En el mes de las efemérides  
La vieja táctica macrista se repite, en otro contexto. Encuestadores puestos a prueba, recuerdos del pasado. Flamante religiosidad presidencial. Debates en ciernes, velas encendidas. Movimientos en la previa: anuncios de cambio de domicilio, pases a planta. Chaco elige gobernador, repaso histórico.

Al principio de un siglo corto, fue el mes de la Revolución rusa. El 17 de octubre del ‘45 se concretó la titánica movilización plebeya, masiva, pacífica, contundente, modelo y preludio de muchas otras. Los aniversarios del nacimiento de Juan Domingo Perón y de la muerte de Ernesto “Che” Guevara caen en octubre… vaya efemérides. A los días en rojo de ese calendario seguramente habrá que agregarle el 27-O, fuera cual fuera el resultado. Para qué arriesgar predicciones si quedan apenas dos semanas y, aunque hace dos meses parecía faltar un siglo, la primera vuelta electoral viene llegando.

El presidente Mauricio Macri se aferra (o simula aferrarse) a la ilusión de un batacazo, promueve con todo su tremendo equipo de propaganda manifestaciones supuestamente espontáneas.

Antes de las Primarias Abiertas (PASO) la principal táctica de campaña oficialista fue fidelizar, robustecer el voto propio, el tercio irreductible del padrón. Los gurúes macristas pensaban que el Frente de Todos (FT) no llegaría al 40 por ciento del padrón, ni ahí. La condición de escolta (en PASO y hasta en primera vuelta) sería el trampolín hacia la presidencia igual que en 2015. El urnazo del 11 de agosto golpeó fuerte a esa ilusión.

El Gobierno sigue empacado en fidelizar en otro contexto: sacar a la calle a los electores convencidos, de cierta edad, emocionar a los xenófobos, reconquistar a los pañuelos celestes. El senador Miguel Ángel Pichetto es uno de los adalides de esa Cruzada derechosa, cuyo objetivo parece ser conservar los votos antes que ampliarlos.

Y esperar un regalo del cielo, un cajón quemado por Herminio, una barbaridad cometida por les candidates del FT. Los medios dominantes exageran cada palabra, distorsionan cualquier discurso. De momento, la mirada impresionista, las encuestas y la sensación térmica concuerdan: el escenario electoral cambió poco desde agosto hasta ahora. Flota en el aire el aroma a polarización alta, a diferencia amplia, a definición en primera vuelta. El horizonte parece estrecho para las otras fuerzas con ambición de permanecer, sumar bancas, quedar como referencia.

Todo indica que Roberto Lavagna y Nicolás del Caño sudarán la gota gorda para conservar su cosecha que es improbable que la mejoren. De presunciones hablamos porque los votos se cuentan luego de abrir las urnas no en las tertulias previas.

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Encuesta abajo en mi rodada: Una gran masa de consultores pifiaron feo los pronósticos para agosto. El fracaso no fue unánime ya que quienes trabajaron para el FT reservaron sus pronósticos, que le pasaron cerca al resultado. Roberto “Tito” Bacman, Analía del Franco y Hugo Haime sostienen la parquedad en el limbo agosto-octubre.

Sus colegas tratan de afinar la puntería; sería un bajón reincidir en los fallidos o disparatados pronósticos previos a las PASO. Se están cuidando, apelan más a mediciones presenciales en detrimento de las telefónicas con el desacreditado sistema de respuestas automáticas.

La existencia de datos duros (el escrutinio) coopera para mejorar las proyecciones.

Un ejemplo pasado los entusiasma. En las elecciones de medio término de 2001, las encuestadoras pifiaron feo. Principal pero no únicamente, por subestimar el voto en blanco, el apodado “voto bronca” que fueron tendencia dominante, una de las claves de la votación.

Las presidenciales de 2003 mostraban un cuadro novedoso, plagado de dificultades: cinco candidates bastante parejes, todes por debajo de los porcentajes históricos de quienes salían punteros: Carlos Menem, Néstor Kirchner, Ricardo López Murphy, Adolfo Rodríguez Saá, Elisa Carrió. Acicateados por la necesidad y esmerándose mucho los consultores predijeron muy bien, en las mediciones previas y en las bocas de urna.

De nuevo: el desenlace se conocerá en simultáneo con el conteo de votos. Solo entonces se verá si existe y funciona la autocrítica de los encuestadores.

