MNBA: Exposición de obras de Julio Le Parc, del período 1955-59
Cómo fue que Le Parc se transformó en Le Parc
Se muestra un centenar de sus primeras y menos conocidas obras, realizadas en el tránsito entre Buenos Aires y París, que preceden a la consolidación de su figura.
En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959.En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959.En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959.En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959.En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959.
En el MNBA: dos obras de Julio Le Parc realizadas en 1959. 

El Museo Nacional de Bellas Artes presenta la exposición "Julio Le Parc, transición Buenos Aires-París, 1955-1959”, con curaduría de Mariana Marchesi, que se propone “una mirada alternativa a los despliegues asociados con el arte cinético”.

La selección incluye más de un centenar de obras, entre pinturas, tintas, gouaches, acuarelas, xilografías, monocopias, videos y una gran pieza cinética, algunas de las cuales no habían sido exhibidas antes.

Como escribe la curadora, la muestra “revela una etapa menos explorada de su producción: la de sus primeras experiencias, aquellas que realizó en su tránsito entre Buenos Aires y París, y que preceden a la consolidación de su figura. El carácter intimista de la propuesta se transforma así en el espacio ideal para vislumbrar la gestación de muchas de las ideas que moldearon uno de los grandes giros artísticos del siglo XX”.

Por supuesto toda obra se constituye a partir de una red de lenguajes y de una genealogía. A mitad de la década del cincuenta, el artista franco-húngaro Victor Vasarely, que postulaba el anacronismo de los términos "pintura” y "escultura”, organizó en París una exposición que resultó un antecedente importantísimo para el naciente arte cinético. Aquella muestra, bajo el título Le Mouvement, reunió a los artistas abstractos que estaban investigando el movimiento virtual, pero también real, en su propia producción --a través de obras transformables-- y que en varios casos habían convertido en un cruce entre luz, movimiento y mecánica. La propuesta se volvió tendencia y se internacionalizó rápidamente.

El fundamental capítulo argentino de esta tendencia se vio impulsado por la exposición de Vasarely que se presentó en 1958 en Buenos Aires, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), bajo la dirección de Jorge Romero Brest.

Ese mismo año, la Asociación Arte Nuevo publicó en Buenos Aires el “Manifiesto Amarillo” de Vasarely, en el que se advierte el derrotero del arte moderno en su proceso de síntesis, cada vez más desvinculado de la representación naturalista, y la superación de las disciplinas para una concepción vanguardista de “unión de todas las artes” y el “abandono del volumen por el espacio”.

La exhibición del MNBA es la antesala de la reunión, en París, del GRAV (Groupe de Recherche d'Art Visuel) entre 1960 y 1968, que estuvo integrado por los argentinos Julio Le Parc y Horacio García Rossi, también por Francisco Sobrino (quien nació y se formó en España, luego vivió en la Argentina y finalmente fijó su residencia en París); junto a los franceses François Morellet, Joël Stein y Jean-Pierre Vasarely -Yvaral (hijo de Victor Vasarely).

En los planteos programáticos del arte cinético, como decían Le Parc y García Rossi, se buscaba “la relación entre la obra y el ojo humano” a través de “situaciones visuales nuevas”.

El arte cinético explora, precisamente, el movimiento: el del objeto, el del espectador, el de la percepción, el de la interpretación de la imagen en términos de la fisiología del ojo. El arte cinético, del que estas obras son la antesala, se basa no sólo en el movimiento mecánico, electrónico, lumínico, etc., de las obras, sino también en el efecto óptico que se consigue con el desplazamiento del espectador y el movimiento de la cabeza y los ojos para lograr enfocar el efecto propuesto por la obra, variando la posición y la perspectiva, hasta encontrar el punto para ajustar la mirada a la combinación de formas, colores y demás componentes que requiere cada pieza.

Le Parc llegó a París a fines de 1958 y allí transformó la habitación taller que compartía con Sobrino en un laboratorio.

Como escribe la curadora, al llegar, Le Parc “pintó piezas de pequeño formato en gouache o tinta sobre cartón. Primero, con secuencias monocromas y, luego, en color. En ese proceso, comenzó a plasmar las imágenes-reflexión que, junto con las xilografías y monocopias que había realizado en Buenos Aires, marcaron sus primeras búsquedas en torno a los problemas del movimiento y el vínculo entre la obra y el receptor”.

Las conversaciones entre Le Parc y Sobrino generaron un método artístico basado, según escribe la curadora, “en la ejecución de patrones secuenciales, módulos geométricos simples, repetidos, que al ser combinados de diversas maneras, producían relaciones complejas y permitían obtener efectos ópticos”.

A partir de las propuestas de Vasarely, buscaban borrar las huellas del artista en la obra, generando una superficie neutra.

Este desplazamiento del interés, desde el sujeto hacia el objeto, no era patrimonio exclusivo de las artes visuales, dado que, entre otros campos de la cultura, como la antropología, la historia, la lingüística y los estudios literarios, era sostenido por el estructuralismo.

En una entrevista a Le Parc publicada en estas mismas páginas hace cinco años, el artista recordaba que “trabajar dentro del arte cinético no fue una decisión anticipada. Lo del arte concreto había formado una especie de sustrato, después en el 55 llegaron las noticias sobre la primera exposición de arte cinético que hizo la galería Denise Renée de París y en el 58 visitamos la muestra de Víctor Vasarely que presentó el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero desde esa plataforma, mi interés era ir viendo cómo podía lograr una relación más directa con el ojo del espectador, entonces, poco a poco se fue incorporando el movimiento y la luz, pero nunca me dije por anticipado: voy a hacer obras con luces o arte cinético”.

Ya fuera por vía del movimiento real (que vendría inmediatamente después, en 1960), o por efecto de la percepción; sumados al desplazamiento del espectador, se buscaba que el arte afectara la manera de percibir las coordenadas de espacio y tiempo, para conseguir un nuevo modo de mirar el mundo.

La exposición del MNBA (que incluye la publicación de un completo libro catálogo y de un volumen de textos de Le Parc, ¡Sé artista y cállate!, escritos entre 1959 y 2017), forma parte del homenaje a Le Parc que se está realizando simultáneamente en el Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro Cultural Kirchner.

* En el MNBA, Avenida del Libertador 1473, hasta el 17 de noviembre.

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