Entrevista a la presidenta del Instituto Nacional de la Juventud

Maca Sanchez: "Quiero armar un plan de inclusión para el estudio y el trabajo"

Se convirtió en la cara de la profesionalización del fútbol femenino. Recibió tantas amenazas después de luchar contra su despido del club UAI Urquiza que tuvo que convivir con un botón antipánico. Feminista y peronista, habló con Página/12 de todo: sus contradicciones con el universo del fútbol, su lesbianismo, las demandas de los más jóvenes y el momento en el que conoció a Alberto Fernández.
"En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo."En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo."En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo."En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo."En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo.
"En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", dijo. 
Imagen: Sandra Cartasso

El 2019 fue un antes y después en la vida de Macarena Sánchez. Desvinculada del club UAI Urquiza donde jugaba hace cinco años, intimó al equipo a reconocer el vínculo laboral que mantenía con ella y se convirtió en la cara de la lucha por la profesionalización del fútbol femenino. Fue contra la AFA y recibió tantas amenazas que tuvo que empezar a convivir con un botón antipánico. Después de estar meses sin un club, fue convocada por San Lorenzo y firmó el primer contrato profesional. Rápidamente, Macarena se fue transformando en una referente de la lucha feminista, conoció al presidente Alberto Fernández y, finalmente, fue invitada a presidir el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE). "En el 2019 el mundo se me vino abajo, pero fue el empujón que necesitaba", resume, con simpleza, Macarena Sánchez - 28 años, santafecina, delantera - en diálogo con Página/12. 

- ¿Por qué crees que tu historia se popularizó de la manera que lo hizo? 

- El fútbol siempre fue un deporte medio impenetrable para el feminismo. Era un espacio muy difícil de acceder y creo que el feminismo ni tenía en la cabeza que podía insertarse allí. Yo, desde un principio, planteé esta lucha como una lucha feminista porque siempre lo viví así. Y eso llamó mucho la atención: una mujer feminista luchando contra 100 años de historia del fútbol. Justo se dio, además, que no se legalizó el aborto y me parece que el feminismo encontró en esa lucha y en esa victoria lo que no pudo lograr con el aborto legal. Consciente o inconscientemente todas las feministas abrazamos la lucha del fútbol profesional y por eso se hizo tan masivo. Los medios también lo cubrieron mucho: era una linda historia de superación para contar, y de repente empezaron a descubrir que detrás de una jugadora que reclamaba había un montón de otros reclamos. Destapamos la olla y se hizo muy masivo.

- Muchas veces caracterizás tu relación con el fútbol como una relación de "amor-odio", ¿por qué?

- Las jugadoras de fútbol muchas veces terminamos sufriendo más que lo que disfrutamos. Es algo que amamos hacer, que elegimos, pero también es estar enfrentándose constantemente al maltrato: no ser reconocidas como jugadoras profesionales, falta de materiales, falta de salario, falta de cobertura médica. Cosas que son básicas. Y en algún momento te termina desgastando y cansando. Al principio sentís que es un privilegio: muchas jugadoras venimos del interior con la promesa de que el club, además de darte un lugar para jugar, te va a dar un trabajo. Es una relación que suelen tener los clubes y está muy naturalizado. Y la realidad es que yo también lo sentía como un privilegio al principio, muchos clubes no te dan nada. Después, con el tiempo, me empecé a dar cuenta que era precarización laboral y una relación laboral encubierta.

- Vos te definís como feminista y peronista, ¿cuándo empezaste a militar o a interesarte por la política?

