A cambiarlo todo
Feminismos chilenos en la resistencia
Hoy, viernes, los feminismos del otro lado de la cordillera serán quienes convoquen a tomar las calles en Santiago, en Valparaiso, en cada región donde se vienen organizando desde las históricas tomas de universidades contra los abusos sexuales del año pasado, la huelga del 8M de este 2019 y la articulación que ahora mismo sostienen con otras organizaciones y vecines que se reúnen a generar diálogos políticos que diseñen un nuevo Chile. Desde el gobierno, la potencia feminista también se lee y pretenden usar la denuncia de violencia de género contra carabineras como una máscara para la represión lisa y llana, igual que proponen legislar el matrimonio igualitario como si esa fuera ahora una demanda. 

Las feministas todos los días están en diversos frentes poniendo el cuerpo en el movimiento que se está dando el país. Hoy, 8 de noviembre, es el primer llamado propio a ocupar la calle para que las demandas feministas no vuelvan nunca más a la segunda líneas. La Coordinadora Feminista 8M, que se formó para organizar el Paro Internacional de cada marzo desde 2017, convocó a una marcha y una jornada de protesta plurinacional feminista y con las disidencias que se espera que sea un hito para los feminismos chilenos que vienen agitando y dándole sentidos al estallido a la vez que denuncian la violencia sexual institucional que vienen sufriendo mujeres, lesbianas, gays y travestis en las calles y en los barrios. Mientras, la ministra de la Mujer y Equidad de género, Isabel Plá, quien negó haber recibido denuncias de mujeres por violencia de género durante las casi tres semanas de protesta sólo se condolió por las carabineras heridas mientras formaban parte del aparato represivo.

Es martes 6 de noviembre y las alumnas del liceo 7, Teresa Prats de Sarratea de Santiago, deciden tomarse el establecimiento tras votar en asamblea. La vocera de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), Valentina Miranda, relata que la toma fue informada a la directora de la escuela, de apellido Berenguela y que, a petición de ella, los carabineros ingresaron al establecimiento, dispararon a un grupo de estudiantes e hirieron a dos que tuvieron que ser trasladadas a Urgencias. Una de ellas fue impactada por más de 20 perdigones y la otra quedó con un balín en el muslo que no pudieron sacárselo. Es la huella que va quedando de una represión que se ha ensañado con los y las estudiantes secundarios, un sistema que les discrimina aún más con la reciente ley Aula Segura, normativa que pretende criminalizar y estigmatizar la lucha estudiantil, permitiendo a la dirección la expulsión inmediata de les estudiantes comprometidos con alguna militancia. Las alumnas responsabilizan al alcalde (intendente) Felipe Alessandri por la represión instalada en los liceos de la comuna de Santiago.

La indefensión continúa siendo el denominador común frente a la violencia. Atacan niños, gente mayor, observadores de Derechos Humanos, representantes de organizaciones, prensa nacional e internacional, ya no les importa, la sordera de gobierno duele en Arica, Iquique, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Valdivia, Puerto Montt, Coyhaique, Punta Arenas, y muchas otras ciudades que no son capitales de región, es todo el territorio sitiado por el sonido de las armas. No solo es Santiago, es un país que lo golpean a plena luz del día, por demandas sociales comunes, pero que según los territorios cobran fuerza las demandas locales, porque no es lo mismo vivir en el desierto que en la Patagonia. En las redes sociales las imágenes se vuelven angustiantes, los registros se multiplican. Es 6 de noviembre y Piñera despertó con apenas un 9% de aprobación; por otro lado un fiscal formalizó la denuncia contra 14 carabineros por apremios ilegales, arriesgan desde 5 a 10 años de prisión. Sin embargo, sabemos que no son 14, sabemos que es todos los días, de manera sistemática.

