Es el ideólogo de "Canciones con ruido de magia"
Mono Fontana profundiza en el legado de Luis Alberto Spinetta
El tecladista convocó a algunos músicos que tocaron con el Flaco y a otros más jóvenes para revisar parte del cancionero spinettiano con voces femeninas.
Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco.Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco.Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco.Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco.Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco.
Canciones con ruido de magia es un homenaje colectivo al Flaco. 

Guarida lumínica en Belgrano: abajo se hace yoga, arriba se toca música. Es el mediodía, hay aroma a mirra y se escucha una bella versión de “Ella también”, de Luis Alberto Spinetta, pero con voz de mujer. Sigue “Pobre amor, llámenlo”, temazo de Privé, en que el ensamble vocal también es femenino. “Quise armar este proyecto con voces de mujeres porque ellas, además de la buena dicción que tienen, no se 'spinetizzan' como los hombres”, opina Juan Carlos “Mono” Fontana, ideólogo y director de Canciones con ruido de magia, homenaje colectivo al Flaco que se podrá ver y escuchar hoy viernes a las 21 en el Espacio Xirgu Untref (Chacabuco 875).

“Ellas vienen de mundos distintos y eso le da algo muy especial a la música, sin tener que caer en cantar tipo Luis o como Luis. Y aunque fuera así, igual suena de otra manera”, desarrolla el tecladista, pensando puntualmente en Natalia Pellegrinet, Romina Vayone, Marina Fages, Nadia Larcher, María Ezquiaga y Florencia Ruiz, las seis mujeres que convocó para poner en marcha, una vez más, esas bellezas atemporales e imborrables creadas por Luis.

-¿Por qué la mujer no se 'spinettiza'?

Florencia Ruiz: -Creo que tiene que ver con el timbre, con cierto modo de cantar. Para mí es un desafío terrible cantar las músicas del Flaco y, en lo personal, me gusta respetar los modos que él tenía. No me doy mucha libertad, porque siento que hay algo detrás de ese respeto que me puede enseñar como una guía, un maestro.

María Ezquiaga: -En mi caso, no pienso mucho cuando canto. Siento. Siento un profundo amor por la música de Luis, él es mi artista 1, 2, 3… Pasan los años y es la música que no me cansó de escuchar. Es un amor que crece cada vez más y eso se nota en la dedicación infinita que tenemos.

Ambas son las únicas dos entre las seis cantantes que están presentes en la entrevista con PáginaI12. Hay otra mujer (la tecladista Flor Iribarne) y un resto masculino. Además del Mono, ese hombre de varios instrumentos tocar que acompañó a Spinetta en Madre en años luz, de Jade, y en discos solistas como la tríada Téster de Violencia-Don Lucero-Pelusón of Milk, está Sergio Verdinelli, baterista de Luis en otra tríada imprescindible (Pan-Un Mañana-Bandas Eternas). Ausente otro histórico (Claudio Cardone), también reparten palabras el bajista Matías Méndez y dos tipos de sangre joven: Ezequiel Cantero y Bruno Marchetti, violeros ambos. “Sangre joven, sí”, apuntala Fontana. “Es algo lindo generacionalmente apreciar cómo ellos y ellas conocen la obra del Flaco, y cómo la tocan, con esa pasión. Mi idea, en efecto, no fue contar con músicos que sepan temas de Spinetta sino ir a algo mucho más profundo”.

-¿Qué o cuán de profundo, entre las tantas profundidades que legó Spinetta?

Mono Fontana: -No sé, algo así como poner en escena una obra de Shakespeare, ¿no? Algo que está escrito, que está bien y que, como una receta de cocina, solo hay que hacerlo. Diría que el proyecto tiene la premisa del amor hacia esta música, porque la música de Luis tiene tanto peso que debe ser un hecho artístico… No solo tocar las que sabemos de Luis, quiero decir. Tenemos siempre que meternos más adentro.

