Entrevista a Adriana Belmonte, la mamá de Lola Chomnalez
La vida después
El 4 de noviembre Lola Luna Chomnalez cumpliría 20 años, un número redondo para un caso que no termina de cerrar. Su cuerpo apareció en las dunas de Valizas, Uruguay, con signos de violencia y muchas preguntas, el 28 de diciembre de 2014 y recién este año y después de interminables giros judiciales que dan cuenta de que la Justicia no es solo patriarcal en nuestro país, hay un detenido, procesado como co-autor del femicidio. En estos años, su mamá, Adriana Belmonte, se volvió compañera incansable de las amigas de su hija, de quienes dice aprender sobre el feminismo y la militancia que las ponen en la calle todos los 3 de junio y se niega a llamarse víctima, resignificando un duelo que también tiene normativas sociales y que ella dice, solo se puede hacer colectivamente. 
Imagen: Sebastián Freire

“Ya no sé en qué idioma cantar / la poesía para expresar tanto espanto” cantaron a coro en marzo de 2015 en el patio del Liceo 9, la escuela a la que iba Lola Luna. Apenas tres meses después de que la encontraran muerta en las dunas de Valizas, sus compañerxs, amigxs, docentes y familiares entonaron ese tema de un amigo de la familia, Mesmar Philipp, después de largos ensayos donde a veces cantaban, pero muchas otras se quedaban en silencio, hablaban de ella o simplemente, lloraban su ausencia. Cuando a una piba la matan se muere un ecosistema, su pequeño mundo privado, su trama de relaciones, y ni hablar de sus sueños y deseos. Quienes quedan, rearman sus historias como pueden pero siempre salen transformadxs. "Me matan y conmigo se muere mi mamá" canta Miss Bolivia y algo de eso dice Adriana Belmonte, pero no habla de morir sino de renacer. Así como se suele decir que una víctima de violación no se recupera nunca más, se dice que una madre que pierde un hijx es valiente por afrontar el dolor. A Adriana se lo han dicho miles de veces, con todo el amor del mundo como dice, pero ella se niega a los estereotipos y prefiere evocar ese canto colectivo como paradigma de un modo de enfrentar el duelo para una pérdida tan violenta, naturalizada por la sociedad o matizada con adjetivos que nada tienen que ver con sus causas. El femicidio de Lola es una prueba más de que vivimos en una sociedad profundamente machista, que le hace creer a los varones que pueden tomar el cuerpo de una niña para violentarlo y huir sin consecuencias. Pero a esa creencia tan arraigada y patriarcal la acompaña la justicia, la sociedad, muchos medios de comunicación, instituciones y un Estado que la mayoría de las veces mira para otro lado. En Argentina, se produce una muerte por femicidio cada 26 horas, en Uruguay, en 2018 fueron 31 las víctimas.

--¿Cómo está la investigación en este momento?

--Está en pleno proceso. Pasa que este año, en febrero cambió el fiscal: ahora está Jorge Vaz y es cuando vimos los mayores avances. El acusado de coautoría, Cachila, declaró en un principio, en 2015, frente a la jueza Urioste y al fiscal Rodrigo Morosoli. Según Morosoli, él no encontró elementos como para decir que este hombre había sido pero...

--Todo indica que sí.

--Sí. Y acá pusimos un equipo y mucho cerebro. No es fácil tener una causa con la cual te separa tanta distancia. Al primer momento pusimos un estudio allá pero yo estaba en shock, recién a los dos años teníamos otra entereza y contratamos otro abogado para sumar otra mirada. También pasaron dos años para que podamos leer el expediente.

--¿Por qué no les daban el expediente?