La violencia de género desde la institucionalidad


El lunes 5 circuló un video donde aparecen dos carabineras quemándose por una bomba molotov, el hecho fue repudiado por diversos sectores y en redes sociales. Hubo quienes dudaron de su veracidad y acusaron montaje, sin embargo, llamó la atención la reacción de la ministra de la Mujer y Equidad de género, Isabel Plá, a dieciséis días desde que comenzó la represión diaria, entregó su apoyo a las funcionarias heridas, agentes al servicio del terrorismo de Estado. Desconoce la existencia de denuncias sobre violencia sexual por parte de militares y/o carabineros, pero que frente a la institucionalidad levanta su apoyo a las uniformadas que resultaron heridas, poniendo en cuestión cuándo y qué es violencia de género. El ministerio de la mujer carece de un correlato con lo que sucede en las calles, con los feminismos, con esa realidad que se ha instalado con imágenes captadas por el pueblo y difundidas en redes sociales del mundo. Hay una idea preconcebida desde el gobierno sobre qué mujeres sí pueden ser reconocidas y defendidas. Mientras, en las calles las voces femeninas construyen país y se reconocen diversas e indígenas, arman un relato potente que se ha transformado también en cuestionamiento hacia los símbolos con los que el poder hegemónico ha establecido el nacionalismo. Se derriban bustos de próceres en distintas ciudades, dando cuenta de que la historia la sabemos, invasión, dominación, exterminio, y en este renacer indígena se lucha contra el patriarcado, como promotor de la histórica discriminación y criminalización de lo diferente. Se derriban los bustos que ensalzan falsos triunfos y la escritura miope de una historia al servicio de las oligarquías y personajes carentes de mística que nos enseñaron como parte de la programación neurolingüística en el colegio. Este derrocamiento es la rebelión del pueblo al Estado que lo subestimó, que eliminó sistemáticamente las asignaturas humanistas de la educación formal, cívica y filosofía poco a poco y que pretendía reducir las horas de la asignatura de historia para tener una población al servicio del neoliberalismo, tecnócrata, sin opinión y consumista, la gran empresa Chile. Ese Estado hoy se enfrenta con un pueblo informado, que se actualiza y se educa, enriquece los discursos dominantes con las experiencias locales y personales, ya no por la vía formal establecida, sino por cuenta propia y reencontrándose organizados.

Las calles se complementan con asambleas, cabildos, con intercambio de ideas, con libros, las generaciones se encuentran, algunos leen la constitución, que no se enseña ni en la básica ni en la secundaria, su estudio pareciera estar limitado al mundo de las leyes. Se están alineando las ideas, está cuajando una visión del país que se desea, mientras la represión está presente en cada cacerolazo y cada gesto tomado como sospechoso. Pero el deseo quita el cansancio y el miedo, el deseo mueve, un país telúrico que de tan golpeado y cansado de la normalización de la violencia, se ha vuelto un pueblo resiliente y resistente que es capaz de reírse de un temblor 6.3 mientras gritan “el que no salta es paco”.

La represión no se ha detenido, ha ido en aumento según las cifras del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), y desde grupos de profesionales y voluntarios que informan y trabajan de manera independiente recibiendo denuncias, porque no hay confianza en las instituciones del Estado. Están también presentes las Abogadas Feministas de Chile (Abofem), que trabajan en conjunto con la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, el Centro de Estudiantes de Derecho de la misma universidad y la Fundación casa Común. Es profundo el cambio que Chile experimenta, no solo es orgullo, también es dolor. Es un cambio más profundo que el maquillaje del término de la dictadura, con esa tibieza de Aylwin, el primer presidente de la transición que en 1973 apoyó el golpe de Estado. Ahora se cuestiona todo, y se resignifica sobre la marcha, columnas de opinión, registros audiovisuales, acciones de arte y otros artefactos culturales que mueven ideas y que fortalece las demandas ciudadanas.

Contra el negacionismo

La Coordinadora Feminista 8M se ha convertido en un espacio que articula a diversas organizaciones sociales, políticas e individualidades que de manera transversal realizan acciones y están presentes en todas las dimensiones del movimiento social, promoviendo el encuentro, el diálogo y la acción colectiva entre distintas organizaciones para impulsar una agenda común desde un feminismo contra la precarización de la vida. Manifiestan su rechazo a la violencia del gobierno, que segrega y elige a quiénes proteger, como quedó en evidencia con el caso de las carabineras. Lo enriquecedor de este movimiento feminista ha sido la autoconvocatoria y el empoderamiento de las mujeres, sin líderes y que avanzan con la impronta protagónica y comunión colectiva. Han sido irrenunciables e irreductibles en la denuncia de las violaciones y abusos, en la denuncia en las calles con performance y acciones que visibilizan la violencia de género estatal. Hace unos días hicieron públicas sus posiciones respecto del movimiento y su participación en Unidad Social, instancia que agrupa a otros actores sociales, rechazando cualquier negociación con quienes han declarado la guerra al pueblo y sostienen una posición que no transa con la impunidad, esperando la salida del presidente; se declaran autónomas e independientes respecto de partidos políticos que conforman Unidad Social para evitar la instrumentalización de los feminismos.

