La serie de Netflix vuelve este viernes

Ncuti Gatwa: "Sex Education elude los estereotipos"

El actor escocés-ruandés interpreta a Eric, un personaje gay muy diferente a lo que suele mostrarse en pantalla. “No es la clásica historia de la salida del closet, estamos desafiando lo que se puede hacer", señala.
"Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes.""Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes.""Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes.""Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes.""Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes."
"Es muy hermoso saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes." 
Imagen: Gentileza Sam Taylor / Netflix

Ncuti Gatwa es una década más grande de lo que se supone que es en pantalla. Bueno, al menos una década más grande que Eric Effiong, el exhuberante estudiante que interpreta en Sex Education , la notable serie creada por Laurie Nunn cuya segunda temporada arriba a Netflix este viernes 17. “Uno de los pibes en el set nació en el año 2000”, dice el actor de 27 años, con una expresión de terror casi de dibujo animado en el rostro. “Y yo dije 'esto es absolutamente desagradable. Es una edad desagradable.' ¿Y para nosotros, que tenemos que trabajar con él? Horrible”, dice, y estalla en una carcajada.

Quien haya visto la primera temporada de Sex Education sabe perfectamente cómo suena y cómo luce esa carcajada. Es algo que toma toda su cara y ocupa todo el espacio disponible en el salón. En el programa es usualmente desatada a expensas del mejor amigo de Eric, Otis (Asa Butterfield): un entusiasta de los videojuegos permanentemente avergonzado que se convierte en un reacio -y nunca sancionado- terapista sexual. Eric es el Ying del Yang de Otis; confiado y gregario en los lugares donde su amigo es tímido y lleno de dudas sobre sí mismo. Pero a no equivocarse: no es sólo “el mejor amigo del protagonista”.

“Es el mejor amigo negro, y el mejor amigo gay”, dice Gatwa. Esas son dos cosas que son estereotipadas todo el tiempo, y son dos cualidades que tiene al mismo tiempo... y hay una completa ausencia de estereotipos en la manera de retratarlo”. En la habitación de un hotel londinense, mientras toma un té Earl Grey que encuentra decepcionantemente flojo -“pero está bien, puedo trabajar con él”-, el actor escocés-ruandés luce un vestuario algo menos colorido pero igualmente llamativo que el que usaría Eric en pantalla, con una remera a rayas amarillas y marrones, bermudas de entrenamiento blancas e impecables y gafas de marco apenas más grande que sus ojos. “Cuando tenemos personajes gay en la televisión son simplemente gay por el mero gusto de serlo”, contnúa. “Es su personalidad, es toda la historia que se presenta, es su historia futura, es su historia presente: solo es gay. Pero nadie es solo gay. Las personas son personas, y todos caemos en un espectro. Me gustó que él tuviera su propia historia, y su propio viaje, su propio comienzo, medio y final.”

 

 

Pero ese final está lejos de suceder. La primera temporada de la serie fue tan exitosa que Netflix rompió incluso su propia regla de no dar cuenta de sus cifras al informar con orgullo que 40 millones de personas vieron Sex Education. Un mes más tarde se anunció la segunda tanda de episodios. Antes de eso, el mayor intento de Gatwa de acceder a la fama fue como “un comprador masculino” en un episodio de la efímera sitcom Bob Servant, emitida por la BBC4. “Me subí a un avión con 500 seguidores en Instagram”, dice sobre el día en que se lanzó Sex Education. “Ocho horas después, me bajé de ese avión con doscientos mil”.

Aún no se acostumbra a la fama. “Te subís al subterráneo y te das cuenta que todos te están mirando y te preguntás '¿Tengo algo en la cara?'. Siempre me toma un par de segundos recordar que estoy en un programa de Netflix que se ve en todo el mundo”. Al menos una parte de la razón del éxito del show es que desestigmatiza hábilmente el sexo y la sexualidad, tomando con firmeza temas como la pubertad, el consentimiento, la culpa, las acusaciones de “ligereza”, el aborto y el porno, con tacto y una cuota nada pequeña de humor. Y no solo a través de la lente de personas blancas y heterosexuales. “Estamos desafiando lo que la gente de color puede hacer”, dice Gatwa. “Lo que los actores discapacitados pueden hacer, lo que significa el no-binarismo, lo que significa ser trans. Es muy emocionante”.

Eric en particular tocó una fibra sensible cuando debutó el programa, en enero de 2019. No solo para aquellos que se enamoraron de su personalidad en ebullición y su fascinante guardarropa, sino en personas que rara vez -o nunca- se vieron representadas en pantalla antes. “Cada día hay personas que se me acercan para decirme que en los lugares de donde vienen es ilegal ser gay. O que sus familias no saben que están luchando con el tema, o simplemente que ven el programa como una forma de escapismo de realidades difíciles. Es muy hermoso, es bueno saber que la gente puede encontrar fuerza en nuestros personajes. La representación de las cosas ha recorrido un largo, largo, largo camino”, subraya.