--No me lo explico. Hubo una jueza que estuvo muy poquito tiempo y con ella sentía que íbamos para adelante, Sahiana Sena, quien me dijo en agosto de 2017 que ella quería blindar el expediente por un tema de cuidado. Con el tiempo me di cuenta que tenía razón, porque en un pueblito tan chiquito no podés ni ir a la fotocopiadora sin que se sepa qué estás haciendo. A nuestro nuevo abogado se le ocurrió que lo podíamos escanear y recién ahí lo leímos. Pero hubo trabas de todo tipo: yo pedía el expediente y me decían “no hay hojas”, “no tenemos fotocopiadora”, etc. Quisimos regalarles una fotocopiadora pero nos dijeron que como ente de Justicia no podían aceptarla. Con mucha paciencia y un equipo grande, le fuimos encontrando la vuelta. Pero lo cierto es que leer el expediente es lo que nos hizo conocer la primera declaración de Cachila. Este año corrió la versión de una persona que se suicidó en 2015 y que supuestamente tuvo que ver con el crimen de Lola, pero es una hipótesis que está en estudio, nosotros la tomamos con pinzas. Se publicaron versiones de que era una pista firme, pero no es así, eso es volver a revictimizar a Lola y pasar por encima del operador judicial. En este momento, está pedida la exhumación del cuerpo para ver si coincide con el ADN encontrado en el toallón de Lola. Lo que aprendí en estos años es que los cuerpos hablan: así como este Cachila se mandó al frente él solito y su cuerpo, el cuerpo de Lola habla y vamos a ver qué dice.

--La declaración de Cachila era bastante explícita, él sabía incluso hasta dónde estaba el cuerpo.

--Cachila le dio la estampita, él sabe perfectamente decir dónde la encontró a Lola, que Lola se sintió mal... Yo creo que a ella la forzaron, ella se defendió, por eso tiene esos cortes, y acá mucho se habló de si hubo abuso sexual: ya es un abuso que te hayan querido robar, y que te agarren y lleven a un lugar por la fuerza. No la abusaron sexualmente porque tanto el perito de la familia como el oficial me lo dijeron. “Yo con esto solo pretendo llevarle un poco de paz. Revisamos el cuerpo de la niña y no hay registros de abuso” me dijo el perito de parte. Como él bien lo dijo no es ningún consuelo pero yo en ese momento le agradecí. No entendía nada. En mayo de este año yo dije que el actuar de los anteriores magistrados me había parecido negligente, y eso los molestó. El fiscal de Corte dijo que él entendía que yo hablaba desde el dolor pero que no había sido así. No me voy a meter en ese ping pong de decirle “a vos no te mataron una hija” porque es ponerme en un lugar que no va. Si no fueron negligentes el tiempo les dará la razón pero que un equipo no haya visto esto... Ellos dicen que no tuvieron elementos probatorios que los llevaran a definir y él solo estuvo detenido unas horas.

--Ni siquiera fue procesado...

--Nada. Este Cachila en mayo de este año vuelve a declarar y lo hace en presencia de una semióloga. Y esto también fue muy cuestionado porque se ha dicho ¿cómo van a sustentar con una semióloga solamente y una pericia psiquiátrica? Pero el fiscal explica bien por qué lo detiene en el fallo. Cuando se tenía que dirimir el fallo el juez de la causa, Giménez Vera, tiene un infarto. Vino la jueza subrogante Rossana Ortega (cuando me dicen que era una mujer di gracias al cielo) y cuando tenía que expedirse se corta la luz así que la orden salió recién a las 4 de la mañana del 20 de mayo de este año.

--¿Qué sentiste?

--Alivio. Y con todo el respeto a Giménez Vera cuando me enteré que la jueza era una mujer respiré aliviada. Pero no se puede creer la cantidad de obstáculos que hubo, la burocracia y el estrés que nos produjo. Cuando el fiscal Vaz mandó una foto con la resolución del fallo, ahí respiré. No pude dormir. El abogado me decía a la madrugada “tratemos de descansar” y yo no podía. Pensaba “esto es como la conquista del desierto, vamos por el desierto a ver dónde vemos agua”. Y esta fue la primera gota de agua que vi.