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Prender una vela: Macri, que no sabe persignarse, incurre en un ataque de religiosidad impostada. Invoca a un Dios que no son los mercados, defiende “las dos vidas”. En medio de dicho arranque es verosímil que le esté prendiendo una vela a los debates presidenciales, que se cuelan entre los últimos manotazos de ahogado.

La memoria larga evoca el clásico que sostuvieron en Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy versus Richard Nixon. Cuenta la crónica (o la leyenda) que éste llegó mal afeitado, desnudo de coaching y perdió el show match aunque por radio “dio” muy bien. Sucedió en el período paleozoico de la tevé… mucha agua y formatos corrieron bajo los puentes desde ese punto de partida.

La “necesidad social” es opinable, la demanda de la opinión pública no está probada en la Argentina, al menos. Las reglas, los tiempos asignados, la notable selección de los moderadores obedecen más al imperio de los medios que al del sistema democrático. De cualquier manera, toda discusión suma y siempre queda para el ciudadano-espectador la alternativa de elegir otro programa o Netflix. La coincidencia con otra plomísima fecha FIFA resta alternativas futboleras sabrosas al debate.

Para quienes pispeen será interesante ver cómo se colocan los terceros, cuarto, quinto en discordia, en particular Del Caño y Lavagna que tienen mayores aspiraciones. ¿Le harán un 3-1 a Alberto Fernández, dando ya por vencido a Macri? Podrían imprimir una vuelta de tuerca al significado del voto útil, valiéndose de la consigna famosa del peronismo porteño aunque sin verbalizarla. “Macri ya fue” y conviene votar alternancia, diversidad, “verdadera oposición” al FT.

En el debate entre aspirantes a Jefe de Gobierno de la CABA, Horacio Rodríguez Larreta provincializó al extremo. Nombró solo en una ocasión a Macri, una delicada manera de negarlo tres veces. Haberlo omitido, paradoja solo aparente, habría llamado demasiado la atención.

En la tenida, uno de los periodistas-moderadores lo traicionó el subconsciente y dejó afuera al candidato del Frente de Izquierda Unidad (FIT), Gabriel Solano. La ideología aflora por los poros, el autor del fallido se disculpó. Consuelo menor: hizo mejor papel que el colega que condujo un debate en Mendoza y mechó preguntas de un machismo rancio, discriminador, pasado de moda… y vigente por lo visto.

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Síntomas en la previa

*Algunos periodistas sueltos huyen del barco mientras el Multimedios Clarín se mantiene firme en las trincheras: el periodismo de guerra se adapta pero no cesa.

* El diario “La Nación” instala un título que, con sesgo diferente, quedaría bien en “Barcelona”: “Macri le declara la ‘guerra a la mentira’”. Ejem. Alude a un proyecto de ley que jamás llegará al recinto, enésimo simulacro de campaña. Propuesta de incriminar a quien “miente” en juicio, ejercitando el derecho de defensa. Viola garantías constitucionales evidentes, es injerto copiado del Derecho penal yanqui, muy distinto al argentino. En cierta dosis un guiño al votante facho, en parte un gesto de sumisión a la Casa Blanca. Menos grave que la decisión de desconocer al gobierno de Venezuela y de recibir a una embajadora trucha. La irresponsabilidad institucional clásica del macrismo, trasladada a la política regional en un momento convulsivo.

* El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que minimizó las indemnizaciones por accidente de trabajo constituye otro favor a amigos, en este caso corporativos: las Aseguradoras de Riesgos de Trabajo (ART). Una dádiva que ya fue declarada nula por un juez, sobre la que lloverán inconstitucionalidades. La prensa hegemónica calla y también oculta las investigaciones sobre el accidente de trabajo mortal acontecido en la obra pública de Ezeiza.

* En charlas de quincho generosamente divulgadas altos referentes o mandatarios de Cambiemos filtran qué piensan hacer o adónde esperan mudarse después del 10 de diciembre, modo tácito de insinuar derrota. Más salvajes y cuestionables, proliferan pases a planta permanente de funcionarios de camiseta amarilla, de niveles más bajos.

Síntomas que hacen juego con las maniobras de los intendentes o candidatos a legisladores de Cambiemos para “esconder” a Macri en las boletas. Rodríguez Larreta, el más encumbrado, no inventó nada en ese aspecto.

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