Entrevista a la dirigente sindical Claudia Ormachea
Estallando los bordes
Con las últimas cifras de pobreza como la gran mochila de piedras sobre las espaldas de mujeres, lesbianas, trans y travestis, una de las franjas más golpeadas por el ajuste macrista, el endeudamiento para subsistir somete a una timba financiera interminable y de despojo. La secretaria nacional de Género de la Asociación Bancaria, referente de Mujeres Sindicalistas y candidata a diputada nacional por el Frente de Todxs, Claudia Ormachea, analiza los hilos de una precarización que conduce al aumento abrumador de femicidios.
Imagen: Jose Nico

-Dale, Claudia, decilo.

-Cualquier peldaño de la escalera que puedas subir, marca el piso de la compañera que viene atrás, pero nunca un techo.

La autora de la frase es la secretaria de Derechos Humanos, Género e Igualdad de la Asociación Bancaria, Claudia Ormachea, candidata a diputada nacional por la Provincia de Buenos Aries del Frente de Todos, platense y trabajadora histórica del Banco Provincia. La que la arenga a decir lo que ya se convirtió en una contraseña es la secretaria nacional de Género e Igualdad de la CTA de Trabajadores, Estela Díaz, compañera de luchas y de Mujeres Sindicalistas, el espacio que comparten con organizaciones de la economía popular y que le dio voz feminista a los gremios. Pioneras en la unidad sindical, el acuerdo de unificación de las centrales obreras de esta semana toma buena nota de ese armado transformador y con perspectiva de género que en 2016 le hizo el primer paro al gobierno de Mauricio Macri encabezado por las mujeres, y fue capaz de proyectar un intersindicalismo transversal, inclusivo y diverso.

“Queremos igualdad de oportunidades. Queremos el mismo lugar que tienen los varones en las mesas chicas donde se toman decisiones. Si ese salto cualitativo no se da, corremos riesgo de quedarnos en una meseta. Entonces tenemos que bregar porque realmente podamos estar en esos espacios de discusión e incluir nuestra mirada con perspectiva de género, que es más democratizadora, más horizontal.” No se anda con vueltas: Ormachea sabe que el protagonismo de mujeres, lesbianas, trans y travestis en los procesos laborales y de sindicalización serán ejes clave en los próximos años.

¿En los últimos tiempos se pudo ampliar el acceso a mesas de discusión gremial históricamente masculinizadas?

-Suceden dos cosas. Hay un protagonismo y una lucha de las mujeres y lgbtiq+ que por más que quieran invisibilizarlxs, están. Claro que también hay sectores que cuesta más penetrar. Pero el otro fenómeno es ese atravesamiento entre feminismo y sindicalismo. Sobre todo cuando empezaron a agruparse compañeras de diferentes sectores en la Corriente Federal de Mujeres, y allí nos encontramos mujeres de la CGT, de la CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma, la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (Cnct), la Ctep y sindicatos no encuadrados.

¿Cuándo surge Mujeres Sindicalistas?

-En octubre de 2016, en el armado del primer paro al Gobierno encabezado por las mujeres y se fue fortaleciendo al calor de los Paros Internacionales del 8 de Marzo. Hoy estamos en una transición, pero veníamos de un sindicalismo patriarcal y machista, luchándola desde hacía años con el movimiento feminista. La irrupción del Ni Una Menos en 2015 marcó un antes y un después que se replicó en Latinoamérica y en el resto del mundo. Siempre digo que hasta entonces, feministas y sindicalistas peleábamos por los derechos de las mujeres, pero en caminos paralelos. Ahora hay un cruce transversal. Como Secretaría participamos de NUM desde el comienzo para ir abriendo instancias, y porque vinimos para quedarnos y no volver a dar ni un paso atrás. Entendimos lo que significa el sistema patriarcal, que subordina a las mujeres y tiene un costo para los varones.

¿Cómo sostienen ese armado de feminismo intersindical?

-Sabiendo que para avanzar tenemos que lograr objetivos que estén por encima de cualquier diferencia. Cada una aporta desde su experiencia y se pone al servicio de pensar con otras para el bienestar de todxs. Socializamos la información, sabemos corrernos de la escena para que todas tengamos voz. En la Corriente Federal estamos juntas, aún cuando cada una “palanquea” para su lugar. Prevalece lo que necesitamos trabajar.

Es esa frase del peldaño que te pide Estela Díaz (risas).

