Director de Investigaciones del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI-CNRS)
Jacques Sémelin: "el ejemplo de las Madres es siempre muy inspirador"
¿Cómo entender que individuos ordinarios puedan caer en la extrema violencia, la barbarie y el genocidio? ¿Cómo es posible que individuos ordinarios, hombres y mujeres, puedan llevar a cabo gestos fuera de lo común con las manos desnudas, es decir, sin violencia?
"Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir.""Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir.""Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir.""Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir.""Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir."
"Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir." 

Desde París

¿Cómo explicar dos dimensiones tan opuestas de la condición humana como la violencia y la resistencia pacífica ? Aunque las matanzas, los genocidios, la represión, el terrorismo, los asesinatos de masa y la depuración étnica han marcado la historia contemporánea, existen pocos estudios que hayan tratado de penetrar el misterio del horror. Con su contrario, la no violencia, ocurre lo mismo. Jacques Sémelin, profesor de Ciencias Políticas y Director de Investigaciones del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI-CNRS), en París, ha escrito una de las obras maestras sobre los mecanismos punitivos al tiempo que desarrolló una obra poco común sobre el proceso contrario. 

El hilo conductor de su pensamiento consta de esos dos polos. Uno: cómo entender que individuos ordinarios puedan caer en la extrema violencia, la barbarie y el genocidio ("Purificar y Destruir. Usos políticos de las matanzas y los genocidios", UNSAM, 2013). Dos: cómo es posible que individuos ordinarios, hombres y mujeres, puedan llevar a cabo gestos fuera de lo común con las manos desnudas, es decir, sin violencia ("La no violencia explicada a mis hijas", Plaza y Janes, 2001). Las obras citadas son sólo las dos que están traducidas al idioma español dentro de una profusa producción en francés que siempre ha explorado ambos temas. Sus enfoques se apoyan en una concepción pluridisciplinaria de la historia donde convergen la ciencia política o la psicología social. 

Resulta paradójico que en un Siglo XX atravesado por los crímenes de guerra recién en 1988, cuando el profesor Sémelin creó un curso en la universidad de Paris, el tema de la extrema violencia, los genocidios y las resistencias civiles pasó a ser una disciplina en si misma. Entender ambos procesos es entender el mundo. Tal vez nunca como hoy su obra haya sido tan actual, y no ya por los genocidios sino por la resurrección, a través del movimiento ecologista mundial, de una nueva forma de resistencia civil que se apoya en la no violencia como método de acción. Esa militancia sin fuerza se ha desplegado también en las calles de Argelia o en Hong Kong. En ambos lugares, jóvenes hartos de un sistema opresivo han desafiado a poderes que se habían mantenido mediante el sometimiento. Sin embargo, como lo señala Jacques Sémelin, hay un momento en que se vence el miedo y la resistencia civil se organiza.

Sémelin tiene con la Argentina una relación muy estrecha. Las dos caras de su disciplina han ocupado el centro del mundo en un momento de la historia: la dictadura de Videla y la extraordinaria respuesta de las Madres de la Plaza de Mayo. El horror como método de gobierno y la búsqueda de las víctimas mediante la resistencia civil y el coraje. El mundo se está reorganizando a partir de la no violencia, sostiene Jacques Sémelin. Pero el zombi eterno de la destrucción no ha bajado los brazos. Al contrario, las extremas derechas mundiales introducen otra vez el valor de la “purificación” (ellos no somos nosotros) para rediseñar una nueva fase de destrucción.

En esta entrevista con Página/12 realizada en Paris, Sémelin nos conduce por los sorprendentes senderos de la no violencia como postura y programa para confrontar el mundo, y cambiarlo.

---La Argentina ha sido uno de los últimos ejemplos donde se plasmó una repuesta de resistencia civil, no violenta, al horror del terrorismo de Estado. Es el caso de las Madres y de las Abuelas de la Plaza de Mayo.

