Vicisitudes del crimen
En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez.En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez.En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez.En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez.En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez.
En Rosario, en diciembre de 2018, se marchó por justicia para Lucía Pérez. 
Imagen: Andres Macera

El cuerpo de María Soledad Morales, de 17 años, fue encontrado el 10 de setiembre de 1990 a 7 km de Catamarca por obreros de vialidad nacional. Tenía la mandíbula rota a golpes, había sido violada múltiples veces, había sido quemada con cigarrillos, desfigurado el rostro, arrancado el cuero cabelludo, vaciado un ojo, cortadas las orejas y aplastado el cráneo. Su padre la reconoció en la morgue por una pequeña cicatriz en una de sus muñecas.

El cuerpo de Lucía Pérez, de 16 años, fue dejado recién lavado y vestido en un dispensario en La Serena, Mar del Plata, el 8 de octubre de 2016. Los médicos trataron de reanimarla pero ya estaba muerta cuando llegó. La fiscal de la causa sostuvo "fue sometida a agresión sexual inhumana y el excesivo dolor le produjo la muerte por reflejo vagal". Su muerte fue por violación entre varias personas con el uso de algunos objetos, fue drogada, violada y finalmente empalada lo que le produjo la destrucción de los órganos internos. El fallo judicial sostuvo que la adolescente murió por sobredosis de cocaína, que se drogaba porque quería, que tenía relaciones sexuales por propia voluntad y niega tanto la violación como el empalamiento a mano de tres varones mayores de edad. El Comité de Expertas en Seguimiento de la Convención de Belém do Pará de la OEA envió una carta a la Corte Suprema de Justicia de la Nación solicitando "corregir" la resolución judicial para lograr un efectivo acceso a la Justicia para Lucía y todas las mujeres víctimas de violencia ya que el fallo en sí mismo es una clara violación de los Derechos Humanos de las mujeres víctimas.

Juana de Arco, la doncella, fue quemada en la hoguera por la Santa Inquisición en Ruan a los 19 años, en 1431. Se la condena por usar hábitos de hombre, sobre todo, y por comunicarse directamente con Dios desconociendo a la Iglesia como intermediaria. Se la condena por su orgullo, por su indocilidad, por su indecencia al usar hábitos de hombre, por su audacia, por su testarudez, por su imprudencia al predecir el porvenir y por su temeridad. Juana fue utilizada biopolíticamente para luego ser sacrificada. No hay norma simbólica que acoja la osadía de esta guerrera (rebelde frente a las normas del género y de la Iglesia) tan sólo el sacrificio la restituye dentro del marco simbólico de la representación (Balza, 2011). Juana murió enseguida. Apenas muerta, el verdugo mostró al pueblo toda su desnudez, para que no tuvieran duda de que era una mujer, luego volvió a prender fuego sobre su pobre cadáver, el cual se calcinó enseguida y cuyos huesos y carne quedaron reducidos a cenizas (Duby, 1973). Sobre ese cadáver adolescente se fundó Francia como estado-nación.

El cuerpo de María de los Ángeles Paris apareció muerto, desnudo, en la comisaría 10, esposado. Según testigos fue a denunciar algo. Según la policía sufrió un episodio psicótico. Llegó a llamar a su hija para que la vaya a buscar. Cuando llegaron ya estaba muerta. La autopsia consideró que la causa de muerte fue paro cardiorespiratorio. Lo mismo consideraron como causa de muerte las autopsias de María Soledad Morales y Lucía Pérez. Si los infartos fueron producto de sobredosis por cocaína o tortura, esto es incidental. La causa de muerte es el paro cardiorespiratorio. La primera autopsia de María de los Ángeles sostiene que murió por causas naturales. La segunda autopsia (pedida por la APDH y la Cátedra de Criminología de la Facultad de Derecho y realizada por forenses de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) concluyó que no se había utilizado el protocolo de Minesotta para víctimas de violencia institucional, el cadáver tenía múltiples lesiones y fracturas que no se informaron en la primera autopsia. La perito de la Nación sostuvo que la actitud corporativa de los médicos del Instituto Médico Legal de Rosario es casi más grave que la actitud de las fuerzas de seguridad denunciadas. "En 20 años de médica nunca vi esto" (sostuvo la perito).

Paula Perassi desapareció en San Lorenzo en setiembre de 2011. Hace un mes aproximadamente liberaron a los nueve detenidos e imputados por la causa (entre policías encubridores del crimen y supuestos autores del crimen). Se dijo que era amante de un empresario rico de esa ciudad y quedó embarazada de esa relación, que fue secuestrada y obligada a abortar en forma clandestina y murió en ese momento. Nunca se encontró el cadáver. Desaparecieron todas las pruebas. El padre de Paula empezó otra apelación de la causa. Se hicieron muchas marchas en San Lorenzo. Hubo alguien que dijo que el cadáver de Paula fue arrojado a los chanchos para desaparecerlo. Los imputados por aborto sin consentimiento seguido de muerte, privación ilegítima de la libertad y encubrimiento agravado fueron todos sobreseídos por falta de mérito. No hubo cuerpo esta vez.

La psicoanalista Eva Giberti en "Mío es su último sangrado" (estudio del caso Barreda) sostiene que acuchillar o disparar y matar sobre el cuerpo de la mujer permite al agresor masculino apropiarse del último sangrado (agonía) de la víctima. La misma sostiene que hablar de "violencia de género" es invisibilizar y ocultar la violencia contra la mujer nada más que por ser mujer. "las marcas del abuso en el cuerpo de las mujeres no son un hecho excepcional sino que constituyen un hecho histórico estructurante de la subjetividad y de la subordinación objetiva de las mujeres" (Claudia Lozano, Revista Intercambios).

El femicidio (Russell, 1976) define "al asesinato de mujeres realizado por hombres por motivo de odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad privada de las mujeres".

La cobertura mediática de la noticia (el show del femicidio) es un tipo específico de violencia social consumido por la mayoría que objetaliza ese cuerpo y lo consume. Almorzamos con el cadáver de la adolescente en el televisor y naturalizamos el crimen. La triste matriz del crimen de María Soledad Morales (una adolescente entregada a una banda por alguien con quien salía, enfiestada con cocaína y violada hasta la muerte) se repitió múltiples veces en casos de femicidios adolescentes. En los casos de femicidios de mujeres de más edad la mayoría murió en manos de un cónyuge o excónyuge.

La lógica del femicidio se inscribe dentro de un colectivo de prácticas psicosociales femicidas históricas que naturalizan al crimen contra la mujer nada más que por ser mujer, en tanto crimen de odio.

La antropóloga Marcela Lagarde en la Pericial Campo Algodonero (Ciudad Juárez, Méjico) sostiene que los casos en América Latina se multiplican y son feminicidios: concepto que define la negligencia e impericia de los estados nacionales que no cumplen los pactos internacionales ni aseguran políticas públicas protectivas hacia la vida, la seguridad y los derechos humanos de las mujeres. La cantidad de casos invisibiliza un tipo de genocidio específico.

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