La gratuidad universitaria en América Latina
Uruguay, Bolivia, Cuba y Venezuela tienen sistemas de educación superior similares al de Argentina, que se erige como un modelo a seguir para el resto de la región.

A 70 años de la gratuidad universitaria sancionada en la primera presidencia de Juan Perón, Argentina todavía se mantiene como un pilar de la educación superior pública y de libre acceso. Esta medida, que se realizó con el objetivo de democratizar el conocimiento para los habitantes del país, no sólo marcó un antes y un después para los argentinos, sino que también fue una inspiración para otros países latinoamericanos que adoptaron sistemas similares.

“El importante efecto democratizador de la reforma universitaria de 1918, a pesar de que no se sintió de forma inmediata sino hasta 1949, es parte de este hecho de América Latina en el que la difusión de la educación superior está fuertemente influenciada por el efecto político y social de lo sucedido en nuestro país”, explicó para el Suplemento Universidad el miembro del Consejo Académico del Doctorado en Educación UNTREF/UNL Norberto Lamarra.

Los efectos del decreto de 1949 hicieron que, más adelante, la gratuidad universitaria fuera aplicada en países como Uruguay, Bolivia, Cuba y Venezuela, que son los más cercanos al modelo argentino, mientras que en otras naciones como México hay varias universidades estatales que son gratuitas, aunque no todas lo son. “Aún en países con tradición democrática como es México, el número de universidades privadas es bastante alto, y compone el 50 por ciento de la matricula”, explicó el experto.

También hay otras variaciones del modelo argentino como en Centroamérica, donde hay algunos arancelamientos como en Honduras, Panamá y Costa Rica. “A veces (las universidades) no son totalmente gratuitas, sino que cobran algunas tarifas menores. En Centroamérica uno se encuentra con varios casos de este tipo”, detalló Lamarra.

A pesar de que la educación universitaria gratuita representa una gran oportunidad para mejorar el futuro de millones de familias que no pertenecen a un estrato económico pudiente, en el resto del mundo todavía se ve a la educación superior como un instrumento al que solo pueden acceder los altos estratos sociales. “Lamentablemente, en gran parte del mundo la educación, sobre todo la superior, es elitista y destinada a los sectores sociales con mayores posibilidades económicas”, afirmó el experto y agregó que, por ejemplo, “en Brasil, alrededor de un 70 por ciento de la matriz universitaria está en manos privadas, y dos tercios son sociedades comerciales que cotizan en bolsa. Acá son sociedades civiles sin fines de lucro porque así se estableció luego del gran debate que se realizó al respecto, pero en Brasil el fin principal es el lucro”.

Por otro lado, en Europa está popularizado el uso de las becas y de ayuda sociales, pero el experto en educación superior distinguió que la gratuidad es más bien una “iniciativa latinoamericana” y que en el viejo continente todavía predomina la concepción elitista. “En general, la Argentina tomó liderazgo hace 70 años y fue el modelo de la universidad abierta y democrática para facilitar a todos los sectores sociales el ingreso a la educación superior”, reafirmó Lamarra. 

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