-¿Algún ejemplo de lo que estás diciendo, Mono?

M.F.: -Meterse en el sentimiento, en lo que andaba Luis en cada época. No sé, pensar una cantante para “Tengo un mono”, una de las canciones que vamos a hacer, y otra para “Cheques”. Ambas son reflejo de un sentir de Luis en distintas épocas, del "todo bien" al "todo visceral", quiero decir. Esto pasa tanto en las letras como en las músicas, porque Luis tocaba bien la viola, tenía lindas tonadas, cuidaba las ediciones de sus discos… una cantidad de ingredientes que lo hacen único e irrepetible. Tenías cosas maravillosas para armar muchas listas de temas… La cantidad de canciones que quedó fuera de Las Bandas Eternas (cinco horas) fue tremenda.

“Canciones con ruido de magia” nació con Luis aún en vida. La idea inicial y motora era reactivar canciones que él ya no tocaba. “Y uno añoraba escucharlas”, dice Fontana. “Un día le comenté que estaba armando esto, incluso con temas inéditos, y le pareció bien”. Los primeros tiempos fueron a dúo con Alejandro Corvalán (más invitados e invitadas) y luego se fueron sumando voces femeninas por la razón que Fontana esbozó al principio. Las primeras en integrarse fueron Florencia Ruiz y María Ezquiaga, favorecidas por un repertorio pensado para cada timbre. “De cada disco, a Luis le gustaba algún tema que no era el que más gustaba a la gente, y a eso apuntamos”.

-¿Casos? Siempre es tentador saber cuáles eran las canciones preferidas de Luis en cada disco.

M.F.: -Ponele, de Téster de Violencia era “Organismo en el aire”, cuando la gente pedía “La bengala perdida”.

Sergio Verdinelli: -Y en esas cosas se basa el Mono para elegir el repertorio. Es re agudo haciendo esto. Tiene un balance tremendo, porque no es una lista predecible. Tiene una curva, hay todo un viaje por las diferentes épocas de Luis, que te muestran varias caras suyas. Tantos discos, tantas épocas… Es muy fuerte. Tiene mucho filo en la elección, el Mono.

M.F.: -Pero además, cada uno tiene un Luis interno que le dice "esto sí, esto no". Los que lo conocimos tenemos un poquito esa referencia y otro poco está dado por algo que sabemos que no le gustaría, pero lo hacemos igual (risas). Tratamos de tocar esos temas que no se tocan tanto, como “Frazada de cactus”, por ejemplo.

-¿Alguna vez te dijo qué era eso de "frazada de cactus"?

M.F.: -No, pero en lo cotidiano siempre tiraba esas frases tipo "hadas de corcho", "chaleco de bacalao", "espinacas de cristal"… Era algo muy corriente en él.

S.V.: -Pasaba mucho también que detrás de cada frase o de cada título había un lado B, un chiste. Ese "trepen a los techos, ya llega la aurora" mientras llevaba una heladera. No sé, esas cosas. Una vez estábamos hablando de Para los árboles y me dijo "es para los árboles, porque la gente no me da ni bola (risas)".

F.R.: -Igual, esa parte de “Frazada de cactus” que dice "Todos los templos deberían dar leche a sus hijos hasta más no poder" es muy fuerte.

S.V.: -Porque convivía la cosa re heavy, re profunda, con el guiño, la cosa irónica, el humor.

M.F.: -No sé si a Un mañana o Pan, Luis le quería poner Yobaca yoba, que era el revés de Caballo Bayo. Pero como para un disco de Los Jaivas (risas).

-¿Cómo se trabajó la cuestión musical, más allá de las voces femeninas que aparecen como un elemento distintivo del proyecto?