Modos de activismo

A la cueca sola, baile creado por la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura y que es variación del baile nacional con la foto pegada al pecho del familiar desaparecido, se le suman otras acciones y performances por los Derechos Humanos. Son tiempos violentos y el mensaje con el cuerpo se vuelve urgente realizar acciones que se conviertan en hitos de denuncia en la inmediatez y lo efímero, la performance se ha convertido en un modo de expresión que ha impactado como herramienta artística de activismo. El fin de semana la intervención de la Yeguada latinoamericana recorrió Santiago con la performance Orden y patria (lema de carabineros) e intervinieron en distintos puntos simbólicos de la institución, como una comisaría y la estatua de carabineros. Al no haber respuestas sobre la violencia de género que han caracterizado estas movilizaciones las mujeres han puesto sus cuerpos contra la impunidad. Se leía “violadores” con los arreglos florales funerarios que sostenían mientras otras mujeres mostraban sus cuerpos levantando su ropa. La Yeguada también estuvo en las barricadas, con Estado de rebeldía, al declararse en desobediencia civil también desde cuerpos femenimos que luchan con el patriarcado. Este grupo es liderado por la artista visual y de performance Cheril Linett e irrumpió el 2017, durante la marcha de las diversidades y disidencias sexuales, el 6 de julio del 2018 los medios de comunicación masiva dieran amplía cobertura a estos cuerpos que mostraban el culo con colas de caballo que se enfrentaba a carabineros durante una marcha. En el inicio de su manifiesto expresan su rebeldía al deber ser mujer heteronormada en Chile y Latinoamérica, forman una yeguada, animalas no humanas, no mujeres, que recogen lo primitivo, lo mitológico, lo fundante, para aparecer visibles, como sujetas públicas.

Miles de mujeres participaron de la marcha silenciosa Mujeres de luto, una convocatoria transversal que finalizó en La Moneda donde cantaron el canto resignificado que recuerda lo macabro de la dictadura, la tortura y el asesinato, y nuestro derecho a vivir en paz. Justicia, verdad, no a la impunidad, fue el grito que se sintió, muchas llevaban parche en los ojos por las mujeres heridas que han quedado con daño ocular, un retrato del castigo estatal para impedir ver, los sueños, la lucha, el despertar.

Un cuerpo territorio observa la herida

De mi feminismo comencé a tomar nota cuando registré mi propia herida, cuando también me atreví a decir y preguntarme qué es una mujer, o qué no es, probablemente un trabajo al que no hubiera llegado sino hubiera observado y participado en Argentina de esta marea verde. Chile cuerpo-territorio evidenció su trauma. Mientras acá acontecía la discusión por el aborto, legal, seguro y gratuito, en Chile eclosionaba ese mayo feminista del 2018, conocido también como ola feminista, que reunió la mayor cantidad de mujeres de la historia del país, y que hoy también están en las calles.

Si bien los feminismos chilenos tienen antecedentes de hace más de un siglo, los más próximos a esta oleada son movimientos de mujeres influenciado por Ni Una Menos y al Me too, también como reacción al caso de Nabila Riffo, una mujer brutalmente golpeada a la que su ex pareja le arrancó los ojos y estuvo al borde de la muerte. Un caso que conmocionó al país por tratamiento comunicacional y en los tribunales de justicia. Rechazamos la violencia de género como espectáculo, la exposición y cuestionamiento de la vida privada, no solo revictimizándola, sino que también responsabilizándola del brutal ataque.

Desde el 2006 los feminismos ya venían mostrando su fuerza con las movilizaciones estudiantiles, lideradas por estudiantes de secundaria, y el 2011 la ciudadanía salió a las calles por educación pública y gratuita, contra las afp, por salud digna. Ese mismo año las movilizaciones ciudadanas de Punta Arenas, las del 2012 (Aysén, Freirina), 2013 (Chiloé), 2015 (Caimanes) y una extensa lista de luchas que se han dado cada año, donde las demandas se relacionan con la centralización, el abandono de las regiones, el extractivismo y el daño medioambiental. Fue el hastío de las universitarias que denunciaron acosos de profesores y otros estudiantes, y la toma de 32 universidades a lo largo del país, que instaló a las mujeres con fuerza e invitándolas a reconocerse diversas y unidas. Miles salieron a las calles en todo el país para reivindicar y cuerpos feminizados, las marchas también tuvieron una violenta represión obligando a que la sociedad se mire, dialogue y denuncie. Chile ya no daba pie atrás.

¿Quiénes son esas chicas?

