Corte en Corrientes y Dorrego para defender el barrio
Megaestadio Arena: protesta de los vecinos y críticas de los espectadores
Los habitantes de Villa Crespo están molestos y preocupados por el impacto de los shows en la vida del barrio.
Los vecinos protestan contra el megaestadio.Los vecinos protestan contra el megaestadio.Los vecinos protestan contra el megaestadio.Los vecinos protestan contra el megaestadio.Los vecinos protestan contra el megaestadio.
Los vecinos protestan contra el megaestadio. 
Imagen: Sandra Cartasso

"Cortamos un día para que el Arena no nos corte medio año". Con esta consigna, los Vecinos Autoconvocados contra el Megaestadio Movistar Arena de Villa Crespo, quienes no "se resignan a ver su vida alterada durante 120 días al año" por los recitales del estadio, realizaron este viernes un corte de calle, en Corrientes y Dorrego, en defensa del barrio. La convocatoria fue en la previa del segundo de los cuatro shows programados para esta semana en el centro de entretenimiento levantado por el diario La Nación en sociedad con AEG Worldwide. Por otro lado, aunque con una preocupación muy alejada del impacto que generan los shows en el vecindario, hubo críticas de quienes presenciaron los espectáculos: por el calor en el interior del estadio, la demora para llegar por el tránsito colapsado, la falta de subte a la salida, y hasta por la calidad de las sillas.

Durante meses, los vecinos intentaron frenar la construcción del estadio, interpusieron una medida cautelar, que presentó la Fundación Ciudad, y denunciaron el impacto socioambiental que tendría para el barrio la instalación del estadio techado más grande de la Ciudad, que tiene capacidad para 15 mil personas.

Si bien no consiguieron su objetivo, "logramos que la APRA (agencia de protección ambiental) modificara la categoría de la obra de 'sin relevante efecto ambiental', a 'con relevante efecto'", lo que obliga a la empresa a renovar cada dos años el certificado ambiental correspondiente, explicó Jonatan Baldiviezo, quien lleva el patrocinio jurídico de la Fundación.

La semana pasada, según denunciaron los vecinos, la inauguración del recinto colapsó el barrio. Generó un caos vehicular en el que hubo vehículos que ingresaban de contramano a estacionamientos truchos, calles valladas y personas que tuvieron que mostrar el DNI a la policía para poder atravesar el vallado y regresar a sus viviendas; micros estacionados en calles angostas, autos sobre la vereda y numerosas combies, a lo que se sumó el ruido del tránsito, la gente, y vibraciones producidas por los bajos de la música. Contra todo esto volvieron a salir a la calle este viernes los autoconovocados.

Desde un ángulo diferente, las críticas al estadio también llegaron por el lado de los espectadores. El jueves, cuando Hilda Latacheff fue en colectivo a ver el recital de Serrat y Sabina, por el que pagó en marzo pasado con la oferta de un banco 6000 pesos, se encontró con un embotellamiento infernal. El primer click, contó a este diario, fue "pensar qué le pasa a la gente que viene de trabajar o que vive en el barrio y se encuentra con eso. Fue la primera sensación de incomodidad".

"Dentro del estadio tuve la sensación de esos lugares donde crían gallinas amontonadas, porque estábamos pegados unos a otros. Las sillas son tan angostas que la chica que estaba al lado mio terminó en un momento del recital sentada en mi silla, y si aplaudíamos las dos, nos chocábamos". Latacheff dijo además, y coincidió con la crítica que hicieron muchos otros espectadores, que "hacía mucho calor. Si funcionaba el aire acondicionado, no se sentía. Yo estaba transpirando y tenía gente alrededor apantallándose. Y en el baño de mujeres no había luz". "Hay lugares que se construyen por una cuestión cultural, acá, la sensación que da es que es sólo para ganar plata", agregó.

Otros espectadores contaron situaciones parecidas. Sillas plegables una al lado de la otra y en lugares desde donde era imposible ver el recital, calor agobiante, y la falta de desnivel que hace que al estar las sillas en el mismo plano el público tenga que cabecear constantemente para ver lo que pasa en el escenario.

El gerente de relaciones institucionales del estadio, Dussan David Kipperband, desestimó las críticas de los vecinos y de los espectadores. En diálogo con Página/12 sostuvo que "la gran mayoría de los vecinos nos apoya. Muchos de los que hacen protestas no son vecinos del barrio, tiene fines partidarios. Nosotros incorporamos gente del barrio que está trabajando en el Arena y están muy conformes".

Sostuvo que tienen un plan de estacionamiento, que incluye plazas propias y en cocheras privadas, y que la gente puede reservar de forma anticipada el lugar para saber de antemano dónde va a estacionar y no estar dando vueltas por el barrio. Según el vocero de la empresa, "hay aproximadamente 1300 plazas disponibles. Y la idea es ir incorporando más". En cuanto a los vallados que cortan las calles alrededor del estadio, explicó que "son cortes que hace la policía, no nosotros, y se hacen en todas partes del mundo para este tipo de eventos".

Y agregó que "recibimos a muchos vecinos que están contentos y satisfechos en cómo pueden acceder a sus casas y cómo se desconcentra el Arena. Tenemos charlas con ellos y nos felicitan". También sostuvo que "el espacio entre las butacas es el reglamentario", y que los "asientos son premium, sillas acolchadas con buen respaldo y muy cómodas". Remarcó que el estadio "es insonorizado". Y sólo admitió, en parte, la crítica por el aire acondicionado. "Lleva un mes la regulación del equipo, pero es de última tecnología", aclaró, y remarcó que "la obra está terminada, sólo faltan detalles de decoración".

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