-¡Claro! Me tocó, por ejemplo, trabajar con compañeras que representan a lxs trabajadorxs rurales. Y cuando nosotras debatíamos la participación en las mesas chicas, ellas estaban discutiendo baños para sus trabajadorxs. Sin embargo, nuestros encuentros les permitieron visibilizar la problemática y dar a conocer las condiciones de trabajo esclavo, y eso agilizó el acompañamiento y el fortalecimiento de unas organizaciones a otras. Nuestra referente judicial y de las Mujeres Sindicalistas de la Corriente Federal es la diputada de Unidad Ciudadana, Vanesa Siley: todas entendieron el rol que ella jugaba, y entonces empezaron a apuntalar. Trabajamos cuestiones centrales como la Ley de equidad de género, que en marzo de 2018 el Gobierno pretendió utilizar para concretar la reforma laboral que no pudieron sancionar. Le dijimos “No en nuestro nombre” a esa política de ajuste y reducción de derechos. Ahora estamos pensando un proyecto de ley de cuidados.

¿Qué propone?

-Que mejore la situación de una gran cantidad de mujeres en este escenario de precariedad laboral. El trabajo y la economía del cuidado es realizado en su mayoría por mujeres e invisibilizado en la agenda pública. Cuando nosotras hablamos de cuidado, hablamos de la profesionalización del cuidado. Si avanzamos hacia ahí como una primera etapa, quienes desempeñan esas tareas van a percibir una movilidad concreta dentro de la actividad. Hoy está naturalizado “tener” una chica o una señora “de confianza” para cuidar a niñxs o adultxs mayores, pero los arreglos afectivos entre dos personas que se ayudan mutuamente tienen que avanzar con trabajo regularizado, con aportes y obra social. No va a ser fácil para el próximo gobierno, del cual voy a ser parte, devolverle a la sociedad los derechos y la dignidad que le corresponden. Tendremos que ser muy creativos.

La fábrica de precarizadas

Esta semana, el Indec confirmó que las cifras de pobreza para el segundo semestre alcanzaron el 35,4 por ciento. Sólo en el conurbano bonaerense ese índice trepó al 39,8 por ciento. En “la fábrica de pobres”, como tituló este diario, hay más de 16 millones, de lxs cuales 3,4 millones están en situación de indigencia. En el segundo trimestre, el desempleo afectó principalmente a las mujeres: la franja más golpeada es la de 14 a 29 años, con un nivel de desocupación del 23,4 por ciento, cuando para los varones de esas edades la cifra es del 18,6 por ciento. Es una obviedad, el endeudamiento no se puede frenar. Para pagar tarifas criminales, créditos hipotecarios expulsivos y de despojo, para costear celulares que ayuden a conectar mínimamente con el mercado laboral, para comprar medicamentos y alimentos, y para someter a la mayoría de las mujeres a las lógicas de la timba financiera.

“Somos las más precarizadas”, define Ormachea. “Las cifras del endeudamiento privado y público son tan altas que ni siquiera como nación tenemos una idea de lo que estamos hablando y de lo que va a significar a futuro. Cuando el 27 de octubre gane el Frente de Todos, por lo menos se va a poner punto a este terrible endeudamiento que hemos tomado y que lo paga el pueblo, que en definitiva sufrió los ajustes y la dolarización de las tarifas. En situaciones de crisis, las más precarizadas siempre son las mujeres. Y en esta precarización tenemos un hilo que conduce al aumento abrumador de femicidios.

Las últimas cifras del Observatorio Ahora que sí Nos Ven, revelan que hubo 27 femicidios en septiembre, uno cada 26 horas.

- Hay una relación en el abandono y el vaciamiento total de las áreas que pueden brindar atención a esas mujeres y a sus familias. Porque ahí existen hijxs, niñas y niños que sufren la violencia familiar aun cuando no la sufran sobre sus cuerpos sino de verla y sentirla en lo cotidiano. En este estado de crisis y precarización, las mujeres no tienen salida. No tienen adonde ir, ni plata para el colectivo, ni unos pesos para refugiarse en algún lugar, y sus familiares tampoco tienen recursos para ayudarlas. Si la relacionamos con violencias, la deuda es bestial. Y la mayor cantidad de deuda que adquieren las mujeres de sectores medios y populares pasa por una financierización.

El “tomar deuda para endeudarse”.

-Para pagar alimentos y medicamentos, para pagar créditos hipotecarios, como los de relocalización de viviendas en la Villa 31, con sus cláusulas de rescisión de las escrituras. Es precarización y finanzas para generar más deuda. En realidad, lo único que les están planteando es sacarlos de sus propios lugares, porque lo que les interesa es la tierra. En un modelo de país destinado a que vivan bien unos pocos, y con las tasas de interés altísimas que se están pagando, ningún sistema de crédito es accesible ni para la clase media ni para la alta diría hoy, y mucho menos para aquellas personas que no tienen trabajo o no tienen trabajos estables. Ni siquiera es viable el UVA, un préstamo pensado para jóvenes.

Crearon un sistema de desastre económico y social.