---Sin lugar a dudas la Argentina ha sido un caso de violencia de masa, de violencia extrema. Para mí, el ejemplo de las Madres de la Plaza de Mayo es siempre muy inspirador. Son una referencia para el mundo entero. La dictadura argentina fue muy sofisticada, tanto más cuanto que los militares argentinos se sirvieron del modelo que los franceses habían aplicado en Argelia. La desaparición de los cuerpos fue una técnica imparable para destilar el miedo en el seno de la sociedad. Pero no anticiparon un detalle: las madres quisieron saber dónde estaban sus hijos, las esposas quisieron saber dónde estaban sus maridos. Los militares argentinos no lograron destruir ese lazo carnal, familiar y afectivo. Fue a través de esos lazos que esas mujeres, que eran una minoría, fueron más allá de su miedo. Y esto es fundamental en las estrategias no violentas: hay que llegar a superar su miedo. Las Madres lo lograron. Por otra parte, en la Argentina se desarrolló, como en ningún otro lado, la Arqueología forense. Se trata de una innovación propia a este país. La búsqueda y la identificación de los cuerpos luego de una matanza es un medio fundamental para luchar contra el traumatismo de la desaparición y de la post matanza. Este trabajo de identificación de los cuerpos es extremadamente importante en todo el proceso de duelo. La Argentina sigue siendo un ejemplo para el mundo de hoy.

---En su libro “La No violencia explicada a mis hijas” usted resalta uno de los misterios de la fuerza: es más fácil explicar la violencia que la no violencia. La violencia comunica, la no violencia no. ¿Por qué?

---La violencia es inmediatamente visible: las bombas, las ametralladoras, la destrucción, los cuerpos despedazados, etc. La no violencia no se ve, no se sabe qué es. Se piensa a menudo que la no violencia es la pasividad. No, de ninguna manera. Hay una causa lexical en esa percepción: está el “no” a la violencia. En la no violencia hay dos dimensiones: la primera consiste en no arremeter contra el otro: la segunda en permanecer activos. Por eso prefiero hablar de acción no violenta, de combate no violento. Cuando un Estado ejerce su dominación mediante la fuerza física y el miedo, con un montón de gente que obedece, no es fácil percibir cómo se puede desarrollar una estrategia de resistencia no violenta. En este contexto, diría que el término de resistencia civil es más pertinente que el de lucha no violenta. La resistencia civil consiste en ampliar el foso entre el estado de dominación y el estado de ánimo. El estado de dominación es el sometimiento físico por las bombas, el miedo o los medios. El estado de ánimo es cuando tomamos conciencia de que constituimos una fuerza. De allí esa frase tan célebre en idioma español: ”el pueblo unido jamás será vencido”. La resistencia no violenta implica desarrollar técnicas y procedimientos para ampliar el foso entre el estado de dominación y el estado de ánimo. Cuanto más fuerte y unido se siente un pueblo, menos será sometido y más amplia será su capacidad para rebelarse y resistir.

---Hoy vemos cada vez más esas formas de no violencia en el movimiento ecologista mundial. Los jóvenes --que lo son-- combinan insolencia, sentido del humor y resistencia. En Francia, por ejemplo, se les ocurrió descolgar los retratos oficiales del presidente Emmanuel Macron que están en los Municipios en signo de protesta por la ausencia de políticas medioambientales concretas.

---Esa es una de las dimensiones de la resistencia cívica. Hoy constatamos un renacimiento, una renovación de la no violencia. Durante años y años, digamos desde la caída del Muro de Berlín (1989), hemos asistido a un torrente de violencia: terrorismo, los atentados del 11 de septiembre, el Estado Islámico, etc, etc. Pero hoy entramos en una nueva época donde las prácticas de la acción no violentas están siendo reinventadas, particularmente por los jóvenes en el seno del movimiento ecologista. Pero también lo vemos en las dictaduras como Argelia o en Hong Kong. Son jóvenes, mujeres y hombres, que se movilizaron masivamente con una muestra de madurez extraordinaria para no provocar al ejército o la policía. Fue también como una fiesta porque en las estrategias no violentas siempre está el humor y el hecho de estar juntos, en grupo. Podemos volver al ejemplo de Las Madres de la Plaza de Mayo y la forma en que rompieron el miedo porque estaban en grupo. Las grandes manifestaciones que vimos recientemente en Argelia o Hong Kong son, para los jóvenes, un medio de superar el miedo y revalidar su voluntad de libertad, de cambio. El poder no puede prever esos movimientos. Nadie imaginó jamás la caída del Muro de Berlín. Fue una sorpresa estratégica, igual que en Argelia y Hong Kong.

