Carlos Casella y Mayra Bonard, fundadores de El Descueve, se reencontraron hace tres años para una creación muy singular llamada Mi fiesta, experiencia escénica con resonancias políticas sobre el cuerpo femenino. Ambos dirigían, pero sólo ella estaba en escena. Para esta edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) encararon un nuevo trabajo: Hermafrodita, sobre la vida de Herculine Adelaide Barbin, pseudo-hermafrodita que nació en Francia en el siglo XIX. Ahora ambos están en escena y comparten la dirección con Alfredo Arias, artista argentino residente en Francia. “Es un trabajo de riesgo experimental”, anticipan a Página/12. “Tiene que ver con una exploración sobre la identidad y la privacidad; sobre quiénes somos más allá del sexo”, define Casella.

En la obra, dos conferencistas, un hombre y una mujer, relatan las peripecias de la vida emocional y amorosa de Barbin, quien nació en 1838. Veintiún años después la obligaron a hacer un cambio de identidad en el registro civil, rebautizada como Abel. Luego de eso se suicidó. “La sociedad le dijo que se tenía que definir, pero ella aparentemente aceptaba la existencia de sus dos sexos, convivía con eso. Nació y la inscribieron como mujer. En la adolescencia le empezó a crecer la barba, le dolía un testículo que tenía hacia arriba y no le bajaba. El médico la analizó y le dijo que era un hombre, que tenía que ser reinscripta. Es muy trágico”, relata Bonard.

El trabajo reúne dramaturgia teatral con coreografías y se basa en el libro Herculine Barbin, llamado Alexina B. Son las memorias del personaje, con prefacio de Michel Foucault. “Cuando Alfredo, que trabaja conmigo desde hace diez años, vio Mi fiesta, decidió modificar el texto que tenía escrito para que lo interpretáramos nosotros dos. Nos expresó que éramos los únicos intérpretes que podíamos hacer este proyecto”, cuenta Casella. “Nos pareció muy nutritivo hacer esta especie de trinomio con Alfredo, que nos propuso un trabajo en colaboración. El libro es suyo. Parte de la puesta es de él y a su vez está todo el tiempo atravesada por situaciones físicas que compusimos Mayra y yo. Es un trabajo de riesgo experimental”, completa. 

“Yo nunca trabajé con Alfredo –añade Bonard-. Es toda una situación desconocida, es distinto a mí generacionalmente, en el estilo.” El proceso de ensayos fue “breve e intenso”: le dedicaron prácticamente todos los días de los últimos dos meses. Como en el anterior trabajo en conjunto, el concepto sonoro es de Diego Vainer y la iluminación de Matías Sendón. Las funciones son el lunes, martes y viernes a las 16 en el auditorio del Malba (Avenida Figueroa Alcorta 3415).

-¿Hermafrodita tiene algo del espíritu de Mi fiesta?
Mayra Bonard:- Sí. Encontré en Mi fiesta una forma de decir los textos. Los digo simplemente, más a la manera de un escritor que de un actor. Creo que aparece en Hermafrodita. Hay una cuestión de cierta tensión constante, aunque los vértices que atraviesa Mi fiesta son más extremos.
Carlos Casella:- El proyecto nos pareció recontra oportuno. Alfredo intuyó de alguna manera que algo de la temática que expone Hermafrodita tiene que ver con una exploración sobre la identidad y la privacidad; sobre quiénes somos más allá del sexo. Es algo que queríamos seguir desarrollando con Mayra, que en Mi fiesta está bastante presente. Esta obra nos proponía hacer una autopista que continuaba algo de la temática: la naturaleza de un ser, de una existencia. Y cómo esa existencia se inserta en el mundo, en la sociedad. Desde ese lugar nos pareció que era una feliz continuidad.

--¿El formato es el de una suerte de conferencia con elementos del teatro y la danza?
M.B.:- La obra despista un poco todo el tiempo, el espectador no va a saber dónde pararse. Arranca como una conferencia pero después hacemos cruces inmediatos con situaciones físicas. Después somos nosotros mismos los protagonistas de la historia. Somos Herculine, la parte femenina y masculina. Se arma todo el tiempo una cuestión tras otra, un lenguaje superponiéndose al otro.
C.C.:- En el primer tercio de la obra nuestro tono es de conferencistas. Bajamos una información, casi didáctica, para que la gente entienda desde qué pensamiento -el de Foucault- se van a leer estas memorias. Hay un juego con esta idea de conferencistas, pero la obra se va metiendo en laberintos y se abren carátulas de otros lenguajes. Se vuelve más onírica cuando aparecen paisajes físicos y sonoros. Lo que hacemos es contar en primera persona el drama de este ser, de esta mujer-hombre.