Las chicas, secundarias y universitarias que coparon las calles de las ciudades del país el 2018 crecieron hastiadas del modelo económico y social. Son las hijas de la generación que creció en la dictadura de Pinochet o de sus resabios, de las que tuvimos un techo para los sueños y culpa para los deseos. La influencia de la dictadura está subestimada desde el poder que tuvieron las mujeres desde las Fuerzas Armadas, CEMA Chile (Centros de madres de Chile) es una institución que data de 1954 y que desde 1973 fue presidida por la esposa de Pinochet, Lucía Hiriart. Funcionó como espejo de las fuerzas armadas, reunía a más de 45 mil voluntarias esposas de generales, oficiales y otros funcionarios del régimen, y cerca de un millón de socias y se dedicaban, entre otras actividades, a talleres. A un mes del golpe militar se hizo un llamado público a las madres de Chile, para trabajar “por la patria, la paz y para el entendimiento entre nuestros hombres, que oyen la voz cálida de la madre o de la amada”. La educación y la moral constreñida, y dominante, estuvo administrada por esta maquinaria de propaganda que contaba con una revista, Utilísima, y con un espacio diario en Televisión Nacional imprimiendo su sello católico, ultra-conservador y antimarxista. Esta institución hizo un trabajo en paralelo al neoliberalismo, instalando la caridad como un poder vertical, cuidando la moral y las buenas costumbres, con la máxima de la familia, claramente, heterosexual, católica, rubia y adinerada, que proyectaban como ideal en los medios de comunicación. El clasismo se fue instalando desde un modelo económico y social, desde la temprana edad en la elección de colegios, liceos, universidades. Biopolítica. La historia neoliberal que explotó. Hiriart, de 96 años es el último bastión vivo de la dictadura de Pinochet. Es ese un factor que me parece no menor, un contexto en el que crecimos generaciones, castradas, con vergüenza de nuestros cuerpos, culpa, con el silencio cómplice de la vida puertas adentro de abusos y violaciones, proyectando una imagen perfecta hacia afuera.

Coexistía, sin embargo, una importante resistencia durante ese período, se llamó la segunda ola del movimiento feminista, que retornó hacia fines de los setenta respondiendo a una demanda política que agrupó organizaciones de mujeres de izquierda para terminar con la dictadura. Los Derechos Humanos fueron la convocatoria, luego la crisis económica lo fue aún más en un país sumido en la pobreza y sumiso. La movilización femenina realizaba jornadas, actos masivos, elaboración de manifiestos y petitorios al gobierno. "Democracia en el país y en la casa" fue la frase que caracterizó a esta ola, que generó reflexión sobre la identidad femenina, el cuestionamiento a los roles de género tradicionales y la desigualdad de las mujeres. Fue también influenciado por el movimiento internacional de mujeres y organizaciones que producían desde las ciencias sociales y la perspectiva de género. Las mujeres siempre hemos estado conectadas internacionalmente. Hacia el término de la dictadura las discrepancias dividieron el movimiento, pero sin duda, significó un avance importante en derechos de las mujeres, que siempre presentes en las demandas colectivas y desde el pueblo.

Aún queda por construir, a pesar de la fuerza de los movimientos feministas en Chile, hay una falencia desde marcos legales que contengan este tejido social que se está activando. Un ejemplo básico de esta carencia de contención es el patrimonio de la pareja casada bajo el régimen de sociedad conyugal que es administrado solo por el marido, un aparato legal que continúa mirando con inferioridad a la mujer. Y las leyes han sido apuradas en estos días, para aliviar el descontento ciudadano, se notó incluso el pinkwashing de la esperada Ley de Matrimonio Igualitario, que recibió la aprobación de la moción de legislar, después de años de demandas desde la comunidad lgbtiq+

Chile es un territorio femenino vulnerado, que hoy se mira las heridas y que resiste por su autodeterminación y por la democracia. Tanto el país como las mujeres nos cansamos de callar, nos cansamos de tener que demostrar algo como sociedad, somos un país telúrico y que se mueve en femenino.

No ha pasado ni un solo día en que el pueblo chileno no salga a las calles, se ha marcado presencia en todo el territorio, incluso en otros países donde los chilenos se han organizado y se movilizan dando a conocer lo que sucede. Y es que es tanto lo que está pasando, con la impunidad del rostro cubierto y el amparo del Estado, que las puertas del diálogo con el gobierno parecieran cerrarse cada vez más. A la demanda social por una Nueva Constitución se amplía ahora la búsqueda de verdad y justicia por las violaciones a los Derechos Humanos de este último tiempo. Van más de dos semanas y no se ha conseguido nada, el Congreso sesiona y vota leyes que ya no satisfacen lo principal, mientras duelen las muertes, y hay más personas heridas, más detenidas, secuestradas, más mujeres abusadas, y menores de edad vulnerados. Se van inscribiendo heridas a la historia del país como metáfora de esa cicatriz que parece Chile en el borde Pacífico del mapa latinoamericano. Y al margen de que Piñera se defienda diciendo que ganó con la mayoría de los votos, como señaló a la BBC, en Chile, no deja de ser una falacia porque el voto es voluntario, con una inscripción automática a los 18 años y de los 14.347.288 millones de inscritos en las últimas elecciones presidenciales, Piñera solo obtuvo 3.796.579, debido a la abstención de los votantes. El voto voluntario se volvió contra la sociedad, y es lo que nos pasa la cuenta también hoy, en rigor es una democracia de una mayoría de una minoría. 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