- Mi interés en la política arrancó de chica. Mis viejos son los dos militantes así que con mis hermanas crecimos en un ambiente en el que la política era algo importante. Mi viejo fue sindicalista en ATE y mi vieja, que trabaja en la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, nos llevaba, a mis hermanas y a mí, a los barrios cuando tenía que ir por laburo. Mi primera marcha igual fue en el 2015 con el Ni Una Menos. Un poco me pasó lo que nos pasó a muchas que, después del Ni Una Menos, le pudimos poner un nombre a lo que sentíamos y nos dimos cuenta de que eramos feministas. Toda la vida estuvimos luchando por los derechos de las mujeres, en un ambiente que había pelear por lo que nos correspondía, y cuando explotó lo del Ni Una Menos se hizo todo mucho más visible. Y peronista soy desde siempre también. Mis viejos son los dos peronistas, ahora más de Néstor y Cristina. Fue un poco por historia familiar y otro porque el kirchnerismo se dio durante mi adolescencia y fue ahí cuando me empecé a interesar por la política. Mi figura preferida del peronismo es Evita, me atraviesa mucho su historia porque es una  mujer que se plantó en un momento en el que era muy difícil estar en la política. 

- Por el contrario, vos contaste que la primera vez que fuiste a una Marcha del Orgullo fue recién el año pasado.

- Era un tema que hace un par de años me generaba vergüenza, era algo con lo que me costaba mostrar abierta y públicamente. Y se hizo público por un chiste que hice en redes sociales. Retuiteé un video de un chico bailando que se hacía el sexy con un comentario del estilo "me siento cada vez más lesbiana". Y eso lo terminaron levantando en una nota. Era la primera vez que publicaban en una nota algo que había puesto en Twitter y fue muy chocante, no porque se hubiera hecho público, si no porque no podía creer que fuera noticia que una piba fuese lesbiana. Después fue súper natural, fui a la primer Marcha del Orgullo y me dije "la puta madre por qué no fui antes". Era una deuda que tenía conmigo misma y me sentí muy identificada y contenida por muchísima gente. Pero lamentablemente son temas que generan mucho odio aún, es una lucha que tiene que seguir.

- Cuando hiciste la denuncia contra la UAI, y comenzaste a convertirte en la cara de la lucha por la profesionalización del fútbol femenino, hubo una reacción muy virulenta y te atacaron mucho. ¿Por qué tanto odio?

- Creo que es el miedo a cambiar, miedo a darte cuenta que el ambiente en el que movías de repente se veía invadido por nosotras. Es como una desesperación, la idea de que "las feministas van a entrar acá también y arruinarlo todo".  Yo la pasé como el orto. Estuve con botón antipánico porque, un mes después de que hiciera la denuncia, recibí una foto con un arma y un mensaje que decía que me iban a matar si seguía denunciando. Lo analizamos con mis abogadas y decidimos hacer la denuncia porque era bastante explícito. Después decidimos hacer pública la amenaza para que la gente supiera lo que me estaba pasando y protegerme, pero fue mucho peor: empecé a recibir muchas más amenazas y mucho más fuertes.  Me costó bastante, pero me terminé acostumbrando al nivel de exposición.

- ¿Cuando lo conociste a Alberto Fernández?

- Lo conocí en un acto Lanús durante el lanzamiento de la liga juvenil de fútbol femenino. Yo dije unas palabras, él dijo unas palabras y nos sacamos una foto. Después nos volvimos a cruzar durante la presentación del libro de Ana Correa, "Somos Belén". Y la última vez fue cuando me convocó. Fue una sorpresa grata, no me lo veía venir pero no lo tuve que pensar mucho tampoco: es algo para lo que creo estar preparada, así que me puse muy contenta y ahora estoy súper agradecida.

- ¿Qué proyecto tenés para el INJUVE?

- Cuando nos reunimos, Alberto me contó sobre cuáles consideraba que eran las necesidades de las juventudes y yo le di mi opinión: creo que las juventudes están atravesando un momento de crisis con respecto al desempleo y a las oportunidades educativas. Tengo ganas de armar un gran plan nacional de inclusión en el que los temas principales sean precisamente el estudio y el trabajo. Tenemos una idea, también, de sacar el instituto a la calle, de recorrer los barrios para saber cuales son los reclamos de las juventudes y sentarnos a escucharlos, que es algo que no se hizo en los últimos cuatro años.

Informe: María Cafferata.

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