---Hay no obstante un límite a esta no violencia: en Egipto, durante la Primavera árabe, el movimiento de la Plaza Tahrir fue no violento, derrocó al dictador Mubarak, pero luego vino la contrarrevolución conservadora que barrió con todo.

---Esas estrategias no violentas no siempre tienen éxito. Depende mucho de la capacidad de los actores para controlar su movimiento. Es fundamental. Una estrategia no violenta no se inventa, sino que se prepara, se organiza. También se requiere saber hasta dónde se debe ir. Pero lo esencial es el control de lo que se quiere obtener y la definición de los objetivos accesibles. Paciencia y obstinación. Tampoco hay que dejar de lado el contexto internacional. Hay momentos en los que es posible y otros en que no. Una estrategia no violenta nunca es un milagro. Supone una maduración del cuerpo social y un contexto internacional que puede favorecerla. Lo bueno es que esta opción no violenta está siendo redescubierta por los jóvenes. Podemos tener confianza en nuestra juventud. Estamos en ese giro de la historia.

---Pero el enemigo de la paz humana también se ha rearmado. "Purificar y destruir" es uno de sus libros más expandidos. Esa obra era una exploración de los usos políticos de las matanzas y los genocidios. Ambas nociones no han desaparecido de nuestra modernidad. Estamos siempre bajo la amenaza de la purificación y la destrucción.

---Los discursos de purificación siguen existiendo, y me dan miedo. Siempre hay ideólogos que propagan esas ideas. La extrema derecha es el ejemplo más claro de lo que yo llamo un emprendedor de la identidad. Se trata un movimiento universal que enuncia: ”nuestro país va mal, pero si tuviésemos más confianza en nosotros todo iría mejor”. Si este emprendedor de la identidad define el “nosotros”, también, insalvablemente, definirá el “ellos”. Para Francia, el “nosotros” es el blanco católico y el “ellos” es el morocho musulmán. Lo que se está haciendo es reformatear la realidad a través de categorías como “ellos” y “nosotros”. Ello implica que “nosotros” debemos defendernos de “ellos”. Todo esto equivale al germen de una guerra civil. Es una retórica universal. Nos enfrentamos a un proceso de purificación que busca la destrucción de la capacidad de los individuos para desarrollar un pensamiento autónomo. Este es un tema que me preocupa mucho.

---En este desplazamiento pendular de las sociedades entre la tentación de la purificación y la elaboración de resistencias civiles no violentas ¿dónde estaría para usted la clave de la emancipación ?

---Hoy, para mi, lo esencial consiste en saber cómo, por medio de estrategias no violentas, los individuos pueden emanciparse de todos medios de control y de comunicación que nos manipulan. La insurrección puede verse neutralizada por los medios de comunicación que nos influencian y nos penetran. La forma más pertinente de la resistencia civil pasa por acciones colectivas, y también por algo que está en nosotros, individualmente: el programa constructivo. ¿Cómo puedo cambiar mi vida, mi manera de ser, mi forma de vivir, mi alimentación, mis dependencias ? Una de las estrategias de la no violencia consiste en que no hay que esperar que el Estado, el sistema, lo haga todo. Debemos empezar cambiando nosotros. Cuanto más grande sea la voluntad de los individuos de apropiarse de sus vidas, más se expanden las semillas para una nueva forma de ser y de vivir.

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