Fue un femicidio

A Cachila lo detienen, queda preso, el fiscal pide de 30 a 40 años por co-autoría y es de esperarse que cuando termine con su dependencia a todo lo que consume, hable y diga lo que sabe. Hasta ahora amenaza con matarse. Lo atacaron otros presos y fue trasladado. Su abogada dice que a él no le corresponde la co-autoría sino la no asistencia a una persona, pero los elementos en su contra son muchos. De todas formas, Cachila no pudo haber actuado solo y la búsqueda viene por ese lado. Quién fue la o las personas que lo ayudaron. “Yo creo que de a poco se va a saber lo que pasó. Pienso que este tipo puede haber sido ayudado por alguien de un poder mínimo. Son zonas donde también hay tráfico de drogas, prostitución, y mafias que se manejan con comodidad. Hay algo del móvil que no se sabe. No sabemos si hubo intento de abuso sexual pero sí hubo abuso. Lola tenía 15 años, era una niña. Si alguien la hubiera auxiliado hoy ella lo podría estar contando. La quisieron matar, la quisieron acallar y por eso esto es un femicidio. Yo todo esto lo pude ver después de la movida de Ni Una menos y lo veo a través de mi hija que es mi maestra, mi renacer espiritual”.

--¿Pensás que a Cachila lo trataron de hacer zafar?

--Sí pero no lo lograron. Femicidios hubo siempre, lo que pasa es que ahora se visibilizan. Me acuerdo del caso de Jimena Hernández, que murió en la pileta del Santa Unión. Si ahí no hubo alguien con un poco de poder que ayudara, ¿cómo puede haber pasado eso? Creo que Lola trató de defenderse, que la atacó más de una persona y que Cachila estuvo ahí. Todos los años pienso “este año va a cerrar”, pero ya entendí que no tengo que esperar nada. Porque la espera angustia mucho. A fin de año nos han pasado muchas cosas: Diego –su marido, el papá de Lola- quedó dos veces internado en diciembre de 2015 y de 2016. Se angustia tanto, llama, putea y el cuerpo no resiste. El dolor va a estar siempre, es otra de las cosas que aprendí. Lola no es dolor, es todo alegría pero ese mismo duelo se presenta en mi cuerpo con dolor, y Lola se presenta en mí como duelo. Este cuerpo, esta matriz es la que la contuvo nueve meses, y la acompañó 15 años, entonces decir “en algún momento va a dejar de doler” es imposible, porque mis mismas células me lo van a recordar. El dolor que yo tuve cuando me dijeron “encontramos un cuerpo”, eso no se borra más. Fue acá, del ombligo para abajo. Quiero ser una eterna alumna en esto y nosotros seguimos tratando de que nuestra vida siga. Y otra de las cosas que aprendí, algunas veces me sale, otras no, es no amarrar y no adherir al sufrimiento. Busco las maneras más hermosas de que Lola vuelva a mí, siempre vamos a ser madre e hija, pero no se acepta el duelo por la muerte de una hija. Que no es muerte, es la matanza. Cuando te dicen “con el tiempo lo vas a aceptar”, no, pero sí voy a tratar de aprender.

--¿Que se haga justicia te va ayudar a transitar ese dolor?

--Voy a poder cerrar un capítulo y empezar el real duelo. Yo no me considero víctima, la real víctima es Lola, la que se comió la peor parte fue ella, y si me digo madre y Diego se dice padre, estamos acá para bancar eso, no acepto eso de cómo lo hice, cómo pasé todo eso, si yo dijera “no sé cómo hice” es porque no conecté. No es que soy valiente, ni fortachona, ni leona, esas cosas que la gente te dice de la manera más amorosa, pero no lo son. Yo sí sé cómo hice.

--¿Cómo protegiste tu salud, tu integridad en todo este tiempo?