Otis y Eric, como un ying - yang (Imagen: Gentileza Sam Taylor / Netflix)

De manera inusual para un personaje gay, Eric ya “salió del armario” cuando aparece por primera vez, para él, sus amigos, sus profesores y sus padres, una pareja tradicional del oeste de Africa. En la primera temporada, su padre (DeObia Oparei) tiene que luchar con sus sentimientos cuando Eric experimenta con vestimenta femenina, pero ama y respeta a su hijo. Sin exponerlo todo, el arco narrativo de Eric en la serie no es menos conmovedor. Incluso en el horizonte puede haber un triángulo amoroso. “No es la clásica historia de la salida del closet”, dice Gatwa, que conduce la conversación ágil y claramente fuera de su propia sexualidad. “No se trata de él tratando de descubrir qué es su sexualidad. Lo sabe, la escuela lo sabe, su familia lo sabe. Se trata de él descubriendo cómo salir a un mundo que no siempre será bueno con él”.

Gatwa tiene su propia experiencia sobre eso. Cuando él y su familia se mudaron a Escocia desde Ruanda, durante el genocidio de 1994, eran “una de las algo así como tres familias negras en todo Edinburgo”, dice. “En la secundaria estatal escocesa eramos un blanco fácil. Crecí en un barrio de clase trabajadora y me destaqué por mi voz, por mi apariencia, por hacer danzas y esas cosas. Pero siempre tuve fe en mi encanto. Siempre tuve fe en mi carisma”.

Su fe no era desproporcionada. Gatwa es alegre, refrescante y locuaz, y probablemente podría convencer a su té Earl Grey de ser más fuerte si se lo propusiera con suficiente firmeza. Al ver videos en los que se lo ve en acciones de prensa con sus coprotagonistas, es claro que lo adoran. “Yo era del estilo 'si puedo ir de un grupo a otro y hacerme amigo, seré poderoso'”, recuerda de sus tiempos escolares. “Divide y reinarás.” ¿Funcionó? “¡Claro que funcionó! ¡Fui poderoso!”.

En los fines de semana, Gatwa -cuyo padre era ministro- iba a la iglesia. Fue enviado a estudiar la Biblia hasta los 15 años, “pero mis padres eran muy piolas. Cuando cumplí los 15 me dijeron 'si no te molesta levantarte los domingos, vení a la iglesia. Si no podés, no te preocupes'”. Ahora, dice, “tengo fe, pero no soy el más grande simpatizante de la religión organizada. Hay muchos hipócritas en la iglesia. Muchos hipócritas”. Cuando dejó Edinburgo se entrenó en el Conservatorio Real de Escocia, y luego se mudó a Londres. En Inglaterra, su acento -una mezcla de escocés, oeste africano e inglés- desconcertaba a la gente. “La gente me buscaba pelea”, dice. “Hubo tiempos en los que salía de noche y me preguntaban de dónde era”, señala y se ríe. “Les decía que era de Escocia y no me creían, y todo se volvía un gran... hubo varias veces en que estuvieron a punto de pegarme una paliza por decir que era escocés. Me provocó una crisis de identidad.” Pero ¿por que esas personas se enojaban tanto? “La gente realmente no puede entender el concepto de un pibe negro con equipo de gimnasia en Londres que sea de Escocia. Piensan que les estoy tomando el pelo. Dejen de sacarme mi escocitud, ustedes no me definen”.

Esa clase de cosas podrían molestar hasta a la gente más dura, pero Gatwa le resta importancia. “La resiliencia es algo que siempre vi y admiré”, se encoge de hombros. “Crecí con una madre soltera, una madre inmigrante que no podía hablar el idioma, no tenía dinero, con tres niños en sus espaldas, que venía de Ruanda, e hizo un gran trabajo con nosotros tres. Yo vi su lucha, la vi pelear todos los días. Cada día era una nueva pelea, y siempre peleó por nosotros con uñas y dientes. Simplemente parecía capaz de atravesar cualquier cosa, cualquier problema que se cruzara en su camino. Creo que eso me hizo una persona bastante resiliente. Yo miro a mi madre y digo 'Si mi mamá pudo atravesar aquello, yo puedo atravesar esto'”.

Es también un entrenamiento que viene muy bien tener a mano en el despiadado mundo de la actuación. Gatwa está a punto de protagonizar la película The Last Letter from Your Lover junto a Shailene Woodley y Felicity Jones; luego de eso comenzará a filmar un papel principal en una película estadounidense. “Yo no siento rechazo”, dice. “No veo puertas que se me cierren en la cara y que me hagan decir ¡'Oh, entonces tendré que entrar por la ventana'”, dice y se ríe nuevamente. “En todo caso, entraré por la puerta del garage”.

 

*De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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