-¿Qué les interesaba al meterse con la vida de Herculine?
M.B.:- En verdad, no sabría decir exactamente qué fue lo que me hizo meter en la vida de Herculine. Pero intuitivamente me pareció que había empatía con algo de la temática. La obra no es nada panfletaria. En Mi fiesta también pasa: si bien está atravesada por la cuestión de género, no define sino que abre y deja que el espectador arme sus propias conclusiones. Creo que, de por sí, fue interesante escuchar el titulo Hermafrodita. Ni siquiera se dice “intersex”. Ya es toda una cuestión esta. Hay una cuestión de época, por el tono en que está escrito. Cuando Herculine habla tiene un lenguaje del siglo XIX. Ese cruce me resultó muy interesante. Es casi como una película, un lugar diferente estéticamente, es distinto a Mi fiesta que es súper contemporáneo. La de Herculine es una vida trágica que podría haber sido llevada de otra forma, porque las circunstancias la obligan a definirse cuando en realidad era un ser ambiguo.
C.C.:- La obra no necesariamente baja línea, pero es una posición política exponer la observación con la que la sociedad en el siglo XVIII y XIX envolvía a estos seres. Se relata la rareza con que se los miraba. Nosotros en la obra observamos la rareza de esta sociedad desde una mirada contemporánea. Y la mirada de Foucault, que en su momento fue revolucionaria, hoy resulta histórica. Se habla de género, de la deconstrucción del binomio de una manera casi arqueológica.
M.B.:- La sociedad tampoco hoy se banca la ambigüedad. En ese momento no se podía obviamente aceptar bajo ningún concepto un cuerpo ambiguo, hoy aún con todas estas reflexiones, pensamientos, Paul Preciado y todo, sigue habiendo una cuestión acerca de la definición. Es interesante eso. Hasta ahora se siguen haciendo operaciones a chicos que nacen intersex. Y los padres deciden por ellos. Hasta hace muy poco se los operaba en el nacimiento. Es terrible, se los define. Este es uno de los lugares menos transitados en este momento, por todo lo que se piensa y se reflexiona.

-Teniendo en cuenta lo que decía Casella, hay una crítica de Judith Butler a la mirada de Foucault. Según ella, “romantiza” la vida de Herculine. ¿Investigaron distintas posturas sobre la temática?
M.B.:-
Puede ser. De todas maneras, en un sentido es muy romántico todo, porque Herculine se suicida y deja estas memorias. Quizá mirarlo hoy es una cosa pero en ese momento debe haber sido muy emocionante rescatar esas memorias y publicarlas como lo hizo Foucault. 
C.C.:- Más que investigar me obligó a pensar. Porque no es una propuesta nuestra hablar sobre este personaje y temática. Es una propuesta de Alfredo y nos metimos en una aventura, ni sabíamos que existía este personaje. Nos provocó en un principio muchas preguntas. Nos tuvimos que ubicar en un lugar. Al principio, en lo personal, me costaba. No entendía bien en qué rincón del ring me ubicaba, en qué pensamiento. A medida que fue pasando el montaje empezó a aliviarse algo en el pensamiento. Es una obra artística. Se juega con el lenguaje del conferencista pero es una creación, una obra. Creo que nos metimos bastante desde ese perfil. Y obviamente siempre es muy excitante meterte con la vida dramática de alguien. Foucault la toma como un héroe. En un sentido está bueno darle ese lugar de heroína; no es causal que se llama Herculine.
M.B.:- Es como una mártir. La sociedad y la justicia le definen una cuestión ambigua que ella había aceptado. Si bien leímos y nos informamos, Hermafrodita es la experiencia de entrar en un túnel, un ritual. Y creo que cuando uno hace empatía con un material hay una especie de comunión de un orden más inconsciente. Es una ceremonia. De golpe todo encaja. Y uno lo cuenta y lo dona para que el espectador arme después. Es una historia de principio a final. Aparece el cuerpo, muy expuesto por momentos, y un lugar abstracto que ayuda a que la historia se dispare en otros sentidos.

-¿Cómo fue reencontrarse en el escenario como intérpretes?
M.B.:- Hermoso, la consecuencia de algo que tenía que suceder. Hacemos cosas en las que somos casi uno. Hacemos una cosa muy de unísono, de percepción del otro, todo el tiempo. Estamos híper conectados.
C.C.:- En Mi fiesta ella estaba en el espacio y yo sentado mirándola, siempre es un tipo de diálogo. Ahora estamos los dos en el espacio y proponiéndonos cosas; vuelve un sistema parecido al de El Descueve, de creadores e intérpretes al mismo tiempo. Pasó algo muy divertido, sorprendente, que es que nos empezaron a aparecer muchas imágenes de muchos años atrás de materiales transitados juntos, como si fuera un ADN compartido. Si aparece un movimiento del ’98, lo metemos como parte de nuestro lenguaje. 

 

Programación para hoy

Hoy, además, puede verse en el marco del FIBA Naturaleza trans, de la uruguaya Marianella Morena, en la que tres chicas trans de la frontera entre Uruguay y Brasil dan testimonio de sus experiencias de vida. Es a las 22 en la sala Dumont 4040, y se repite mañana a la misma hora. También será la primera función de Yo (no) estoy loca, obra colombiana dirigida por Fabio Rujiano Orjuela, historia de una mujer que se sale de lo tradicional, basada en la vida real. Otras propuestas para hoy son Black Box (Alemania, Argentina, Brasil, Francia, Uruguay, India), de la compañía P.L.U.T.O.; la ópera Orlando (Suiza, Francia), dirigida por Julie  Beauvais y Horace Lundd; Con el cuchillo entre los dientes (La Plata), con dirección de Diego de Miguel; Doblar mujer por línea de puntos revisitada, de Margarita Bali; Recorte de Jorge Cárdenas cayendo, de Juan Pablo Gómez; Trampa para fantasmas, de Luciana Acuña y Luis Biasotto; El público, de Mariano Pensotti y el Grupo Marea; La lechera (Tucumán), dirigida por Carlos Correa, entre otras. La información sobre cada función se puede consultar en buenosaires.gob/festivales.