S.V.: -Como tuve la suerte de estar, de tocar con Luis, tuve que encarar ese dilema de "qué hacer" desde adentro del grupo. Me pasaba cuando se elegían temas del pasado, donde habían tocado Pomo, Rodolfo García, Jota Morelli o Black Amaya, todos con una impronta fuerte, una estética del momento, y lo que trataba y trato de hacer es versiones que tengan un aire relacionado con el de la original, pero a la vez escapen de la mera imitación. Es como un combo de hacer una versión como fan que respeta el espíritu original y a la vez ponerle un cacho del tuyo.

-Depende la canción, se intuye.

S.V.: -Sí. Vuelvo al ejemplo de “Tengo un mono”: la versión original tiene cosas de secuencias, cosas fuertes, desde el punto de vista de la percusión, las batas, difíciles de emular. En este caso, se trata de buscar opciones. Igual, la característica que tiene esto es que estamos tocando la música de Luis. Ni celebrando ni rindiendo homenaje: tocando, con el goce y la imaginación que ello implica. Lo único que tenemos claro es que sabemos lo que “no” tenemos que hacer (risas).

-Estás hablando de moverse con cintura en una decisión “político-estética”, si se quiere, sobre tan vasta obra. Hasta dónde intervenir una versión y hasta dónde no.

S.V.: -Hay temas que aceptan mejor una versión con diferencias más marcadas y otros en los que por supuesto se torna más complejo.

-¿Cuál hay de uno y cuál de otro?

M.F.: --De uno, “Y tu amor es una vieja medalla”. Es un tema que ponemos en otro lugar. Luis solía decir "Uy, qué me están haciendo con esto (risas)". Igual, que estemos Sergio, Claudio Cardone y yo legitima variaciones, ¿no? Es algo verdadero, nos acerca a él.

-¿De los otros, los intocables, puede ser “Ella también”, la que estaban ensayando antes de empezar la entrevista?

M.F.: -Es que esos son temas bossa-Beatles-folklore-Spinetta, no sé... El fue un artista muy meticuloso para todo, para buscar un tono, una palabra, un pedazo de letra, comprarse una guitarra o ponerse una ropa. Quiero decir, si elegía un determinado Mi Menor entre siete no era porque no servía otro sino porque elegía ese. Toqué años con él y fui aprendiendo a apreciar esa profundidad.



La sangre joven

En busca de un sonido único

“Acá somos todos iguales”, vuelve a sorprender el Mono Fontana. Flor Iribarne, Ezequiel Cantero, Matías Méndez y Bruno Marchetti, la sangre joven del proyecto, lo miran con satisfacción. “A mí se me dispara la mente escuchando estas canciones. Me dejan en una atmósfera distinta de la cotidiana porque engloban un sonido único, algo que no encuentro en otra música”, asegura Iribarne. que suele acompañar con sus teclados los sonidos de una banda de nombre afín: Desierto de la Flores. Marchetti, también guitarrista de Puppa, suma su visión: “Cuando el Mono me invitó a integrarme, me copé con sacar los temas igual a como los sacaba Spinetta, no solo con el oído sino escuchando discos y mirando videos. Luis tenía una técnica de guitarra muy única, que me vuelve loco. Me gustó hacer el laburo de preservación de esa técnica guitarrística”.

En tanto, Cantero, guitarrista de Roman y Renacimiento, profundiza sobre el tratamiento de las versiones. “Tratamos de ser respetuosos en el sentido de darnos la libertad que nos daría Luis. Y está buenísimo que el Mono nos dé ese espacio para poder desarrollar lo que uno tiene adentro, sobre todo en estas músicas tan profundas”. Sobre una de ellas (“Tengo un mono”, otra vez) se posa Méndez, último bajista del Flaco. “Es un tema que tiene mucha máquina y en mi caso medio que tuve que inventarle un bajo, porque en el disco no lo escucho. ¿Cómo hice? Dejándome llevar por los instrumentos", dice el reemplazante de Nerina Nicotra. “La forma del tema es compleja, sí”, vuelve Marchetti. “A mí me pasa que tengo que estar muy atento a la letra, algo que no me sucede cuando toco otras músicas”. 

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