-En condiciones normales de un país estable con intereses bajos, puedo aguantar, porque al no tener una cuota tan alta se me extenderá más años, pero no va a afectar el presupuesto familiar. Ya veíamos cómo venía cuando empezó a dispararse la tasa, y sobre todo cuando nos dimos cuenta de que este gobierno no tenía una pizca de sensibilidad social. Los créditos para vivienda se convirtieron en un peligro porque el capital se fue incrementando y hoy son préstamos impagables, que el nuevo gobierno tendrá que pensar la manera de trasladar de un modo de préstamo a otro sistema, como sucedió antes. Había momentos en que había líneas que se pagaban primero los intereses y después se empezaba a amortizar capital. Hubo otras que se amortizaba parte del capital y parte del interés. Eso hacía que el préstamo, y con tasas que tenían un techo, sobre todo en un préstamo hipotecario, no pudieran dispararse.

Siempre denunciaste el vaciamiento y la pérdida del horizonte político de la banca pública, como el Provincia y el Nación.

-Al Gobierno nacional y a la gobernadora María Eugenia Vidal en particular, la banca pública no les interesa. Para ellos el sistema financiero fue una timba financiera, llevarse la plata afuera. En ningún momento fue un sistema financiero ni público ni privado al servicio de la producción, de las inversiones, de lxs empleadxs estatales. Perdimos el camino de lo que significa el Banco Provincia para lxs bonaerenses. En estos cuatro años sólo importó la colocación de la plata, los intereses que se pagan por las Leliq y por créditos UVA. Fue muy difícil salir a discutirle a Vidal cuando lanzó una línea de descuentos al 50 por ciento con Banco Provincia más alimentos sin IVA. Estaba desfinanciando al banco mientras que lo único que hacía era aliviar una compra de supermercado en vez de dar trabajo, casas y otras formas de proyección de vida. Vidal niveló para abajo con una política de insensibilidad.

Desde su creación, cinco años atrás, la Secretaría de Derechos Humanos, Género e Igualdad de la Asociación Bancaria fue “rompiendo bordes”, como le gusta decir a Ormachea, trabajando con las 53 seccionales del país, potenciando una política con perspectiva de género en acción permanente. “Sergio Palazzo me dice ´vos estás radicalizada´ (risas), pero nunca me cuestionó”, asegura. El conversatorio “El género en debate: feminismos, diversidad y nuevas masculinidades”, que realizaron la semana pasada, habla de una manera política de convivir en clave de deconstrucción. “Intentamos pensar la transformación de los feminismos, la ampliación de sus alianzas y el impacto que tiene en las subjetividades de los cis-varones de diferentes generaciones”, detalla. “Nos escuchamos y reflexionamos sobre las viejas y nuevas masculinidades, sobres los miedos y las incomodidades de pensarse ´varones´ en plural. Incluso nos preguntamos si ellos pueden pensarse como varones antipatriarcales. Este disparador fue una manera para hablar de diversidad en serio.”

Y se realizó en una semana dolorosa, cuando ocurrieron cinco femicidios en cuestión de días.

-Rita Segato dice que a veces no les prestamos atención a las pequeñas violencias, y que la suma de esas pequeñas violencias las vivimos a diario en nuestros hogares, en nuestras relaciones, nuestros lugares de trabajo. Si observamos los últimos femicidios, recayeron sobre mujeres de sectores medios. ¿A qué responde eso? Estoy haciendo un seguimiento de violencia laboral, y vuelvo a la intervención muy clara del Estado, donde se facilite que haya lugares de ayuda, de cuidados; donde la respuesta de la policía y de los lugares de atención tiene que ser otra, más facilitadora para su protección. Debemos emprender una campaña muy fuerte y volver a pensar la prevención, formación y capacitación, porque si no vuelven sobre el cuerpo de las mujeres para tratar de disciplinarnos. ¿Porque a quién le va a quedar ganas de rebelarse ante un macho golpeador en una casa, si el peligro es que te maten? Y en momentos de crisis, cuando este tema se complejiza mucho más.

¿El Ministerio de la Mujer sería una de las grandes vías de acción?

 

-Del Ministerio de la Mujer pretendo que no se refuerce esta idea de que es, precisamente, una cosa de mujeres. Que surja con otros valores y con un fortalecimiento de políticas para solucionar cuestiones que involucran a toda la sociedad. Coincido con Alberto Fernández cuando dice que uno de los puntos esenciales es trabajo. Es la ayuda que se necesita para salir incluso de estas situaciones porque es llevarles dignidad, autoestima, independencia económica a las mujeres. Como buena sindicalista digo que nosotrxs tenemos que vivir dando respuestas, por eso creo en los avances que se dan por pasos. Y haciendo la base para no volver a retroceder, no perder derechos difíciles de volver a lograr, que fue lo que perdimos durante este gobierno. Recuperarlos nos va a llevar tiempo.

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