Documental de Isabelle Dupuis and Tim Geraghty
"The Unicorn", un caso extremo de familia disfuncional 
Aunque el film sigue al músico Peter Gudzien, su hermana y su padre cobran protagonismo mientras aumenta la oscuridad.
Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay.Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay.Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay.Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay.Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay.
Gudzien es el autor del primer disco de música country con letras abiertamente gay. 

The Unicorn empieza con un hombre de 60 y pocos años -una suerte de Nick Cave demacrado e histriónico- tirado en un sofá con una filmadora en mano mientras discute acaloradamente con un anciano que le achaca su incapacidad de decidir dónde vivir. Es lo único que conoce el espectador sobre ese hombre, hasta que las placas introductorias agregan más información. Entonces el aire a Cave deja de ser un mero parecido: quien refunfuña desde el sillón es Peter Gudzien, autor, en 1972, del disco con el título de la película, considerado el primero de música country con letras abiertamente gay.

Imposible no pensar que lo que vendrá es un documental sobre la vida y obra de un músico caprichoso, anárquico, bohemio y vanguardista. Uno que recorre sus influencias, sus comienzos, la génesis del disco, el aire de aquella época. Todo eso está. Pero lo que encuentran los directores Isabelle Dupuis and Tim Geraghty cuando escarban más profundo es algo único y sorprendente. Y definitivamente mejor, al menos en términos cinematográficos.

El espíritu de The Osbournes sobrevuela los primeros minutos de la ganadora de Premio a Mejor Película de la Competencia Internacional del último Bafici, que tiene ahora un pequeño estreno comercial como parte de ese reconocimiento. Al igual que en el reality de MTV, la dinámica consiste en acompañar a su protagonista en su rutina, compartiendo con él la intimidad más absoluta de sus actos y, sobre todo, de sus pensamientos.

Basta con verlo cantar en el escenario de un bar de mala muerte donde nadie le presta atención para darse cuenta que, a diferencia de la obra de Ozzy, aquel disco -el único de su carrera- no se tradujo en éxito ni en prosperidad. Lo que en The Osbournes era puro show colorido -y con algunos pases de factura dignos de Intrusos en el espectáculo- montado alrededor de la presencia de la cámara, aquí respira una autenticidad catártica notable.

Luz de alerta: desde ya que todo podría tratarse de una gran pantomima perpetrada por Peter, dado que es imposible saber el grado de veracidad de todo aquello que se muestra o se cuenta. Pero en caso de que Gudzien estuviera "actuando", se trataría de uno de los mejores trabajos actorales en décadas. Y ni hablar de los aportes de la hermana y el padre. 

"No nos soportamos, tenemos muchos problemas distintos cada uno", dice Terry en su primera aparición, justo cuando Peter habla bondades de ella. Los problemas de Terry son evidentes y ella no hace demasiado por ocultarlos. Con un rostro visiblemente operado y más pintado que una puerta, una de las primeras cosas que cuenta, además de que no le gusta la música de su hermano, es que anda empastilladísima y con miedo a que la internen en un psiquiátrico... otra vez.

De mamá se sabe y poco nada, apenas que es una figura ausente dentro de una dinámica que, con ella, probablemente operaría de forma diametralmente opuesta. Después llega papá, un exminero proveniente de un barrio duro y violento que crió a sus hijos con la misma dureza y violencia. De más está decir que Peter lo odia y, si fuera por él, no le hablaría. Algo similar ocurre con esa hermana que lentamente irá erigiéndose como coprotagonista, en tanto la dupla de directores no puede evitar el magnetismo de esa mujer quebrada.

Frente a ese escenario, Dupuis y Geraghty -que durante años siguieron a Peter a sol y a sombra- hacen lo que haría cualquier documentalista que se precie de tal; esto es, dejarse llevar por lo inesperado reorientando el cauce del relato hacía esa faceta. Una faceta descubierta menos por indagar en los hechos biográficos que en lo que hay detrás de ellos.

La referencia a The Osbournes queda definitivamente diluida sobre Ecuador del metraje, cuando las características formales y temáticas remitan a Tarnation, que allá por 2003 marcó una bisagra en los documentales sobre familias disfuncionales. Con una desprolijidad y cierta deriva narrativa propia de las mentes conflictuadas de los Gudzien, The Unicorn aumenta su oscuridad hasta llegar a un desenlace desolador, marcando que aquí la música es secundaria y lo importante es ese núcleo familiar disuelto, con sus integrantes empujándose entre sí a las tinieblas de la locura.

8 - The Unicorn
(Estados Unidos/2018)
Dirección y guión: Isabelle Dupuis y Tim Geraghty
Edición: Tim Geraghty
Duración: 92 minutos
Estreno en Sala Leopoldo Lugones y Arte Multiplex

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