--Yo no soy ansiosa, no voy al choque. Por eso cuando dicen “a tal lo mató la muerte de la hija” yo pienso que no, que venimos con bardos anteriores y si no los resolvimos con esto nos estalla todo, porque obviamente esto es algo que te hace estallar, pero tu personalidad de base define mucho de cómo actuás después. En mi historia familiar hay cosas muy duras: mi mamá nació y murió su mamá. Mi papá perdió dos hermanos. Mi abuela también. Y todos siguieron. Yo me refugié como pude en la práctica de yoga y en meditar, en tratar de alimentarme mejor. Por eso digo que es mi renacer espiritual, porque empecé a ver otros canales para estar bien. Después en la terapia pude ver esto de que me dolía el vientre, porque mi hija convoca el duelo desde mi cuerpo. Un año pasé un 31 de diciembre con mi mamá internada al mismo tiempo que Diego y me acuerdo de estar en la bicisenda de una clínica a la otra. Si yo lo pensaba antes de lo de Lola pensaba “¿cómo hace esa mujer?” pero después lo pude hacer. El aire sobre la cara, pedalear, ver que la gente estaba de festejo me daba alegría y por otro lado enorme tristeza, porque pensaba ¿cuándo voy a volver a ese festejo? Pero así como vinieron momentos de mucho dolor vinieron otros de mucha alegría. No todo es triste ni desahuciante. Yo me permito festejar, pedir por un año mejor, más dulce.

--Estás en contacto con las amigas de Lola?

--Sí, chateamos, nos vemos, nos llamamos para los cumpleaños. Está el grupo de “maps” (mejores amigas para siempre) de la primaria, que ya están en la facultad, y las del Liceo. Las maps son las que van con el cartel de Lola a todos lados. En el Liceo en marzo de 2015 hicieron una suelta de globos organizada por ellas, en el patio de la escuela, y fuimos todos. En cada globo había una mariposa de papel y cantaron la canción de Lolita, que la ensayaron entre muchas, eso fue sumamente conmovedor.

--¿Los 3 de junio te vas a Uruguay?

--Los dos primeros años estuvimos acá, en 2017 nos fuimos allá y marchamos con Mujeres de negro y con Asfavide que es una asociación que nuclea familiares de víctimas de delitos, no solo de femicidios. Pero las amigas están en todos los Ni Una Menos, bajo la lluvia, siempre firmes. Me emociona mucho y además aprendo un montón. Son maestras para mí.

--¿Cómo fue el click que te hizo Ni Una Menos?

 

--El 3 de junio de 2015 fue el primero pero previo a eso, en marzo, en el Museo de la Lengua, fui invitada a leer por Hinde Pomeraniec, que es vecina mía. Fui a esa plaza y fue una maratón de lecturas que duró muchas horas. Ese fue el primer Ni Una Menos. Y las amigas de Lola fueron y estuvieron conmigo: Inu, Abril, Lucila, su psicóloga, una maestra… A los seis meses invitamos a todas las amigas acá a casa, a cantar, a encontrarnos y a hablar, porque las amigas y los amigos quedaron en un desamparo total. Desde la docencia no están preparados para esto. Entonces los pibes quedan en el desamparo. Y no tiene la culpa los docentes por supuesto pero ocurre y es tremendo. Al año, grabamos la canción en un estudio, Diego y los hermanos de Lola tocaron y cantaron y pedimos mil grullas para colgar del tilo del parque Las Heras, donde Lola iba a la escuela primaria. Recibí como 3 mil y todas hilvanamos grullas: mis amigas, las amigas de Lola, su maestra, me llegaron grullas de todas partes, hasta de China, de Berlín, de todos lados. Me parece que eso es hermoso porque es colectivo y no es victimizante. Para mi es más fácil conectar con la vida, Lola decía que iba a ser psicóloga, es lo que leí en aquella lectura de NUM, ella me decía “mamá, la muerte es parte de la vida” y lejos de llevarse cosas la muerte me inspiró, me hizo mejor persona, mas contemplativa, me dejó un legado hermoso, no quiere decir que yo sea la alegría de vivir y que no haya días en que me las quiera tomar ya, pero pienso que ver la muerte desde ese aspecto amoroso es mejor. No nos preparan para la muerte, la negamos, pensamos que vamos a ser eternos, y cuando alguien se muere es el final. Es muy doloroso lo que pasó, a mi hija la mataron, y eso tiene una dimensión política: que se pueda matar a alguien y pensar que eso no tiene consecuencias. La Justicia tiene que tener perspectiva de género, así como los y las docentes, médicos, criminalísticos, en fin, todo el mundo tiene que entender esto. Lola cumpliría 20 años el 4 de noviembre y ahora cumple todos y ninguno porque para mí es eterna y atemporal. 

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