca Muerta (mil según los sindicatos) hayan sido suspendidos. No trabajan, cobran algo así como un tercio de sus salarios que, en condiciones normales, están entre los más altos de los laburantes argentinos.

La devastación económica es el núcleo de la aflictiva situación, la agravan circunstancias globales, ingobernables desde este extremo del mundo. Neuquén es un caso específico que confirma la regla nacional.

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Alcaldes que se cortan solos: Cada provincia es particular, las decisiones del padrón ciudadano suelen diferenciar entre niveles nacionales y subnacionales. Para el 27 de octubre, los intendentes de Cambiemos (en especial los bonaerenses) se inclinan a adoptar la misma estrategia del radicalismo mendocino. El dialecto político como otras jergas profesionales (la del hampa o del deporte) abunda en sinónimos. Hoy en día están de moda “amurallar”, “cercar” y hasta “tirar Raid” aludiendo a los referentes nacionales.

A contrapelo de la debacle industrial prospera la producción local de tijeras. Los intendentes imaginan distintos modos de cortarse solos, tijereteando las boletas. O prescindiendo del color amarillo, tan taquillero antaño. El ejemplo soñado lo dio en las PASO Jaime Méndez, alcalde de San Miguel, quien superó por 22 puntos a la gobernadora María Eugenia Vidal.

El veredicto de las PASO azuzó la imaginación para defender terruños, con aires de sálvese quien pueda. Vidal, cuentan en su torno, avaló que cada cual atendiera su juego. La contundencia del resultado instaló un laboratorio para medir si es posible, a nivel municipal, sustraerse a las oleadas nacional y provincial.

Aún los escépticos sobre el potencial de estas movidas (este cronista, sin ir más lejos) deben admitir que los datos empíricos precedentes no son una regla absoluta y pueden mutar. Inusual o difícil no equivale a imposible.

Optimistas de la voluntad (y jugando la baraja que les queda) intendentes macristas hasta la médula como Néstor Grindetti de Lanús sueñan con su mini batacazo, prodigando creatividad en provecho propio. El espíritu de cuerpo te lo debo.

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A cazar chiquitaje: Tras colarse, sin decoro ni éxito, en un cónclave del Fondo Monetario Internacional (FMI) Macri relanza la seguidilla de actos en ámbitos propicios.

Sus operadores despliegan maniobras dispersas sin la destreza de los buenos tiempos de campañas unificadas y profesionales. Luis Brandoni y el senador Esteban Bullrich denuncian fraude. Sería un extraño record: un Gobierno que se trampea a sí mismo, después de contratar a la sospechosa empresa SmartMatic. El actor es un militante, un ciudadano común: le asiste derecho a opinar o macanear. El legislador, funcionario público, tiene el deber de denunciar judicialmente delitos si los conoce. O de ser serio para variar, alguna vez.

Los medios dominantes arrojan versiones disparatadas, tratan de quemar cajones y culpar a “nuevos Herminios Iglesias”.

Su gran problema, detectado y castigado en el cuarto oscuro, es que la realidad económica sigue devastando a los argentinos. Cualquier indicador da fatal y “la gente” los vive en carne propia. Las acciones “de alivio” anunciadas en la semana posterior a las PASO no se implementan, consecuencia de la mendacidad del gobierno y de su incompetencia para gestionar: dos carencias endémicas que se realimentan,

El Banco Central (BCRA) la emprende, por fin, contra la especulación financiera. Lástima que, fiel a su ideología e idiosincrasia, arremeta contra el chiquitaje: quienes burlaron el tope mensual de compra de 10.000 dólares. El Gobierno que amplió el blanqueo a familiares de funcionarios, que fomentó la fuga de divisas durante más de tres años, sale a cazar pequeños ahorristas. De paso cañazo, exhibe una tremenda chapucería: cualquier programador de sistemas podría haber creado uno para detectar en tiempo real a quien intentara comprar más divisas que las permitidas. Y negarle la venta… Pequeño ejemplo, muestra gratis de que la conversión del equipo económico es tan tardía como incompetente.
A todo esto, resta menos de un mes para las presidenciales con los debates entre candidatos en el medio. La cuenta regresiva sigue transcurriendo.

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